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Sheinbaum convierte la mansión de Durazo en universidad y bachillerato

Casa Tlalpan, ligada al antiguo jefe policial Arturo Durazo, será transformada en un campus público con universidad y bachillerato desde 2027.

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la mansión de Durazo

Foto: Facebook.

Resumen

  • Sheinbaum convertirá Casa Tlalpan en un campus educativo público
  • El proyecto reunirá universidad y bachillerato en el sur de Ciudad de México
  • La inversión prevista ronda los 150 millones de pesos y abrirá en 2027

La antigua Casa Tlalpan de Arturo “El Negro” Durazo, uno de los inmuebles que quedaron asociados a los excesos del poder y la corrupción policial en México, tendrá un destino radicalmente distinto. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que el enorme predio del sur de Ciudad de México se transformará en una sede de la Universidad Nacional Rosario Castellanos y en un Bachillerato Nacional.

El proyecto contempla una inversión de alrededor de 150 millones de pesos mexicanos y la previsión es que la nueva unidad universitaria opere plenamente en 2027. Estará situada en San Andrés Totoltepec, dentro de la alcaldía de Tlalpan, sobre un terreno de más de seis hectáreas que durante décadas arrastró la sombra de quien dirigió la Policía del entonces Distrito Federal entre 1976 y 1982.

No es solo una rehabilitación inmobiliaria. El Gobierno mexicano pretende convertir un recinto levantado como exhibición de poder y privilegio en un complejo de educación pública para una zona cuyos estudiantes soportan en muchos casos desplazamientos largos hasta otros campus de la capital.

De residencia del “Negro” Durazo a complejo educativo

Casa Tlalpan fue construida en los años setenta y quedó vinculada a Arturo Durazo Moreno, jefe de la Dirección General de Policía y Tránsito durante el Gobierno de José López Portillo. El antiguo mando policial acabó convertido en uno de los personajes más reconocibles de una época marcada por acusaciones de corrupción, abuso de poder y enriquecimiento.

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El terreno resulta difícil de confundir con una vivienda convencional. El conjunto llegó a disponer de una casa principal, discoteca, helipuerto, caballerizas, galgódromo, plaza de toros, casino, piscina, campo de tiro, lagos artificiales, invernadero y espacios para automóviles y actividades deportivas. Una arquitectura del exceso, vaya.

La estética clásica de algunas partes del recinto, con columnas y esculturas, alimentó las referencias al “Partenón” de Tlalpan y reforzó su fama de monumento a los privilegios. No debe confundirse, sin embargo, con el célebre Partenón que Durazo tuvo en Zihuatanejo, Guerrero, otra de las propiedades que quedaron ligadas a su figura.

El predio de Tlalpan fue recuperado a finales de los años noventa y una parte terminó destinada a la Academia Mexicana de Ciencias. Quedaban, sin embargo, cuestiones jurídicas pendientes sobre el inmueble. El Gobierno asegura que esa situación ha sido regularizada con la intervención del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, despejando el camino para su transformación.

Cinco carreras y una nueva sede de la Rosario Castellanos

La Universidad Nacional Rosario Castellanos instalará allí una unidad académica que comenzará a funcionar plenamente en 2027. La oferta inicial estará formada por cinco licenciaturas: Psicología; Derecho y Criminología; Administración y Comercio; Turismo, y Economía y Desarrollo Sostenible.

También se estudia incorporar Ciencias Ambientales, una posibilidad especialmente ligada al entorno natural de esta zona de Tlalpan. Entre las ideas planteadas figura un modelo de “bosque escuela” que aproveche las características del terreno más allá del simple uso de edificios y aulas.

El proyecto universitario incluye espacios docentes y deportivos, gimnasio al aire libre, foro, jardín de lectura y auditorio. La intención es conservar y reutilizar una parte de las instalaciones existentes mientras se acomoda el complejo a las exigencias de un campus contemporáneo.

La demanda universitaria ya existe en Tlalpan

Uno de los argumentos del Gobierno para ubicar allí el nuevo campus es bastante menos simbólico y bastante más cotidiano: miles de estudiantes de Tlalpan estudian actualmente fuera de la alcaldía.

La Universidad Rosario Castellanos cifra en 5.289 los alumnos residentes en Tlalpan que actualmente acuden a otras unidades de la institución, repartidas por zonas como Milpa Alta, Magdalena Contreras, Azcapotzalco o Gustavo A. Madero. Trayectos que pueden tragarse una parte considerable del día en una metrópoli donde las distancias se miden tanto en kilómetros como en horas.

La convocatoria vinculada a la nueva sede recibió más de 3.000 registros de aspirantes, una señal de que detrás del componente histórico del proyecto existe también una demanda educativa concreta.

Un bachillerato para 1.200 estudiantes

Casa Tlalpan no albergará únicamente enseñanza universitaria. En el mismo complejo se instalará un Bachillerato Nacional con capacidad prevista para unos 1.200 alumnos.

El centro tendrá una orientación especialmente vinculada a la cultura y las artes, con formación relacionada con disciplinas plásticas, visuales, escénicas y musicales. El proyecto prevé aulas, espacios de informática, talleres y áreas destinadas a actividades deportivas y artísticas.

La licitación de las obras está prevista para noviembre y el objetivo oficial es que el bachillerato pueda incorporarse al siguiente ciclo escolar. Mientras las instalaciones definitivas toman forma, un primer grupo de estudiantes utiliza espacios provisionales facilitados en Tlalpan.

El campus, por tanto, reunirá educación media superior y universitaria en un mismo enclave. Una decisión que también busca reducir el abandono académico relacionado con los costes y tiempos de desplazamiento desde los pueblos del sur de la capital.

Casa Tlalpan cambia de manos y también de significado

Sheinbaum resumió el proyecto con una imagen deliberadamente política: pasar de un “monumento a la corrupción” a una escuela. El lugar tiene además un componente personal para la presidenta, que vivió durante décadas en Tlalpan y encabezó la demarcación entre 2015 y 2017 antes de llegar a la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México.

La nueva sede estará en San Andrés Totoltepec y beneficiará especialmente a comunidades del sur como San Pedro Mártir, San Miguel Xicalco, Magdalena Petlacalco o San Miguel Topilejo, alejadas de buena parte de la gran oferta universitaria de la capital.

La alcaldía prepara también mejoras en el entorno, incluido un sendero seguro e iluminación para facilitar los accesos al futuro complejo educativo. Son elementos bastante menos espectaculares que las columnas, los lagos o el antiguo galgódromo de Durazo, pero probablemente más útiles para quien tenga que llegar cada mañana a clase.

La Academia Mexicana de Ciencias, que ha utilizado parte de Casa Tlalpan, será trasladada a otro espacio. El Gobierno mexicano sostiene que existen distintas alternativas y que la ubicación definitiva deberá ajustarse mejor a las necesidades de la institución.

Del escaparate del poder a las aulas

El cambio de Casa Tlalpan contiene una carga simbólica difícil de esconder. Un terreno concebido bajo el signo del lujo privado de un poderoso jefe policial pasará a recibir estudiantes de Psicología, Economía, Turismo o Derecho. Donde hubo un casino y un galgódromo habrá aulas; donde se exhibía poder, libros, talleres y jóvenes entrando y saliendo con mochilas.

Pero el proyecto se jugará algo más que esa fotografía. Su verdadero valor dependerá de que la inversión se ejecute, las obras lleguen a tiempo y la universidad pueda absorber una demanda educativa que ya existe en el sur de Ciudad de México.

La historia del inmueble aporta el titular. Los 150 millones de pesos, las cinco carreras y los futuros estudiantes serán los que determinen si Casa Tlalpan consigue desprenderse, por fin, del personaje que la convirtió en símbolo de otra época.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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