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Países Bajos apuesta por Linux tras el bloqueo al fiscal de la CPI

Países Bajos prueba DAWO, un entorno digital público basado en NixOS que busca reducir la dependencia tecnológica de proveedores extranjeros.

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Países Bajos apuesta por Linux

Resumen

  • Países Bajos prueba DAWO, un entorno público basado en NixOS
  • El proyecto busca reducir la dependencia de proveedores extranjeros
  • El caso de la CPI convirtió la autonomía digital en un asunto estratégico

Países Bajos está construyendo DAWO, un entorno digital para sus administraciones públicas basado en NixOS y software de código abierto con una intención bastante más ambiciosa que cambiar Windows por Linux. El Gobierno neerlandés quiere disponer de una infraestructura que pueda controlar, auditar y mantener sin quedar atado a las decisiones comerciales —o políticas— de un proveedor extranjero. Ocho municipios participan ya en pruebas del sistema.

El detonante llegó a comienzos de 2025 y no fue precisamente una actualización incómoda de Windows. Las sanciones de Estados Unidos contra la Corte Penal Internacional, con sede en La Haya, terminaron provocando la desconexión de Karim Khan, entonces fiscal jefe de la CPI, de servicios de Microsoft. La compañía sostuvo que nunca suspendió sus servicios al tribunal como institución, aunque sí reconoció que el funcionario sancionado quedó desconectado de sus servicios. Para las autoridades neerlandesas, la escena dejó una enseñanza difícil de ignorar: una herramienta esencial podía dejar de estar disponible por una decisión tomada a miles de kilómetros.

DAWO es mucho más que sustituir Windows por Linux

Las siglas corresponden a Digitaal Autonome Werkomgeving Overheid, algo así como Entorno de Trabajo Gubernamental Digitalmente Autónomo. La palabra importante no es Linux, sino autónomo.

DAWO plantea una arquitectura completa para el puesto de trabajo público. Incluye el sistema operativo, servicios en la nube, herramientas de colaboración, gestión informática, identidad y acceso e incluso componentes de inteligencia artificial. La idea es que esas piezas sean abiertas, intercambiables y verificables, evitando que todo el edificio tecnológico dependa de una única empresa.

El Ministerio del Interior y Relaciones del Reino dirige el proyecto y define la autonomía digital como una forma de proteger tanto los datos como la continuidad de los servicios públicos. Su diagnóstico resulta poco exótico: el Estado neerlandés depende demasiado de tecnologías no europeas y eso lo expone a interrupciones externas, pérdida de control sobre los datos y dependencia estratégica. Dicho de otra forma, el problema aparece cuando las llaves de la oficina también las tiene otro.

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NixOS, la pieza sobre la que se está montando el escritorio

El corazón del puesto de trabajo es DAWO-NixOS, una implementación propia de NixOS. No se trata de una distribución improvisada para colocar una bandera neerlandesa en la pantalla de inicio: el atractivo de NixOS está en su manera poco convencional de administrar los ordenadores.

Su configuración es declarativa. En términos sencillos, el administrador describe mediante código cómo debe ser una máquina —programas, versiones, servicios, permisos— y esa configuración puede reproducirse después en otros equipos de manera prácticamente idéntica. Esto resulta especialmente interesante cuando no hay veinte ordenadores sobre una mesa, sino miles repartidos entre ministerios, organismos y ayuntamientos.

También permite saber con bastante precisión qué componentes están instalados y reconstruir configuraciones anteriores cuando algo sale mal. Un cambio defectuoso deja así de parecerse a desmontar un reloj a oscuras. Los responsables del proyecto consideran que buena parte del código de configuración puede reutilizarse entre distintas organizaciones, facilitando despliegues y mantenimiento.

Las sanciones a la CPI cambiaron la discusión

Europa lleva años hablando de soberanía digital. Durante mucho tiempo sonó a una de esas expresiones que funcionan estupendamente en una conferencia de Bruselas y bastante peor cuando llega el momento de cambiar el ordenador de un funcionario.

El caso de la CPI convirtió el debate en algo tangible. Estados Unidos impuso sanciones al entonces fiscal Karim Khan en 2025 y Microsoft confirmó posteriormente que el proceso desembocó en la desconexión del funcionario sancionado de sus servicios, aunque subrayó que la CPI siguió siendo cliente y que sus servicios al tribunal no fueron suspendidos. Khan fue apartado posteriormente del cargo en julio de 2026 tras un procedimiento disciplinario ajeno a esta controversia tecnológica.

Para Países Bajos, sin embargo, el apellido concreto del usuario era casi secundario. Lo relevante era el mecanismo. Si una decisión jurídica estadounidense puede repercutir directamente sobre herramientas digitales utilizadas por una institución ubicada en territorio neerlandés, la dependencia tecnológica deja de ser simplemente una cuestión de precios, licencias o privacidad.

De ahí nace la filosofía de tener un plan B operativo. No necesariamente expulsar mañana a todas las compañías estadounidenses, algo tan espectacular como poco realista, sino conservar suficiente control para que una administración pueda continuar trabajando si un proveedor desaparece, cambia sus condiciones o se ve obligado a cortar determinados servicios.

Ocho municipios ya están poniendo DAWO a prueba

El proyecto ha dejado de ser únicamente una colección de código en desarrollo. A través de la Asociación de Municipios Neerlandeses, ocho ayuntamientos participan en una exploración práctica de DAWO, junto con VNG Realisatie, el brazo tecnológico de la organización municipal. Entre los municipios que habían hecho pública previamente su participación figuran Ámsterdam, ‘s-Hertogenbosch, Zaanstad y Ede.

Las pruebas tienen otra peculiaridad bastante terrenal: algunos equipos utilizados son portátiles retirados o demasiado antiguos para Windows 11. NixOS exige menos recursos en determinadas configuraciones y permite aprovechar esas máquinas para experimentar sin comprar una flota nueva solo para el piloto.

Aquí aparece una pequeña ironía tecnológica. Una estrategia concebida para reducir riesgos geopolíticos termina dando una segunda vida a ordenadores que habían llegado al borde del contenedor por los requisitos de otro sistema operativo. Soberanía digital y reutilización de hardware, dos debates distintos que han acabado compartiendo escritorio.

El Gobierno no quiere crear todo desde cero

DAWO tampoco pretende fabricar una versión neerlandesa de cada aplicación existente. El proyecto funciona como una arquitectura de piezas reemplazables y observa o integra iniciativas europeas ya desarrolladas.

En colaboración y ofimática aparecen proyectos como Mijn Bureau, openDesk y LaSuite, mientras que la arquitectura contempla componentes independientes para nube, inteligencia artificial, identidad y administración de equipos. El código gubernamental está publicado y el propio diseño busca que una pieza pueda sustituirse sin arrastrar consigo a todo el sistema.

Esta diferencia importa. Cambiar Microsoft 365 por una docena de programas inconexos puede solucionar una dependencia para crear doce problemas nuevos. El desafío no consiste en encontrar una alternativa a Word, Teams o OneDrive por separado, sino en conseguir que correo, documentos, identidad, almacenamiento, videollamadas y permisos funcionen como un entorno coherente y mantenible.

Ahí está probablemente la parte menos vistosa y más difícil del proyecto. Un icono distinto en el escritorio se instala en minutos. Cambiar años de integraciones, formatos, hábitos administrativos y sistemas heredados es otra historia.

Código abierto no significa tecnología gratis

Uno de los argumentos clásicos alrededor de Linux es el ahorro de licencias, pero los responsables de DAWO no venden esa fantasía. El software abierto también cuesta dinero.

Desaparecen determinadas licencias, sí, pero aparecen servidores, mantenimiento, especialistas, desarrollo propio, formación y contribuciones a los proyectos de código abierto de los que depende la administración. El gasto cambia de sitio: una parte deja de salir automáticamente hacia proveedores y pasa a financiar capacidad técnica propia o europea.

La diferencia estratégica está precisamente ahí. Una licencia alquila acceso a una tecnología; desarrollar conocimiento interno compra margen de maniobra. A corto plazo puede incluso resultar más caro. A largo plazo, la cuestión es cuánto vale poder seguir utilizando y modificando un sistema cuando cambian las condiciones del proveedor.

No hay todavía una migración masiva ni fecha definitiva

Conviene rebajar una idea que algunos titulares han simplificado demasiado: Países Bajos no ha decidido apagar Windows en toda su administración ni existe por ahora una fecha para migrar todos los ordenadores públicos a DAWO.

El proyecto continúa en fase de desarrollo y pruebas. Los responsables no han fijado un calendario oficial para un despliegue general. Aspiran a alcanzar una versión 1.0 durante 2027, pero sin comprometer un mes concreto y dejando que la madurez técnica determine cuándo está realmente preparada. El componente DAWO-NixOS ya cuenta con versiones públicas tempranas, mientras la arquitectura completa continúa evolucionando.

Eso convierte a DAWO en algo más interesante que una simple guerra Linux contra Windows. El Gobierno neerlandés está intentando demostrar que puede existir una salida practicable antes de necesitarla. Un sistema alternativo que funcione, aunque inicialmente sea para una parte limitada de la Administración, cambia la relación de fuerzas con cualquier proveedor.

Europa empieza a tratar el software como infraestructura estratégica

Países Bajos tampoco se mueve solo. Gobiernos y administraciones de distintos países europeos han aumentado sus proyectos alrededor del código abierto, las nubes soberanas y herramientas colaborativas desarrolladas en Europa. Alemania, Francia y Dinamarca han explorado caminos diferentes, con resultados y ambiciones igualmente distintas.

No existe una independencia tecnológica pura. Linux recibe contribuciones de empresas de medio mundo, los procesadores tienen cadenas globales y buena parte de Internet descansa sobre tecnologías internacionales. Soberanía digital no significa autarquía informática. Significa conservar la capacidad jurídica y técnica de decidir, sustituir proveedores y mantener funcionando los sistemas esenciales.

Eso es lo que convierte el caso neerlandés en algo más serio que otro experimento con Linux. DAWO cobró impulso cuando una vulnerabilidad abstracta se volvió visible en La Haya: una sanción política atravesó el Atlántico y llegó hasta una cuenta digital. Países Bajos ha respondido poniendo en marcha un escritorio que todavía tiene mucho que demostrar, pero cuyo propósito está bastante claro: que la Administración pueda cambiar de proveedor sin dejar de funcionar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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