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Cultura

Dafne Fernández vuelve a bailar y cuenta cómo le marcaron las críticas

Dafne Fernández vuelve a sus orígenes como bailarina y habla de inseguridades, terapia y de cómo las críticas marcaron buena parte de su carrera.

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Dafne Fernández

Imagen: Mario A. P. / CC BY-SA 2.0.

Resumen

  • Dafne Fernández vuelve a la danza, el lugar donde comenzó su carrera
  • La actriz cuenta cómo las críticas condicionaron durante años su autoestima
  • En 2025 buscó ayuda psicológica para revisar esa exigencia personal

Dafne Fernández ha vuelto a bailar, al lugar donde empezó todo mucho antes de que la televisión la convirtiera en un rostro conocido. El regreso a sus orígenes llega acompañado de una confesión bastante menos luminosa que una fotografía sobre un escenario. La actriz reconoce que durante años mantuvo una relación difícil con los elogios y que las críticas, en cambio, se le quedaban adheridas con mucha más facilidad. «Nunca me ha gustado escuchar cosas positivas de mí, quizás porque siempre me han dicho las negativas», ha contado.

A sus 41 años, la intérprete madrileña atraviesa una etapa en la que mira hacia atrás sin demasiada nostalgia prefabricada. La niña que comenzó a bailar siendo muy pequeña, se formó en danza y terminó convertida en una actriz popular está revisando también las inseguridades que acompañaron aquel recorrido. En 2025 entendió, empujada por una amiga, que no tenía por qué resolver sola todo lo que llevaba dentro y decidió buscar ayuda psicológica. Lo describe como un proceso doloroso, pero también sanador.

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Dafne Fernández regresa a la danza, el lugar donde empezó todo

Antes de que millones de espectadores la conocieran como Marta Ramos en Un paso adelante, Dafne Fernández era bailarina. Comenzó muy joven y terminó formándose en el Conservatorio Profesional de Danza de Madrid. La interpretación llegó después; o, mejor dicho, fue ocupando cada vez más espacio hasta transformar aquella disciplina inicial en una carrera delante de las cámaras.

Ese origen ha reaparecido con motivo del 25º aniversario de Barbie en el Cascanueces. Fernández se ha convertido en embajadora en España de la celebración y ha impartido un taller de danza en el Teatro Real de Madrid, en colaboración con el Real Teatro de Retiro. Un regreso simbólico al ballet que ella misma ha definido como «un sueño y un honor».

No se trata de un regreso profesional a la danza en sentido estricto. Es algo bastante más personal: volver a colocarse frente al espejo, recordar la disciplina de aquellos años y recuperar un lenguaje corporal que estuvo ahí mucho antes de la fama, los rodajes y los castings.

Una infancia marcada por la disciplina y la exigencia

La danza le dejó coordinación, resistencia y oficio. También una determinada forma de mirarse. Fernández explica que durante mucho tiempo tendió a prestar más atención a lo que hacía mal que a aquello que funcionaba. Los elogios casi rebotaban; las críticas, no.

Es una mecánica reconocible en profesiones construidas alrededor de audiciones, castings y evaluaciones constantes. En su caso venía, además, de un mundo especialmente exigente. El ballet corrige hasta el milímetro: una posición, una caída, una línea del cuerpo. El error sirve para avanzar, pero también puede acabar convirtiéndose en la única parte que uno mira.

Fernández reconoce ahora esa herencia. No reniega de la disciplina que aprendió bailando, aunque sí parece haber empezado a separar dos cosas que durante años caminaron demasiado juntas: mejorar y castigarse. Una diferencia pequeña sobre el papel. En la cabeza, no tanto.

La confesión sobre las críticas que arrastra desde hace años

La frase que ha vuelto a colocar su nombre en primer plano resume bien ese conflicto. A Dafne Fernández nunca le resultó especialmente cómodo escuchar cosas buenas sobre sí misma porque estaba acostumbrada a detenerse en las negativas. Con los años, esa exigencia personal terminó convirtiéndose en algo que necesitaba revisar.

En 2025 hubo un cambio. Según ha relatado, una amiga le hizo ver que no tenía por qué afrontar sola todo lo que llevaba dentro. Fue entonces cuando decidió buscar ayuda psicológica, un proceso que define sin barniz ni frases de taza de desayuno: doloroso y sanador a la vez.

La actriz no presenta la terapia como una solución milagrosa ni como una transformación instantánea. Habla más bien de entender determinados patrones, desmontarlos cuando se puede y convivir mejor con aquello que no desaparece por arte de magia. Bastante menos espectacular que una revelación televisiva, probablemente bastante más real.

La maternidad también ha cambiado su forma de mirar atrás

Fernández está casada con el fotógrafo Mario Chavarría y es madre de dos hijos. Parte de ese proceso personal tiene ahora otra dimensión: evitar trasladar automáticamente a los niños algunos mecanismos emocionales que ella reconoce en su propia educación. Su intención pasa por validar sus emociones y ofrecerles herramientas que quizá otras generaciones no tuvieron tan presentes.

No se trata de impugnar teatralmente el pasado, sino de algo mucho más cotidiano: revisar cómo se habla del fracaso, del miedo o de la inseguridad dentro de una familia. La maternidad ha añadido así otra capa a la forma en que Dafne Fernández mira su propia infancia.

Ese vínculo entre generaciones también aparece en su reciente relación con Barbie. Fernández ha explicado que la muñeca formó parte de su niñez y que ahora puede compartir ese universo con sus hijos. Infancia, ballet y memoria terminan cruzándose de una manera que hace unos años probablemente no habría previsto.

De Un paso adelante a una larga carrera como actriz

Para buena parte del público, Dafne Fernández seguirá inevitablemente asociada a Un paso adelante, la serie que la convirtió en uno de los rostros jóvenes más reconocibles de la televisión española a comienzos de los años 2000. Allí podía reunir precisamente sus dos mundos: interpretación y baile.

Su carrera, sin embargo, venía de antes. Había trabajado desde niña y posteriormente pasó por producciones como Los Serrano, Tierra de lobos, Chiringuito de Pepe o la película Perfectos desconocidos. Más recientemente ha participado en títulos como 4 estrellas, Pollos sin cabeza y Perdiendo el juicio. Una trayectoria larga, con etapas de mayor exposición y otras bastante más discretas, como ocurre casi siempre fuera de la ficción del éxito permanente.

En paralelo continúa ligada al teatro. Este otoño forma parte de Locuras paralelas, dirigida por Paco Mir y representada en el Gran Teatro Pavón de Madrid. El montaje reúne a Fernández con Sergio Mur, Diana Palazón y Fernando Andina en una comedia que juega con vidas y realidades alternativas.

La experiencia teatral tampoco ha eliminado las dudas. Fernández ha hablado recientemente de la inseguridad que todavía acompaña a los castings pese a acumular una extensa trayectoria profesional. La veteranía, por lo visto, no entrega un carnet contra la inseguridad. A veces solo enseña a reconocerla antes.

Una vuelta a los orígenes sin borrar lo que ocurrió después

El momento actual de Dafne Fernández tiene algo de círculo que se cierra, aunque no del todo. Regresa a la danza mientras continúa trabajando como actriz; habla de la infancia mientras educa a sus propios hijos; recuerda las críticas que la marcaron mientras intenta aprender a escuchar también lo positivo.

No hay detrás una gran reinvención. Ni falta que hace. Lo que aparece es una mujer de 41 años revisando las herramientas con las que ha construido una carrera iniciada cuando apenas era una niña y que, entre televisión, cine, teatro y baile, sigue en marcha.

Quizá por eso su regreso al ballet resulta algo más que una estampa nostálgica. Volver al punto de partida después de tantos años permite comprobar cuánto permanece y cuánto ha cambiado. Los pasos se recuerdan. La mirada sobre uno mismo, por suerte, también puede aprenderse de nuevo.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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