España
Dos grupos de TikTok de alumnos, investigados por vejaciones en Murcia
Dos institutos de Murcia denuncian cuentas de TikTok creadas por alumnos para burlarse de profesores y compañeros. La Policía investiga los hechos.
Resumen
- La Policía investiga dos grupos de TikTok vinculados a institutos de Murcia
- Las cuentas difundían burlas y vejaciones contra docentes y compañeros
- El anonimato no impide posibles responsabilidades penales y civiles
La Policía Nacional investiga dos grupos de TikTok creados y compartidos por alumnos de dos institutos de Murcia después de que las direcciones de ambos centros denunciaran publicaciones en las que se ridiculiza, insulta o veja a profesores y estudiantes. Los casos afectan al IES Miguel de Cervantes, en Murcia capital, y al IES Marqués de los Vélez, situado en El Palmar.
La investigación coincide con la preocupación por las denominadas cuentas «curis», perfiles asociados a colegios e institutos que pueden comenzar difundiendo bromas sobre la vida escolar y acabar convertidos en escaparates de humillaciones, rumores o montajes contra personas perfectamente reconocibles dentro del centro. La Policía considera que esclarecer los dos casos murcianos puede resultar laborioso y no descarta que aparezcan denuncias semejantes en otros centros.
Dos institutos de Murcia llevan los hechos ante la Policía
Las denuncias fueron presentadas por las direcciones de los dos institutos ante dependencias de la Policía Nacional. El problema, por tanto, ha dejado de estar únicamente dentro de las paredes del centro educativo y ha entrado en el terreno policial.
En el IES Marqués de los Vélez se detectaron varias cuentas de TikTok que utilizaban el nombre del instituto y publicaban contenidos relacionados con profesores y alumnos. La dirección calificó los hechos como graves al considerar que afectaban a la dignidad y al respeto debido a los miembros de la comunidad educativa.
El centro comunicó también que había contactado con la Policía y con especialistas en delitos informáticos para tratar de esclarecer quién estaba detrás de los perfiles. A las familias les trasladó una petición bastante menos tecnológica, pero quizá más importante: revisar qué hacen sus hijos en las redes sociales y hablar con ellos sobre los límites de determinadas publicaciones.
El IES Miguel de Cervantes lanzó, por su parte, una advertencia sobre una idea que todavía circula con sorprendente facilidad entre algunos usuarios: la supuesta impunidad de las redes sociales. Escribir desde una cuenta anónima no convierte el teléfono móvil en un territorio sin ley.
Qué son las cuentas «curis» y por qué preocupan
La Policía Nacional ha alertado sobre estas llamadas cuentas «curis», perfiles que suelen utilizar el nombre, las siglas o incluso imágenes de un colegio o instituto para publicar memes, dibujos y vídeos relacionados con lo que ocurre entre sus paredes.
No todo ese contenido tiene por qué ser ofensivo. Hay perfiles construidos alrededor de bromas internas y situaciones escolares tratadas con humor. El problema comienza cuando la gracia deja de referirse a una situación y empieza a señalar a una persona, exponiéndola ante compañeros y desconocidos.
Las burlas sobre el físico, los rumores, los montajes vejatorios o determinados comentarios pueden identificar perfectamente a una víctima aunque no aparezcan su nombre y sus apellidos. A veces basta un apodo, la referencia a una clase o una caricatura: lo que para alguien ajeno al instituto parece indescifrable, dentro del pasillo puede señalar con absoluta precisión.
El anonimato no convierte una vejación en una broma
Ese matiz importa. Una publicación no pierde su posible gravedad porque lleve un dibujo en lugar de una fotografía o porque su autor añada un emoji de risa al final. Dependiendo del contenido, su reiteración y las circunstancias, estas conductas pueden generar responsabilidades penales y civiles.
Entre los posibles encajes jurídicos se encuentran los delitos contra la integridad moral o las injurias graves. Eso no significa que cualquier meme incómodo sea automáticamente delictivo. Significa algo bastante más sencillo: la palabra «broma» no funciona como salvoconducto cuando existe una humillación grave.
El Código Penal considera injuria la expresión o acción que lesiona la dignidad de una persona y menoscaba su fama o su propia estimación, aunque solo adquieren carácter delictivo las injurias consideradas graves por su naturaleza, efectos y circunstancias. Esa frontera debe analizarse caso por caso.
También importa la edad cuando los implicados son menores. La legislación española sobre responsabilidad penal juvenil se aplica a quienes tienen entre 14 y 17 años cuando cometen hechos tipificados como delito. Por debajo de los 14 años no se exige responsabilidad penal conforme a esa norma, aunque pueden intervenir otros mecanismos de protección y existir consecuencias en distintos ámbitos.
Guardar las pruebas antes de borrar o bloquear
Una de las recomendaciones más relevantes cuando aparece uno de estos perfiles es conservar las pruebas antes de actuar contra la cuenta. Capturas de pantalla, fecha de publicación, nombre de usuario, comentarios y otros datos asociados al contenido pueden resultar útiles para acreditar posteriormente lo ocurrido.
Después puede reportarse el material a la plataforma, solicitar su retirada y bloquear a quienes participen en el hostigamiento. Reenviar masivamente un vídeo o un meme, aunque se haga con la intención de denunciarlo, puede provocar justamente el efecto contrario: multiplicar la exposición de la víctima.
Cuando existe ciberacoso, preservar las evidencias resulta especialmente importante. El contenido digital puede borrarse rápidamente de una cuenta, pero también deja rastros, copias y registros. Paradójicamente, esa huella que hace que una humillación se extienda también puede ayudar a reconstruir lo ocurrido.
De la chanza escolar al escaparate público
Las burlas entre adolescentes no nacieron con TikTok. Lo que cambia con las redes sociales es la escala de la exposición. Una gracia cruel pronunciada hace años en un pasillo podía apagarse al terminar el recreo; un vídeo puede circular durante días, saltar de un grupo a otro y reaparecer cuando alguien vuelve a compartirlo.
Ahí está una de las razones por las que los centros educativos reaccionan con mayor contundencia. La audiencia ya no termina en los compañeros que estaban presentes cuando ocurrió algo. Puede alcanzar a todo un instituto y, en cuestión de horas, a personas completamente ajenas al centro.
También cambia la persistencia. Lo publicado puede copiarse, descargarse, editarse o almacenarse aunque la cuenta original desaparezca. En internet, borrar no siempre significa hacer desaparecer; menos aún cuando un contenido ha comenzado a circular entre decenas de teléfonos.
Qué tendrá que aclarar la investigación en Murcia
La investigación deberá determinar quién gestionaba las cuentas denunciadas, qué publicaciones concretas se difundieron, quiénes participaron y si los hechos permanecen en el ámbito disciplinario de los institutos o pueden tener consecuencias civiles o penales.
Por el momento se trata de una investigación policial, no de una declaración de culpabilidad de alumnos concretos. Ese matiz resulta esencial cuando los hechos afectan a menores y todavía debe reconstruirse quién creó, administró o alimentó cada perfil.
También habrá que distinguir entre quienes pudieran haber creado las cuentas, quienes publicaron determinados contenidos y quienes simplemente los vieron o compartieron. Las redes mezclan todas esas conductas en una misma pantalla, pero jurídicamente no son necesariamente equivalentes.
Un recreo que ya no termina al sonar el timbre
Los dos casos de Murcia muestran una frontera que las redes han vuelto más borrosa: la que separa la ocurrencia adolescente de una humillación capaz de causar un daño real. TikTok puede convertir una escena del aula en entretenimiento para cientos de personas antes de que termine la jornada escolar.
Eso no convierte cada chiste en un asunto policial, ni mucho menos. Pero cuando aparecen vejaciones, rumores o ataques personales, el envoltorio digital cambia la velocidad y el alcance, no necesariamente la naturaleza de lo ocurrido.
La Policía intenta determinar qué sucedió en los dos institutos de Murcia mientras crece la preocupación por este tipo de cuentas escolares. Detrás de una pantalla puede ocultarse un nombre durante un tiempo; las publicaciones, los usuarios y sus consecuencias, en cambio, suelen dejar bastante huella.
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