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Trump amenaza a Irán con nuevos ataques y presume de controlar Ormuz

Donald Trump amenaza con nuevos ataques a Irán si no hay acuerdo y afirma controlar Ormuz, mientras Teherán insiste en negociar el fin del bloqueo.

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Aviones de EEUU cerca de Iran

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Foto: Departamento de Defensa de Estados Unidos / Wikimedia Commons, dominio público.

Resumen

  • Trump amenaza a Irán con nuevos ataques si no hay acuerdo
  • El presidente asegura que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz
  • Teherán ofrece reabrir Ormuz si Washington levanta el bloqueo naval

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a amenazar a Irán con una ofensiva militar si no consigue alcanzar un acuerdo con Teherán. En una entrevista concedida este domingo, 25 de octubre, a Fox News, el mandatario estadounidense ha presentado el futuro del conflicto como una elección entre negociar una salida diplomática o recurrir nuevamente a la fuerza para acabar con la resistencia iraní.

«¿Llego a un acuerdo con ellos o acabo con ellos? Esa es la única cuestión», ha declarado Trump en el programa Sunday Morning Futures. El presidente también ha asegurado que Estados Unidos controla el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio mundial de petróleo y gas, y ha descrito la posición estadounidense con una frase contundente: «Nosotros lo conseguimos todo y ellos no consiguen nada».

Las declaraciones llegan en un momento especialmente delicado para Oriente Próximo. La guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada a finales de febrero, sigue sin encontrar una solución negociada. Washington mantiene su presión militar y económica sobre la República Islámica, mientras Teherán se resiste a aceptar las condiciones estadounidenses y reclama el levantamiento del bloqueo naval que afecta a sus exportaciones.

Trump no ha comunicado una decisión definitiva sobre nuevos bombardeos ni ha presentado un calendario para una eventual operación. Sin embargo, la posibilidad de reanudar los ataques sigue sobre la mesa, mientras Estados Unidos refuerza su presencia militar en la región y se acerca una fecha importante para la política norteamericana: las elecciones legislativas del 3 de noviembre.

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Trump insiste en que Estados Unidos domina el estrecho de Ormuz

El presidente estadounidense ha situado el control de Ormuz en el centro de su discurso. Durante la entrevista, ha afirmado que las fuerzas norteamericanas ejercen un dominio decisivo sobre el paso marítimo y ha defendido la eficacia del bloqueo naval impuesto a Irán.

Sus palabras buscan transmitir una posición de superioridad militar y negociadora. Trump considera que Washington dispone de suficientes recursos para imponer sus condiciones y que Teherán tiene mucho más que perder si continúa el enfrentamiento.

Pero el control del estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los principales motivos de disputa entre ambos países. Irán ha utilizado las restricciones al tráfico marítimo como instrumento de presión, mientras Estados Unidos mantiene medidas dirigidas a limitar las exportaciones iraníes, especialmente las de petróleo.

La diferencia entre controlar militarmente una ruta y garantizar que todos los buques puedan circular libremente por ella es considerable. Las declaraciones de Trump reflejan la posición de Washington, pero no significan que hayan desaparecido las amenazas sobre la navegación comercial.

Por qué Ormuz resulta decisivo para la economía mundial

El estrecho conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y constituye una vía fundamental para las exportaciones energéticas de Oriente Próximo.

Por sus aguas circulan cargamentos de petróleo y gas procedentes de productores como Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Catar y Emiratos Árabes Unidos. Una interrupción prolongada del tráfico puede encarecer el transporte, aumentar las primas de los seguros marítimos y alimentar la volatilidad de los precios internacionales de la energía.

Sus consecuencias van bastante más allá de Oriente Próximo. Europa y las grandes economías asiáticas pueden verse afectadas por las alteraciones del suministro y por el encarecimiento de los combustibles.

Precisamente por eso, el estrecho se ha convertido en una pieza fundamental de cualquier posible acuerdo. Para Washington, resulta prioritario garantizar la navegación. Para Teherán, recuperar la normalidad comercial sin eliminar las restricciones estadounidenses supondría aceptar una salida que considera desequilibrada.

Las negociaciones con Irán siguen bloqueadas

Las amenazas de Trump coinciden con los esfuerzos diplomáticos para reactivar unas conversaciones que llevan semanas sin avances decisivos.

El sábado 24 de octubre, el embajador iraní en Pakistán, Reza Amiri Moghadam, aseguró que Teherán continúa dispuesto a negociar con Estados Unidos sobre la base del entendimiento provisional alcanzado en junio con la mediación de Pakistán y Catar.

Según el diplomático, Irán había trasladado a Washington su disposición a reabrir el estrecho de Ormuz si Estados Unidos levantaba el bloqueo naval de sus puertos. La propuesta fue rechazada por Trump, que mantiene unas exigencias más amplias para poner fin al enfrentamiento.

El desacuerdo tiene una dimensión económica evidente. Las autoridades iraníes buscan recuperar sus exportaciones y aliviar las restricciones que pesan sobre el país. La Administración estadounidense pretende utilizar esa presión económica y militar para conseguir compromisos que considera fundamentales para su seguridad y la de sus aliados.

El programa nuclear continúa siendo una exigencia central

Una de las cuestiones más difíciles es el futuro del programa nuclear iraní.

Trump insiste en que la República Islámica no debe disponer de armas nucleares. Washington exige garantías que impidan su desarrollo, mientras las conversaciones también deben resolver cuestiones relacionadas con las instalaciones nucleares, las inspecciones internacionales y las restricciones económicas.

El presidente estadounidense ha mencionado en distintas ocasiones la posibilidad de atacar nuevas instalaciones iraníes, incluida una instalación subterránea conocida como Pickaxe Mountain.

En su entrevista de este domingo, volvió a asegurar que Estados Unidos dispone de información precisa sobre las actividades desarrolladas en ese emplazamiento.

Las afirmaciones sobre las capacidades de vigilancia estadounidenses no equivalen, sin embargo, a una confirmación independiente de lo que sucede dentro de la instalación.

La cuestión nuclear sigue siendo uno de los mayores obstáculos para alcanzar un acuerdo duradero. Un entendimiento sobre Ormuz podría rebajar inmediatamente las tensiones comerciales y militares, pero no resolvería por sí solo todas las diferencias entre Washington y Teherán.

La amenaza militar aumenta antes de las elecciones del 3 de noviembre

Las nuevas declaraciones también deben interpretarse dentro del calendario político estadounidense.

El próximo 3 de noviembre de 2026, Estados Unidos celebrará sus elecciones legislativas de mitad de mandato. La evolución del conflicto iraní constituye un asunto relevante para la Administración Trump, tanto por las implicaciones militares como por sus consecuencias económicas.

El presidente ha sugerido anteriormente que los ataques contra Irán podrían reanudarse después de los comicios. Al mismo tiempo, Washington ha reforzado su despliegue militar hacia el golfo Pérsico, incluido el envío de un tercer grupo de portaaviones.

Esta acumulación de fuerzas aumenta la capacidad estadounidense para emprender nuevas operaciones militares, aunque no demuestra por sí sola que exista una orden definitiva de ataque.

La presión tampoco procede únicamente de Washington. Las autoridades iraníes han advertido de posibles represalias contra instalaciones militares estadounidenses y sus aliados regionales. Los ataques contra buques comerciales y la actividad de los hutíes de Yemen añaden otros focos de inestabilidad.

El riesgo es que una nueva ofensiva desencadene una respuesta más amplia y complique todavía más las negociaciones.

En paralelo, varios países europeos y de Oriente Próximo están intentando evitar que el conflicto vuelva a intensificarse. Turquía, Arabia Saudí, Pakistán, Egipto, Francia, Alemania, Reino Unido e Italia han promovido contactos diplomáticos para contener la escalada y favorecer una solución negociada.

Irán afronta una crisis económica agravada por la guerra

La dimensión militar del conflicto convive con un deterioro económico y social que afecta directamente a la población iraní.

El bloqueo naval estadounidense ha restringido las exportaciones petroleras y agravado los problemas financieros de Teherán. La depreciación de la moneda, la inflación y las dificultades para importar determinados productos han debilitado todavía más el poder adquisitivo de las familias.

Los precios de alimentos básicos han aumentado considerablemente desde el comienzo de la guerra. El arroz se ha encarecido más de un 60 % y la carne de vacuno más de un 150 %, según los datos recogidos en las últimas informaciones sobre la situación económica iraní.

También se han registrado problemas de abastecimiento de medicamentos, mientras crece la preocupación por una posible reanudación de los bombardeos.

Parte de la población de Teherán está acumulando productos esenciales o contempla abandonar temporalmente la capital ante el temor a nuevos ataques.

La guerra ya ha provocado miles de muertos y daños importantes en viviendas e infraestructuras. Una nueva fase de enfrentamientos supondría otro golpe para una sociedad que lleva meses soportando las consecuencias de la confrontación.

La presión económica puede proporcionar ventajas negociadoras a Washington, pero también aumenta el coste humano del conflicto. Y no garantiza que las autoridades iraníes acepten las condiciones estadounidenses.

El futuro de Irán depende de una negociación todavía abierta

Trump ha vuelto a presentar una disyuntiva radical: un acuerdo diplomático o una nueva intervención militar. Sin embargo, sus declaraciones de este domingo no constituyen el anuncio formal de una ofensiva ni significan que las negociaciones estén definitivamente rotas.

Irán mantiene públicamente su disposición al diálogo, aunque exige que Estados Unidos elimine el bloqueo naval. Washington sostiene que dispone de una posición de fuerza suficiente para reclamar mayores concesiones, particularmente en materia nuclear y de seguridad regional.

El estrecho de Ormuz sigue siendo el principal instrumento de presión inmediata. Recuperar una navegación estable y resolver las restricciones sobre las exportaciones iraníes permitiría reducir algunos de los riesgos más urgentes, pero las diferencias políticas y militares van mucho más allá de esa ruta comercial.

La incógnita es si ambas partes encontrarán una fórmula negociada antes de que se produzca otra escalada.

Por el momento, Trump mantiene abierta la puerta a un acuerdo mientras amenaza con volver a atacar Irán. La diplomacia continúa activa, pero el despliegue militar y las advertencias públicas muestran hasta qué punto sigue siendo frágil la posibilidad de poner fin al conflicto.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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