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Artur Mas compara a Rufián con Vinícius y ERC replica por sus recortes

Artur Mas compara a Rufián con Vinícius por su estilo bronco y ERC le responde con una crítica directa a los recortes de su etapa de gobierno

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Artur Mas

Imagen: Amadalvarez / CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Artur Mas compara a Rufián con Vinícius por vivir de la provocación y la bronca
  • ERC responde recordando a Mas los recortes aplicados durante sus gobiernos
  • El choque reabre la disputa entre ERC y Junts antes de las elecciones del 29N

Artur Mas ha entrado de lleno en la precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre con una comparación poco habitual incluso para una política acostumbrada a los símiles gruesos. El expresidente de la Generalitat ha equiparado a Gabriel Rufián con el futbolista del Real Madrid Vinícius Júnior porque, a su juicio, ambos «viven de la provocación y de la bronca». No discutió sus capacidades; discutió el método.

La respuesta de ERC ha llegado por el flanco más incómodo para Mas: su propia etapa de gobierno. La secretaria general republicana, Elisenda Alamany, le ha pedido «menos leccioncitas» y ha sostenido que quien provocó bronca y sufrimiento fue el propio expresidente con los recortes aplicados durante sus mandatos. La polémica, por tanto, ha tardado poco en abandonar el terreno futbolístico y regresar al de siempre: la factura política del pasado y la batalla por el espacio catalanista.

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Mas acusa a Rufián de romper los puentes entre ERC y Junts

Las palabras de Artur Mas proceden de una entrevista en 3Cat, en la que el antiguo líder de Convergència analizó la relación entre ERC y Junts y el deterioro de los vínculos dentro del independentismo desde los años del procés.

Su reproche a Rufián es bastante concreto. Mas considera que la forma de hacer política del portavoz republicano en Madrid, basada a menudo en intervenciones muy duras contra sus adversarios, ha hecho más difícil reconstruir la confianza entre Esquerra y el espacio posconvergente. «Su actuación en Madrid no ha ayudado nada», afirmó.

El expresidente defendió que las diferencias entre partidos son inevitables —y saludables—, pero reclamó una suerte de fair play político que permita pactar cuando existen objetivos compartidos. Según su planteamiento, una cosa es competir y otra dinamitar los puentes para preguntarse después por qué nadie cruza el río.

De ahí salió Vinícius Júnior. Mas sostuvo que Rufián puede ser un político eficaz y popular, igual que considera al brasileño un buen futbolista, pero cree que el estilo basado en el choque permanente acaba perjudicando la capacidad de llegar a acuerdos. El problema, insistió, no serían tanto las discrepancias ideológicas como la erosión de la confianza.

ERC devuelve el golpe a Mas con los recortes

Esquerra no dejó pasar la comparación. Alamany respondió al expresidente recordándole las políticas de austeridad aplicadas durante sus gobiernos en Cataluña. Su mensaje buscó girar por completo el marco de la discusión: frente a la acusación de que Rufián genera bronca con sus palabras, ERC puso sobre la mesa las consecuencias sociales de determinadas decisiones económicas.

«Quien generó bronca —y sufrimiento— con los recortes más brutales y severos a los servicios públicos no fue Gabriel Rufián, presidente, fue usted», escribió Alamany, llevando la disputa desde el estilo político hasta la gestión de la Generalitat durante los años más duros de la crisis.

También intervino Mireia Ingla, número dos de la candidatura republicana para las generales, que acusó a Mas de repartir «carnés de catalanidad» desde una posición de superioridad moral y clasismo.

El intercambio tiene algo de discusión generacional dentro del soberanismo catalán. Mas representa la tradición política procedente de Convergència y del nacionalismo catalán que gobernó durante décadas; Rufián pertenece a una ERC que ha hecho precisamente de la ruptura con buena parte de ese mundo uno de los ingredientes de su identidad política reciente.

La disputa estalla en plena carrera hacia las elecciones del 29N

El momento tampoco es casual. España celebrará elecciones generales el próximo 29 de noviembre y Gabriel Rufián volverá a encabezar la candidatura de ERC. El partido confirmó su elección este mes, después de semanas de discusión interna sobre la estrategia electoral y las alianzas de la izquierda.

Rufián ha adquirido en los últimos años una dimensión política que va bastante más allá del independentismo catalán. Sus intervenciones en el Congreso, su intensa presencia mediática y su insistencia en articular acuerdos entre fuerzas progresistas le han dado una proyección estatal poco frecuente en un candidato de ERC.

Precisamente ahí aparece otro elemento del choque con Mas: la discusión sobre hasta dónde debe llegar la estrategia de ERC fuera de Cataluña y qué precio político puede tener una mayor implicación en las alianzas de la izquierda española.

El intento de Rufián de ampliar el espacio de ERC

Rufián defendió durante meses la conveniencia de construir un frente más amplio de izquierdas, incluso enfrentándose parcialmente a las reservas de la dirección de su propio partido. La gran operación unitaria no terminó cuajando y el propio dirigente republicano llegó a admitir públicamente su fracaso en el intento de simplificar la oferta electoral progresista.

ERC, sin embargo, ha mantenido un entendimiento electoral con Podemos en Cataluña, una decisión que tampoco convence a Artur Mas. Y ahí la discusión deja de ser una cuestión de tono. Pasa a ser una discusión estratégica: qué debe ser ERC cuando va a Madrid, con quién debe asociarse y hasta dónde debe priorizar la política española frente a una agenda estrictamente catalana.

Mas cuestiona también el acuerdo de ERC con Podemos

El expresidente catalán aprovechó la entrevista para criticar precisamente esa aproximación entre ERC y Podemos. Su tesis es que Cataluña necesita partidos con suficiente autonomía política para defender sus intereses sin quedar condicionados por las dinámicas de los grandes bloques estatales.

Mas situó a Junts dentro de esa lógica y aseguró que habría podido incluir también a ERC si los republicanos no hubieran alcanzado su entendimiento con Podemos. A su juicio, la influencia de Rufián ha sido importante en ese giro, aunque admitió que la dirección de Esquerra tenía capacidad para frenarlo y no lo hizo.

El antiguo presidente recuperó además uno de los desencuentros recientes con Podemos: el rechazo de la formación al traspaso de determinadas competencias migratorias a Cataluña. Para Mas, aquel episodio demuestra hasta qué punto una alianza estatal puede entrar en conflicto con las prioridades del nacionalismo catalán.

Detrás de la comparación con Vinícius hay, pues, bastante más política que fútbol. La frase tiene brillo para el titular, pero el desacuerdo que revela atraviesa cuestiones de alianzas, poder territorial y estrategia parlamentaria.

Dos maneras de entender el poder catalán en Madrid

Mas reclama una cierta reconstrucción de los puentes entre las distintas familias del catalanismo. Su diagnóstico parte de que las relaciones entre ERC y Junts quedaron seriamente dañadas después de 2017 y nunca terminaron de recomponerse. Cree que las rivalidades personales y el lenguaje de confrontación han convertido diferencias políticas normales en una desconfianza mucho más profunda.

Rufián ha construido buena parte de su perfil exactamente en el terreno contrario. Su política en el Congreso bebe de la confrontación dialéctica, de intervenciones preparadas para circular fuera del hemiciclo y de una concepción más transversal de sus adversarios y aliados. Puede atacar a la derecha española, enfrentarse a Junts o discutir con la propia dirección de ERC sin abandonar por ello la reivindicación independentista.

Ese estilo le ha dado notoriedad. Mas no lo niega. Lo que cuestiona es el precio que paga ERC por esa notoriedad cuando llega el momento de sentarse con otras fuerzas catalanas.

Hay, incluso, una ironía difícil de esquivar: Mas pide abandonar la provocación mediante una comparación diseñada para provocar. La política también tiene esas cosas.

La bronca revela una batalla política bastante más profunda

Reducir el episodio a que Artur Mas ha llamado a Rufián «el Vinícius de la política» dejaría fuera casi todo lo importante. El símil funciona como titular, pero debajo aparecen tres disputas que acompañarán probablemente a la campaña del 29N: la relación entre ERC y Junts, las alianzas de los republicanos con la izquierda estatal y la pugna por definir quién representa con mayor eficacia los intereses políticos de Cataluña en Madrid.

Mas reivindica puentes, negociación y una agenda catalana autónoma. ERC responde recordándole que gobernar también deja cicatrices y que las lecciones sobre moderación pesan de otra manera cuando proceden de quien tuvo que gestionar la Generalitat durante los años más duros de los recortes.

Vinícius fue la metáfora. La discusión verdadera es otra: qué modelo de poder quiere ejercer el independentismo catalán cuando sale de Cataluña y entra en el Congreso. Y esa, a menos de seis semanas de las urnas, tiene bastante más recorrido que una bronca de lunes por la noche.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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