Cultura
Muere Juan Atkins a los 64 años, pionero y padre del techno de Detroit
Juan Atkins, uno de los padres del techno de Detroit, muere a los 64 años tras una trayectoria esencial con Cybotron, Model 500 y Metroplex.
Imagen: Angie Linder, CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Juan Atkins, pionero del techno de Detroit, ha muerto a los 64 años
- Fue clave con Cybotron, Model 500 y el sello Metroplex
- Su obra ayudó a convertir el techno de Detroit en un fenómeno mundial
Juan Atkins, una de las figuras fundamentales en el nacimiento del techno de Detroit y uno de los músicos que ayudaron a convertir aquel sonido electrónico en un fenómeno mundial, ha muerto a los 64 años. Su agencia, Greensmith Artists, confirmó el fallecimiento este domingo 1 de noviembre.
El productor y DJ estadounidense fue encontrado inconsciente en la habitación de su hotel en Ciudad de México, donde tenía previsto actuar en YuYu Cine Club. Fue trasladado a un hospital, donde se certificó su muerte. En el momento de publicarse esta información no se había comunicado oficialmente la causa del fallecimiento, pese a que durante las primeras horas circularon distintas versiones.
Atkins deja algo bastante más grande que una discografía. Con Cybotron, Model 500 y Metroplex, y como una de las figuras asociadas a los llamados Belleville Three, contribuyó a levantar durante los años 80 el lenguaje del techno de Detroit: ritmos programados, sintetizadores, ciencia ficción, funk y una idea de futuro que terminó viajando desde Michigan hasta clubes de medio planeta.
De Belleville a un nuevo lenguaje para la música electrónica
Juan Atkins nació en Detroit en 1962 y creció en Belleville, una localidad cercana donde conoció a Derrick May y Kevin Saunderson. Los tres acabarían siendo conocidos como los Belleville Three, una denominación inseparable de los primeros años del techno estadounidense.
La historia, sin embargo, no empezó con grandes clubes ni festivales multitudinarios. Atkins comenzó a experimentar con instrumentos electrónicos siendo adolescente. Compró un Korg MS-10 con unos 15 años y fue abandonando progresivamente la guitarra y el bajo para concentrarse en sintetizadores, cajas de ritmos y secuenciadores.
Detroit también hacía su parte. La ciudad tenía una tradición musical descomunal, pero atravesaba al mismo tiempo una transformación económica y urbana profunda. Sobre ese paisaje aparecieron influencias aparentemente lejanas: el funk de Parliament-Funkadelic, la electrónica europea de Kraftwerk y las emisiones radiofónicas de The Electrifying Mojo, capaces de mezclar géneros que otros programadores mantenían cuidadosamente separados.
Atkins tomó esas piezas y empezó a construir otra forma de entender la música electrónica. No había todavía un gigantesco circuito internacional de techno esperando esos discos. Primero tuvieron que inventar buena parte del idioma.
Cybotron y «Clear», un sonido que se adelantó a su época
A comienzos de los años 80 formó Cybotron junto a Richard Davis, también conocido como 3070. El proyecto publicó canciones como Alleys of Your Mind, Cosmic Cars y, sobre todo, «Clear», una grabación que acabaría siendo esencial para comprender la evolución de la música electrónica estadounidense.
Clear apareció en 1983 con una mezcla difícil de encajar en las categorías tradicionales del momento. Había electro, funk, máquinas y una frialdad deliberadamente futurista. Décadas después continuaba circulando por la cultura popular: Missy Elliott utilizó elementos de la canción en Lose Control, su éxito de 2005 junto a Ciara y Fatman Scoop.
No era simplemente música de baile. En las composiciones de Atkins aparecían ciudades, tecnología, alienación y futuros posibles. Esa combinación terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad del techno de Detroit.
Model 500, «No UFO’s» y el nacimiento de Metroplex
Tras su etapa inicial con Cybotron, Atkins desarrolló su trabajo bajo el nombre de Model 500. En 1985 publicó No UFO’s, una de las grabaciones más influyentes de aquella primera generación y uno de los discos que mejor permiten escuchar cómo el techno empezaba a adquirir una identidad propia.
Ese mismo año puso en marcha Metroplex Records, su sello discográfico. Su importancia fue doble: permitió a Atkins controlar sus propias publicaciones y, al mismo tiempo, creó una infraestructura para una escena de Detroit que todavía crecía lejos de los grandes centros de la industria musical.
El sonido tenía algo reconocible desde los primeros compases. Cajas de ritmos, bajos sintéticos y melodías austeras, junto a una sensación mecánica que nunca eliminaba completamente el funk. La máquina marcaba el pulso, pero no expulsaba al músico.
Cómo el techno de Detroit encontró su nombre
Presentar a una única persona como inventor absoluto de un género siempre simplifica demasiado las cosas. El techno surgió de una escena colectiva en la que participaron Atkins, Derrick May, Kevin Saunderson y otros productores de Detroit. Pero el papel de Atkins en la consolidación del término fue especialmente importante.
Su tema «Techno Music» apareció en la recopilación británica Techno! The New Dance Sound of Detroit, publicada en 1988. El disco resultó decisivo para presentar aquella música al mercado europeo y para fijar internacionalmente una denominación que acabaría dando nombre a uno de los grandes géneros electrónicos de las últimas décadas.
El techno empezaba a dejar de ser una particularidad de Detroit. Reino Unido y Alemania encontraron en aquellos discos una música que encajaba especialmente bien con la nueva cultura de clubes europea. Poco después, aquello que se había creado en pequeños estudios de Michigan tenía ramificaciones en Berlín, Londres y prácticamente toda la escena electrónica continental.
Los Belleville Three y una influencia que superó Detroit
Atkins compartió aquella etapa fundacional con Derrick May y Kevin Saunderson, sus antiguos compañeros de Belleville. No formaban un grupo convencional, pero la etiqueta Belleville Three acabó funcionando como una forma útil, aunque necesariamente incompleta, de explicar la conexión entre tres músicos que participaron directamente en la creación del sonido de Detroit.
Saunderson recordó a Atkins tras conocerse su muerte como una figura decisiva para su propia carrera. También explicó que le había ayudado a terminar Triangle of Love, una de sus primeras grabaciones. La relación entre aquellos productores no se limitaba a compartir una ciudad: circulaban equipos, ideas, conocimientos y discos.
Después llegaron caminos distintos. Atkins continuó trabajando como Model 500 y también utilizó el alias Infiniti. Mucho más tarde colaboró con Moritz von Oswald, una de las figuras centrales de la electrónica berlinesa, en el proyecto Borderland.
Esa conexión entre Detroit y Berlín tiene bastante sentido vista desde la distancia. Las dos ciudades terminaron ocupando posiciones fundamentales en la historia del techno, aunque llegaron desde contextos completamente diferentes. Atkins estuvo en ambos mundos sin convertirse nunca simplemente en una reliquia de los años 80.
Juan Atkins siguió actuando y produciendo hasta el final
A diferencia de otros pioneros cuya actividad quedó principalmente vinculada a sus primeras grabaciones, Atkins continuó actuando, produciendo y recuperando proyectos históricos durante décadas.
En los últimos años podía encontrársele tanto en clubes como en festivales internacionales. También había recuperado Cybotron, demostrando que su relación con aquella música no estaba planteada únicamente como un ejercicio de nostalgia. Seguía trabajando sobre las mismas ideas —máquinas, futuro, ritmo— que habían aparecido en sus primeras grabaciones.
Precisamente se encontraba en México para actuar cuando se produjo su muerte. Debía presentarse en YuYu Cine Club durante la noche del 31 de octubre. Su agencia confirmó posteriormente que había sido encontrado sin respuesta en su hotel antes de la actuación.
La noticia provocó homenajes inmediatos dentro de la comunidad electrónica internacional. No cuesta entender por qué. Para generaciones enteras de productores, DJs y aficionados, nombres como Model 500, Cybotron o Metroplex forman parte del vocabulario básico del género.
El futuro que Juan Atkins ayudó a imaginar
La influencia de Juan Atkins resulta difícil de reducir a una canción concreta. «Clear» y «No UFO’s» son probablemente los puntos de entrada más evidentes, pero su importancia está también en haber entendido muy pronto que la tecnología no tenía por qué limitarse a reproducir los modelos musicales existentes.
Atkins utilizó las máquinas para construir una estética propia. Después llegaron miles de productores, decenas de subgéneros y una industria global de clubes, festivales y sellos electrónicos. El techno dejó de ser una anomalía surgida alrededor de Detroit para convertirse en una cultura internacional.
Y, en medio de una historia con muchos protagonistas, el nombre de Juan Atkins ocupa uno de los primeros lugares. No porque él solo inventara todo aquello —la música rara vez funciona de manera tan sencilla—, sino porque estuvo allí cuando todavía no estaba claro qué nombre tendría, cómo sonaría ni hasta dónde podía llegar.
Murió a los 64 años mientras seguía formando parte activa de ese mundo. El futuro electrónico que ayudó a imaginar hacía mucho que había llegado.
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