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Ciencia

China prepara un laboratorio móvil para construir su futura base lunar

China planea desplegar un laboratorio lunar móvil después de su primer alunizaje tripulado para apoyar futuras estancias y una base científica.

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China prepara un laboratorio móvil

Resumen

  • China prepara laboratorios móviles presurizados para explorar la Luna
  • El primer alunizaje tripulado chino sigue previsto antes de 2030
  • La futura base científica lunar apunta al polo sur y a 2035

China no quiere limitar su primer viaje tripulado a la Luna a plantar una bandera, recoger muestras y volver a casa. El programa espacial chino trabaja con una segunda etapa bastante más ambiciosa: desplegar laboratorios móviles presurizados capaces de recorrer grandes distancias, alojar temporalmente a astronautas y servir de puente hacia una futura estación científica permanente en la superficie lunar.

El proyecto llegaría después del primer alunizaje tripulado chino, que Pekín mantiene como objetivo para antes de 2030. China ha concretado una arquitectura basada en dos lanzamientos del nuevo cohete Larga Marcha 10, la nave Mengzhou y el módulo de alunizaje Lanyue. Dos astronautas descenderían a la superficie mientras otro permanecería en órbita lunar.

La idea del laboratorio móvil pertenece a la fase posterior de presencia lunar, no al equipamiento imprescindible para ese primer descenso. El objetivo es pasar de visitas relativamente breves a una capacidad que permita trabajar, desplazarse y permanecer más tiempo sobre la Luna.

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Del primer alunizaje a vivir y trabajar en la Luna

La primera misión lunar tripulada tendrá todavía un carácter relativamente convencional. Dos astronautas bajarán a la superficie con el Lanyue, utilizarán el vehículo Tansuo para desplazarse por los alrededores, realizarán experimentos científicos y recogerán muestras antes de despegar de nuevo para reunirse con el tercer miembro de la tripulación en órbita.

Es decir, la gran novedad del laboratorio móvil no está prevista como pieza imprescindible de ese primer viaje. Forma parte de la fase de residencia lunar, cuando China pretende pasar de las visitas cortas a una presencia capaz de mantenerse y desplazarse durante periodos mucho más largos.

La diferencia parece menor sobre el papel, pero cambia por completo la escala de la misión. Un rover abierto sirve para recorrer algunos kilómetros con los astronautas dentro de sus trajes. Un vehículo presurizado puede convertirse, en cambio, en alojamiento, centro científico y medio de transporte al mismo tiempo.

Los estudios chinos sobre esta arquitectura describen el laboratorio lunar móvil precisamente así: un gran rover presurizado pensado para desplazarse por zonas extensas y permitir estancias cortas de astronautas en su interior, mientras continúa realizando operaciones autónomas cuando no haya tripulación.

Una especie de laboratorio sobre ruedas

La idea se parece más a una pequeña estación espacial que a los vehículos utilizados durante el programa Apolo. Los astronautas podrían trabajar dentro sin llevar permanentemente el traje lunar, analizar muestras, controlar instrumentos y desplazarse hacia lugares demasiado alejados de un módulo fijo. Sería, en la práctica, un laboratorio sobre ruedas.

La movilidad es especialmente importante porque buena parte del interés científico de la Luna está repartido entre regiones geológicamente muy distintas. Un laboratorio capaz de moverse permitiría estudiar varios terrenos durante una misma campaña y reducir la dependencia de aterrizar exactamente junto a cada objetivo.

Investigadores chinos han planteado incluso vehículos capaces de realizar recorridos de cientos o miles de kilómetros a lo largo de sucesivas misiones. Son conceptos todavía sujetos a desarrollo tecnológico, no una capacidad operativa disponible. Pero muestran hacia dónde apunta la estrategia: que la base lunar no sea únicamente un edificio colocado en un punto del mapa.

La futura base china tiene el polo sur como objetivo

El laboratorio móvil encaja en otro proyecto de mayor tamaño: la Estación Internacional de Investigación Lunar, conocida por sus siglas inglesas ILRS. China plantea desarrollar una instalación científica alrededor del polo sur lunar con capacidad para realizar experimentos, estudiar recursos y mantener operaciones robóticas durante largos periodos.

El calendario contempla una instalación básica hacia 2035, seguida posteriormente por una red mucho más extensa de infraestructuras lunares. El proyecto incluye sistemas de energía, comunicaciones, navegación, transporte y exploración de superficie, con operaciones autónomas y participación humana durante determinadas misiones.

El polo sur no se ha elegido por romanticismo. Algunas zonas reciben largos periodos de iluminación, mientras que otras, situadas en el interior de determinados cráteres, permanecen en sombra casi permanente. Estas últimas pueden conservar depósitos de hielo de agua, un recurso de enorme interés científico y potencialmente logístico.

Si algún día se consigue extraer ese hielo de forma eficiente, podría proporcionar agua para las tripulaciones y, mediante electrólisis, oxígeno e hidrógeno. Eso abre la posibilidad teórica de producir recursos directamente sobre la Luna en lugar de transportar cada kilogramo desde la Tierra. El problema, claro, es convertir una buena idea en una industria que funcione a unos 384.000 kilómetros de casa.

Chang’e-7 y Chang’e-8 preparan el terreno

Antes de enviar una base y laboratorios habitables hay que saber dónde instalarlos. Esa tarea corresponde en buena medida a las próximas misiones robóticas del programa Chang’e, diseñadas para estudiar con mucho más detalle el entorno del polo sur lunar y los recursos disponibles.

La Chang’e-7 fue preparada para explorar el polo sur lunar, estudiar su entorno y buscar indicios de hielo de agua. China aplazó en agosto su lanzamiento después de determinar que la misión no reunía las condiciones necesarias para despegar durante la ventana prevista, sin anunciar entonces una nueva fecha definitiva.

Ese retraso importa porque la exploración robótica y el programa tripulado forman parte de una estrategia lunar cada vez más integrada. Los datos de Chang’e-7 deberán ayudar a localizar recursos y terrenos adecuados antes de que lleguen misiones más complejas.

Después llegará Chang’e-8, concebida como una misión de demostración tecnológica. Entre sus objetivos figura ensayar la utilización de recursos disponibles directamente sobre la superficie lunar, un concepto conocido como ISRU. La idea es sencilla de explicar y bastante menos sencilla de ejecutar: aprovechar materiales locales para reducir la cantidad de equipos y materias primas que deben lanzarse desde la Tierra.

China estudia, entre otras posibilidades, utilizar regolito lunar para fabricar estructuras y elementos de construcción. Una futura base necesitará superficies preparadas, protección contra la radiación, zonas para aterrizaje, vías de desplazamiento y espacios habitables. Mandarlo todo prefabricado desde la Tierra sería extraordinariamente caro.

Una base que crecería por fases

Los planes de ingeniería chinos dibujan una evolución gradual. Primero llegarían instalaciones científicas y robots. Después, módulos capaces de recibir temporalmente a astronautas. Los laboratorios móviles ampliarían su radio de acción y, con el tiempo, aparecerían estructuras habitables más permanentes.

En esta lógica, la futura estación no nacería terminada. Se iría construyendo con infraestructura modular, vehículos, sistemas energéticos y equipos científicos añadidos durante sucesivas misiones. La Luna no admite precisamente una mudanza completa en un solo viaje.

Los estudios sobre construcción lunar distinguen varias etapas: laboratorios iniciales, estación científica, instalaciones de residencia y, en el horizonte más lejano, un asentamiento con capacidad para cubrir una parte creciente de las necesidades de sus ocupantes. No existe todavía un calendario cerrado para alcanzar todas esas fases.

La parte básica de la ILRS sí tiene un horizonte más concreto: China continúa situándola alrededor de 2035, con el polo sur como núcleo. A más largo plazo, el proyecto contempla conectar instalaciones situadas en otras regiones de la Luna y disponer de infraestructura orbital que facilite el transporte y las comunicaciones.

China acelera, pero todavía quedan pruebas decisivas

Pekín ha avanzado en piezas esenciales de su arquitectura tripulada. El Larga Marcha 10 será el cohete desarrollado para enviar los componentes de la expedición; Mengzhou transportará a la tripulación y Lanyue realizará el descenso. El pequeño Tansuo permitirá a los dos astronautas desplazarse durante la misión inicial.

Pero quedan pruebas, vuelos de validación y desarrollos importantes antes de que esos sistemas puedan llevar personas a la Luna. Las autoridades chinas han planteado una secuencia de ensayos previos para verificar los elementos destinados a las futuras operaciones tripuladas.

El aplazamiento de Chang’e-7 también recuerda algo bastante terrenal: los calendarios espaciales se retrasan. Más aún cuando se intenta coordinar cohetes nuevos, naves nuevas, aterrizadores, vehículos de superficie y una cadena logística que debe funcionar sin margen para llamar al servicio técnico.

De visitar la Luna a intentar quedarse

El laboratorio móvil representa, en realidad, el cambio más importante de la estrategia china. El objetivo del primer alunizaje será demostrar que China puede llevar astronautas hasta la superficie y traerlos de vuelta. Lo que viene después pretende demostrar algo bastante más complicado: que puede trabajar durante largos periodos en la Luna y construir allí infraestructura útil.

Entre ambos pasos hay una distancia tecnológica enorme. Harán falta energía fiable, comunicaciones, protección frente a la radiación, vehículos resistentes al polvo lunar, sistemas de soporte vital y métodos para aprovechar recursos locales.

China todavía no ha llegado con astronautas a la Luna y su futura estación científica continúa siendo un proyecto en desarrollo. Pero el programa ya mira más allá del primer aterrizaje. Para Pekín, poner dos personas sobre el suelo lunar antes de 2030 sería el comienzo; convertir vehículos presurizados y módulos científicos en una base lunar operativa es la apuesta para la etapa siguiente.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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