España
Sánchez alerta ante el 29N: PP y Vox harían retroceder España 50 años
Pedro Sánchez alerta del retroceso que atribuye a PP y Vox y encara el 29N con vivienda, salarios, pensiones, Ceuta y corrupción en campaña.
Imagen: Ministerio de la Presidencia. Gobierno de España / Attribution.
Resumen
- Sánchez afirma que un Gobierno de PP y Vox haría retroceder España 50 años
- Sánchez confía en una mayoría progresista más amplia en las elecciones del 29N
- Vivienda, pensiones, salarios, Ceuta y Ábalos marcan su mensaje de campaña
Pedro Sánchez ha elevado el tono de la precampaña de las elecciones generales del 29 de noviembre con una advertencia directa sobre una eventual llegada de PP y Vox al Gobierno. El presidente y candidato del PSOE sostiene que una alianza entre ambos partidos supondría para España «retroceder 50 años», especialmente en debates relacionados con el aborto, la eutanasia y otros derechos sociales.
Sánchez, que afronta unas elecciones en las que buena parte de los sondeos siguen situando al bloque de la derecha con ventaja, se muestra convencido de que el PSOE puede remontar. Su planteamiento es bastante claro: convertir el 29N no solo en una disputa sobre quién gobernará, sino también en una elección entre dos modelos políticos muy distintos.
La entrevista llega, además, en un momento incómodo para el Ejecutivo. La crisis de la vivienda, el deterioro del poder adquisitivo, las movilizaciones sociales, la gestión de la crisis migratoria de Ceuta y los casos judiciales que rodean al PSOE forman parte del equipaje con el que Sánchez llega a las urnas. No es precisamente ligero.
Aun así, el presidente descarta dar por bueno el escenario que dibujan las encuestas. Cree que habrá una movilización del electorado progresista suficiente para mantener una mayoría parlamentaria y continuar otros cuatro años en La Moncloa.
Sánchez convierte el 29N en una batalla sobre los derechos sociales
La idea central de Sánchez es que una eventual mayoría de PP y Vox iría mucho más allá de una alternancia convencional entre izquierda y derecha. A su juicio, implicaría una revisión profunda de algunos de los avances legislativos de las últimas décadas.
El presidente pone especialmente el foco en el aborto y la eutanasia, dos cuestiones que han regresado al centro de la precampaña después de las últimas posiciones defendidas por Alberto Núñez Feijóo.
El dirigente del PP ha planteado reabrir el debate sobre el papel de los padres cuando una menor de 16 o 17 años decide interrumpir voluntariamente su embarazo. La legislación vigente permite que las jóvenes de esas edades aborten sin necesidad del consentimiento paterno.
Feijóo también ha defendido cambios en la ley de eutanasia para reforzar el papel de los médicos y especialistas durante el procedimiento.
Sánchez utiliza precisamente estas posiciones para construir su advertencia electoral. Su tesis es que Vox ejerce una creciente influencia ideológica sobre el PP y que Feijóo estaría dispuesto a asumir parte de esa agenda para alcanzar La Moncloa.
Feijóo plantea reformas, no la desaparición completa de ambas leyes
Hay un matiz importante. El PP no ha anunciado la derogación completa de la legislación sobre el aborto ni la eliminación de la eutanasia. Feijóo ha hablado de reformas concretas, mientras Sánchez presenta esos movimientos como ejemplo de una involución política mucho más amplia.
La diferencia no es menor. Una cosa es el contenido concreto defendido por el candidato popular y otra la valoración política que realiza el presidente. En campaña, naturalmente, ambas cosas tienden a viajar juntas aunque no sean exactamente lo mismo.
La vivienda se convierte en otro eje de la estrategia socialista
Sánchez reconoce que existe malestar social por el acceso a la vivienda y admite que el crecimiento económico de los últimos años no se está trasladando de la misma forma a todos los ciudadanos.
El presidente sostiene que ese problema fue una de las razones que justificaron la convocatoria anticipada de elecciones. Según su planteamiento, el Parlamento carecía de los apoyos necesarios para aprobar medidas suficientemente ambiciosas y era necesario acudir de nuevo a las urnas para intentar conseguir una mayoría progresista más amplia.
También ha tratado de separar la huelga general y las movilizaciones por la vivienda de una protesta dirigida exclusivamente contra su Gobierno. Sánchez asegura que las interpreta como una exigencia dirigida al conjunto de las administraciones con competencias sobre el mercado inmobiliario.
El candidato socialista defiende la gestión realizada y asegura que durante sus gobiernos se ha multiplicado por ocho el presupuesto de vivienda, se ha aprobado una ley estatal y se ha construido alrededor de un millón de viviendas, de las que aproximadamente el 13 % serían protegidas.
Su argumento, sin embargo, no se limita a aumentar la construcción. Sánchez insiste en la necesidad de regular determinadas partes del mercado, ampliar el parque asequible y evitar que la vivienda protegida termine perdiendo su función social.
También responsabiliza a PP, Vox y Junts del fracaso parlamentario de varias medidas incluidas en decretos de vivienda. Es uno de los mensajes con los que el PSOE pretende justificar por qué algunas de sus propuestas no llegaron a aplicarse durante la legislatura.
Salario mínimo y pensiones entran de lleno en la campaña
Entre los anuncios económicos de la entrevista destaca el compromiso de volver a elevar el salario mínimo interprofesional. Sánchez asegura que el Gobierno aprobará una nueva subida antes de las elecciones del 29 de noviembre, aunque no concreta la cuantía definitiva.
Paralelamente, pide a sindicatos y patronal que negocien aumentos de los salarios medios para compensar la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación. La cuestión salarial se cruza con otro de los grandes debates de la campaña: las pensiones.
El presidente defiende que el sistema público de pensiones está saneado y dispone de mecanismos para corregir posibles desviaciones del gasto. También vincula su sostenibilidad al crecimiento de las cotizaciones, al aumento de los salarios y a la incorporación de nuevos trabajadores a la Seguridad Social.
El asunto se ha convertido en terreno electoral después de que PP y PSOE hayan intercambiado mensajes sobre el futuro de las prestaciones. Sánchez trata de cerrar cualquier duda entre los pensionistas y rechaza que sea necesaria una revisión que implique recortes de las pensiones.
Ceuta y la corrupción golpean el flanco más delicado del Gobierno
La entrevista aborda también uno de los episodios más graves de los últimos meses: la crisis de Ceuta del 30 y 31 de julio, en la que murieron 141 personas.
Sánchez reconoce que ningún servicio de inteligencia ni las fuerzas de seguridad anticiparon la magnitud de los acontecimientos. Defiende, sin embargo, que una respuesta más agresiva en la frontera podría haber provocado una tragedia todavía mayor.
El presidente también rechaza las críticas sobre su actuación personal durante aquellos días y asegura que permaneció pendiente de la situación en Ceuta. Frente a las acusaciones de la oposición, sostiene que no puede abrir una escalada diplomática con un país vecino basándose únicamente en suposiciones.
La inmigración seguirá siendo, de hecho, uno de los terrenos centrales de confrontación con Vox. Sánchez defiende una inmigración regular, ordenada e integrada, pero al mismo tiempo sostiene que España necesita trabajadores extranjeros para responder al envejecimiento demográfico y sostener el Estado del bienestar.
La campaña socialista tampoco puede separarse de los casos de corrupción y de los procedimientos judiciales que han acompañado los últimos meses de legislatura.
Preguntado por su mayor error durante sus años al frente del Gobierno, Sánchez señala directamente la corrupción vinculada a José Luis Ábalos. Asume como fallo no haberla detectado antes y, también, que los hechos pudieran producirse dentro de su entorno político.
El presidente sostiene que actuó cuando conoció los hechos. Es probablemente uno de los puntos más vulnerables de su discurso de campaña: el PSOE necesita convencer a una parte del electorado progresista desmovilizado de que los escándalos no invalidan el conjunto de su gestión.
Sánchez también vuelve a defender a su hermano David Sánchez y a su esposa, Begoña Gómez, y considera que los procedimientos contra ambos han traspasado límites que no deberían cruzarse en una democracia. Mantiene su inocencia y denuncia una campaña política contra su entorno familiar.
Sobre Leire Díez, insiste en que el PSOE es ajeno a sus actuaciones y recuerda que abandonó la militancia después de conocerse el caso.
Las encuestas explican por qué Sánchez habla de remontada
La confianza expresada por Sánchez contrasta con un escenario demoscópico todavía favorable al bloque formado por PP y Vox, aunque las diferencias varían considerablemente según la encuesta.
Uno de los sondeos privados más recientes, elaborado por IMOP Insights, situaba al PP en el 28,5 % y 123 escaños, frente al 27,1 % y 113 diputados del PSOE. Vox alcanzaría el 20 % y 72 representantes, mientras que Frente Amplio obtendría 14.
Con esa proyección concreta, PP y Vox sumarían 195 diputados, claramente por encima de los 176 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. El dato, eso sí, es una estimación electoral realizada semanas antes de la votación, no un resultado ni una predicción infalible.
La misma encuesta muestra algo que interesa especialmente al PSOE: la distancia entre PP y socialistas se habría reducido hasta apenas 1,4 puntos. Ese es el terreno sobre el que Sánchez construye el relato de la remontada.
El PSOE necesita algo más que mejorar unos cuantos puntos. Necesita que su avance se traduzca en escaños, que la izquierda situada a su alrededor resista y que el crecimiento de Vox no termine proporcionando a Alberto Núñez Feijóo una mayoría parlamentaria suficiente.
El PP afronta el proceso desde la posición contraria: aspira a ganar las elecciones y tendrá que decidir después hasta dónde llega su relación con Vox. Esa aritmética explica buena parte del mensaje de Sánchez: cuanto más probable parezca una mayoría conjunta de PP y Vox, más sencillo resulta para el PSOE presentar el 29N como una elección entre bloques.
El 29N medirá hasta dónde llega la estrategia de Sánchez
A poco más de un mes de las elecciones, Sánchez ha elegido el terreno sobre el que quiere disputar buena parte de la campaña: derechos sociales, vivienda, salarios, pensiones y el riesgo que atribuye a una mayoría de PP y Vox.
No pretende esconder todos los problemas acumulados durante sus años de Gobierno. Reconoce el malestar por la vivienda, admite el error relacionado con Ábalos y acepta que en Ceuta hubo una incapacidad para anticipar la magnitud de la crisis. Su estrategia consiste más bien en convencer al electorado de que la alternativa sería peor.
Las urnas medirán hasta dónde funciona ese argumento. Las encuestas todavía ofrecen ventaja a PP y Vox en conjunto, aunque algunos sondeos muestran movimientos. Sánchez apuesta por una remontada electoral; Feijóo quiere convertir la votación en la salida del presidente, y Vox aspira a transformar su crecimiento en poder político real.
El 29 de noviembre decidirá cuál de esos cálculos estaba más cerca de la realidad y si la advertencia de Sánchez sobre un Gobierno de PP y Vox consigue movilizar a suficientes votantes para alterar el escenario que dibujan las encuestas.
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