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El veto del P5 frena a Grynspan y deja abierta la carrera por la ONU

Rebeca Grynspan encabeza la carrera para suceder a Guterres, pero dos rechazos del P5 mantienen bloqueado el consenso en el Consejo de Seguridad.

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Rebeca Grynspan

Imagen: Concha de la Rosa / Secretaría General Iberoamericana / CC0.

Resumen

  • Grynspan lidera la carrera por la ONU con nueve apoyos
  • Dos rechazos del P5 frenan su candidatura y mantienen abierto el pulso
  • Macky Sall se retira mientras el Consejo busca un nombre de consenso

La carrera para elegir al próximo secretario general de Naciones Unidas ha entrado en su fase más delicada y, por el momento, ningún candidato logra superar el muro del P5, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Rebeca Grynspan, economista y exvicepresidenta de Costa Rica, conserva una estrecha ventaja tras la última votación informal, pero también ha recibido dos votos negativos procedentes de países con derecho de veto.

El escrutinio celebrado el viernes 16 de octubre dejó una fotografía incómoda: hay favorita, pero no hay consenso. Grynspan consiguió nueve votos de apoyo, cinco votos de rechazo y una papeleta sin posición definida. Dos de esos rechazos procedieron de alguno de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido—, aunque el carácter secreto de la votación impide saber oficialmente quiénes fueron. Para llegar al puesto no basta con reunir apoyos; hay que atravesar el estrecho pasillo del veto sin que ninguna de las grandes potencias cierre la puerta.

Grynspan gana la votación, pero el P5 frena su candidatura

La sexta ronda de consultas informales del Consejo de Seguridad fue especialmente importante porque, por primera vez en este proceso, se utilizaron papeletas diferenciadas por colores. El mecanismo permite distinguir si un voto de “desaliento” procede de uno de los cinco países que disponen de veto o de uno de los diez miembros no permanentes.

Conviene precisar el término. Los dos votos negativos recibidos por Grynspan no constituyen todavía vetos formales como los que pueden tumbar una resolución del Consejo de Seguridad. Son señales políticas dentro de una consulta informal. Pero pesan casi como una losa: si uno de esos miembros permanentes mantiene su oposición cuando llegue la decisión definitiva, la candidatura no podrá prosperar.

Grynspan salió mejor parada que sus rivales, pero no indemne. Sus nueve votos favorables alcanzan precisamente el mínimo de nueve apoyos que necesitará cualquier candidatura cuando llegue la votación real. Le falta, sin embargo, lo más complicado: evitar cualquier voto contrario de Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido.

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La peculiar aritmética de Naciones Unidas vuelve a hacer de las suyas. Un candidato puede convencer a buena parte del Consejo y caer por la negativa de una sola gran potencia. La organización que representa a 193 Estados mantiene para escoger a su máximo responsable un mecanismo en el que cinco países conservan un poder nacido del equilibrio internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Ningún aspirante consigue escapar del bloqueo

El atasco no afecta únicamente a la candidata costarricense. La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, otra de las figuras mejor situadas, obtuvo ocho votos favorables, seis negativos y una papeleta sin opinión; dos de sus rechazos procedieron también de miembros permanentes.

El argentino Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, continúa igualmente en la pelea. Su candidatura mantiene opciones, aunque la última consulta volvió a demostrar que tampoco existe todavía un nombre capaz de reunir a las principales potencias alrededor de una misma mesa.

El resultado tiene una consecuencia inmediata: la carrera sigue abierta. Entre diplomáticos gana terreno incluso la posibilidad de que aparezcan nuevos nombres capaces de desbloquear una negociación que empieza a parecer menos una elección convencional y más una partida de ajedrez con cinco manos sobre el tablero.

Estados Unidos ha dejado abierta precisamente esa puerta. Washington ha señalado que los Estados pueden presentar nuevos candidatos si lo consideran necesario, mientras mantiene en reserva su preferencia definitiva. El secreto de las papeletas impide atribuir con certeza los rechazos registrados en esta ronda, y esa incertidumbre forma parte del juego diplomático.

Macky Sall abandona y reduce aún más el tablero

El primer efecto visible del bloqueo llegó apenas un día después. Macky Sall, expresidente de Senegal, anunció el sábado 17 de octubre que retiraba su candidatura para suceder a António Guterres.

Sall sostuvo que su salida podía facilitar la aparición de una candidatura de consenso. Su posición ya venía debilitándose en las votaciones informales y la última ronda confirmó que el margen se había estrechado todavía más. Su retirada deja al diplomático ugandés Olara Otunnu como único candidato africano entre los aspirantes que continúan en la competición.

No es un movimiento menor. Cada retirada libera apoyos, permite nuevas alianzas y modifica los cálculos de las delegaciones. En una elección tan cerrada, dos o tres votos alteran la jerarquía; un rechazo sostenido de un miembro permanente puede borrarla de golpe.

Cómo funciona el veto en la elección del secretario general

El procedimiento tiene dos escenarios, pero el decisivo es el primero. El Consejo de Seguridad, compuesto por 15 países, debe recomendar un candidato. Para salir adelante necesita al menos nueve votos favorables y, sobre todo, ningún voto negativo de Estados Unidos, China, Rusia, Francia o Reino Unido.

Después interviene la Asamblea General, formada por los 193 Estados miembros, que realiza el nombramiento. En la práctica, el verdadero filtro se encuentra en el Consejo de Seguridad: sin acuerdo previo entre las grandes potencias, el aspirante difícilmente llega a la Asamblea con posibilidades reales.

Las consultas informales sirven precisamente para evitar que el choque se produzca en público. Cada país puede señalar que “anima”, “desalienta” o no expresa opinión sobre una candidatura. A medida que avanza el proceso aparecen las papeletas de colores, que permiten comprobar si entre los votos contrarios existe alguno procedente de los miembros permanentes.

Es un sistema discreto, casi opaco. Naciones Unidas dedica buena parte de su actividad a reclamar instituciones transparentes y, cuando toca escoger a su jefe, conserva una liturgia de votos secretos y negociaciones de pasillo. La ironía viene incorporada de serie.

Una mujer podría dirigir la ONU por primera vez

La candidatura de Grynspan tiene además una dimensión histórica. Ninguna mujer ha sido secretaria general desde la fundación de Naciones Unidas hace más de ocho décadas. Los nueve responsables que han ocupado hasta ahora el cargo han sido hombres.

Existe también una expectativa geográfica. La costumbre no escrita de rotar la secretaría general entre regiones coloca esta vez a América Latina y el Caribe en una posición especialmente favorable. Por eso varios de los nombres con mayor respaldo proceden de la región: Grynspan es costarricense, Rodrigues-Birkett guyanesa y Grossi argentino.

No se trata de una obligación jurídica. Ninguna norma reserva formalmente el puesto a una región concreta ni obliga a escoger a una mujer. Pero ambos factores pesan en una negociación donde equilibrios geopolíticos, símbolos y relaciones personales cuentan casi tanto como el currículum.

Grynspan, de 70 años, conoce bien ese terreno. Ha sido vicepresidenta de Costa Rica, ministra, administradora asociada del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y secretaria general de la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo. Durante la crisis provocada por la invasión rusa de Ucrania participó en las conversaciones relacionadas con la exportación de cereal por el mar Negro.

La propia favorita contaba con encontrar resistencias

La costarricense había admitido antes de la votación que no le sorprendería recibir el rechazo de alguna potencia. Su lectura es que estas rondas forman parte de una negociación todavía abierta y que otros candidatos que terminaron imponiéndose en procesos anteriores también tuvieron que superar resistencias iniciales.

Grynspan ha defendido, además, una reforma interna de Naciones Unidas: menos cargos en la cúspide, menos burocracia, reducción de duplicidades entre agencias y una organización dispuesta a asumir más riesgos diplomáticos. Su diagnóstico apunta a una institución sometida a presión presupuestaria y política mientras se multiplican los conflictos internacionales.

Quien suceda a Guterres heredará precisamente ese paisaje, nada amable: guerras enquistadas, tensiones entre grandes potencias, instituciones multilaterales cuestionadas y un Consejo de Seguridad en el que Washington, Pekín y Moscú difícilmente encuentran terreno común en los asuntos más delicados.

La carrera entra en su tramo decisivo

António Guterres termina su segundo mandato el 31 de diciembre de 2026. El nuevo secretario general deberá asumir el cargo el 1 de enero de 2027, de modo que al Consejo de Seguridad le queda poco margen para transformar las votaciones exploratorias en un acuerdo efectivo.

El precedente de 2016 demuestra que un entendimiento tardío es perfectamente posible. Entonces también hicieron falta seis votaciones informales antes de que Guterres emergiera como candidato de consenso. Esta vez, sin embargo, la sexta ronda no ha producido esa convergencia: ha hecho más visibles las líneas rojas.

Grynspan sigue delante, Rodrigues-Birkett y Grossi continúan en la pelea y la salida de Sall empieza a adelgazar el grupo. Pero la auténtica carrera ya no consiste solamente en sumar votos entre los 15 miembros del Consejo. Consiste en encontrar un nombre que puedan aceptar simultáneamente Washington, Pekín, Moscú, París y Londres.

Ese será el dato que decida al próximo secretario general de Naciones Unidas. Mientras persistan los rechazos entre los miembros permanentes, cualquier ventaja seguirá siendo provisional y la sucesión de Guterres continuará abierta.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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