Cultura
La librería Pérgamo se marcha sin subidas y con la marca en disputa
La librería Pérgamo abandonará su sede madrileña el 17 de noviembre. No hubo subida del alquiler y la titularidad de su marca enfrenta a las partes.
Resumen
- La librería Pérgamo dejará su local el 17 de noviembre
- El alquiler se mantuvo en 2.600 euros mensuales, sin subidas
- Los gestores y la familia fundadora se disputan el nombre comercial
La histórica librería Pérgamo de Madrid, que anunció su salida del local de la calle General Oráa para el próximo 17 de noviembre, no ha sufrido ninguna subida del alquiler durante los últimos cuatro años. Su marcha, presentada inicialmente como otra consecuencia de la especulación inmobiliaria, esconde una situación bastante más compleja: dificultades económicas, desacuerdos entre los gestores y la propietaria, y una disputa por el nombre comercial de un establecimiento con ocho décadas de historia.
Una investigación publicada este martes, 27 de octubre, ha revelado que los actuales responsables registraron la marca Pérgamo a través de su sociedad mercantil sin conocimiento de Ana Serrano, heredera de la familia fundadora. La empresa obtuvo la concesión del registro en junio de 2025. La propietaria sostiene que el nombre pertenece a su familia y asegura que su intención no es acabar con la actividad cultural del establecimiento, sino encontrar una fórmula para darle continuidad.
El caso ha cambiado sustancialmente desde que, el 13 de octubre, Pablo Cerezo y María Treviño anunciaron que tendrían que abandonar el inmueble. Entonces, la noticia se interpretó como un nuevo ejemplo de cómo la presión inmobiliaria amenaza al pequeño comercio madrileño. Sin embargo, la renta mensual permaneció en 2.600 euros, sin actualizaciones siquiera por el IPC, y la ruptura también responde al deterioro de las relaciones comerciales entre las partes.
La diferencia es importante. Pérgamo deberá abandonar su emplazamiento histórico con los actuales gestores, pero eso no significa necesariamente que el local vaya a dejar de albergar una librería. Tampoco existe una resolución conocida que haya zanjado definitivamente el enfrentamiento por el uso de su nombre.
Un alquiler de 2.600 euros que nunca aumentó
Uno de los datos que modifica la interpretación inicial es el precio del arrendamiento. Desde que comenzó la nueva etapa de Pérgamo en 2022, sus responsables han pagado una renta de 2.600 euros mensuales, una cantidad que, según la información publicada, se sitúa aproximadamente un 40 % por debajo de los precios habituales de mercado en la zona.
Las propietarias no aplicaron aumentos durante ese periodo. Ni siquiera revisaron el importe conforme a la inflación, pese al notable encarecimiento inmobiliario registrado en Madrid.
Pablo Cerezo, uno de los principales responsables de la librería, ha reconocido que no hubo subidas. También ha explicado que las dificultades económicas de su negocio iban más allá del alquiler: los gastos de funcionamiento, los salarios y los problemas de liquidez complicaban la viabilidad del proyecto.
Eso no significa que la situación económica de Pérgamo fuese cómoda. Una librería puede tener actividad, organizar presentaciones y reunir a numerosos lectores sin conseguir beneficios suficientes. Los márgenes del comercio del libro son ajustados y mantener un establecimiento con trabajadores supone asumir costes constantes.
Pero hay una diferencia entre no poder sostener un negocio con una renta determinada y verse obligado a marcharse porque el propietario la haya incrementado. En Pérgamo no se produjo ese segundo supuesto.
Según la versión de Ana Serrano, las condiciones económicas del arrendamiento no fueron el motivo de su decisión de dejar de trabajar con los actuales gestores.
De librería familiar a proyecto gestionado por nuevos socios
Para entender el conflicto hay que retroceder a 2021, cuando las hermanas Ana y Lourdes Serrano decidieron jubilarse después de décadas al frente del establecimiento que habían heredado de sus padres.
Pérgamo había abierto en 1946 en el número 24 de la calle General Oráa, en el barrio de Salamanca. Su fundador, Raúl Serrano, fue un profesor represaliado durante el franquismo que encontró en el comercio de libros una forma de ganarse la vida.
Durante décadas, el establecimiento conservó su carácter independiente, sus estanterías tradicionales y una relación estrecha con varias generaciones de lectores madrileños. También estuvo vinculado a la circulación de literatura perseguida por la censura franquista.
Con la jubilación de las hermanas, su continuidad quedó comprometida. Existió incluso la posibilidad de que el inmueble se destinara a una pizzería.
La situación cambió en 2022 gracias a Juan José Janeiro, un inversor con vínculos mexicanos y gallegos que conocía la librería desde su infancia y decidió aportar financiación para mantenerla abierta.
Janeiro incorporó al proyecto al escritor mexicano Jorge F. Hernández, quien posteriormente contó con Pablo Cerezo para ocuparse del funcionamiento cotidiano del negocio. La sociedad Xeito Libreros se constituyó en junio de 2022.
Más adelante se sumaron María Treviño y Érika Ambrosio. La nueva dirección impulsó clubes de lectura, presentaciones, talleres y actividades culturales que lograron atraer a un público joven.
La revitalización fue real. También lo fue la implicación de sus trabajadores, que consiguieron ampliar la comunidad de lectores vinculada a Pérgamo.
El problema llegó cuando comenzaron los desacuerdos internos y las dificultades financieras.
La marca Pérgamo, registrada sin conocimiento de la familia
Uno de los elementos más delicados de esta historia afecta a la propiedad intelectual y comercial.
En octubre de 2024, Xeito Libreros solicitó registrar la marca Pérgamo ante la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). La solicitud incluía el nombre y elementos gráficos característicos del establecimiento, entre ellos su tipografía y el color morado.
El organismo concedió el registro el 10 de junio de 2025, con publicación oficial el 17 de junio. El expediente figura con el número M-4287567 y corresponde a una marca figurativa registrada para productos de la clase 16, entre ellos libros.
El dato resulta especialmente relevante porque Ana Serrano asegura que no tuvo conocimiento de esa operación y considera que el nombre forma parte del patrimonio histórico de su familia.
Cerezo, por su parte, ha defendido que el registro se realizó para proteger comercialmente una marca que estaba adquiriendo una importante visibilidad pública.
Qué implica el registro para el futuro de la librería
Conviene distinguir tres realidades: la propiedad del inmueble, la titularidad de la sociedad que gestiona el negocio y el registro de la marca comercial.
Las hermanas Serrano mantienen su vinculación patrimonial con el local y con la historia de la librería fundada por sus padres. Xeito Libreros, por su parte, figura como titular de un registro de marca concedido oficialmente.
Sin embargo, la existencia de ese registro no resuelve automáticamente cualquier controversia sobre derechos anteriores, usos históricos o posibles reclamaciones de terceros.
Por eso, sería prematuro afirmar que los actuales gestores pueden llevarse sin discusión todo el legado comercial de Pérgamo, del mismo modo que tampoco puede darse por anulada una marca oficialmente concedida.
La disputa sobre el nombre sigue abierta, al menos con la información conocida hasta este 27 de octubre.
El impago de agosto y el deterioro de las relaciones
Las diferencias entre las partes no comenzaron con el anuncio de octubre.
El escritor Jorge F. Hernández abandonó el proyecto a principios de 2024, después de que surgieran discrepancias sobre su funcionamiento. Posteriormente, Janeiro cedió participaciones de Xeito Libreros a Cerezo y Treviño, que pasaron a tener un 30 % cada uno.
La sociedad continuó gestionando el establecimiento, pero las tensiones económicas fueron aumentando.
En agosto de 2026 se produjo un impago del alquiler, que la propietaria reclamó. Cerezo ha explicado que se trataba de un problema puntual de liquidez.
También planteó la posibilidad de comprar el inmueble o conseguir una reducción de la renta. Serrano rechazó ambas propuestas.
El empresario que había financiado el rescate de Pérgamo tampoco estaba dispuesto a seguir cubriendo indefinidamente los costes del proyecto.
A todo ello se sumaba una situación contractual particular. El arrendamiento original, firmado con Janeiro, había vencido el 25 de abril de 2025. Según el abogado de la propietaria, desde entonces continuaba mediante tácita reconducción mensual, una fórmula por la que el alquiler prosigue durante periodos sucesivos sin que exista necesariamente un nuevo contrato de larga duración.
La propiedad decidió que no quería mantener la relación con los gestores actuales.
Este punto explica por qué el anuncio de la marcha es cierto, pero no necesariamente lo es la interpretación que inicialmente acompañó a la noticia.
El anuncio coincidió con un momento de especial tensión social por el precio de la vivienda y los locales comerciales en Madrid.
Otras librerías de la capital, como Tipos Infames, habían atravesado dificultades relacionadas con sus inmuebles. La situación del comercio independiente se había convertido en un asunto de debate público.
Pablo Cerezo, que participa en la defensa de los intereses del sector librero, relacionó la salida de Pérgamo con ese problema más amplio.
Según la información conocida este martes, el propio librero ha admitido que aprovechó la repercusión del denominado caso Maricarmen, vinculado a un conflicto por un desahucio en Madrid, para dar visibilidad a las dificultades que atraviesan los pequeños establecimientos culturales.
Cerezo sostiene que su intención era denunciar un problema colectivo y no señalar directamente a las propietarias.
El debate sobre el encarecimiento de Madrid tiene fundamentos reales. Lo que no se sostiene con los datos conocidos es presentar este caso particular como una expulsión provocada por una subida del alquiler o por la intervención de un fondo de inversión.
El conflicto de Pérgamo es, principalmente, una ruptura entre quienes gestionan el negocio y quienes poseen el local, agravada por dificultades financieras y por el desacuerdo sobre una marca histórica.
El 17 de noviembre, dos proyectos y un futuro incierto
Los actuales responsables mantienen su intención de abandonar el inmueble el próximo 17 de noviembre de 2026 y buscar otro espacio donde continuar desarrollando su actividad.
Hasta esa fecha está previsto que sigan celebrándose los encuentros y actividades culturales programadas, mientras se da salida a los libros disponibles.
Cerezo y Treviño quieren preservar la comunidad lectora que han construido durante los últimos cuatro años. El registro de Pérgamo a nombre de Xeito Libreros podría desempeñar un papel importante en ese propósito, aunque subsista la controversia sobre su utilización.
Ana Serrano defiende otra posibilidad: que el establecimiento histórico continúe funcionando bajo una nueva gestión.
La propietaria ha explicado que cuenta con varias propuestas para ocupar el inmueble, incluida una relacionada con otra librería. También ha recibido ofertas de negocios de otros sectores, como una tienda de música, una sombrerería y un comercio de telas.
Según sus declaraciones, estaría dispuesta a mantener el alquiler en las mismas condiciones económicas para un nuevo arrendatario.
No se ha anunciado todavía ningún acuerdo definitivo que garantice que los libros seguirán ocupando el histórico local.
Ochenta años de historia y una identidad pendiente de resolver
Pérgamo acaba de cumplir ocho décadas. Su relevancia no procede únicamente de la antigüedad, sino de una trayectoria que atraviesa la posguerra, la dictadura, la Transición y la transformación cultural de Madrid.
Durante muchos años fue un negocio familiar. Desde 2022 también se convirtió en el proyecto profesional de una nueva generación de libreros, que consiguió reunir a lectores y escritores alrededor de un espacio que parecía condenado a desaparecer.
Ambas etapas forman parte de su historia. Ninguna elimina a la otra.
La situación deja un problema concreto: quién podrá utilizar el nombre Pérgamo y dónde continuará la actividad librera después del 17 de noviembre.
La familia Serrano reivindica un legado construido durante 80 años. Los gestores actuales defienden su trabajo y desean continuar con el proyecto cultural que han desarrollado desde 2022.
Por el momento, los hechos conocidos no permiten asegurar que Pérgamo vaya a desaparecer definitivamente ni que su histórico local vaya a quedar vacío. Lo confirmado es que la relación entre las partes se ha roto y que sus responsables actuales deberán marcharse.
La subida del alquiler que inicialmente se asoció al caso, sencillamente, no existió. La disputa por la marca, en cambio, sí existe. Y esa diferencia cambia bastante la historia.
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