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Netanyahu aventaja a Eisenkot en Israel, pero no alcanza la mayoría

El bloque de Netanyahu logra 53 escaños, frente a los 48 de Eisenkot. La fuerza de los partidos árabes complica las negociaciones de Gobierno.

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Eisenkot con sus seguidores

Imagen: Facebook.

Resumen

  • Netanyahu suma 53 escaños frente a los 48 del bloque de Eisenkot
  • Los 19 diputados árabes pueden inclinar la mayoría parlamentaria
  • Faltan unos 650.000 votos y nadie tiene asegurado el Gobierno

Las elecciones legislativas de Israel del 27 de octubre de 2026 han dejado a Benjamín Netanyahu por delante de su principal adversario, Gadi Eisenkot, pero sin los apoyos necesarios para garantizar su continuidad al frente del Gobierno. Tras el escrutinio de las urnas ordinarias, el bloque del primer ministro obtiene 53 escaños, frente a los 48 de la oposición encabezada por Eisenkot. Los partidos árabes alcanzan 19 diputados, una cifra histórica que puede resultar decisiva.

El resultado deja a Netanyahu a ocho escaños de la mayoría absoluta de 61 diputados en la Knéset, el Parlamento israelí, compuesto por 120 miembros. El mandatario conserva la ventaja electoral, aunque su futuro político sigue abierto. La dificultad para construir una coalición se ha convertido en el principal problema de unos comicios que no ofrecen un vencedor capaz de gobernar por sí solo.

La tensión política ha aumentado después de que Netanyahu reiterase su rechazo a cualquier Ejecutivo respaldado por partidos árabes. El líder del Likud ha acusado a sus adversarios de intentar formar una alianza peligrosa y ha atacado públicamente a Osama Saadi, candidato de la Lista Unida, por dedicar los resultados electorales a los palestinos de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este.

El escenario es especialmente delicado para Eisenkot. Aunque sus socios podrían superar la mayoría parlamentaria con el respaldo de las formaciones árabes, el antiguo jefe del Estado Mayor israelí también había descartado durante la campaña una alianza de esas características. La aritmética permite una alternativa a Netanyahu, pero los compromisos políticos dificultan su formación.

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Netanyahu logra 53 escaños, pero el resultado todavía puede cambiar

La Comisión Electoral Central israelí ha situado al bloque de Netanyahu en 53 diputados después de completar el recuento de las urnas ordinarias. La distribución provisional concede 48 escaños a las fuerzas agrupadas en torno a Gadi Eisenkot y otros 19 a los partidos de representación mayoritariamente árabe.

Sin embargo, el escrutinio definitivo sigue pendiente. Los votos contabilizados representan aproximadamente el 86% del total, mientras que quedan por incorporar alrededor de 650.000 papeletas depositadas mediante el sistema de doble sobre. Se trata de sufragios emitidos, entre otros colectivos, por militares, personal destinado en el extranjero y personas que votaron en circunstancias especiales.

Estos votos pueden modificar el reparto de diputados, especialmente en un sistema electoral proporcional donde pequeñas variaciones alteran la distribución de escaños. La barrera para entrar en el Parlamento está fijada en el 3,25% de los votos válidos, un requisito que también condiciona las posibilidades de las formaciones minoritarias.

El avance del recuento ha cambiado las expectativas de la noche electoral. Los primeros sondeos a pie de urna situaban a la oposición ligeramente por delante del bloque gubernamental. Conforme se incorporaron los votos, Netanyahu recuperó terreno y terminó encabezando las proyecciones.

El Likud continúa siendo la principal fuerza política individual, pero esa posición no garantiza la presidencia del Gobierno. En Israel, la capacidad de reunir apoyos parlamentarios pesa más que ocupar el primer puesto en las urnas.

Netanyahu rechaza un Gobierno con partidos árabes y carga contra Osama Saadi

El primer ministro ha endurecido su discurso contra la posibilidad de que sus adversarios alcancen el poder con el respaldo de las formaciones árabes israelíes.

En una publicación acompañada de un vídeo, Netanyahu criticó las declaraciones de Osama Saadi, abogado, antiguo diputado y candidato de la Lista Unida. Saadi había celebrado el resultado de las elecciones dedicándolo a los palestinos de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, y había enviado un mensaje de solidaridad a los presos palestinos encarcelados en Israel.

Netanyahu acusó al dirigente de elogiar a personas que calificó de terroristas y sostuvo que sus adversarios pretendían gobernar con políticos de esas características.

«No permitiremos que eso ocurra», advirtió el primer ministro.

Saadi había presentado los resultados como una victoria contra el Gobierno israelí, al que acusó de genocidio y limpieza étnica. Sus declaraciones se produjeron durante las celebraciones de la Lista Unida, cuando las primeras proyecciones parecían ofrecer mayores posibilidades de desalojar a Netanyahu del poder.

El enfrentamiento refleja una división que ha marcado toda la campaña: el papel de los ciudadanos árabes israelíes en la formación del Gobierno.

Netanyahu ha utilizado reiteradamente la posibilidad de una coalición apoyada por partidos árabes como argumento contra sus rivales. Durante la jornada electoral llegó a advertir de que una elevada participación de estos votantes podía favorecer una derrota de la derecha.

La cuestión tiene una dimensión democrática evidente. Los ciudadanos árabes de Israel poseen derecho de voto y representación parlamentaria, aunque una parte importante de las fuerzas políticas judías rechaza contar con sus diputados para construir mayorías de Gobierno.

Los 19 escaños árabes pueden decidir quién gobierna Israel

Uno de los resultados más destacados de las elecciones es el crecimiento de las formaciones que representan principalmente a la población árabe israelí.

La Lista Unida, encabezada por Yousef Jabareen y formada por Hadash, Ta’al y Balad, y Ra’am, dirigida por Mansour Abbas, suman provisionalmente 19 representantes. De confirmarse, sería su mayor presencia conjunta en la Knéset.

El dato adquiere una importancia especial porque ninguna de las dos grandes alianzas dispone de mayoría propia.

Si los 48 diputados del bloque de Eisenkot consiguieran el apoyo de los 19 parlamentarios árabes, alcanzarían 67 escaños, seis por encima de la mayoría absoluta. Es una posibilidad matemática, no un acuerdo político.

Las formaciones árabes mantienen posiciones diferentes sobre la participación gubernamental. Ra’am ha demostrado anteriormente su disposición a negociar con partidos judíos, mientras que la Lista Unida defiende una agenda más vinculada a la igualdad de derechos y a la cuestión palestina.

En 2021, Ra’am participó en la coalición encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid, una experiencia que rompió una barrera histórica en la política israelí. Aquel precedente demuestra que la cooperación es posible, aunque el contexto actual presenta dificultades considerablemente mayores.

Eisenkot afronta una decisión incómoda

El antiguo jefe del Estado Mayor, convertido en principal rival de Netanyahu, ha defendido durante la campaña la necesidad de un cambio político y de recuperar la confianza en las instituciones israelíes.

Su partido, Yashar, encabeza una oposición que incluye fuerzas centristas, conservadoras y de izquierda, con importantes diferencias ideológicas.

Eisenkot había rechazado formar un Gobierno con partidos árabes, una posición compartida por otros dirigentes de su entorno político. Mantener ese compromiso limitaría sus posibilidades de alcanzar la mayoría necesaria.

No todos sus aliados piensan igual. Yair Golan, líder de Los Demócratas, ha defendido abiertamente la colaboración con representantes árabes y ha pedido a la oposición que supere sus reservas.

El bloque contrario a Netanyahu también estudia, según informaciones de la televisión israelí, utilizar sus votos junto a los de los diputados árabes para sustituir al presidente de la Knéset, Amir Ohana, miembro del Likud.

Sería una primera demostración de fuerza parlamentaria, aunque acordar un relevo institucional no equivale a formar un Ejecutivo estable.

Unas elecciones marcadas por Gaza, el 7 de octubre y la seguridad

Los comicios del 27 de octubre han sido los primeros celebrados en Israel desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores.

La seguridad nacional, la gestión de la guerra en Gaza y las responsabilidades políticas por los fallos que permitieron aquellos ataques han ocupado una posición central durante la campaña.

Netanyahu ha defendido su actuación militar y su relación con Estados Unidos como argumentos para permanecer en el poder. También ha insistido en la amenaza de Irán y en la necesidad de mantener un Gobierno de derecha.

Eisenkot, que formó parte del gabinete de guerra israelí antes de abandonarlo en junio de 2024, ha cuestionado la estrategia del primer ministro y reclamado una investigación independiente sobre los fallos de seguridad del 7 de octubre.

El servicio militar obligatorio también ha provocado divisiones importantes. La oposición reclama cambios en las exenciones de las que disfrutan numerosos judíos ultraortodoxos, una cuestión especialmente sensible tras años de conflicto y movilización de reservistas.

A estas diferencias se suman las disputas por la independencia judicial, el futuro de los territorios palestinos y el desgaste internacional de Israel.

La participación electoral alcanzó el 77,7%, su nivel más elevado desde 1999. La movilización también fue especialmente intensa entre los votantes árabes, cuya representación parlamentaria ha aumentado notablemente.

El resultado refleja una sociedad profundamente dividida, pero también una paradoja política: una participación elevada no ha producido una mayoría clara.

Netanyahu conserva la ventaja, pero Herzog tendrá la última palabra

Una vez confirmados los resultados oficiales, el presidente israelí, Isaac Herzog, deberá consultar a los partidos representados en la Knéset y decidir a quién encarga la formación del próximo Gobierno.

La elección no depende automáticamente de quién haya conseguido más diputados como partido individual. Herzog deberá valorar qué candidato dispone de mayores posibilidades de construir una mayoría parlamentaria.

El aspirante designado contará inicialmente con 28 días para negociar una coalición, un plazo que puede ampliarse otros 14. Si fracasa, el sistema israelí contempla nuevas oportunidades para formar Gobierno antes de llegar, eventualmente, a otra convocatoria electoral.

Herzog ya ha pedido a los dirigentes políticos que afronten las negociaciones con una actitud abierta y hagan lo posible por evitar nuevas elecciones.

Mientras tanto, Netanyahu continuará como primer ministro en funciones. Un bloqueo prolongado podría permitirle conservar temporalmente el cargo incluso sin haber conseguido una mayoría para renovar su mandato.

La situación recuerda a los años de inestabilidad política que vivió Israel entre 2019 y 2022, cuando el país celebró cinco elecciones generales por las dificultades para construir gobiernos duraderos.

El resultado provisional del 28 de octubre deja una conclusión política bastante clara: Netanyahu ha resistido electoralmente y mantiene una ventaja sobre Eisenkot, pero no tiene asegurada la continuidad en el poder.

Los 19 diputados árabes pueden resultar determinantes para romper el bloqueo. Su participación en una eventual mayoría dependerá, sin embargo, de que los dirigentes de la oposición estén dispuestos a negociar un acuerdo que hasta ahora habían rechazado.

En Israel, ganar más escaños que el adversario no siempre significa ganar el Gobierno. Esta vez, la diferencia puede ser decisiva.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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