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Haití aplaza las presidenciales y legislativas al 18 de julio de 2027
Haití vuelve a aplazar las elecciones presidenciales y legislativas hasta julio de 2027. Las bandas armadas agravan la crisis y dificultan el voto.
Imagen: Michelle Walz Eriksson, CC BY 2.0.
Resumen
- Haití retrasa las presidenciales y legislativas al 18 de julio de 2027
- La segunda vuelta será el 4 de octubre y también se retrasa el referéndum
- La violencia de las bandas impide garantizar el voto tras una década sin urnas
Haití tendrá que esperar, al menos, hasta el 18 de julio de 2027 para celebrar la primera vuelta de sus elecciones presidenciales y legislativas. El Consejo Electoral Provisional (CEP) anunció el miércoles 28 de octubre un nuevo aplazamiento de los comicios, inicialmente previstos para el 13 de diciembre de 2026, debido a la grave crisis política y de seguridad que atraviesa el país caribeño.
El nuevo calendario también retrasa el referéndum constitucional, que se celebrará junto con la primera vuelta, mientras que la segunda votación presidencial y legislativa queda fijada para el 4 de octubre de 2027. Ese mismo día están previstas las elecciones locales. Son fechas oficiales, aunque su cumplimiento dependerá de que las autoridades consigan garantizar unas condiciones mínimas de seguridad.
El aplazamiento supone otros siete meses de espera para una población que no participa en unas elecciones nacionales desde 2016. En aquel proceso resultó elegido Jovenel Moïse, asesinado cinco años después. Desde entonces, Haití ha encadenado gobiernos provisionales, crisis institucionales y un deterioro de la seguridad que ha permitido a las bandas armadas extender su influencia sobre buena parte del territorio.
La situación va mucho más allá de un retraso administrativo. El país carece de autoridades nacionales elegidas democráticamente y necesita reconstruir unas instituciones debilitadas por años de violencia. Convocar elecciones es imprescindible para recuperar la normalidad constitucional, pero celebrar una votación creíble en las actuales circunstancias plantea dificultades enormes.
Haití modifica otra vez el calendario de las elecciones
El Consejo Electoral Provisional ha establecido un nuevo programa que traslada a 2027 las principales etapas del proceso electoral. La campaña comenzará el 15 de abril de 2027 y terminará el 17 de julio, justo antes de que los ciudadanos acudan a las urnas.
La primera vuelta tendrá lugar el 18 de julio. La segunda, prevista para el 4 de octubre, permitirá completar las votaciones que resulten necesarias y coincidirá con los comicios de las administraciones territoriales.
No es el primer cambio. Las elecciones estaban inicialmente programadas para el 30 de agosto de 2026, pero las autoridades decidieron trasladarlas al 13 de diciembre ante la imposibilidad de garantizar su celebración. A comienzos de octubre también se aplazó el inicio de la campaña electoral y se amplió el plazo de inscripción de candidaturas.
El nuevo calendario responde a la modificación del decreto electoral aprobada el 6 de octubre y a las consultas mantenidas con representantes políticos, fuerzas de seguridad, organizaciones de la sociedad civil, empresarios y miembros del Gobierno.
El CEP sostiene que pretende organizar unas elecciones inclusivas, transparentes y creíbles, respetando la legislación vigente y el derecho de participación de los ciudadanos. El problema es que Haití necesita algo más que un calendario para que esas garantías puedan cumplirse.
El referéndum constitucional también se retrasa
El aplazamiento afecta igualmente a la consulta destinada a ratificar las reformas constitucionales planteadas durante la transición política.
Según la nueva programación, el referéndum se celebrará el 18 de julio de 2027, coincidiendo con la primera vuelta presidencial y legislativa. Los haitianos deberán pronunciarse sobre el futuro de sus instituciones mientras eligen a sus representantes políticos.
La coincidencia de ambos procesos añade complejidad organizativa. Las autoridades tendrán que preparar las votaciones, garantizar el acceso a los colegios electorales y ofrecer información suficiente sobre las reformas sometidas a consulta.
La celebración simultánea también convierte la jornada en una fecha especialmente importante para la reconstrucción institucional del país. No se trata únicamente de elegir un presidente, sino de avanzar hacia un nuevo marco político después de años de provisionalidad.
Las bandas armadas amenazan la celebración de los comicios
La violencia de las bandas criminales constituye el principal obstáculo para la recuperación democrática de Haití. Estos grupos controlan amplias zonas de Puerto Príncipe y han extendido sus operaciones a otras regiones, dificultando el funcionamiento de las instituciones, los desplazamientos y la actividad económica.
El problema afecta directamente a la organización de las elecciones. Abrir colegios electorales, transportar material, proteger a los funcionarios y permitir que los ciudadanos voten libremente exige unas condiciones de seguridad que todavía no están garantizadas.
Las cifras reflejan la gravedad de la situación. Según el último balance presentado por Naciones Unidas, más de 1.000 personas murieron entre julio y septiembre de 2026 en episodios de violencia relacionados con las bandas armadas. Durante ese periodo también se documentaron más de un centenar de secuestros.
La inseguridad ha obligado a desplazarse a cerca de 1,5 millones de personas, entre ellas cientos de miles de menores. Muchas familias han abandonado sus viviendas y viven en alojamientos temporales o en comunidades que apenas disponen de recursos para atenderlas.
Esta realidad complica la preparación del censo y la distribución de los centros de votación. Una persona desplazada puede encontrarse lejos de su lugar habitual de residencia, mientras que los habitantes de zonas dominadas por grupos criminales pueden tener dificultades para acudir a las urnas sin exponerse a amenazas.
Las autoridades haitianas cuentan con el apoyo de la Fuerza de Supresión de Pandillas, respaldada por Naciones Unidas, para combatir a las organizaciones armadas y recuperar territorios. Sin embargo, el despliegue internacional todavía presenta limitaciones y las operaciones de seguridad no han conseguido restablecer el control estatal sobre todas las áreas afectadas.
Haití lleva una década sin celebrar elecciones nacionales
Para comprender la dimensión política del nuevo aplazamiento hay que remontarse a 2016. Aquel año, Jovenel Moïse ganó las elecciones presidenciales y asumió el cargo en febrero de 2017.
Su mandato estuvo marcado por una creciente inestabilidad política, protestas y enfrentamientos institucionales. El 7 de julio de 2021 fue asesinado en su residencia de Puerto Príncipe, un crimen que agravó una crisis que ya había debilitado profundamente el sistema político haitiano.
Desde entonces, el país no ha conseguido restablecer sus instituciones mediante elecciones. La ausencia de representantes con mandato popular ha prolongado el funcionamiento de gobiernos transitorios, sin resolver los problemas de legitimidad política ni el deterioro de la seguridad.
El actual primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé, ocupa el cargo desde noviembre de 2024. Tras la finalización del mandato del Consejo Presidencial de Transición en febrero de 2026, quedó como principal autoridad ejecutiva del país.
Su Gobierno afronta una situación extraordinariamente delicada: debe recuperar el control territorial, garantizar el funcionamiento de los servicios públicos y preparar el regreso a las urnas mientras las organizaciones criminales siguen desafiando a las fuerzas de seguridad.
La comunidad internacional considera prioritario que Haití recupere unas instituciones democráticas, aunque también advierte de los riesgos de celebrar elecciones sin garantías suficientes. Una votación condicionada por la intimidación, la falta de acceso a los colegios o la exclusión de parte de la población difícilmente resolvería la crisis de legitimidad.
El desplazamiento de población dificulta el registro electoral
Uno de los mayores desafíos para el Consejo Electoral Provisional es conseguir que los haitianos puedan inscribirse y participar efectivamente en las elecciones.
El informe presentado por Naciones Unidas en octubre señalaba que, a comienzos de ese mes, unas 759.000 personas habían completado su inscripción en el proceso electoral, frente a una población estimada de 6,5 millones de potenciales votantes.
El nuevo calendario prolonga los preparativos y establece el 20 de mayo de 2027 como fecha de cierre del registro electoral. Ese margen adicional permitirá continuar las operaciones de inscripción y organización, aunque no elimina los obstáculos derivados de la inseguridad.
El desafío es especialmente importante en los barrios bajo influencia de las bandas armadas y entre las personas desplazadas. Para garantizar unas elecciones representativas no basta con disponer de un censo: los ciudadanos deben tener la posibilidad real de votar sin amenazas, coacciones ni restricciones arbitrarias.
A esa dificultad se suma la crisis humanitaria. Naciones Unidas ha advertido del deterioro económico y social de Haití, donde millones de personas sufren inseguridad alimentaria y numerosas familias dependen de la asistencia humanitaria.
La organización electoral tendrá que desarrollarse, por tanto, en un país donde las necesidades más urgentes de buena parte de la población siguen siendo encontrar alimentos, acceder a servicios básicos y mantenerse a salvo de la violencia.
Julio de 2027: una nueva fecha para recuperar la democracia
El 18 de julio de 2027 representa la próxima oportunidad de Haití para comenzar a recuperar una presidencia y un Parlamento elegidos por los ciudadanos. También constituye una prueba para las autoridades provisionales, responsables de crear las condiciones necesarias para que el proceso pueda celebrarse.
El calendario ofrece más tiempo para organizar las votaciones, ampliar el registro electoral y reforzar la seguridad. Pero el historial de aplazamientos obliga a mantener la cautela. Los compromisos electorales anteriores tampoco pudieron cumplirse.
Durante los próximos meses resultará decisiva la capacidad del Estado para recuperar territorios, proteger a la población y garantizar que las fuerzas políticas puedan desarrollar sus campañas sin intimidaciones.
Haití necesita celebrar elecciones. También necesita que sus resultados sean reconocidos como legítimos por quienes participen y por quienes pierdan. Después de una década sin comicios nacionales, la verdadera prueba no será anunciar otra fecha, sino conseguir que los ciudadanos puedan votar libremente.
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