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Meta y Snap van a juicio por presunta adicción de menores a sus redes

Meta y Snap afrontan en Los Ángeles un juicio por las acusaciones de adicción a sus redes. Dos jóvenes denuncian daños graves en su salud mental.

Publicado

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la presunta adicción de menores

Resumen

  • Meta y Snap afrontan un juicio por el presunto diseño adictivo de sus redes
  • Dos jóvenes atribuyen problemas de salud mental a Instagram y Snapchat
  • El veredicto podría influir en miles de demandas similares en EE. UU.

Meta y Snap afrontan un nuevo juicio en Los Ángeles por el supuesto diseño adictivo de Instagram y Snapchat y sus posibles consecuencias para la salud mental de niños y adolescentes. El proceso civil comenzó el miércoles 28 de octubre de 2026 con la selección del jurado en el Tribunal Superior del condado de Los Ángeles, en California. Las demandantes son dos jóvenes que aseguran haber desarrollado problemas psicológicos graves relacionados con el uso compulsivo de estas plataformas.

El caso puede tener consecuencias mucho más allá de las dos reclamaciones. Forma parte de una oleada de miles de demandas en Estados Unidos contra empresas tecnológicas acusadas de incorporar funciones destinadas a prolongar el tiempo de uso de sus aplicaciones, incluso entre menores. La cuestión que deberá examinar el jurado es si esas decisiones de diseño contribuyeron a los daños denunciados y si existe responsabilidad civil por parte de las compañías.

Las acusaciones incluyen depresión, ansiedad, trastornos alimentarios, alteraciones del sueño, autolesiones y pensamientos suicidas. Son problemas que las demandantes relacionan con su exposición temprana a las redes sociales, aunque esa relación causal todavía debe demostrarse en el juicio.

Meta, propietaria de Instagram y Facebook, y Snap, responsable de Snapchat, rechazan las acusaciones. Ambas sostienen que han introducido herramientas para proteger a los usuarios más jóvenes y cuestionan que sus aplicaciones sean responsables de los problemas descritos.

El proceso llega después de que otro jurado de Los Ángeles condenara en marzo a Meta y Google a pagar seis millones de dólares por los perjuicios sufridos por una joven usuaria de Instagram y YouTube. Aquella resolución, que las empresas han recurrido, abrió una etapa especialmente delicada para las grandes plataformas digitales.

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Dos jóvenes acusan a Instagram y Snapchat de perjudicar su salud mental

Las demandantes están identificadas en los documentos judiciales mediante sus iniciales para proteger su identidad. Ambas presentaron sus reclamaciones en 2023 y sostienen que comenzaron a utilizar distintas plataformas digitales durante la infancia.

La primera, S.J., una adolescente de 16 años de Illinois, afirma que empezó a utilizar Snapchat siendo muy pequeña. Según su demanda, determinadas funciones de la aplicación favorecieron un comportamiento compulsivo que contribuyó a problemas de ansiedad, depresión, trastornos alimentarios y autolesiones.

La segunda demandante, K.D.B., una joven de 18 años de Misisipi, atribuye parte de sus dificultades psicológicas al uso intensivo de Instagram y Snapchat. Su reclamación describe episodios de depresión, ansiedad, autolesiones y pensamientos suicidas.

Los abogados de ambas sostienen que las plataformas incorporaron mecanismos capaces de fomentar hábitos difíciles de controlar, especialmente entre usuarios que todavía no han alcanzado la madurez suficiente para comprender sus posibles riesgos.

No se trata únicamente de cuánto tiempo pasaban conectadas. La acusación pretende demostrar que las empresas conocían las características de sus productos y que determinadas decisiones comerciales y tecnológicas podían favorecer un consumo compulsivo.

TikTok y YouTube llegaron a acuerdos antes del juicio

Las demandas originales también incluían a TikTok y YouTube, propiedad de Alphabet. Sin embargo, ambas compañías alcanzaron acuerdos con las jóvenes antes de que comenzara el proceso.

Meta también pactó con S.J., la adolescente de Illinois, pero no llegó a un acuerdo con K.D.B.

Por tanto, Snap mantiene las reclamaciones de las dos jóvenes, mientras que Meta deberá responder por la presentada por la demandante de Misisipi. Las condiciones económicas de los acuerdos extrajudiciales no se han hecho públicas.

Los dos procedimientos fueron agrupados para su celebración ante un mismo jurado. Meta y Snap solicitaron posteriormente que se examinaran por separado, al considerar que presentar conjuntamente las experiencias de ambas jóvenes podía dificultar la valoración individual de las pruebas.

La jueza Carolyn B. Kuhl preside el caso, cuyo desarrollo está previsto durante varias semanas.

El diseño de las redes sociales, en el centro del proceso

Una de las particularidades de este juicio es que no gira exclusivamente alrededor de los contenidos que aparecen en Instagram o Snapchat.

El foco está puesto en el funcionamiento de las propias aplicaciones y en las decisiones que adoptan sus responsables para mantener la atención de los usuarios.

Entre las características cuestionadas figuran el desplazamiento infinito de publicaciones, la reproducción automática de contenidos, las notificaciones constantes y distintos sistemas de recompensas que pueden incentivar la conexión frecuente.

En Snapchat, una de las funciones señaladas es Snapstreaks, el sistema de rachas que registra los días consecutivos en los que dos usuarios intercambian mensajes.

Mantener una racha puede convertirse en un incentivo para abrir la aplicación diariamente. La acusación sostiene que este tipo de mecanismos, junto con otras funciones, puede generar presión para continuar utilizando la plataforma.

También se examina el efecto de los algoritmos de recomendación, diseñados para seleccionar contenidos en función de la actividad y las preferencias de cada usuario.

Que una aplicación busque captar la atención no constituye por sí mismo una conducta ilegal. La controversia aparece cuando se plantea si determinadas funciones provocaron daños previsibles, si las compañías actuaron con la diligencia exigible y si ofrecieron una protección adecuada a los menores.

Esta distinción es importante: un uso frecuente de redes sociales no equivale automáticamente a una adicción clínica. Tampoco todos los problemas de salud mental pueden atribuirse a una única causa. El tribunal deberá valorar las circunstancias personales de las demandantes y las pruebas sobre el funcionamiento de las plataformas.

Meta y Snap rechazan las acusaciones y defienden sus medidas de seguridad

Las dos compañías mantienen que las demandas presentan una interpretación equivocada de sus productos y de los factores que pueden influir en la salud mental adolescente.

Meta sostiene que las dificultades psicológicas de una persona joven pueden depender de múltiples circunstancias. En el caso de K.D.B., la empresa argumenta que la demandante utilizaba TikTok considerablemente más que Instagram o Facebook y que sus circunstancias personales también influyeron en sus problemas.

La compañía recuerda que durante los últimos años ha incorporado restricciones y herramientas de protección para adolescentes, incluidas configuraciones específicas de privacidad, controles de comunicación y límites de uso.

Snap, por su parte, destaca que Snapchat tiene un diseño diferente al de otras redes sociales. La empresa subraya que la aplicación se abre directamente en la cámara, en lugar de mostrar inicialmente un muro convencional de publicaciones.

También defiende las herramientas de seguridad, los recursos educativos y las funciones destinadas a ayudar a los usuarios más jóvenes y a sus familias.

Las compañías rechazan haber diseñado deliberadamente sus plataformas para generar adicción.

El jurado tendrá que valorar estas explicaciones frente a los testimonios, documentos internos y demás pruebas presentadas por las partes.

Zuckerberg y los responsables de Instagram y Snapchat podrían declarar

El juicio podría contar con la participación de algunos de los principales ejecutivos del sector tecnológico estadounidense.

Está previsto que comparezcan Mark Zuckerberg, consejero delegado de Meta; Adam Mosseri, responsable de Instagram, y Evan Spiegel, consejero delegado de Snap.

Sus declaraciones podrían resultar especialmente relevantes para determinar cómo se adoptaban las decisiones relacionadas con el diseño de las aplicaciones y qué información tenían las compañías sobre los posibles efectos de determinadas funciones.

Según el calendario previsto, los alegatos iniciales comenzarán el 4 de noviembre, mientras que las comparecencias de los principales directivos se esperan durante ese mes.

El procedimiento podría prolongarse hasta mediados de diciembre, aunque su duración dependerá del desarrollo de las sesiones y de las decisiones judiciales.

El precedente de los seis millones de dólares contra Meta y Google

El nuevo juicio llega después de una resolución especialmente significativa para las grandes tecnológicas.

En marzo de 2026, un jurado de Los Ángeles declaró responsables por negligencia a Meta y Google en una demanda presentada por una joven identificada como Kaley G.M., quien sostuvo que el uso de Instagram y YouTube había contribuido a sus problemas de salud mental.

El jurado fijó una indemnización conjunta de seis millones de dólares, distribuida entre las dos empresas.

Meta fue condenada a pagar 4,2 millones de dólares y Google, 1,8 millones. Ambas recurrieron la decisión, de modo que el litigio todavía no cuenta con una resolución firme.

El resultado supuso un importante precedente para las reclamaciones que cuestionan el diseño de las redes sociales, aunque no significa que todas las demandas posteriores deban resolverse de la misma manera.

Cada procedimiento exige demostrar los daños concretos, la conducta atribuida a las empresas y la relación entre ambos elementos.

Existe también una discusión jurídica relacionada con la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones de Estados Unidos, aprobada en 1996.

Esta disposición ofrece determinadas protecciones legales a las plataformas respecto a los contenidos publicados por terceros. Las tecnológicas han intentado ampararse en ella para combatir algunas reclamaciones, pero la jueza ha permitido que avancen las acusaciones relacionadas con el diseño de sus productos.

La diferencia es sustancial. Una cosa es exigir responsabilidades a una empresa por lo que publica un usuario y otra examinar las decisiones que la propia compañía toma al desarrollar su aplicación.

Miles de demandas pendientes y una responsabilidad todavía por determinar

El proceso contra Meta y Snap forma parte de una litigación mucho más amplia que se desarrolla en distintos tribunales estadounidenses.

Solo en los procedimientos coordinados ante la justicia estatal de California se acumulan más de 3.000 demandas relacionadas con los presuntos perjuicios de las redes sociales.

Entre quienes han emprendido acciones legales figuran jóvenes, familias y otras partes afectadas. También existen procedimientos promovidos por administraciones públicas y distritos escolares que cuestionan el impacto de estas plataformas en los menores.

El juicio iniciado en octubre es uno de los denominados casos de prueba: procedimientos seleccionados para conocer cómo valoran los jurados determinadas acusaciones que aparecen repetidamente en otras demandas.

Su resultado no resolverá automáticamente los litigios pendientes, pero podría influir en futuras negociaciones, acuerdos extrajudiciales y estrategias de defensa.

Las demandantes solicitan indemnizaciones compensatorias y punitivas, aunque no se ha concretado públicamente una cantidad total para este proceso.

Más allá del posible coste económico, el juicio plantea una cuestión de fondo para el sector tecnológico: hasta dónde llega la responsabilidad de una empresa cuando determinadas características de sus aplicaciones pueden contribuir a comportamientos perjudiciales.

Los beneficios comerciales de mantener a millones de personas conectadas durante más tiempo son evidentes. Lo que todavía está en discusión es cuándo esa estrategia puede cruzar los límites de la responsabilidad legal.

Para Meta y Snap, el desafío inmediato consiste en convencer al jurado de que sus productos no causaron los daños denunciados y de que adoptaron medidas razonables de protección.

Para las demandantes, será necesario demostrar algo más que un consumo intensivo de redes sociales: que las decisiones de diseño de las compañías contribuyeron de forma jurídicamente relevante a sus problemas de salud mental.

Ese será el verdadero alcance del juicio de Los Ángeles. No determinará si todas las redes sociales son perjudiciales ni si cada adolescente que las utiliza desarrolla una adicción. Examinará hechos concretos, responsabilidades individuales y decisiones empresariales que podrían terminar teniendo consecuencias para buena parte de la industria digital.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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