Síguenos

Mundo

Bukele envía a Haití más de 2.000 soldados por cuatro desaparecidos

Bukele moviliza más de 2.000 soldados para buscar a cuatro militares desaparecidos en Haití. El operativo plantea dudas sobre su alcance y mando.

Publicado

el

Bukele moviliza más de 2.000 soldados

Imagen: Deifekers, CC0.

Resumen

  • Bukele moviliza más de 2.000 soldados para buscar a cuatro militares en Haití
  • Los cuatro aerotécnicos desaparecieron tras una emboscada el 18 de octubre
  • No se ha confirmado su paradero ni cuántos efectivos han llegado al país

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha puesto en marcha un operativo militar de más de 2.000 soldados en Haití para localizar y rescatar a cuatro militares salvadoreños desaparecidos tras una emboscada de bandas armadas el pasado 18 de octubre. El Gobierno confirmó este miércoles, 28 de octubre, la magnitud de una intervención que comenzó con el envío de fuerzas especiales y que se ha convertido en una de las mayores movilizaciones militares extranjeras de los últimos años en el país caribeño.

Los cuatro desaparecidos son técnicos de aviación militar que participaban en una misión internacional de seguridad respaldada por Naciones Unidas. Su vehículo blindado fue atacado en las inmediaciones de Puerto Príncipe, en una zona donde las organizaciones criminales mantienen una fuerte presencia. Once días después de la emboscada, las autoridades seguían sin confirmar su paradero.

La cifra anunciada por la Cancillería salvadoreña supera ampliamente los primeros contingentes enviados. Sin embargo, no está confirmado que los más de 2.000 efectivos hayan llegado a Haití. Las informaciones disponibles situaban en torno a 1.300 los militares desplazados durante los días anteriores, mientras continuaban los preparativos para reforzar el dispositivo.

La operación supone un paso importante en la implicación de El Salvador en la crisis haitiana. Bukele, que ha convertido la lucha contra las pandillas en el principal distintivo de su Gobierno, extiende su estrategia de seguridad a un escenario considerablemente más complejo y en el que intervienen numerosos actores internacionales.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

La emboscada que desencadenó el despliegue militar

Todo comenzó el domingo 18 de octubre en Croix-des-Bouquets, una localidad del área metropolitana de Puerto Príncipe. Cuatro militares salvadoreños regresaban a su base a bordo de un vehículo blindado cuando fueron atacados por integrantes de grupos armados.

Los agresores utilizaron armas de fuego y explosivos. El vehículo terminó incendiado y los cuatro ocupantes consiguieron abandonarlo, según la información comunicada por las autoridades salvadoreñas. Desde entonces, no se ha logrado establecer contacto con ellos.

Los helicópteros enviados para apoyar la respuesta también recibieron disparos. Los enfrentamientos dificultaron las primeras operaciones de búsqueda y pusieron de manifiesto la capacidad de las pandillas haitianas para atacar incluso a personal militar extranjero.

Los desaparecidos pertenecían a la Fuerza de Tarea Libertad II, integrada por especialistas salvadoreños que prestaban apoyo aéreo y participaban en operaciones de evacuación médica dentro del dispositivo internacional de seguridad.

La emboscada se produjo en un territorio donde operan organizaciones criminales como Chèn Méchan y 400 Mawozo. Ninguna de ellas había asumido públicamente la responsabilidad del ataque.

Bukele respondió anunciando una intervención militar para recuperar a sus compatriotas. También dirigió un ultimátum a las bandas haitianas, advirtiéndoles de las consecuencias si los cuatro militares no eran liberados con vida.

Más de 2.000 soldados para una operación de rescate

El despliegue comenzó con contingentes reducidos de fuerzas especiales salvadoreñas. El jueves 22 de octubre llegaron los primeros 100 militares enviados específicamente para apoyar la búsqueda y se anunció la incorporación de otro centenar.

La movilización creció rápidamente. Durante los días posteriores aterrizaron nuevos efectivos y, según informaciones difundidas el 28 de octubre, el contingente salvadoreño presente en Haití rondaba los 1.300 soldados.

La Cancillería de El Salvador elevó después la dimensión anunciada del operativo a más de 2.000 militares, una cifra extraordinaria para una misión inicialmente centrada en localizar a cuatro personas.

El anuncio coincidió con una conversación telefónica entre Bukele y el primer ministro haitiano, Alix Didier Fils-Aimé. Ambos abordaron las operaciones de búsqueda, la cooperación entre sus fuerzas de seguridad y la continuidad de la presencia salvadoreña en territorio haitiano.

El Ejecutivo de Haití confirmó su disposición a reforzar la coordinación bilateral y las actuaciones de seguridad. También insistió en que la colaboración internacional debe desarrollarse respetando la soberanía del país.

No obstante, siguen sin conocerse detalles fundamentales del dispositivo: cuánto tiempo permanecerán las nuevas tropas, qué funciones desempeñarán exactamente y bajo qué estructura de mando actuarán todos los efectivos movilizados.

El papel de Naciones Unidas y la fuerza internacional antipandillas

La intervención salvadoreña se produce en un país que cuenta con presencia militar y policial extranjera. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizó en septiembre de 2025 la creación de la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF), concebida para respaldar a la Policía Nacional de Haití y recuperar territorios controlados por organizaciones criminales.

El dispositivo tiene autorizada una dotación de hasta 5.550 efectivos, aunque su despliegue sigue por debajo de esa capacidad. Participan países como El Salvador, Guatemala, Jamaica, Mongolia, Sri Lanka y Chad, entre otros.

Antes de la emboscada, El Salvador mantenía una participación mucho más limitada. Su compromiso inicial ante Naciones Unidas contemplaba tres helicópteros y 78 militares especializados principalmente en evacuaciones médicas.

La diferencia es considerable. Una cosa es contribuir con personal técnico a una operación internacional y otra movilizar miles de soldados en respuesta a un ataque contra ciudadanos propios.

Conviene distinguir ambas estructuras: la GSF es una fuerza multinacional autorizada por Naciones Unidas, pero no constituye una operación de cascos azules bajo mando directo de la ONU. El organismo internacional proporciona apoyo logístico y operativo mediante una oficina específica.

Tampoco se ha aclarado completamente si los nuevos militares salvadoreños quedarán integrados en esa fuerza o actuarán mediante una estructura nacional coordinada con las autoridades haitianas.

La incertidumbre sobre los cuatro militares desaparecidos

La búsqueda ha estado acompañada de informaciones contradictorias sobre el destino de los cuatro aerotécnicos. El 25 de octubre, la Fuerza de Supresión de Pandillas confirmó que había recibido restos humanos sin identificar a través de una organización humanitaria.

En aquel momento se planteó la posibilidad de que pertenecieran a los militares desaparecidos. Sin embargo, la propia fuerza internacional advirtió que no estaba en condiciones de confirmar esa identidad.

Bukele rechazó públicamente que los restos correspondieran a sus compatriotas. Según explicó, algunas de las características observadas y los documentos recuperados no coincidían con los militares salvadoreños.

Entre los objetos encontrados figuraban identificaciones relacionadas con otro contingente internacional. Posteriormente, la GSF aclaró que una de ellas pertenecía a un soldado de Chad que se encontraba a salvo y había extraviado su documentación durante las labores de búsqueda.

La controversia no permitió determinar el destino de los desaparecidos. Hasta el 29 de octubre no se había anunciado oficialmente su localización ni su rescate, y tampoco existía una confirmación pública de su fallecimiento.

La incertidumbre resulta especialmente delicada porque se desconoce si permanecen retenidos por alguna organización criminal, dónde podrían encontrarse y en qué condiciones. La prioridad declarada por las autoridades salvadoreñas sigue siendo recuperarlos con vida.

Haití, un país donde las pandillas desafían al Estado

La intervención de Bukele tiene lugar en uno de los escenarios de seguridad más graves de América. Haití lleva años sufriendo una crisis institucional agravada por la expansión de bandas armadas que controlan amplias zonas de Puerto Príncipe y han extendido sus actividades a otras regiones.

Estas organizaciones no se limitan a cometer robos o secuestros. También disputan el control de carreteras, barrios, rutas comerciales e infraestructuras esenciales. En determinados territorios ejercen un poder que las instituciones públicas no consiguen neutralizar.

Según las estimaciones difundidas por Naciones Unidas, alrededor de 1,5 millones de personas han tenido que abandonar sus hogares a causa de la violencia. La inseguridad también dificulta el acceso a alimentos, servicios sanitarios y ayuda humanitaria.

El asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021 profundizó una inestabilidad política que todavía no se ha resuelto.

La crisis ha impedido organizar unas elecciones nacionales durante una década. El 28 de octubre, las autoridades electorales haitianas volvieron a modificar el calendario y fijaron la primera vuelta de las elecciones presidenciales y legislativas para el 18 de julio de 2027.

La situación explica por qué la comunidad internacional mantiene desplegadas fuerzas de seguridad. Pero también revela los límites de una estrategia basada exclusivamente en intervenciones armadas.

Recuperar un barrio mediante una operación militar no garantiza que el Estado pueda mantener después el control, proteger a sus habitantes y restablecer los servicios públicos. Ese es uno de los grandes problemas de Haití: recuperar el territorio no equivale necesariamente a recuperar la autoridad del Estado.

El rescate pone a prueba la estrategia internacional en Haití

La movilización de miles de soldados salvadoreños tras la desaparición de cuatro militares introduce un nuevo elemento en la crisis haitiana. Para Bukele, recuperar a sus compatriotas constituye una prioridad inmediata. La operación también sitúa su política de seguridad ante una prueba fuera de El Salvador, donde las condiciones territoriales, institucionales y operativas son diferentes.

El mandatario ha reivindicado en numerosas ocasiones los resultados de su ofensiva contra las pandillas salvadoreñas. Esa experiencia, sin embargo, no permite anticipar automáticamente el desenlace de una intervención en Haití.

Las bandas haitianas actúan en un entorno de fragmentación territorial, debilidad institucional y presencia de múltiples fuerzas armadas. La superioridad numérica no garantiza localizar a personas desaparecidas, especialmente si se desconoce quién las retiene o dónde se encuentran.

La magnitud del despliegue abre también interrogantes sobre su duración, su coste y su coordinación con los organismos internacionales. Son cuestiones relevantes para Haití y para El Salvador, independientemente del resultado del rescate.

Por el momento, el hecho principal permanece inalterado: cuatro militares salvadoreños siguen desaparecidos y Bukele ha anunciado la movilización de más de 2.000 soldados para encontrarlos.

El desenlace de la búsqueda determinará el resultado inmediato de la intervención. Su alcance político y militar, en cambio, puede prolongarse bastante más allá de esta operación.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído