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Machado cita a Rubio y sitúa las presidenciales de Venezuela en 2027
Machado sitúa en 2027 las elecciones presidenciales de Venezuela tras su regreso al país, pero el calendario depende de reformas y acuerdos políticos.
Resumen
- Machado sitúa en 2027 las presidenciales tras regresar a Venezuela
- Rubio exige renovar el Supremo y el Consejo Electoral antes de votar
- Delcy Rodríguez promete elecciones, pero no concreta ninguna fecha
La líder opositora venezolana María Corina Machado ha asegurado este jueves, 29 de octubre de 2026, que Venezuela celebrará elecciones presidenciales en 2027, de acuerdo con la hoja de ruta impulsada por Estados Unidos. La dirigente ha situado ese horizonte electoral en el centro de su primera rueda de prensa desde su regreso al país, después de diez meses en el extranjero, y ha defendido que el proceso de transición democrática está avanzando.
Machado ha atribuido al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, la definición de una secuencia de reformas institucionales que debería desembocar en las urnas el próximo año. Sin embargo, existe una diferencia importante entre el calendario político que plantea la oposición y una convocatoria oficial: Washington todavía no ha fijado una fecha definitiva para las elecciones, mientras que el Gobierno interino de Delcy Rodríguez se ha comprometido a celebrarlas sin precisar cuándo.
La comparecencia, celebrada en Caracas cuatro días después de su regreso a Venezuela, supone un nuevo movimiento en un escenario político profundamente transformado desde la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero.
La dirigente, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2025, ha presentado su retorno como una oportunidad para impulsar el cambio político y ha insistido en que la transición debe desarrollarse de manera pacífica y organizada.
«La transición democrática es irreversible», ha afirmado Machado, convencida de que el país se encuentra ante una oportunidad para superar la prolongada crisis institucional que arrastra desde hace años.
Machado señala 2027 como el año de las elecciones presidenciales
El principal anuncio de Machado ha sido su interpretación de los plazos establecidos por Estados Unidos para la transición venezolana.
La dirigente ha explicado que el Departamento de Estado ha definido una sucesión de medidas que, si se cumplen, permitirían convocar elecciones presidenciales durante 2027. Su planteamiento se apoya en las recientes declaraciones de Marco Rubio, quien ha exigido renovar las instituciones responsables de organizar y supervisar los comicios.
El secretario de Estado estadounidense sostuvo el pasado lunes, 26 de octubre, que Venezuela necesita sustituir las estructuras electorales heredadas del Gobierno de Maduro antes de celebrar unas elecciones legítimas.
Rubio expresó su confianza en las negociaciones abiertas entre las autoridades interinas y representantes de la oposición, aunque no anunció una fecha concreta para votar.
Esa distinción resulta fundamental. Machado presenta 2027 como el horizonte electoral de la transición, pero la celebración de los comicios sigue condicionada al cumplimiento de los compromisos políticos e institucionales.
La opositora considera que su regreso a Venezuela puede contribuir a acelerar ese proceso. Ante los periodistas, ha defendido la necesidad de recuperar la movilización ciudadana y garantizar que cualquier convocatoria electoral permita competir en igualdad de condiciones.
También ha insistido en la liberación de los presos políticos, la reparación de las víctimas de la represión y la necesidad de impedir que vuelvan a producirse abusos del aparato estatal contra los ciudadanos.
El plan de tres fases de Estados Unidos para Venezuela
Machado ha vinculado las futuras elecciones con el plan de tres etapas promovido por la Administración de Donald Trump y desarrollado políticamente por Marco Rubio.
La estrategia estadounidense contempla una primera fase de estabilización del país, destinada a evitar un deterioro institucional y económico tras la salida de Maduro del poder.
La segunda etapa está centrada en la recuperación económica y la reconciliación nacional, con reformas que permitan reconstruir las instituciones y crear condiciones para una convivencia política menos marcada por la confrontación.
La tercera fase corresponde a la transición democrática, cuyo objetivo es establecer un sistema político capaz de celebrar elecciones competitivas y garantizar que los resultados sean respetados.
Machado sostiene que su presencia en Venezuela demuestra que esta estrategia avanza. La dirigente había defendido anteriormente una cuarta etapa, dedicada a la reconstrucción nacional, una vez completado el proceso político.
El problema es que las fases no equivalen a un calendario electoral cerrado. Las negociaciones pueden avanzar, pero todavía deben traducirse en cambios verificables.
Las reformas del Supremo y del Consejo Electoral
La hoja de ruta presentada por Washington establece dos prioridades institucionales: renovar el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y transformar el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Estados Unidos espera que la renovación del Supremo pueda completarse antes de finalizar 2026. Posteriormente debería constituirse un nuevo organismo electoral, previsiblemente a comienzos de 2027.
La reforma del CNE tiene especial importancia porque este organismo ha sido cuestionado durante años por su falta de independencia respecto al chavismo.
El objetivo estadounidense es que las autoridades electorales se concentren en organizar las votaciones y comunicar sus resultados, sin utilizar sus competencias para excluir arbitrariamente a partidos o candidatos.
Una vez completados esos cambios, Washington plantea que Delcy Rodríguez declare formalmente la vacante de la Presidencia, lo que permitiría activar el procedimiento para convocar nuevas elecciones.
Las autoridades estadounidenses han manejado un horizonte de seis meses desde esa declaración para organizar los comicios. No obstante, todavía quedan cuestiones jurídicas y políticas por resolver, incluida la aplicación del procedimiento constitucional correspondiente.
Rubio ha advertido de que las reformas deben realizarse con rapidez y ha dejado claro que Estados Unidos utilizará su capacidad de presión para evitar retrasos indefinidos.
Delcy Rodríguez promete elecciones, pero no confirma 2027
Las declaraciones de Machado han coincidido con un mensaje institucional de Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela desde enero.
Rodríguez ha asegurado este jueves que el país celebrará las elecciones previstas en su Constitución y que estarán organizadas por una autoridad electoral renovada.
La dirigente chavista, sin embargo, no ha establecido ninguna fecha para los próximos comicios.
Su intervención, difundida poco antes de la comparecencia de Machado, ha puesto el acento en la necesidad de completar previamente las reformas institucionales y crear condiciones de participación para las distintas fuerzas políticas.
Rodríguez ha defendido que el futuro político venezolano debe construirse mediante una sucesión de objetivos y no depender exclusivamente de una fecha electoral.
La diferencia con Machado es evidente. Mientras la líder opositora considera imprescindible concretar el horizonte de 2027, la presidenta interina insiste en priorizar las reformas y evita comprometerse públicamente con un calendario.
Ambas coinciden, al menos en sus declaraciones, en la necesidad de renovar el sistema electoral. La discrepancia aparece cuando se trata de establecer plazos y definir quién debe dirigir el proceso.
Rodríguez mantiene el control del Ejecutivo y participa en las negociaciones impulsadas por Estados Unidos. Machado, por su parte, conserva un importante liderazgo opositor, pero su movimiento no forma parte directamente de la mesa de diálogo que negocia las reformas con el Gobierno interino.
La transición venezolana tiene, por tanto, varios actores con intereses diferentes. Y el acuerdo sobre la necesidad de celebrar elecciones todavía no resuelve las disputas sobre sus condiciones.
El regreso de María Corina Machado cambia el escenario político
La rueda de prensa también ha servido para reafirmar el papel político de Machado después de una ausencia de diez meses.
La dirigente regresó a Venezuela el pasado 25 de octubre, después de varios intentos fallidos de entrar en el país. Su retorno estuvo acompañado de movilizaciones de simpatizantes y de una caravana que atravesó distintas zonas hasta llegar a Caracas.
Machado había abandonado Venezuela en diciembre de 2025 para recibir el Nobel de la Paz en Oslo, después de pasar largos periodos en la clandestinidad por temor a ser detenida.
Su regreso adquiere especial relevancia porque se produce en un país gobernado provisionalmente por antiguos dirigentes del chavismo, pero sometido a una considerable influencia política y económica de Washington.
El propio Marco Rubio reconoció el lunes que Estados Unidos había comunicado semanas atrás a las autoridades interinas venezolanas que Machado debía poder regresar sin sufrir represalias.
El secretario de Estado también ha defendido que el éxito de la transición depende del funcionamiento de las instituciones democráticas y no exclusivamente de las movilizaciones en las calles.
La relación entre Washington y Machado no está exenta de diferencias. La dirigente ha cuestionado determinados acuerdos económicos entre Estados Unidos y el Gobierno de Rodríguez, mientras que la Administración Trump mantiene su respaldo al proceso de negociación institucional.
El peso de las elecciones de 2024 y la posible candidatura
Machado continúa reivindicando las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, en las que el Consejo Nacional Electoral proclamó vencedor a Nicolás Maduro.
La oposición denunció fraude y presentó actas electorales para defender la victoria de su candidato, Edmundo González Urrutia, que posteriormente se exilió en España.
Aquellos comicios siguen siendo una referencia esencial para entender la crisis de legitimidad venezolana y las exigencias de garantías democráticas formuladas por la oposición.
Machado no pudo competir entonces porque pesaba sobre ella una inhabilitación política de 15 años. Ahora aspira a participar en unas futuras elecciones libres y ha expresado su intención de presentarse como candidata.
La Plataforma Unitaria Democrática ha ratificado su respaldo a Machado como aspirante presidencial y ha defendido un acuerdo político que incluya elecciones verificables, liberación de presos políticos y recuperación de las garantías civiles.
La dirigente también pretende recuperar la red ciudadana que participó en la recopilación y defensa de las actas electorales de 2024.
Entre sus objetivos figura facilitar la inscripción de los venezolanos residentes en el extranjero, uno de los asuntos decisivos para garantizar una participación amplia después de años de emigración.
Todavía deberán resolverse, además, las restricciones políticas que puedan impedir concurrir a determinados candidatos.
Venezuela afronta un calendario decisivo para recuperar las urnas
Las declaraciones de Machado sitúan de nuevo 2027 como el año de referencia para las presidenciales venezolanas, aunque el cumplimiento de ese objetivo depende de decisiones que todavía no se han materializado.
La renovación del Tribunal Supremo, la sustitución de las autoridades electorales y la garantía de participación para todas las fuerzas políticas serán determinantes para comprobar hasta dónde llega la transición.
También lo será la posición de Delcy Rodríguez, que ha prometido elecciones sin comprometerse con una fecha, y la capacidad de Estados Unidos para mantener el ritmo de las reformas acordadas.
Machado ha regresado con la intención de movilizar a sus seguidores y participar en la nueva etapa política. Su presencia vuelve a situar a la oposición que encabezó las protestas contra Maduro en el centro del debate nacional, aunque las negociaciones institucionales siguen desarrollándose sin su participación directa.
Para los venezolanos, la cuestión fundamental va más allá de que las elecciones se celebren en 2027 o unos meses después. Lo decisivo será que puedan votar con libertad, garantías y resultados verificables.
Por primera vez desde la captura de Maduro, existe una hoja de ruta institucional concreta para intentar llegar a ese escenario. Pero una transición anunciada todavía no es una transición completada, y la convocatoria de unas elecciones tampoco garantiza por sí sola su limpieza.
El próximo año aparece en el horizonte político de Venezuela. Convertirlo en una cita real con las urnas exigirá algo más que declaraciones: instituciones independientes, compromisos cumplidos y garantías para todos los ciudadanos.
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