Economía
Alphabet se desploma un 12,6% y arrastra al Nasdaq por el gasto en IA
Alphabet pierde cerca de 500.000 millones de dólares de valor bursátil tras caer un 12,6%, mientras Wall Street cuestiona el coste de la IA.
Resumen
- Alphabet cae un 12,6% y pierde cerca de 500.000 millones de dólares
- El enorme gasto en IA y la menor fuerza publicitaria inquietan al mercado
- Google Cloud crece con fuerza, pero Wall Street exige retornos más claros
Alphabet sufrió la mayor caída diaria de su historia bursátil. Las acciones de la matriz de Google cerraron con un desplome del 12,6%, hasta 283,82 dólares, y borraron cerca de 500.000 millones de dólares de capitalización en una sola sesión. El golpe convirtió a la compañía en el principal lastre del Nasdaq y reabrió una cuestión cada vez más incómoda para las grandes tecnológicas: cuánto dinero puede absorber la carrera de la inteligencia artificial antes de que los inversores exijan resultados proporcionales.
El detonante fueron unos resultados trimestrales que quedaron por debajo de las expectativas en varios indicadores importantes. Alphabet sigue creciendo y Google Cloud avanza a gran velocidad, pero los ingresos publicitarios decepcionaron y el enorme desembolso necesario para centros de datos, chips y capacidad informática provocó un flujo de caja libre negativo de 9.070 millones de dólares. Wall Street, que durante meses concedió bastante margen a cualquier gasto acompañado de las siglas IA, esta vez fue bastante menos paciente.
Alphabet pierde casi 500.000 millones en una sola sesión
Las acciones de clase A de Alphabet terminaron la jornada con una caída del 12,64%, un descenso sin precedentes desde que Google salió a Bolsa hace más de dos décadas. La destrucción de valor rondó los 500.000 millones de dólares y se situó entre las mayores pérdidas de capitalización sufridas por una empresa estadounidense en una única sesión.
El tamaño de Alphabet explica buena parte del efecto dominó. Cuando una compañía con semejante peso en los índices retrocede dos dígitos, incluso una jornada razonablemente positiva para centenares de empresas puede acabar teñida de rojo en los principales indicadores. El desplome de la matriz de Google tuvo así un impacto directo sobre el Nasdaq y condicionó la lectura de toda la sesión.
El índice tecnológico cayó un 1,38%, hasta 26.184,72 puntos; el S&P 500 perdió un 0,30% y el Dow Jones cedió un 0,25%. Sin embargo, la mayoría de los componentes del S&P 500 terminaron al alza y el Russell 2000, más representativo de las empresas estadounidenses de menor capitalización, avanzó alrededor de un 1%. No hubo un pánico generalizado. Hubo, más bien, un castigo concentrado en la gran tecnología y en las empresas más expuestas al descomunal gasto en infraestructura digital.
Qué salió mal en los resultados de Google
Alphabet ingresó 127.600 millones de dólares durante el tercer trimestre, ligeramente por debajo de los cerca de 128.200 millones que esperaba el mercado. El beneficio ajustado por acción también decepcionó: 2,67 dólares frente a los 3,02 previstos. En compañías valoradas en billones, una diferencia aparentemente pequeña puede mover una cantidad de dinero difícil de imaginar.
El problema más sensible apareció en la publicidad, todavía el corazón económico del imperio de Google. Los ingresos publicitarios alcanzaron aproximadamente 82.000 millones de dólares, alrededor de 1.400 millones menos de lo esperado por los analistas. No es precisamente un negocio pequeño, pero Wall Street no juzga solamente el tamaño: juzga la distancia entre lo prometido, lo esperado y lo entregado.
La búsqueda continúa produciendo enormes cantidades de dinero, aunque su crecimiento se ha moderado mientras Google introduce herramientas de inteligencia artificial dentro del buscador. Parte del tráfico se desplaza hacia experiencias como AI Mode, donde la compañía todavía desarrolla fórmulas de monetización comparables a las de las búsquedas tradicionales.
El beneficio neto también bajó alrededor de un 25%, hasta 26.170 millones de dólares. Es una cifra que cualquier empresa corriente celebraría. Alphabet juega en otra liga. El mercado está mirando cuánto debe invertir para defender su posición frente a OpenAI, Microsoft, Anthropic y otros competidores que están alterando la forma en la que millones de usuarios buscan información.
El dato que alarmó a Wall Street: la caja
La señal más incómoda estuvo en el flujo de caja libre. Alphabet registró 9.070 millones de dólares negativos, después de haber consumido 5.900 millones durante el trimestre anterior. Para una compañía acostumbrada a generar cantidades enormes de efectivo, el cambio resulta especialmente visible.
Hasta hace poco era extraño asociar a Google con problemas de generación de caja. Era precisamente una de las mayores máquinas de producir efectivo del sector tecnológico. Pero la inteligencia artificial ha cambiado las dimensiones del gasto y también las expectativas de los inversores.
Los centros de datos necesitan procesadores avanzados, memoria, electricidad, terrenos, redes y complejos sistemas de refrigeración. Cada nueva generación de modelos exige más capacidad. Alphabet prevé dedicar entre 195.000 y 205.000 millones de dólares a inversiones de capital en 2026, mientras su dirección ya ha anticipado que el desembolso volverá a crecer de forma significativa en 2027.
Ahí aparece el verdadero cambio de humor. Los inversores no parecen cuestionar que Google pueda pagar esas inversiones. Puede. Lo que empieza a discutirse es si el retorno económico de la IA justificará semejante factura y cuánto tiempo habrá que esperar para comprobarlo.
Google Cloud evita que los resultados sean un desastre completo
No todo fue negativo. De hecho, una parte del negocio presentó cifras difícilmente compatibles con la imagen de una empresa en crisis. Google Cloud superó los 30.700 millones de dólares de ingresos, más del doble que un año antes, y volvió a batir las previsiones del mercado.
Su cartera de contratos pendientes alcanzó unos 561.000 millones de dólares, una cantidad que refleja la enorme demanda empresarial de infraestructura y servicios relacionados con inteligencia artificial. Es, precisamente, uno de los argumentos de Alphabet para defender que las inversiones actuales acabarán encontrando una vía clara de monetización.
El crecimiento del negocio cloud es crucial porque permite a Alphabet competir directamente con Amazon Web Services y Microsoft Azure y, al mismo tiempo, comercializar los mismos centros de datos, procesadores TPU y modelos de IA que necesita para sus propios productos.
La paradoja es bastante sencilla. La inteligencia artificial impulsa uno de los negocios de Alphabet que más crece mientras obliga a la compañía a gastar cantidades igualmente extraordinarias para mantener esa expansión. Durante mucho tiempo, Wall Street aplaudió el crecimiento y concedió paciencia con el gasto. Esa paciencia parece haberse reducido.
Amazon, Intel y los chips amplían el castigo tecnológico
El malestar no terminó con Alphabet. Después del cierre de Wall Street, los resultados de Amazon e Intel aumentaron las dudas sobre el coste económico de la carrera por la IA. Amazon llegó a caer alrededor de un 7% en las operaciones posteriores al cierre, mientras Intel se hundía cerca de un 23%.
Los futuros del Nasdaq 100 retrocedieron con fuerza y el movimiento se trasladó durante la mañana del viernes a varios fabricantes asiáticos de semiconductores. La preocupación empezó a extenderse porque el problema no es exclusivo de Google: todo el sector necesita cantidades enormes de infraestructura para competir en inteligencia artificial.
Amazon también está soportando una factura gigantesca por centros de datos y capacidad informática. Intel añadió sus propios problemas, con previsiones débiles, presión sobre el negocio de ordenadores personales y elevados costes industriales. El mercado empieza así a separar compañías y modelos de negocio. Ya no basta con anunciar miles de millones en IA para obtener automáticamente el aplauso de los inversores.
Microsoft ofreció precisamente el contraste. Sus cifras mostraron una generación de caja más sólida y un fuerte crecimiento de Azure. Sus acciones terminaron prácticamente planas, con una caída del 0,16%, frente al hundimiento de Alphabet. Apple y Meta incluso cerraron al alza. Hablar de un desplome indiscriminado de todas las grandes tecnológicas sería exagerado. El dinero está discriminando. Y bastante.
El mercado empieza a pedir beneficios reales a la inteligencia artificial
Durante los primeros años del auge de la IA generativa, el razonamiento parecía sencillo: quien gastara más tendría mejores modelos, mayor capacidad informática y una posición privilegiada cuando llegara la monetización. La cuestión es que las cifras han alcanzado otra escala.
Alphabet, Amazon, Microsoft y Meta están destinando cientos de miles de millones de dólares a infraestructura. Ya no se trata únicamente de comprar GPU. Se construyen complejos enteros de centros de datos, redes eléctricas y equipamientos cuya amortización dependerá de ingresos futuros que todavía no están completamente asegurados.
Alphabet tiene, además, una dificultad particular. La IA puede reforzar el buscador de Google, pero también puede alterar el modelo publicitario que lo convirtió en uno de los negocios más rentables del planeta. Si los usuarios reciben directamente una respuesta generada por inteligencia artificial y necesitan visitar menos resultados, cambia el espacio disponible para la publicidad tradicional.
Google está introduciendo anuncios en sus nuevas experiencias de IA y parte con una ventaja gigantesca: miles de millones de usuarios y una infraestructura publicitaria desarrollada durante décadas. El mercado, sencillamente, ya no parece dispuesto a asumir que la transición será automática ni que cualquier inversión terminará convirtiéndose en beneficio.
La inquietud se trasladó también a otros mercados tecnológicos. El temor no es que la inteligencia artificial vaya a desaparecer. Es casi el contrario: que desarrollar la infraestructura necesaria para dominarla resulte mucho más caro de lo que el mercado había descontado y que los retornos tarden más de lo esperado en materializarse.
Wall Street cambia las reglas de la carrera tecnológica
La caída de Alphabet marca algo más que una mala jornada bursátil. La empresa sigue teniendo Search, YouTube, Android, Google Cloud, Gemini y una capacidad financiera difícil de igualar. Tampoco hay señales de que la demanda de inteligencia artificial se esté hundiendo. El problema está en el precio necesario para mantener esa posición.
Lo que ha cambiado es la exigencia de los inversores. Durante buena parte del auge tecnológico, gastar cantidades descomunales en IA era presentado como una prueba de ambición. Ahora cada dólar invertido necesita una explicación económica: cuánto ingreso genera, cuándo llegará el retorno y qué margen quedará después de pagar chips, electricidad y centros de datos.
Alphabet acaba de comprobar cuánto puede costar no ofrecer una respuesta suficientemente convincente. Casi 500.000 millones de dólares de valor bursátil borrados en una sesión son una señal difícil de ignorar: Wall Street sigue creyendo en la inteligencia artificial, pero ha empezado a exigir que la promesa tecnológica también cuadre en las cuentas.
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