Síguenos

España

Blocus, la red tras los disturbios y saqueos que inquietan a España

Blocus ha movilizado a jóvenes mediante TikTok, Telegram y WhatsApp. Los disturbios de Barcelona y las detenciones muestran cómo funciona la red.

Publicado

el

la red tras los disturbios

Imagen: Camille Hestaux, CC0.

Resumen

  • Blocus ha impulsado convocatorias de disturbios y saqueos en varias ciudades
  • TikTok, Telegram y WhatsApp han servido para movilizar a jóvenes
  • Las detenciones empiezan a identificar a administradores y promotores

Los violentos disturbios registrados en varias ciudades españolas durante las últimas semanas no responden a un único fenómeno. Una parte de los altercados ha tenido una motivación política identificable, pero los graves incidentes de Barcelona han puesto el foco sobre algo diferente: Blocus, una red de convocatorias difundidas principalmente por TikTok, Telegram y WhatsApp que ha movilizado a jóvenes, muchos de ellos menores, con instrucciones para acudir vestidos de negro, ocultar el rostro y participar en saqueos y actos vandálicos.

Las fuerzas de seguridad no han acreditado hasta el momento que detrás de Blocus exista una organización extremista concreta ni una estructura ideológica definida. Sí han identificado administradores de canales y promotores que se presentaban como dirigentes del movimiento. Uno de los considerados fundadores e impulsores de Blocus España, detenido en Picanya, Valencia, ha ingresado en prisión provisional sin fianza investigado por organización criminal vinculada a la incitación a desórdenes públicos, robos con fuerza y daños.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Blocus y el salto de las redes sociales a la calle

El modelo funciona con una estructura aparentemente sencilla. Las convocatorias aparecen primero en perfiles públicos, especialmente en TikTok. Desde allí, los interesados son dirigidos mediante enlaces, códigos QR o mensajes privados hacia grupos cerrados de Telegram y WhatsApp, donde la comunicación puede ser mucho más concreta.

En esos canales han circulado consignas sobre la forma de vestir, el uso de pasamontañas y los objetivos de los ataques. También se han señalado establecimientos y se han difundido instrucciones destinadas a favorecer los saqueos o dificultar la identificación policial. La tecnología y los artículos de lujo aparecen entre los objetivos preferentes mencionados en algunos de estos grupos.

La estética tampoco parece casual. Ropa negra, ausencia de marcas reconocibles y rostro oculto permiten convertir un grupo de adolescentes en una masa visualmente uniforme y, de paso, complicar su posterior identificación. En determinados canales se llegaron a compartir indicaciones para fabricar un pasamontañas con una camiseta.

No hace falta una sofisticada organización clandestina para conseguir un efecto considerable. Basta una cuenta con capacidad de difusión, un cartel atractivo, varios cientos de teléfonos y el algoritmo amplificando la convocatoria.

Barcelona mostró hasta dónde podía llegar el fenómeno

El episodio que disparó todas las alarmas ocurrió el 24 de octubre en Barcelona. Una convocatoria difundida por redes sociales acabó con barricadas, incendios, enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra y el saqueo o vandalización de numerosos comercios del centro.

El balance inicial superó el centenar de detenidos y acabó elevándose a 128 arrestados, 72 de ellos menores. Hubo además agentes heridos y cuantiosos daños materiales. La policía catalana reconoció que la intensidad de la violencia había superado sus previsiones.

La edad de muchos participantes resulta especialmente significativa. Entre quienes acudieron había adolescentes e incluso jóvenes menores de 14 años. Los investigadores consideran que una parte de ellos no llegó atraída por una reivindicación política concreta, sino por la propia convocatoria, el efecto de grupo y la posibilidad de participar en el saqueo y el desorden.

El efecto contagio llegado de Francia

Las autoridades españolas observan semejanzas con los disturbios registrados anteriormente en Francia. Allí, protestas surgidas en torno al ámbito educativo terminaron en algunos casos desbordadas por grupos que aprovecharon las concentraciones para cometer actos violentos y saquear establecimientos.

El formato comenzó después a reproducirse en otros países y ciudades. En España, Blocus adoptó parte de esa estética y de sus métodos, aunque los Mossos sostienen que, al menos por ahora, no puede atribuirse al movimiento una ideología extremista determinada.

Una de las hipótesis policiales habla de un efecto espejo: jóvenes que ven disturbios en otras ciudades, encuentran convocatorias similares en sus redes y reproducen el comportamiento. A ello se suma el FOMO, siglas inglesas de fear of missing out, el temor a quedarse fuera de aquello en lo que participa el grupo.

Las redes aceleran el proceso. Un vídeo de pocos segundos puede presentar una noche de incendios, carreras y enfrentamientos como un acontecimiento colectivo del que hay que formar parte, mientras quedan fuera del encuadre las consecuencias judiciales, los comercios destruidos o los policías heridos.

Los detenidos acercan a la Policía a quienes administraban los canales

Las investigaciones han comenzado a poner nombres detrás de algunas cuentas. Policía Nacional, Guardia Civil y Mossos d’Esquadra practicaron en pocos días al menos diez detenciones relacionadas con canales de Blocus en Valencia, Barcelona, Lleida, Tenerife, Bilbao y Málaga. Cuatro de los arrestados eran menores y varios se presentaban como responsables o cabecillas del movimiento.

Uno de los investigados es el joven detenido en Picanya y considerado por la Guardia Civil uno de los principales impulsores de Blocus en España. El juzgado acordó su ingreso en prisión provisional y le restringió expresamente el acceso a dispositivos que pudieran permitirle utilizar redes sociales desde el centro penitenciario.

También ha habido detenciones de presuntos administradores de canales locales. En Cataluña fue arrestado un joven de 21 años acusado de gestionar uno de los grupos utilizados para coordinar a quienes participaron en los incidentes del 24 de octubre. En Valencia, las investigaciones alcanzaron a adolescentes relacionados con canales desde los que se alentaban saqueos y disturbios.

La existencia de administradores y promotores no significa, sin embargo, que exista necesariamente una dirección central capaz de controlar todas las convocatorias que aparecen bajo la etiqueta Blocus. Ese es precisamente uno de los problemas para los investigadores: las cuentas desaparecen, aparecen otras con nombres parecidos y cualquier usuario puede apropiarse de la marca.

No todos los disturbios recientes tienen el mismo origen

Meter bajo una sola etiqueta todo lo ocurrido en España durante estas semanas conduciría a una conclusión equivocada. Los investigadores distinguen los episodios vinculados a Blocus de otras protestas violentas que sí contaban con una motivación política clara.

En Avilés, A Coruña, Zaragoza y Bilbao se produjeron altercados en movilizaciones convocadas por colectivos antifascistas contra actos de Vox o del activista Vito Quiles. En Avilés fueron detenidas tres personas tras los incidentes posteriores a un mitin de Vox. En A Coruña también hubo tres arrestos y trece agentes resultaron heridos.

En Zaragoza hubo enfrentamientos entre grupos antifascistas y seguidores de Quiles, mientras que Bilbao registró una importante movilización frente a la Universidad de Deusto contra un acto del mismo activista que finalmente no llegó a celebrarse.

La diferencia es relevante. En estos casos existe una causa política previa y reconocible, aunque posteriormente se produzcan actos violentos. En Barcelona, por el contrario, los Mossos observaron una concentración con una importante presencia de menores y una orientación mucho más próxima al pillaje y al vandalismo que a una reivindicación articulada.

Confundir ambos fenómenos puede resultar cómodo en el debate político, pero no ayuda a entender su origen ni a determinar quién organiza cada episodio.

El segundo llamamiento de Blocus quedó neutralizado

La gran prueba llegó durante la noche de Halloween. Tras los sucesos del 24 de octubre, habían circulado nuevas convocatorias para repetir las acciones y aprovechar máscaras y disfraces para ocultar el rostro.

Esta vez la respuesta policial fue muy distinta. En Barcelona, Mossos d’Esquadra y Guardia Urbana desplegaron un dispositivo extraordinario que terminó sin nuevos disturbios importantes.

La policía identificó a 1.440 personas, abrió 127 actas administrativas y practicó tres detenciones dentro del operativo. Paralelamente fue detenido otro joven relacionado con la administración de un grupo digital utilizado para coordinar los incidentes anteriores.

El dispositivo se extendió también a otras localidades catalanas. Las concentraciones anunciadas no lograron reproducir el escenario de una semana antes.

En Valencia, la Policía Nacional identificó a 440 personas durante el operativo especial y levantó actas por armas y drogas. Entre el material intervenido había pasamontañas, máscaras y espráis. Un menor de 16 años fue detenido por su presunta relación con Blocus.

La diferencia entre ambas jornadas muestra hasta qué punto estas movilizaciones dependen de la capacidad para reunir rápidamente a muchos jóvenes antes de que las fuerzas de seguridad puedan controlar accesos, identificar participantes y desactivar los grupos de coordinación.

Un movimiento sin rostro, pero cada vez menos anónimo

Blocus sigue planteando incógnitas. No existe por ahora una prueba pública de que una gran organización política o extremista dirija desde arriba todos los episodios registrados bajo ese nombre. Tampoco puede reducirse el fenómeno a una protesta estudiantil que simplemente se descontroló.

Lo que sí aparece con mayor claridad es una red descentralizada de cuentas y canales, capaz de convertir el descontento juvenil, la imitación y la búsqueda de notoriedad en convocatorias que pueden terminar en saqueos y graves episodios de violencia.

Las detenciones empiezan a romper, además, la sensación de anonimato que favoreció su crecimiento. Detrás de perfiles, nombres genéricos y chats privados están apareciendo administradores concretos y responsabilidades penales concretas.

La incógnita principal para las fuerzas de seguridad pasa por determinar hasta qué punto las distintas células de Blocus están conectadas, quién crea las convocatorias originales y cuánto queda de espontaneidad cuando comienzan a circular instrucciones precisas para saquear, ocultarse y enfrentarse a la policía.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído