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Marruecos ve una oportunidad tras los vetos de la ONU en el Sáhara
Los vetos cruzados dejan sin nuevo mandato a la Minurso y Marruecos interpreta el bloqueo como una ocasión para impulsar su propuesta de autonomía.
Foto: Mohamed Abbassi, CC BY-SA 4.0.
Resumen
- Marruecos ve el bloqueo de la Minurso como una oportunidad política
- Los vetos cruzados dejan a la misión de la ONU sin un nuevo mandato
- Rabat quiere reforzar su plan de autonomía para el Sáhara Occidental
Marruecos interpreta el fracaso del Consejo de Seguridad para renovar la misión de Naciones Unidas en el Sáhara Occidental como una oportunidad para cambiar el marco del conflicto y avanzar hacia una solución basada en su propuesta de autonomía. El choque entre Estados Unidos y Rusia ha dejado a la Minurso sin un nuevo mandato después de 35 años de presencia en el territorio.
Para Rabat, el bloqueo no supone simplemente otro episodio de parálisis diplomática. El Gobierno marroquí considera que puede servir para dejar atrás un modelo que, a su juicio, se había limitado a administrar el conflicto durante décadas y abrir una fase distinta, con el plan de autonomía marroquí ocupando el centro de la negociación.
Marruecos interpreta el bloqueo como un giro a su favor
El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Naser Burita (en la imagen de portada), ha defendido que el resultado del Consejo de Seguridad permite pasar de la mera «gestión» del conflicto a una etapa orientada, según Rabat, a resolverlo definitivamente.
Su lectura es clara. Marruecos considera que mantener año tras año una misión creada en 1991 para supervisar el alto el fuego y preparar un referéndum de autodeterminación perpetuaba un esquema político que Rabat entiende superado.
Burita explicó incluso que Marruecos no trató de convencer a Rusia para que retirase su veto al proyecto impulsado por Estados Unidos. Desde la perspectiva marroquí, cualquiera de los escenarios podía resultar favorable: una aprobación del texto estadounidense habría reforzado la propuesta de autonomía, mientras que su fracaso deja a la Minurso sin la renovación prevista.
Ahí aparece una paradoja poco habitual en este tipo de negociaciones. Rusia frenó una resolución que Marruecos veía con buenos ojos, pero Rabat sostiene que ese mismo veto puede terminar acelerando un cambio político que llevaba años reclamando.
Dos resoluciones enfrentadas y ningún acuerdo
El enfrentamiento se produjo el 30 de octubre, cuando el Consejo de Seguridad examinó dos propuestas distintas sobre el futuro de la misión. El proyecto presentado por Estados Unidos recibió un amplio respaldo, pero el veto de Rusia, miembro permanente del Consejo, impidió su aprobación.
Washington planteaba renovar durante un año la presencia de Naciones Unidas, aunque introduciendo cambios de fondo. La propuesta pretendía modificar la configuración de la misión y reforzar el papel del plan marroquí de autonomía como base de las negociaciones políticas.
Rusia presentó después una alternativa más continuista, destinada a mantener la Minurso durante otro año sin alterar de forma sustancial su naturaleza. Estados Unidos votó en contra y el texto ruso tampoco consiguió los apoyos suficientes para ser aprobado.
El resultado fue que ninguna de las dos propuestas salió adelante antes de la expiración del mandato vigente. La Minurso llegaba así al 31 de octubre de 2026 sin una nueva resolución del Consejo de Seguridad que prolongara su presencia.
Qué supone el fin del mandato de la Minurso
La Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental fue creada en 1991 después del acuerdo de alto el fuego entre Marruecos y el Frente Polisario. Entre sus principales cometidos figuraban la vigilancia del cese de hostilidades y la preparación de una consulta sobre el futuro político del territorio.
Durante décadas, la misión sobrevivió gracias a renovaciones periódicas del Consejo de Seguridad. Ese mecanismo permitió mantener una presencia internacional sobre el terreno incluso cuando el proceso político permanecía prácticamente congelado y el referéndum nunca llegó a celebrarse.
Una misión creada para un referéndum que nunca llegó
Las discrepancias sobre el censo electoral, las condiciones de la consulta y el propio futuro del territorio bloquearon durante años la organización del referéndum. Con el paso del tiempo, la Minurso terminó desempeñando también una función de observación y contención de tensiones.
La última renovación, aprobada en octubre de 2025, prolongó el mandato hasta el 31 de octubre de 2026 y ya otorgaba un peso creciente a la propuesta marroquí de autonomía, aunque mantenía la referencia a una solución que contemplase la autodeterminación del pueblo saharaui.
Sin una nueva resolución, Marruecos da por hecho que los efectivos de la misión deberán abandonar el territorio. Rabat ha asegurado que facilitará el tiempo, los medios y la logística necesarios para organizar una eventual retirada de personal, vehículos y equipos.
Rabat quiere sacar el Sáhara del marco de descolonización
Marruecos pretende aprovechar el nuevo escenario para impulsar otro objetivo diplomático de gran calado. Burita ha anunciado que Rabat tratará de conseguir que el expediente del Sáhara Occidental deje de estar presente en la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU, responsable de los asuntos relacionados con la descolonización.
El ministro sostiene que el aumento del número de países que respaldan la posición marroquí facilita ese movimiento. Pero una cosa no conduce automáticamente a la otra: el final del mandato de la Minurso no supone por sí solo que cambie el estatus internacional del Sáhara Occidental.
El territorio continúa formando parte de la lista de Territorios No Autónomos de Naciones Unidas y la cuestión sigue vinculada al proceso de descolonización. Dicho de otro modo, la desaparición de la misión no implica que la ONU reconozca automáticamente la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Son dos planos diferentes, aunque Rabat pretende que la transformación del primero termine influyendo también en el segundo. Esa será, previsiblemente, una de las próximas batallas diplomáticas alrededor del conflicto.
Autonomía marroquí frente a autodeterminación saharaui
En el fondo, el pulso vuelve a mostrar las dos posiciones que llevan décadas enfrentadas. Marruecos propone desde 2007 un régimen de autonomía bajo soberanía marroquí, con instituciones propias para gestionar determinados asuntos internos del territorio.
El Frente Polisario sostiene, por el contrario, que cualquier solución debe preservar el derecho del pueblo saharaui a decidir su futuro mediante la autodeterminación, incluida la posibilidad de constituir un Estado independiente. Argelia respalda esa posición y mantiene una profunda rivalidad regional con Marruecos.
El texto estadounidense pretendía avanzar con mayor claridad hacia el planteamiento marroquí. Rusia consideró que esa formulación podía prejuzgar una cuestión de soberanía que, desde su perspectiva, debería resolverse mediante un proceso negociado. El desacuerdo terminó convirtiendo al Consejo de Seguridad en otro escenario del conflicto.
La posición internacional tampoco es uniforme. Estados Unidos, Francia y otros países han ido aproximándose en los últimos años al plan marroquí, mientras otros Estados continúan defendiendo que cualquier acuerdo debe conservar una referencia efectiva al derecho de autodeterminación.
El conflicto entra en una fase más incierta
Para Marruecos, la desaparición del marco anterior de la Minurso elimina una estructura vinculada desde su origen al referéndum y abre una oportunidad para consolidar su propuesta de autonomía. Para el Polisario y sus aliados, en cambio, existe el riesgo de que se debilite un mecanismo internacional asociado a la autodeterminación.
También hay una dimensión práctica. La Minurso no era únicamente una sigla diplomática: durante décadas mantuvo observadores sobre el terreno y desarrolló funciones destinadas a reducir tensiones. Desde la ruptura del alto el fuego en 2020 persisten hostilidades de baja intensidad entre Marruecos y el Frente Polisario.
Rabat insiste en que mantiene su compromiso con el alto el fuego y asegura que cooperará con Naciones Unidas para cualquier proceso de retirada. Lo que venga después será más difícil de ordenar. El final del mandato modifica una pieza importante, pero no elimina las posiciones enfrentadas sobre la soberanía del territorio.
Marruecos considera que el tablero ha cambiado a su favor y quiere aprovecharlo para reforzar su propuesta política. El Frente Polisario mantiene la exigencia de autodeterminación y las grandes potencias siguen divididas. El bloqueo de la ONU, lejos de resolver uno de los conflictos más antiguos pendientes en Naciones Unidas, abre así una fase diplomática todavía más incierta.
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