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Naturaleza

Bolivia declara emergencia nacional por El Niño ante sequía y riadas

El Gobierno de Bolivia declara la emergencia nacional por El Niño ante una sequía que afecta a más de 78.000 familias y amenaza con agravarse.

Publicado

el

Paz durante el congreso

Imagen: Estado de Chile, CC BY 3.0 CL.

Resumen

  • Bolivia declara la emergencia nacional ante el avance del fenómeno El Niño
  • Más de 78.000 familias están afectadas por la sequía en siete departamentos
  • El Gobierno alerta también del riesgo de riadas, inundaciones e incendios

Bolivia ha declarado la emergencia nacional por el fenómeno de El Niño ante el avance de la sequía y el riesgo de que las lluvias de los próximos meses provoquen inundaciones, riadas y desbordamientos. La medida permite al Gobierno movilizar recursos económicos y humanos y reforzar la coordinación con departamentos, municipios y organismos de cooperación internacional.

La situación ya tiene consecuencias. Al menos 78.217 familias están afectadas por la sequía en siete de los nueve departamentos bolivianos, mientras 63 comunidades han comunicado que sufren falta de agua. El Gobierno se prepara, al mismo tiempo, para el escenario aparentemente contradictorio que suele acompañar a El Niño: escasez hídrica en unas zonas y precipitaciones intensas en otras.

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Bolivia activa la emergencia antes de los meses más delicados

El presidente boliviano, Rodrigo Paz, anunció la firma del Decreto Supremo 5759, aprobado el 31 de octubre, con el objetivo de anticipar la respuesta del Estado ante un episodio climático que puede prolongar sus efectos durante buena parte de 2027.

La norma no se limita a la sequía. Declara la situación de emergencia nacional ante el riesgo de heladas, granizadas, incendios forestales, inundaciones, riadas y desbordamientos asociados a El Niño 2026-2027.

Ese detalle importa. El problema no consiste únicamente en que llueva poco. El Niño modifica los patrones atmosféricos y puede provocar impactos muy diferentes incluso dentro de un mismo país, especialmente en un territorio como Bolivia, con grandes contrastes entre el Altiplano, los valles, las áreas amazónicas y las regiones orientales.

La declaración facilita que los ministerios y demás instituciones implicadas puedan actuar con mayor rapidez ante las emergencias. El Ejecutivo pretende movilizar personal, medios y recursos económicos antes de que los episodios más graves obliguen a reaccionar con el desastre ya encima.

Más de 78.000 familias afectadas por la sequía

Los últimos datos disponibles sitúan en 78.217 las familias afectadas por la falta de agua. Los departamentos señalados son La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba, Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz.

La sequía no significa únicamente problemas de abastecimiento doméstico. También afecta a los cultivos, el ganado y la disponibilidad de forraje, además de golpear la economía de comunidades rurales que dependen directamente de la agricultura y la ganadería.

El propio Gobierno reconoce que 63 comunidades sufren condiciones de sequía, mientras otras zonas han comenzado a prepararse para posibles inundaciones. Noviembre marca, además, el inicio de un periodo especialmente sensible: la temporada de lluvias boliviana suele extenderse aproximadamente hasta marzo.

De la falta de agua al riesgo de inundaciones

Puede resultar extraño pasar de hablar de sequía a advertir sobre inundaciones, pero ambas situaciones son compatibles dentro de un episodio intenso de El Niño.

El fenómeno se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial alcanzan temperaturas anormalmente elevadas y cambian la circulación atmosférica. Eso altera la distribución de las precipitaciones a miles de kilómetros, con sequías persistentes en determinadas regiones y lluvias excepcionalmente intensas en otras.

En su mensaje al país, Paz advirtió precisamente de esos dos frentes. La prioridad inmediata está en las zonas castigadas por la falta de agua, pero la administración quiere disponer de medios suficientes para responder si las lluvias generan después crecidas de ríos, riadas o inundaciones.

Un El Niño excepcionalmente intenso preocupa a los meteorólogos

La emergencia boliviana coincide con unas previsiones internacionales especialmente preocupantes. El fenómeno de El Niño podría seguir fortaleciéndose hacia finales de 2026, un escenario que obliga a mantener la vigilancia durante los próximos meses.

Los modelos climáticos apuntan a una importante anomalía de la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial. No significa que la temperatura de Bolivia vaya a aumentar en la misma proporción: se trata de uno de los indicadores oceánicos utilizados para medir la intensidad del fenómeno.

La persistencia de un El Niño de gran intensidad durante 2027 eleva la preocupación por sus posibles efectos sobre las precipitaciones, las temperaturas y otros episodios meteorológicos extremos en diferentes regiones.

Un El Niño muy fuerte eleva el riesgo de episodios extremos, pero no permite predecir por sí solo qué ocurrirá en cada municipio. Las consecuencias concretas dependen también de la geografía, de las condiciones atmosféricas regionales y de la evolución de cada temporada.

Agricultura, agua e incendios concentran buena parte del riesgo

Para Bolivia, una sequía prolongada puede convertirse rápidamente en un problema económico y social. Menos agua significa menor disponibilidad para consumo humano, riego y ganado, pero también vegetación más seca y mayor riesgo de incendios forestales.

El decreto incluye expresamente ese peligro. También contempla heladas y granizadas, fenómenos capaces de destruir cosechas en cuestión de minutos y particularmente dañinos para pequeñas explotaciones agrícolas.

El impacto potencial va, por tanto, bastante más allá de las emergencias puntuales. Puede alcanzar la producción de alimentos, los precios y el suministro de agua, además de los ingresos de miles de familias rurales.

Las autoridades meteorológicas bolivianas venían advirtiendo durante los meses anteriores sobre temperaturas superiores a las habituales y alteraciones de las precipitaciones asociadas a El Niño durante la campaña 2026-2027.

El Gobierno busca anticiparse a una crisis climática más amplia

La decisión de declarar la emergencia antes de que comiencen los episodios más graves cambia, al menos sobre el papel, la lógica habitual de respuesta. El Ejecutivo quiere disponer previamente de recursos y una coordinación más rápida entre ministerios, gobernaciones, alcaldías, Fuerzas Armadas, Policía y servicios de emergencia.

La cooperación internacional también forma parte del dispositivo. Para un país con extensas áreas rurales y comunidades alejadas de los principales núcleos urbanos, la rapidez en el suministro de agua, alimentos y asistencia puede resultar decisiva cuando una sequía o una inundación corta carreteras o deja poblaciones aisladas.

Queda por comprobar hasta dónde llegará finalmente este episodio de El Niño y cuáles serán las regiones más castigadas. Lo que ya está claro es el escenario inmediato: Bolivia entra en los meses decisivos con miles de familias afectadas por la sequía y con riesgo de fenómenos extremos durante el verano austral.

Meses decisivos para Bolivia

La emergencia nacional convierte la prevención frente a El Niño en una prioridad para todo el Estado boliviano. La sequía ya está presente y las lluvias más intensas todavía pueden llegar.

Con un Pacífico excepcionalmente cálido y previsiones que mantienen un El Niño muy intenso durante los próximos meses, la capacidad para anticipar inundaciones, proteger las reservas de agua y sostener al sector agrícola determinará buena parte del impacto. Esta vez, el desafío no es esperar a saber qué fenómeno golpeará primero, sino estar preparado para varios a la vez.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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