Naturaleza
La UE protege solo el 14 % de sus mares y pesca más en Natura 2000
Europa sigue lejos de proteger el 30 % de sus mares en 2030: solo cubre un 14 % y Natura 2000 concentra una actividad pesquera aún mucho mayor.
Resumen
- La UE solo protege alrededor del 14 % de sus aguas marinas
- La pesca es un 72 % más intensa dentro de áreas marinas Natura 2000
- Menos del 1 % del mar europeo cuenta con protección estricta
La Unión Europea ha convertido la protección del mar en uno de sus grandes compromisos ambientales para esta década, pero los números siguen bastante lejos del objetivo. Solo alrededor del 14 % de las aguas marinas de la UE están declaradas protegidas, cuando la estrategia comunitaria fija como meta alcanzar el 30 % en 2030. La distancia es aún mayor en las áreas sometidas a protección estricta: representan menos del 1 % del total, frente al 10 % previsto para el final de la década.
El problema, además, no consiste únicamente en cuántos kilómetros cuadrados aparecen coloreados como protegidos en un mapa. El Tribunal de Cuentas Europeo ha detectado una contradicción especialmente llamativa: el esfuerzo pesquero por kilómetro cuadrado es un 72 % mayor dentro de las zonas marinas de Natura 2000 que fuera de ellas. Declarar un espacio protegido, dicho de forma sencilla, no significa necesariamente protegerlo de forma efectiva.
Solo el 14 % del mar está protegido y el objetivo es el 30 %
La Estrategia de Biodiversidad de la UE establece que al menos el 30 % de los mares europeos deberá estar legalmente protegido en 2030. Una tercera parte de esa superficie, equivalente al 10 % de las aguas comunitarias, tendría que contar con protección estricta, con una intervención humana muy limitada para preservar los procesos naturales y los ecosistemas más vulnerables.
Europa ha avanzado. Las zonas marinas protegidas habían pasado de representar poco más del 4 % de las aguas de la UE en 2012 a cerca del 14 % en la actualidad. Es una expansión considerable, pero todavía insuficiente para llegar al 30 % en apenas cuatro años.
Y hay una segunda brecha, quizá más seria. Menos del 1 % de las aguas de la UE cuentan con protección estricta. Dicho de otro modo: la superficie catalogada como protegida ha crecido mucho más deprisa que la superficie donde las actividades capaces de deteriorar los ecosistemas están realmente limitadas.
Natura 2000: la paradoja de pescar más dentro
El dato más contundente aparece al analizar la actividad de los barcos. A partir del seguimiento de buques entre 2020 y 2024, los auditores calcularon que el esfuerzo pesquero aparente por kilómetro cuadrado era un 72 % superior en los espacios marinos Natura 2000 respecto a las aguas situadas fuera de esas áreas.
Natura 2000 es la gran red europea de espacios destinados a conservar hábitats y especies protegidas al amparo de las directivas de Aves y Hábitats. Su presencia en el mar es considerable: la UE cuenta con miles de espacios marinos Natura 2000 que abarcan cientos de miles de kilómetros cuadrados, a los que se suman otras figuras nacionales de protección.
El nombre, por tanto, impresiona más que algunas de las restricciones que lo acompañan. Una zona Natura 2000 no es necesariamente una reserva integral ni implica la prohibición automática de la pesca. Las actividades económicas pueden mantenerse siempre que sean compatibles con los objetivos de conservación establecidos para cada espacio.
El 85 % del esfuerzo pesquero afecta al fondo marino
Hay otro dato relevante. Aproximadamente el 85 % del esfuerzo pesquero detectado dentro de las zonas marinas Natura 2000 corresponde a artes que entran en contacto con el fondo. Son técnicas especialmente sensibles desde el punto de vista ambiental porque pueden alterar hábitats bentónicos, comunidades de organismos que viven sobre el lecho marino y zonas utilizadas para alimentación o reproducción.
Sin embargo, las restricciones pesqueras permanentes abarcan apenas alrededor del 15 % de la superficie marina de Natura 2000. No significa que toda la actividad desarrollada en el resto sea incompatible con la conservación, pero sí ayuda a explicar por qué los auditores cuestionan la eficacia real de una parte de la red.
La Comisión Europea adoptó en 2023 un plan para reducir el impacto de la pesca sobre los ecosistemas, con medidas destinadas a disminuir los daños al fondo marino y avanzar hacia la eliminación progresiva de la pesca móvil de fondo en áreas marinas protegidas. El calendario llega hasta 2030.
Proteger sobre el papel no garantiza proteger el ecosistema
La auditoría pone el foco en una diferencia básica: designación y protección efectiva no son sinónimos. Un Estado puede delimitar una zona protegida y, aun así, permitir determinadas actividades pesqueras, navegación, infraestructuras u otros usos si no existen medidas específicas que los restrinjan.
La UE tampoco dispone de una clasificación completamente armonizada que permita saber de forma inmediata qué grado de protección tiene cada área y qué actividades son compatibles con ella. Eso genera un mosaico de figuras nacionales y normas europeas con niveles de exigencia diferentes.
Muchas áreas carecen todavía de medidas de conservación suficientes, recursos humanos, financiación o sistemas de vigilancia adecuados. También existen problemas de conectividad ecológica: proteger parcelas aisladas puede servir de poco si los corredores utilizados por especies, poblaciones y hábitats quedan fuera del sistema.
Limitar la pesca entre varios países sigue siendo lento
Las restricciones resultan especialmente complicadas cuando una zona protegida afecta a flotas de distintos Estados miembros. La política pesquera común exige coordinación y procedimientos que pueden prolongarse durante años, incluso cuando existe acuerdo sobre la necesidad de proteger un determinado ecosistema.
Desde la reforma de esa política en 2013, la Comisión Europea ha aprobado un número relativamente reducido de actos jurídicos con restricciones pesqueras en zonas protegidas. La lentitud del procedimiento se ha convertido en una de las debilidades del sistema.
Ahí aparece uno de los conflictos clásicos de la política marina europea. La conservación exige limitar determinadas actividades en ecosistemas vulnerables, mientras que las comunidades pesqueras dependen económicamente de esas mismas aguas. La solución no pasa simplemente por cerrar zonas desde Bruselas. Requiere identificar dónde existen impactos incompatibles con la conservación, aprobar medidas aplicables y, cuando sea necesario, acompañar la transición económica de las flotas afectadas.
La Comisión reconoce que las medidas de gestión pesquera en Natura 2000 han avanzado lentamente y que se han aprobado relativamente pocas. Al mismo tiempo, la superficie marina protegida se ha multiplicado durante los últimos quince años. Las dos cosas pueden ser ciertas. Ese es precisamente el problema: proteger más superficie no garantiza que esa protección sea suficientemente intensa.
Mediterráneo y Atlántico mantienen importantes lagunas
Las carencias no se distribuyen de forma uniforme. Algunos espacios protegidos presentan problemas de conexión entre sí, especialmente en el Mediterráneo y el Atlántico, mientras persisten lagunas en la protección de hábitats marinos alejados de la costa y de aguas profundas.
La conservación marina tiene una dificultad añadida frente a la terrestre: las fronteras administrativas importan bastante poco a peces, cetáceos, corrientes oceánicas o contaminación. Una zona bien gestionada puede perder eficacia si está rodeada por áreas sometidas a una presión ambiental mucho mayor.
El objetivo de 2030 exige algo más que ampliar el mapa
Con apenas un 14 % del mar protegido y menos del 1 % bajo protección estricta, alcanzar los objetivos del 30 % y del 10 % respectivamente antes de 2030 exigiría acelerar de forma muy considerable el ritmo actual. El margen temporal es cada vez más estrecho.
Pero el verdadero examen no estará únicamente en alcanzar un porcentaje. La cuestión será saber qué ocurre dentro de esas áreas una vez declaradas. Una red protegida donde continúan sin suficientes límites algunas de las presiones que pretende combatir corre el riesgo de convertirse en una colección de figuras administrativas con eficacia desigual.
Europa ha ampliado su red marina durante más de una década. El siguiente salto es convertir superficie protegida en protección real: objetivos de conservación concretos, restricciones cuando sean necesarias, vigilancia suficiente y una gestión capaz de combinar biodiversidad y actividad pesquera sin fingir que ambas cosas se equilibran solas.
-
NaturalezaTerremotos en España: Granada registra dos seísmos este 1 de noviembre
-
NaturalezaIncendios en España este 1 de noviembre: calma y riesgo creciente
-
MundoKast cae al 29% tras rebajar penas a 56 agresores sexuales de menores
-
EspañaAccidente de Urda: balance, víctimas y novedades cuatro días después
-
MundoTexas bate récord de voto anticipado con 7,4 millones antes del 3N
-
MundoGeorgia se distancia de Trump ante unas legislativas decisivas en 2026
-
MundoEcuador activa su cuarto toque de queda en cinco provincias costeras
-
CulturaMuere Miquel Navarro a los 81 años, maestro de la escultura española
-
CienciaLa NASA ve inevitable llegar a Marte tras 378 días de misión simulada
-
EconomíaLos autónomos afrontan 2027 con las cuotas y la reforma aún bloqueadas
-
MundoHerzog abre consultas en Israel tras unas elecciones sin mayoría clara
-
EspañaUrda agrava la fuga del AVE: cuántos viajeros puede perder tras Adamuz