Naturaleza
El Niño impulsa una floración histórica en el desierto de Atacama
Las lluvias de El Niño han despertado semillas dormidas y cubierto amplias zonas de Atacama con una floración excepcional de más de 200 especies.
Imagen: Javier Rubilar, CC BY-SA 2.0.
Resumen
- El Niño y las lluvias invernales han disparado la floración de Atacama
- Más de 200 especies han emergido en miles de kilómetros cuadrados
- El fenómeno atrae turismo, pero pisar o arrancar flores daña el ecosistema
El desierto de Atacama atraviesa una de sus floraciones más intensas y extensas de las últimas décadas. Las abundantes lluvias registradas durante el invierno austral, en un contexto marcado por El Niño, han activado semillas y bulbos que permanecían latentes bajo uno de los terrenos más áridos del planeta y han convertido amplias zonas del norte de Chile en campos cubiertos de flores.
El llamado desierto florido de Atacama alcanza esta temporada una dimensión excepcional. Las proyecciones oficiales situaron la superficie de activación en unos 17.667 kilómetros cuadrados, alrededor del 23 % de la Región de Atacama, con presencia del fenómeno desde Chañaral hasta Huasco. Más de 200 especies nativas pueden aparecer durante este episodio, entre ellas añañucas, patas de guanaco, huilles y la emblemática garra de león.
Una floración de una escala poco habitual
Las primeras flores comenzaron a aparecer durante la segunda mitad de agosto, inicialmente con especies bulbosas como las añañucas y los huilles. A partir de septiembre, los campos floridos empezaron a ocupar superficies mucho mayores y la diversidad alcanzó sus niveles más altos hacia mediados de octubre.
El fenómeno continúa siendo visible a comienzos de noviembre. Algunas especies pueden mantener su floración durante buena parte del mes e incluso las plantas más resistentes podrían prolongarla posteriormente, aunque el espectáculo cambia con rapidez conforme aumentan las temperaturas y disminuye la humedad disponible.
No se trata simplemente de que haya llovido un poco más de lo habitual. En determinadas zonas del desierto prácticamente pueden pasar años sin precipitaciones significativas. Durante 2026, en cambio, las lluvias invernales fueron extraordinarias. Vallenar llegó a registrar 183,5 milímetros, una cantidad excepcional para este territorio.
Por qué puede llenarse de flores un desierto tan seco
El desierto florido funciona gracias a una suerte de reserva biológica oculta. Bajo la superficie permanecen durante los periodos secos semillas, bulbos, tubérculos y rizomas capaces de resistir condiciones extremas durante largos periodos.
Cuando las precipitaciones superan determinados umbrales y se combinan con unas condiciones adecuadas de temperatura y humedad, esas estructuras abandonan su estado de latencia. En la costa de Atacama se utilizan como referencia lluvias superiores a unos 15 milímetros para que pueda desencadenarse una floración importante.
Semillas que pueden esperar durante años
La cantidad de lluvia tampoco lo explica todo. Para que el fenómeno alcance una extensión considerable importa cómo se distribuyen las precipitaciones. Resulta especialmente favorable que el agua llegue en varios episodios durante el invierno, y no concentrada de golpe en una única tormenta.
Después entra en juego la primavera. La subida gradual de las temperaturas favorece que las distintas especies florezcan de manera escalonada. Unas necesitan menos calor y aparecen antes; otras tardan varias semanas más. De ahí que el desierto no cambie de color de una sola vez, sino que su aspecto vaya evolucionando durante la temporada de floración.
El episodio de 2026 se produce además bajo la influencia de El Niño, la fase cálida del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur. Su influencia puede alterar los patrones de precipitación en amplias regiones del planeta y favorecer inviernos excepcionalmente húmedos en determinadas zonas del norte chileno.
Más de 200 especies emergen en Atacama
El resultado es mucho más complejo que una alfombra uniforme de flores. Durante los grandes episodios del desierto florido pueden aparecer más de 200 especies de plantas anuales y geófitas, muchas de ellas estrechamente vinculadas a este ecosistema.
Entre las más conocidas están la pata de guanaco, responsable de buena parte de los tonos morados y fucsias que dominan algunas zonas; las añañucas, con variedades amarillas y rojizas; los suspiros y distintas especies de nolanas.
También aparece la garra de león, una de las plantas más representativas y delicadas de la región. En el Parque Nacional Llanos de Challe se encuentra entre las especies catalogadas en peligro de extinción, lo que da una idea de la fragilidad escondida detrás de unas imágenes que, a simple vista, parecen mostrar abundancia por todas partes.
No solo despiertan las flores
La transformación afecta al ecosistema entero. El aumento de vegetación proporciona alimento y refugio a insectos, pequeños vertebrados y otros animales. Durante estos periodos aparecen numerosos polinizadores, esenciales para que las plantas completen su ciclo reproductivo y puedan dejar nuevas semillas antes de que vuelva la sequedad.
Ese ciclo es breve. En cuanto desaparece la humedad, gran parte de la vegetación aérea muere y el paisaje recupera progresivamente su aspecto habitual. Bajo tierra, sin embargo, queda preparada otra generación de semillas. Puede pasar bastante tiempo antes de que vuelva a tener la oportunidad de salir.
Las mismas lluvias también provocaron inundaciones
La cara más fotogénica de las precipitaciones no debe ocultar la otra. Las fuertes tormentas que hicieron posible la floración también causaron inundaciones y aluviones en distintas zonas del norte de Chile y afectaron a viviendas e infraestructuras.
Es una paradoja habitual en territorios extremadamente áridos: una cantidad de agua que permite reactivar ecosistemas enteros puede convertirse a la vez en un peligro considerable. Los terrenos secos y con poca vegetación tienen dificultades para absorber precipitaciones muy intensas, lo que favorece escorrentías rápidas y crecidas repentinas.
La espectacular floración es, por tanto, una consecuencia de un episodio meteorológico extraordinario, no una señal de que Atacama haya dejado de ser un desierto. Cuando termine el ciclo de las plantas, el territorio regresará a las condiciones extremadamente secas que lo caracterizan.
El turismo crece, pero salirse del camino puede causar daños
El episodio ha atraído a miles de visitantes y las autoridades chilenas esperan una temporada turística especialmente fuerte. Entre las áreas donde se ha observado una mayor expresión del fenómeno figuran el Parque Nacional Desierto Florido, el Parque Nacional Llanos de Challe, Pampa Caracoles, Quebrada Totoral y distintos sectores del litoral de Freirina.
La afluencia plantea un problema sencillo de entender: buena parte de lo que hace posible la próxima floración está bajo los pies. Circular con vehículos fuera de las rutas autorizadas, pisar las plantas o arrancar flores puede destruir ejemplares y dañar semillas y estructuras subterráneas que permanecerían latentes hasta un futuro periodo lluvioso.
Las recomendaciones de conservación pasan por utilizar únicamente caminos y senderos señalizados, no recolectar flores, semillas ni bulbos y evitar comportamientos que alteren las zonas protegidas. No es una norma ornamental. Si una planta es arrancada antes de completar su reproducción, habrá menos semillas disponibles cuando vuelva a darse la combinación adecuada de lluvia y temperatura.
Un paisaje excepcional que depende de unas pocas semanas de lluvia
La floración de 2026 vuelve a mostrar hasta qué punto el desierto de Atacama conserva vida en estado de espera. Bajo un terreno que durante buena parte del año parece prácticamente estéril existe un enorme banco natural capaz de reaccionar cuando coinciden agua, humedad y temperatura.
Este año esa combinación ha sido especialmente favorable. El resultado es uno de los episodios de desierto florido más extensos de las últimas décadas, comparable por su magnitud con los grandes acontecimientos registrados desde 1997. Y durará poco: buena parte de las flores desaparecerá durante noviembre y el desierto recuperará progresivamente su aspecto habitual.
Precisamente ahí está lo extraordinario. Más de 200 especies pueden permanecer ocultas durante largos periodos y, tras unas lluvias excepcionales, ocupar miles de kilómetros cuadrados durante apenas unas semanas. Atacama sigue siendo desierto. Solo que, de vez en cuando, recuerda todo lo que guarda debajo.
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