Economía
El S&P 500 se desploma un 3,9% por la IA tras el triunfo demócrata
El S&P 500 se desploma un 3,9% tras la victoria demócrata en Estados Unidos. El castigo a Nvidia y AMD revela las dudas sobre la expansión de la IA.
Resumen
- El S&P 500 llega a caer un 3,9% y el Nasdaq retrocede un 5,2%
- Nvidia, AMD y CoreWeave lideran las pérdidas por las dudas sobre la IA
- El Ibex 35 resiste y cierra con una subida del 0,59%
Wall Street ha pasado de la euforia al desplome en apenas 24 horas. El S&P 500, principal referencia de la Bolsa estadounidense, llegó a caer un 3,9% este jueves 5 de noviembre de 2026, arrastrado por las ventas masivas de acciones tecnológicas y el temor a que la victoria demócrata en las elecciones legislativas de Estados Unidos frene la expansión de la inteligencia artificial.
La caída se extiende al resto de los grandes índices. A las 19.46 horas, en horario peninsular español, el Nasdaq perdía un 5,2% y el Dow Jones retrocedía un 3,1%, equivalente a más de 1.650 puntos. Nvidia, AMD y las empresas vinculadas a los centros de datos concentran buena parte del castigo bursátil. Son cotizaciones de una sesión todavía abierta, no resultados definitivos de cierre.
El movimiento resulta especialmente significativo porque llega después de una jornada de fuertes ganancias. El miércoles, tras conocerse el triunfo de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato, el S&P 500 avanzó un 1,6%, el Nasdaq ganó un 1,4% y el Dow Jones se disparó más de 1.500 puntos. Los inversores interpretaron inicialmente la derrota del Partido Republicano de Donald Trump como una oportunidad para reducir la incertidumbre política.
Pero esa primera lectura ha durado poco. La posibilidad de una regulación más estricta de los centros de datos, las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones multimillonarias en inteligencia artificial y el elevado coste de financiación han cambiado bruscamente el ánimo del mercado. No se trata únicamente de las consecuencias electorales. Wall Street empieza a cuestionar cuánto vale realmente el crecimiento prometido por la IA.
El S&P 500 borra las ganancias tras las elecciones de Estados Unidos
El contraste entre las dos sesiones refleja la rapidez con la que los inversores están revisando sus expectativas sobre la economía estadounidense.
El miércoles 4 de noviembre, la victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso provocó una reacción favorable en buena parte de los mercados financieros. El resultado suponía un contrapeso político para Trump y alimentaba las expectativas de una mayor estabilidad legislativa durante la segunda mitad de su mandato.
Los inversores contemplaban la posibilidad de que un Congreso controlado por los demócratas dificultase la aprobación de nuevas medidas fiscales expansivas y limitase algunos de los cambios políticos más controvertidos de la Casa Blanca.
La caída del petróleo también contribuyó a impulsar las Bolsas. El descenso del precio de la energía ofrecía cierto alivio en un contexto marcado por la inflación y la guerra con Irán.
Sin embargo, el jueves ha aparecido otra preocupación. La victoria demócrata podría traducirse en mayores controles sobre el desarrollo de infraestructuras tecnológicas, particularmente aquellas que requieren enormes cantidades de electricidad, agua y suelo industrial.
El resultado ha sido una liquidación generalizada de posiciones en compañías tecnológicas que se ha extendido a prácticamente todos los sectores del S&P 500. La presión sobre los fabricantes de semiconductores ha terminado arrastrando también a empresas que no participan directamente en el negocio de la inteligencia artificial.
El índice estadounidense se encaminaba así hacia su peor sesión desde abril de 2025, cuando los anuncios arancelarios de Trump provocaron fuertes turbulencias internacionales.
Nvidia, AMD y las empresas de IA lideran el desplome
Los fabricantes de semiconductores están sufriendo las mayores pérdidas. Su relevancia es considerable: buena parte del crecimiento bursátil estadounidense de los últimos años ha descansado en la demanda de procesadores y sistemas destinados a ejecutar aplicaciones de inteligencia artificial.
Nvidia, uno de los principales proveedores de procesadores avanzados para IA, llegó a perder un 8,7% durante la sesión. Su elevada capitalización bursátil convierte cualquier movimiento importante de sus acciones en un factor determinante para el comportamiento del S&P 500.
El castigo también afectó a Advanced Micro Devices (AMD), con caídas del 15,5%, mientras que CoreWeave, especializada en servicios de computación para inteligencia artificial, retrocedía un 12,5%.
GE Vernova, compañía vinculada al suministro energético de grandes instalaciones industriales y centros de datos, se dejaba un 7,7%.
Las ventas alcanzaron igualmente a grandes empresas tecnológicas como Meta, Alphabet y Amazon. Qualcomm también sufrió fuertes pérdidas, en su caso agravadas por unos resultados de ventas de chips para teléfonos móviles inferiores a las previsiones.
El problema de los centros de datos
El temor de los inversores tiene una explicación económica concreta.
El desarrollo de modelos avanzados de inteligencia artificial exige infraestructuras costosas. Los centros de datos necesitan procesadores de alto rendimiento, sistemas de refrigeración, conexiones eléctricas y cantidades importantes de energía.
Una ralentización de su construcción podría reducir los pedidos de semiconductores y equipamiento tecnológico, afectando a empresas que han crecido precisamente gracias a las expectativas de expansión de esta industria.
A ello se añade que muchas inversiones todavía deben demostrar su rentabilidad. Las grandes compañías están destinando miles de millones a construir capacidad de computación, pero los ingresos futuros no están garantizados en la misma proporción ni en los plazos que esperan los mercados.
El problema no es que la inteligencia artificial haya dejado de crecer. Es que las cotizaciones de numerosas empresas incorporaban expectativas muy exigentes sobre la continuidad de ese crecimiento.
La derrota de Trump cambia las expectativas de inversión
Las elecciones legislativas del 3 de noviembre han alterado el equilibrio político estadounidense. Los demócratas han conseguido el control de la Cámara de Representantes y del Senado, un resultado que limita las posibilidades de Trump de seguir impulsando su agenda legislativa con el respaldo de ambas cámaras.
El nuevo Congreso comenzará su mandato en enero de 2027. Hasta entonces, las expectativas del mercado responden a un cambio político futuro, no a una modificación inmediata de las leyes.
Trump conserva la Presidencia, sus atribuciones ejecutivas y su capacidad de veto. Los demócratas, por su parte, tendrán mayores posibilidades de impulsar investigaciones parlamentarias, condicionar presupuestos y bloquear determinadas iniciativas.
Para los mercados financieros, el cambio introduce oportunidades y riesgos diferentes según el sector.
Las energías renovables podrían beneficiarse de una orientación política más favorable a la transición energética. La banca y las empresas de combustibles fósiles podrían enfrentarse a una supervisión más intensa, mientras que las farmacéuticas siguen pendientes de posibles cambios en la regulación sanitaria y los precios de los medicamentos.
El sector tecnológico presenta una situación especialmente delicada porque la oposición a determinados proyectos de centros de datos no responde exclusivamente a debates nacionales.
En distintas comunidades estadounidenses han aumentado las protestas por el consumo eléctrico, el uso de agua y el impacto territorial de estas instalaciones. Algunos responsables políticos elegidos en las últimas elecciones han defendido revisar o suspender temporalmente nuevos desarrollos.
Eso no significa que exista una prohibición general de construir centros de datos en Estados Unidos. El riesgo que descuentan los inversores es un desarrollo más lento y sometido a mayores exigencias.
El Nasdaq entra en zona de corrección y crecen los temores
El desplome tecnológico tiene otra consecuencia importante. El Nasdaq Composite ha llegado a situarse más de un 10% por debajo del máximo de cierre que registró en octubre.
En los mercados financieros, una caída de al menos el 10% desde un máximo reciente se considera una corrección bursátil. La confirmación al cierre dependerá de cómo termine la negociación del jueves.
La dimensión del movimiento refleja una preocupación que ya existía antes de las elecciones. Durante octubre, las dudas sobre las valoraciones tecnológicas y las enormes inversiones necesarias para desarrollar la inteligencia artificial habían empezado a provocar importantes oscilaciones en el Nasdaq.
Las empresas necesitan seguir invirtiendo para ampliar sus servicios de inteligencia artificial, pero financiar semejante expansión resulta más caro cuando los tipos de interés permanecen elevados.
La Reserva Federal afronta precisamente un escenario complicado por las presiones inflacionistas relacionadas con la energía y las tensiones geopolíticas.
El petróleo Brent volvió a subir este jueves y llegó a situarse alrededor de los 98 dólares por barril, recuperando parte de las pérdidas del miércoles. La incertidumbre sobre la guerra con Irán sigue condicionando las expectativas económicas.
Mientras tanto, la rentabilidad del bono estadounidense a diez años descendió hacia el 4,83%, frente al 4,90% del cierre anterior, en una jornada en la que los inversores buscaron protección en la deuda pública.
Cómo afecta la caída del S&P 500 a los inversores españoles
El desplome de Wall Street no afecta únicamente a quienes compran acciones estadounidenses de forma directa.
El S&P 500 agrupa aproximadamente 500 de las principales empresas cotizadas de Estados Unidos, y numerosos fondos de inversión y ETF comercializados en España reproducen su comportamiento.
Quienes mantienen inversiones indexadas a este indicador están expuestos a las variaciones de compañías como Nvidia, Microsoft, Apple, Amazon o Alphabet.
La elevada capitalización de las grandes tecnológicas hace que sus movimientos tengan un efecto considerable sobre la rentabilidad conjunta del índice.
Una caída del S&P 500 puede trasladarse directamente al valor liquidativo de los fondos que lo replican, aunque la repercusión concreta depende de la composición de cada producto, sus costes y su exposición al dólar.
Para un inversor que opera en euros, también importa el tipo de cambio euro-dólar. Una depreciación de la moneda estadounidense puede aumentar las pérdidas al convertir una inversión a euros, mientras que una apreciación puede compensarlas parcialmente. Los fondos con cobertura de divisa presentan una exposición distinta.
La Bolsa española, sin embargo, ha mostrado un comportamiento diferente durante la jornada. El Ibex 35 cerró con una subida del 0,59%, hasta los 19.486 puntos, resistiendo las caídas de Wall Street.
Esta divergencia responde, en parte, a la distinta composición sectorial de ambos mercados. El selectivo español tiene un peso importante de bancos, compañías eléctricas e industriales, frente a la fuerte influencia de las grandes tecnológicas estadounidenses en el S&P 500.
La resistencia del Ibex tampoco significa que las empresas españolas sean inmunes a un deterioro prolongado de los mercados internacionales. Una caída persistente de la Bolsa estadounidense puede afectar al apetito global por el riesgo, a las decisiones de inversión y a las perspectivas de crecimiento económico.
El empleo estadounidense y la rentabilidad de la IA marcarán el mercado
Las próximas sesiones permitirán comprobar si el desplome representa una corrección puntual de las valoraciones tecnológicas o el comienzo de un ajuste más prolongado.
Una de las referencias inmediatas será el informe de empleo de Estados Unidos correspondiente a octubre, previsto para el viernes 6 de noviembre. Sus cifras pueden modificar las expectativas sobre las próximas decisiones de la Reserva Federal.
Un mercado laboral resistente podría reforzar la preocupación por unos tipos de interés elevados durante más tiempo. Una desaceleración intensa del empleo, por el contrario, abriría dudas sobre la fortaleza del crecimiento económico.
En paralelo, los inversores seguirán pendientes de los anuncios de inversión de las grandes tecnológicas y de las posibles restricciones a nuevos centros de datos.
La victoria demócrata ha cambiado las perspectivas regulatorias, pero no ha eliminado la demanda de inteligencia artificial. El interrogante fundamental es si las empresas conseguirán transformar sus enormes inversiones en beneficios suficientes para justificar sus valoraciones bursátiles.
Para el S&P 500, esa cuestión puede terminar siendo más decisiva que el propio resultado electoral.
Wall Street celebró el miércoles el debilitamiento político de Trump porque esperaba menos incertidumbre. Un día después ha castigado a las tecnológicas por algunas de las consecuencias que ese mismo cambio político podría provocar.
La paradoja refleja una realidad económica bastante sencilla: un entorno político más previsible no garantiza que todas las empresas mantengan sus beneficios ni que sus acciones estén bien valoradas.
-
NaturalezaTerremotos en España el 5 de noviembre: sismo de 2,5 cerca de Canarias
-
NaturalezaIncendios en España hoy, 5 de noviembre: focos térmicos en cinco zonas
-
NaturalezaEmbalses en España el 5 de noviembre: bajan al 56 % y pierden 407 hm³
-
MundoElecciones EEUU 2026: los demócratas ganan el Senado y la Cámara Baja
-
EconomíaParaguay cierra Ueno Bank: 3 millones de clientes y ahorros bloqueados
-
MundoInterrumpen a Ángel Gaitán en la Eurocámara al debatir seguridad vial
-
EspañaMuere Juan Carlos Ruiz, el Profe Jugón, impulsor del juego educativo
-
MundoFlávio Bolsonaro reaparecerá en la CPAC de Florida tras huir de Brasil
-
CulturaMcKenna Grace falla un deseo de Los juegos del hambre en La Revuelta
-
TecnologíaWorld of Warcraft: Forever llega con 1.000 misiones y nueve mazmorras
-
EspañaPuente pidió a Sánchez que no viera su dimisión como traición por Urda
-
EspañaFeijóo afirma que Ceuta era española antes que Navarra y se equivoca