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España

Una lista única puede arrebatar al PP el control del Senado el 29-N

El estudio identifica 30 provincias donde una candidatura progresista conjunta podría mejorar el reparto de escaños y disputar el control del Senado.

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El Senado de españa sin senadores

Por Rastrojo - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons

Resumen

  • Una lista progresista única podría alterar la mayoría del Senado el 29-N
  • El estudio identifica 30 provincias donde la izquierda ganaría escaños
  • El escenario máximo eleva de 81 a 134 los senadores progresistas electos

Una candidatura conjunta del PSOE y las fuerzas situadas a su izquierda podría alterar de forma drástica el reparto del Senado en las elecciones generales del 29 de noviembre. Un estudio elaborado por el demógrafo Juan Antonio Fernández Cordón identifica 30 circunscripciones en las que concentrar el voto progresista permitiría mejorar el resultado obtenido en 2023 y, en el escenario más favorable, disputar al PP el control de la Cámara Alta.

La cifra que explica la dimensión de la operación es contundente: el bloque progresista obtuvo 81 senadores de elección directa en 2023 y la simulación eleva ese resultado hasta 134 si una candidatura unitaria consiguiera imponerse en las circunscripciones consideradas competitivas. Pero conviene separar cálculo y pronóstico. El modelo toma como referencia los votos anteriores y presupone una transferencia muy elevada hacia las candidaturas comunes. Las urnas, como es sabido, tienen la mala costumbre de no leer las hojas de cálculo.

Por qué una lista única puede cambiar tantos escaños

La explicación está en el peculiar sistema electoral del Senado. En las provincias peninsulares se eligen cuatro senadores, pero cada elector puede marcar como máximo tres candidatos. No se vota una lista cerrada como ocurre en el Congreso: la papeleta permite escoger nombres concretos, incluso pertenecientes a partidos diferentes. En la práctica, muchos ciudadanos seleccionan a los candidatos de una misma formación y eso suele producir un reparto de tres escaños para la fuerza más votada y uno para la segunda.

Ese pequeño engranaje produce consecuencias enormes. Dos partidos ideológicamente próximos pueden sumar juntos más votos que su rival y, pese a ello, obtener menos representantes porque concurren por separado. El voto fragmentado se dispersa entre candidatos; el concentrado puede traducirse en tres escaños de golpe. No hace falta una diferencia electoral gigantesca para pasar de un reparto de tres a uno a otro completamente inverso.

Ahí nace la propuesta promovida por Senadores y Senadoras por la Democracia. El estudio de Fernández Cordón analiza los resultados de 2023 y sostiene que una candidatura progresista común permitiría aprovechar mucho mejor esos votos. El propio cálculo, sin embargo, obliga a introducir cautelas: una alianza podría estimular el voto útil hacia el PP, perder apoyos de electores incómodos con alguno de sus integrantes o provocar que determinados votantes no marcasen por igual a todos los candidatos de la coalición.

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Las 30 circunscripciones que podrían cambiar el Senado

Siete territorios concentran el escenario más favorable

El núcleo más sólido de la simulación aparece en Bizkaia, Menorca, Valencia, Teruel, Asturias, Pontevedra y A Coruña. En esas siete circunscripciones, las fuerzas progresistas sumaron en 2023 más votos que las derechas, pero esa superioridad no terminó convirtiéndose en una mayoría equivalente de senadores.

En Teruel, Asturias, Pontevedra y A Coruña, el PSOE consiguió un senador frente a tres del PP. En Valencia hubo un reparto de dos a dos; Menorca eligió al candidato popular y en Bizkaia el PNV consiguió tres de los cuatro puestos frente a uno socialista. Según la simulación, una candidatura conjunta permitiría que los siete senadores progresistas obtenidos entonces se convirtieran en 19, una ganancia de 12 escaños si el comportamiento electoral permaneciera comparable al de 2023.

Son precisamente los territorios donde la tesis de concentrar el voto necesita menos piruetas. Los sufragios existen en el punto de partida; lo que cambia es cómo llegan a la papeleta y cómo se distribuyen entre los candidatos. Esa diferencia, aparentemente pequeña, puede decidir tres escaños de una tacada.

Un segundo bloque está formado por Huelva, Badajoz y Cáceres. Allí las derechas reunieron más votos en 2023, pero el resultado senatorial terminó empatado. Una candidatura conjunta podría disputar un representante adicional en cada territorio si consigue concentrar suficientemente el voto progresista.

Después aparece la parte más ambiciosa —y también bastante más incierta— del cálculo. Hay otras 20 circunscripciones en las que la derecha obtuvo más votos y más senadores, pero donde la suma de los electorados del PSOE y de las formaciones situadas a su izquierda podría competir con el PP si se concentrara en una sola candidatura: Cádiz, Castellón, Mallorca, Zaragoza, Alicante, Córdoba, Granada, Huesca, Jaén, Guadalajara, Málaga, El Hierro, León, Toledo, Madrid, Cuenca, Burgos, Albacete, Ciudad Real y Valladolid.

Ahí está buena parte del salto desde los 81 senadores directos de 2023 hasta los 134 del escenario máximo. También ahí crece la incertidumbre. En una provincia donde las diferencias sean estrechas, unas décimas de participación, una transferencia imperfecta del voto progresista o una mayor concentración del electorado conservador pueden desbaratar la operación.

Hay lugares donde unir a la izquierda puede perjudicarla

La paradoja es que una candidatura conjunta tampoco funciona en todas partes. El mismo planteamiento desaconseja aplicar la fórmula mecánicamente, porque existen territorios donde las fuerzas progresistas o nacionalistas ya aprovechan bien el sistema electoral y una lista única podría incluso hacer perder representación.

En Barcelona, Lleida, Tarragona y Álava, por ejemplo, el bloque progresista logró en 2023 los cuatro senadores en juego. Unir las candidaturas podría romper ese equilibrio y facilitar un escaño a la derecha, además de perjudicar a formaciones nacionalistas que ya consiguen representación propia.

En Gipuzkoa, Girona, Navarra, Lanzarote, Gran Canaria, Sevilla y La Gomera, las fuerzas progresistas también obtuvieron una mayoría suficiente de representantes. Allí una candidatura conjunta podría consolidar el resultado, pero tendría poco margen para mejorarlo. La lista única, por tanto, tendría sentido sobre todo como una operación quirúrgica, no como una receta nacional aplicada con brocha gorda.

Existe además un grupo de circunscripciones donde el PP superó por sí solo al conjunto de las izquierdas en 2023. Entre ellas aparecen Ávila, Salamanca, Zamora, Murcia, Segovia, Ourense, Lugo, Soria, Almería, La Rioja, Palencia y Cantabria, además de Ceuta y Melilla. En esos territorios, sumar automáticamente los votos progresistas anteriores no bastaría para invertir el reparto salvo que la candidatura común movilizara nuevos electores o modificara de manera sustancial el comportamiento de voto.

El gran supuesto: que los votos vuelvan a comportarse igual

La cifra de 134 senadores resulta llamativa, pero no significa que una coalición vaya a obtenerlos. Significa que podría alcanzarlos bajo una serie de condiciones bastante exigentes. La principal consiste en trasladar a la nueva candidatura prácticamente todo el voto que anteriormente recibieron por separado el PSOE y otras fuerzas progresistas.

Eso nunca es automático. Parte del electorado puede rechazar la alianza, abstenerse, seleccionar únicamente algunos nombres o escoger candidatos distintos. También puede producirse el movimiento contrario: votantes de Vox que, ante una candidatura de izquierdas con posibilidades de conseguir tres senadores, concentren sus apoyos en los candidatos del PP como voto útil.

Hay otra diferencia respecto al Congreso que suele pasar inadvertida. La papeleta del Senado —esa sábana sepia que más de un votante contempla durante unos segundos con cierta resignación— permite seleccionar personas concretas. La disciplina electoral necesaria para una operación de este tamaño es, por ello, mayor que la requerida simplemente para introducir una papeleta cerrada de partido en una urna.

El escenario más prudente también rebaja considerablemente las expectativas. Si la candidatura conjunta únicamente consiguiera transformar el reparto en las siete circunscripciones donde la suma progresista de 2023 ya era superior, la ganancia sería importante, pero no bastaría por sí sola para asegurar el vuelco completo de la Cámara Alta.

PSOE y Frente Amplio negocian con el calendario encima

La aritmética ya ha llegado a las mesas de los partidos. PSOE y Frente Amplio han mantenido contactos para estudiar candidaturas conjuntas o acuerdos específicos por circunscripciones, aunque el entendimiento general todavía no está cerrado. El calendario electoral añade presión: el plazo para comunicar las coaliciones termina este viernes, 16 de octubre.

La política, otra vez, complica la matemática. En la Comunidad Valenciana, precisamente uno de los territorios donde el cálculo resulta especialmente favorable, Compromís mantiene reservas ante una coalición con el PSPV-PSOE para el Senado. La formación valencianista debe encajar ese posible acuerdo con su propia estrategia para el Congreso y con las negociaciones abiertas dentro del espacio situado a la izquierda del PSOE.

El problema puede repetirse, con distintos matices, en otros territorios. Una cosa es sumar columnas en una tabla y otra conseguir que partidos con marcas, intereses autonómicos, candidatos y estrategias diferentes aparezcan bajo una misma fórmula. La unidad electoral tiene costes políticos, incluso cuando ofrece beneficios aritméticos bastante evidentes.

El precedente tampoco garantiza milagros. PSOE e Izquierda Unida ya pactaron candidaturas conjuntas al Senado en numerosas circunscripciones en las elecciones generales del año 2000 y aquello no impidió la mayoría absoluta del PP. Veintiséis años después, el mapa político es muy distinto, pero la advertencia permanece: una fórmula electoral puede ayudar; no fabrica votos.

Formentera cambia también las cuentas del nuevo Senado

Las elecciones del 29-N incorporan, además, una novedad institucional. La reforma constitucional aprobada en 2026 reconoce a Formentera un senador propio y separa su circunscripción de Ibiza. La legislación electoral fue adaptada después para aplicar la nueva configuración en las primeras elecciones al Senado celebradas tras la reforma.

España elegirá así 209 senadores por sufragio directo, uno más que en 2023. El cambio obliga a revisar algunas cifras heredadas de la legislatura anterior, cuando la Cámara estaba compuesta por 266 miembros y la mayoría absoluta se situaba en 134 desde el punto de vista matemático de una futura Cámara de 267 miembros si se mantuvieran los actuales 58 senadores de designación autonómica.

La coincidencia tiene su ironía: los 134 senadores electos directamente que plantea el escenario más favorable del estudio equivaldrían precisamente a ese umbral en una Cámara de 267 integrantes. Pero siguen siendo mundos distintos. Uno es una simulación construida sobre los resultados anteriores; el otro dependerá de los votos reales, las designaciones autonómicas y la composición efectiva del Senado que salga de las urnas.

El Senado puede decidirse provincia a provincia

El fondo de esta historia no está tanto en una gran coalición nacional como en una sucesión de batallas territoriales muy concretas. El sistema del Senado amplifica diferencias pequeñas y castiga especialmente la fragmentación allí donde varias candidaturas compiten por un electorado parecido. Esa mecánica permitió al PP obtener una mayoría en escaños mucho más amplia de lo que sugería la distancia entre bloques en determinados territorios.

Una candidatura progresista común podría cambiar ese reparto, y los resultados de 2023 muestran dónde tendría más posibilidades de hacerlo. Pero entre poder y conseguirlo queda todo lo demás: participación, transferencia de voto, pactos territoriales, candidatos, reacción del electorado conservador y una papeleta abierta que permite a cada ciudadano desviarse del guion diseñado por los partidos.

El 29 de noviembre, mientras casi todas las miradas estarán pendientes del Congreso, una parte decisiva del equilibrio institucional de la próxima legislatura puede resolverse en esa otra urna. La del Senado. Menos vistosa, casi siempre relegada a segundo plano, pero esta vez muy lejos de ser irrelevante.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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