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Karen Bass promete frenar a Trump si logra reelegirse en Los Ángeles

Trump marca la campaña de Karen Bass en Los Ángeles, pero la alcaldesa también se juega el cargo por vivienda, incendios, seguridad y calle.

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Karen Bass

Por Karen Bass For Mayor - Flickr, Dominio público, Wikimedia Commons

Resumen

  • Bass promete frenar las redadas de Trump si logra la reelección
  • Nithya Raman gana terreno y una gran bolsa de votantes sigue indecisa
  • Vivienda, sinhogarismo e incendios también pesan en la campaña

Karen Bass busca un segundo mandato al frente de Los Ángeles con Donald Trump y su política migratoria convertidos en uno de los grandes ejes de campaña. La alcaldesa demócrata asegura que hará «lo que sea necesario» para proteger a los habitantes de la ciudad frente a las redadas y deportaciones impulsadas por la Administración federal, unas operaciones que, advierte, no han desaparecido aunque hayan perdido espacio en los titulares.

La promesa llega, sin embargo, en una elección bastante menos cómoda de lo que habría deseado Bass. El próximo 3 de noviembre de 2026 se enfrenta a la concejal demócrata Nithya Raman después de que ambas pasaran a la segunda vuelta. Bass ganó las primarias de junio con un 34% de los votos frente al 29% de Raman, pero varios sondeos posteriores han alterado el paisaje: una encuesta difundida en septiembre situó a Raman en el 39% y a la alcaldesa en el 28%, mientras aproximadamente un tercio del electorado seguía indeciso.

Trump, por tanto, no figura en la papeleta municipal, pero políticamente ha conseguido colarse sin pedir permiso. En una ciudad donde cerca de la mitad de la población es latina, las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, atraviesan la campaña junto a problemas mucho más pegados al asfalto: alquileres prohibitivos, vivienda, personas sin hogar y seguridad pública, además de las heridas que dejaron los incendios de 2025.

Bass convierte a Trump en un asunto de Ayuntamiento

Los Ángeles fue uno de los grandes escenarios de la ofensiva migratoria de la Administración Trump. Las redadas iniciadas en 2025 en centros de trabajo y otros puntos de la ciudad provocaron protestas y una larga confrontación entre las autoridades locales y el Gobierno federal. Bass sostiene que las detenciones continúan produciéndose en lugares de trabajo, escuelas y otros espacios aunque el foco informativo se haya desplazado. La inmigración vuelve así a ocupar el centro de la política municipal.

Su respuesta no se ha quedado únicamente en discursos. En febrero de 2026 firmó la Directiva Ejecutiva 17, destinada a impedir que propiedades municipales sirvieran como lugares de concentración, procesamiento o base operativa para agentes federales de inmigración. A finales de septiembre convirtió parte de esas medidas en una ordenanza municipal, aprobada por el Ayuntamiento, que refuerza las restricciones sobre terrenos e instalaciones de la ciudad.

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El margen de una alcaldesa, claro, tiene fronteras. Los Ángeles no puede abolir ICE ni convertir en papel mojado la legislación federal de inmigración. Puede decidir cómo utiliza sus propios recursos, establecer protocolos para la policía municipal, apoyar a las familias afectadas y acudir a los tribunales. En septiembre, un juez federal limitó las circunstancias en las que los agentes migratorios pueden realizar detenciones sin orden judicial en el sur de California, una decisión celebrada por Bass después de que Los Ángeles se sumara al litigio.

La alcaldesa presenta esa confrontación como algo coherente con su trayectoria. Antes de llegar al Ayuntamiento fue congresista durante más de una década y en 2018 visitó instalaciones de detención en la frontera entre Texas y México durante la polémica por la separación de familias. Ahora intenta convertir aquella biografía en una idea sencilla: Washington ya era su terreno político mucho antes de que Trump se convirtiera también en un problema para el Ayuntamiento.

Una reelección mucho más difícil de lo esperado

Bass, que hizo historia en 2022 al convertirse en la primera mujer elegida alcaldesa de Los Ángeles, aspira a un segundo mandato de cuatro años. El reglamento de la ciudad limita la Alcaldía a dos mandatos, de modo que una victoria le permitiría completar su etapa al frente de la segunda ciudad más poblada de Estados Unidos. Pero la reelección de Karen Bass ha dejado de parecer una formalidad.

Raman, concejal de Los Ángeles y antigua aliada política de Bass, ha construido su candidatura alrededor de la idea de que la ciudad no funciona suficientemente bien en lo cotidiano. Las dos pertenecen al Partido Demócrata, aunque representan sensibilidades distintas: Bass está vinculada al espacio más institucional y moderado, mientras Raman se sitúa más a la izquierda y ha recibido el respaldo de Democratic Socialists of America.

Raman gana terreno incluso entre los votantes latinos

Ahí aparece una de las paradojas más incómodas de la campaña de Bass. La alcaldesa ha situado la defensa de los inmigrantes latinos frente a Trump en el centro de su mensaje, pero un sondeo difundido a comienzos de octubre otorgaba a Raman un 45% entre los votantes latinos probables, frente al 21% de Bass, con un 34% todavía indeciso. Los latinos podrían representar alrededor del 30% de quienes finalmente voten en la elección municipal.

Eso no convierte el resultado en inevitable. Las encuestas publicadas durante las últimas semanas han mostrado diferencias apreciables según el estudio y todavía existe una bolsa considerable de indecisos. Un sondeo llegó a dar diez puntos de ventaja a Raman, mientras otro dibujó una carrera prácticamente empatada. La fotografía electoral, más que nítida, parece tomada desde un coche en movimiento: la elección sigue abierta.

La inmigración tampoco pertenece exclusivamente a Bass. Raman ha atacado la actuación del jefe de la Policía de Los Ángeles, Jim McDonnell, durante las protestas contra las redadas federales y ha pedido su destitución. Bass defiende mantenerlo, entre otras razones, para evitar un nuevo relevo en la cúpula policial antes de los Juegos Olímpicos de 2028. Ambas critican las políticas migratorias de Trump; donde discrepan es en qué responsabilidad corresponde al Ayuntamiento y a su policía.

Vivienda, precios y sinhogarismo: la batalla doméstica

Fuera de la pelea con Washington hay una realidad menos espectacular y bastante más persistente: vivir en Los Ángeles cuesta mucho dinero. Bass coloca el coste de vida y la vivienda asequible entre sus prioridades para un segundo mandato y afirma que durante su Administración se han construido o preparado alrededor de 10.000 viviendas asequibles para su ocupación.

La vivienda explica también buena parte de la crisis de sinhogarismo, el problema con el que Bass llegó a la Alcaldía prometiendo resultados rápidos. Su Administración ha apostado por alojamientos temporales como puente hacia viviendas permanentes, acompañados de servicios sanitarios, atención a problemas de salud mental, adicciones y apoyo laboral. Es una política cara, compleja y difícil de traducir en victorias rápidas: las tiendas de campaña siguen formando parte del paisaje urbano.

Los últimos datos muestran por qué el asunto está lejos de resolverse. El recuento de 2026 de la Autoridad de Servicios para Personas sin Hogar de Los Ángeles estimó 45.194 personas sin hogar dentro de la ciudad, un incremento del 3,4% respecto al año anterior, aunque el propio organismo considera que la variación no es estadísticamente significativa. En el conjunto del condado fueron unas 73.040.

Bass añade otra dimensión al problema: su impacto desigual. Según los datos manejados por la alcaldesa, alrededor del 40% de las personas sin hogar son latinas y aproximadamente un 34% son afroamericanas, pese a que la población negra representa una proporción mucho menor del conjunto de Los Ángeles. El sinhogarismo, insiste, no es únicamente una cuestión de aceras y tiendas de campaña. También refleja desigualdad económica y racial.

En seguridad, la alcaldesa reivindica una evolución más favorable. El informe anual de la Policía de Los Ángeles correspondiente a 2025 registró un descenso del 19% de los homicidios respecto a 2024 y el nivel más bajo desde 1966. Bass ha utilizado durante la campaña esta evolución para defender que la ciudad ha mejorado en uno de los terrenos que más pesan sobre cualquier alcalde: la criminalidad violenta.

Los incendios de 2025 siguen pesando sobre Bass

Hay, sin embargo, un episodio que continúa persiguiendo a la alcaldesa: los grandes incendios de enero de 2025. Pacific Palisades y otras zonas del área de Los Ángeles quedaron devastadas, miles de edificios fueron destruidos y la respuesta de las autoridades abrió una crisis política que Bass reconoce que deterioró su popularidad.

Su ausencia de Los Ángeles cuando comenzó el incendio de Palisades —se encontraba en Ghana— se convirtió rápidamente en uno de los puntos más duros de las críticas a su gestión. Bass ha descrito posteriormente aquel episodio como el peor momento de su mandato y admite que dañó la percepción pública de su liderazgo. Una campaña puede sobrevivir a muchas estadísticas; una ciudad ardiendo, en cambio, deja imágenes difíciles de borrar.

Los números ayudan a comprender la dimensión de aquella herida. Solo el incendio de Palisades destruyó 6.845 estructuras, dañó otras 975 y causó 12 muertes civiles. El balance conjunto de los grandes fuegos de aquella emergencia elevó a varios miles los edificios destruidos y convirtió la reconstrucción en una cuestión política de largo recorrido.

Bass asegura que desde entonces se han introducido cambios en la dirección y funcionamiento del servicio de bomberos y sostiene que gran parte de las recomendaciones surgidas tras las investigaciones ya se han aplicado. Su problema electoral es otro: las reformas administrativas necesitan meses para apreciarse, mientras que la memoria de una catástrofe suele tener plazos bastante más largos.

Hollywood, permisos y una economía que también aprieta

La campaña tiene incluso una banda sonora muy de Los Ángeles: la preocupación por Hollywood. La producción audiovisual lleva años desplazando rodajes hacia lugares donde trabajar resulta más barato, desde otros estados estadounidenses hasta el Reino Unido y distintos mercados internacionales. Para una ciudad que convirtió una industria en parte de su identidad, la pérdida de actividad no es precisamente una anécdota. También son empleos, proveedores y pequeñas empresas.

Bass defiende que el Ayuntamiento puede eliminar parte de esa fricción. Entre las medidas que cita está la reducción en un 70% de la tarifa para rodar en el Observatorio Griffith, que podía alcanzar los 100.000 dólares, así como la creación de un servicio para acelerar permisos y facilitar la interlocución con las productoras.

No todo depende del despacho de la alcaldesa, y ella misma lo admite. Incentivos fiscales de otros territorios, costes laborales, cambios tecnológicos y la irrupción de la inteligencia artificial están transformando una industria que durante décadas parecía tan inseparable de Los Ángeles como las autopistas o las palmeras. Conseguir que vuelva un rodaje no arregla el alquiler de una familia, pero perder miles de jornadas de producción tampoco ayuda precisamente a pagarlo.

Los Ángeles vota entre resistencia y gestión

Bass intenta llegar al 3 de noviembre con una doble credencial: la de administradora de una ciudad gigantesca y la de dirigente capaz de plantar cara a Trump. El problema es que esas dos campañas no siempre avanzan a la misma velocidad. Defender a los inmigrantes frente a las redadas conecta con una parte esencial de la identidad de Los Ángeles; convencer a los votantes de que el Ayuntamiento funciona mejor que hace cuatro años exige otra clase de prueba.

Raman está explotando precisamente esa grieta. No necesita defender a Trump —también combate su política migratoria— para sostener que Bass debe ser juzgada por las viviendas que faltan, las calles, el coste de los servicios públicos, el sinhogarismo, la gestión de los incendios o la policía. Eso convierte la elección en algo más interesante que un sencillo plebiscito sobre la Casa Blanca: también es un examen a la gestión municipal.

Bass, entretanto, reivindica experiencia, descenso de la criminalidad, vivienda asequible, medidas contra ICE y una relación directa con Washington que conoce desde sus años en el Congreso. Frente a ella hay una rival que ha llegado a la recta decisiva por delante en varios sondeos y que amenaza con convertir una reelección que parecía previsible en una de las batallas políticas más reñidas de Los Ángeles.

La alcaldesa ha elegido bien al adversario que más moviliza a su espacio político: Trump. Ahora queda la parte difícil. En unas elecciones municipales, por mucho que Washington ocupe la conversación, el votante termina saliendo de casa, mira el precio del alquiler, el estado de su barrio y lo ocurrido durante los últimos cuatro años. Y entonces vota.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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