Naturaleza
El lobby cárnico de EEUU sabía en 1989 que el ganado afectaba al clima
Documentos internos revelan que el lobby cárnico de EEUU conocía desde 1989 el impacto climático del ganado y priorizó proteger su imagen pública.
Resumen
- El lobby cárnico de EEUU conocía desde 1989 el impacto climático del ganado
- Los documentos muestran una estrategia centrada en comunicación y consumo
- El estudio no prueba que todo el sector actuara igual ni descarta excepciones
La principal asociación de productores de carne de vacuno de Estados Unidos sabía al menos desde 1989 que las emisiones del ganado contribuían al calentamiento global. Pero los documentos internos estudiados no muestran una ofensiva equivalente para reducirlas. La preocupación tomó otro camino: proteger el consumo de carne, disputar el relato científico y evitar que el problema climático terminara modificando lo que los estadounidenses ponían en el plato.
Es la principal conclusión de una investigación de Jennifer Jacquet y Loredana Loy, de la Universidad de Miami, publicada en octubre de 2026. Las investigadoras reconstruyeron la actuación de la National Cattlemen’s Association (NCA) entre 1986 y 1996 mediante documentación interna, publicaciones científicas, noticias, entrevistas y documentos gubernamentales. La fotografía que emerge es bastante nítida: la organización entendió pronto que el metano del ganado podía convertirse en un problema ambiental y comercial, pero trató el calentamiento global sobre todo como una amenaza de comunicación y reputación.
No significa, y aquí conviene afinar el bisturí, que cada ganadero estadounidense conociera aquellas investigaciones ni que ninguna empresa intentara mejorar sus sistemas de producción. El propio estudio reconoce las lagunas del archivo. Lo que sí documenta es el comportamiento de una organización que representaba una parte sustancial del sector y que en 1990 decía agrupar, entre miembros y entidades afiliadas, a más de 230.000 productores.
Una década de documentos internos sobre carne y clima
El trabajo parte de 154 documentos internos de la asociación localizados en el American Heritage Center de la Universidad de Wyoming; 123 corresponden al periodo entre 1986 y 1996 que centra la investigación. Las autoras cruzaron esos materiales con información aparecida en prensa y con informes científicos y gubernamentales de aquellos años.
El punto de inflexión aparece en 1989. Richard Neal, representante de la NCA, participó en febrero de aquel año en un encuentro de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos sobre la reducción de las emisiones de metano del ganado. El informe resultante abordaba precisamente las posibilidades de actuar sobre esas emisiones. Meses después, la asociación elaboró su propio plan estratégico ambiental y situó las emisiones atmosféricas entre los asuntos que podían afectar al negocio.
Lo que preocupaba a la asociación
La reacción resulta especialmente reveladora por el lenguaje utilizado. En mayo de 1989, la NCA creó un grupo de planificación ambiental cuya misión declarada incluía mejorar la imagen del sector ganadero. Poco después hablaba de conseguir estudios técnicos y voces científicas capaces de explicar al público la relación entre la producción bovina y el medio ambiente.
Ahí estaba el giro. El problema ya no era únicamente cuántos gases emitían las vacas, sino quién conseguía explicar esas emisiones y con qué consecuencias para el mercado. El estudio no encuentra pruebas de que la NCA estudiara o promoviera entonces cambios específicos en la producción para reducir el metano pese a que ya existían recomendaciones científicas en esa dirección.
Sí aparece, en cambio, abundante material relacionado con estrategias de comunicación, seguimiento de organizaciones ecologistas y respuestas a las campañas que proponían disminuir el consumo de carne. La cuestión climática empezaba a entrar en los despachos, pero también en las decisiones de compra de los consumidores.
Cuando el calentamiento global se convierte en relaciones públicas
A finales de los años ochenta empezaban a ganar espacio libros, organizaciones y campañas que vinculaban alimentación y medio ambiente. Para el sector bovino aquello tenía una traducción inmediata: alguien podía llegar a la conclusión de que debía comer menos carne. Y eso sí podía verse en la caja registradora.
La NCA reaccionó cuestionando determinadas estimaciones sobre las emisiones del ganado, buscando argumentos alternativos y recurriendo a especialistas académicos. En noviembre de 1989, la documentación examinada señala que la oficina de Washington trabajaba para obtener un análisis de la Universidad Texas A&M que permitiera responder a las críticas ambientales dirigidas contra la carne.
Uno de los científicos relacionados con esos trabajos fue Floyd M. Byers, especialista en producción animal de Texas A&M. Según la investigación, sus cálculos fueron utilizados posteriormente para presentar las emisiones del vacuno estadounidense como una fracción reducida de las emisiones mundiales. El cambio de escala era sencillo y eficaz: en vez de preguntar cuánto metano produce el ganado, se comparaba esa cantidad con todas las emisiones globales.
Científicos como voces aparentemente independientes
En 1991 apareció una recomendación todavía más explícita. Durante una convención de la asociación en Dallas, un directivo de Edelman Public Relations aconsejó desarrollar información técnica destinada a periodistas, académicos y responsables políticos que pudieran convertirse en voces externas capaces de difundir los argumentos del sector con mayor credibilidad.
La estrategia tiene algo muy contemporáneo, aunque hayan pasado más de tres décadas. Una industria defendiendo su producto suena a publicidad; un experto ofreciendo una determinada interpretación de los datos adquiere otra textura. Parece información que ha llegado sola a la mesa.
Los documentos indican que la NCA llevaba tiempo moviéndose en esa dirección. Su comunicación cuestionó la solidez de algunas estimaciones, redujo el peso atribuido al ganado estadounidense y presentó al sector como responsable en la gestión de los recursos naturales. Mientras tanto, las campañas para reducir el consumo de carne eran vigiladas con particular atención. El riesgo para la demanda pesaba mucho.
El metano del ganado no era una sospecha menor
El contexto científico también importa. Durante los años ochenta creció rápidamente el conocimiento sobre el papel de gases de efecto invernadero distintos del dióxido de carbono. Las investigaciones sobre la fermentación digestiva de los animales ya señalaban al ganado bovino como una fuente destacada de metano de origen ganadero.
El metano permanece menos tiempo en la atmósfera que el CO₂, pero durante ese periodo tiene una capacidad de calentamiento mucho mayor. Esa diferencia temporal explica por qué una reducción rápida de sus emisiones puede producir efectos climáticos relevantes en plazos más cortos que los asociados al dióxido de carbono.
Las vacas producen este gas porque son rumiantes. Los microorganismos de su aparato digestivo fermentan el alimento y generan metano como subproducto. Después se libera principalmente mediante la respiración y los eructos. El conocido chiste sobre las flatulencias bovinas se ha llevado décadas de fama que, científicamente, no le corresponde del todo.
No es una fuente marginal. La fermentación entérica continúa siendo uno de los principales focos de emisiones de metano dentro de la agricultura estadounidense y mundial. También generan este gas la gestión del estiércol, la extracción de petróleo y gas, las minas de carbón, los vertederos y los arrozales.
Eso tampoco significa que la única respuesta posible sea dejar de criar ganado. La investigación actual estudia cambios en la alimentación, mejoras de eficiencia, selección genética, aditivos destinados a reducir la formación de metano y diferentes sistemas de manejo. Algunas soluciones funcionan mejor en explotaciones intensivas que en animales que pasan gran parte de su vida pastando. El mapa, como casi siempre, es más incómodo que un eslogan.
De la antigua NCA a la industria estadounidense de 2026
Hay otro matiz imprescindible. La National Cattlemen’s Association analizada en el estudio dejó de existir con ese nombre en 1996, cuando se reorganizó y pasó a formar parte de la actual National Cattlemen’s Beef Association (NCBA).
No sería riguroso convertir documentos de 1989 en una descripción automática de las políticas del sector en 2026. La posición pública ha cambiado de manera sustancial. La actual organización ha incorporado la sostenibilidad y la reducción del impacto climático a su discurso y fijó en 2021 el objetivo de demostrar la neutralidad climática de la producción bovina estadounidense para 2040.
Otra cuestión es cómo se define exactamente esa neutralidad. En el debate climático existen diferentes métricas para calcular el efecto del metano y los resultados pueden variar notablemente según el método empleado. Es un detalle técnico, sí, pero de esos que pueden cambiar por completo la impresión que deja una cifra.
Lo relevante es que reducir el metano forma parte actualmente del debate productivo que apenas aparece en los documentos históricos estudiados. Las posibilidades técnicas han avanzado y también lo ha hecho la presión regulatoria, empresarial y social. Aquella discusión que en 1989 podía contemplarse como una amenaza reputacional forma parte, casi cuatro décadas después, de la política climática internacional.
Lo que cambia cuando el archivo habla
El interés del nuevo estudio no está en demostrar que una vaca emite metano. Eso dejó de ser noticia hace mucho. Tampoco demuestra que todos los productores de carne de Estados Unidos participaran en una operación coordinada para ocultar información.
Lo incómodo está en otra parte: la principal asociación del sector disponía de información sobre el problema climático desde al menos 1989 y los documentos conservados muestran una respuesta centrada intensamente en la percepción pública, el consumo y el control del debate. Las investigadoras no encontraron en ese mismo archivo una actividad comparable destinada a transformar la producción para reducir aquellas emisiones.
El propio estudio pone freno a las conclusiones demasiado cómodas. Los archivos examinados no contienen toda la documentación interna de la NCA, faltan correspondencia y contratos y es perfectamente posible que productores concretos adoptaran medidas ambientales de las que esos papeles no dejaron rastro. La ausencia de documentos no prueba que nada se hiciera.
Pero los documentos que sí existen cuentan una historia difícil de ignorar. Cuando la ciencia empezó a colocar al ganado dentro de la ecuación climática, una parte organizada del negocio de la carne estadounidense no miró primero al establo. Miró al consumidor. Y, después, a cómo convencerlo.
-
NaturalezaÚltimos terremotos en España, 24 de octubre: Galicia registra un 2,1
-
NaturalezaIncendios en España hoy, 24 de octubre: seis fuegos bajo seguimiento
-
NaturalezaEstado de los embalses en España hoy, 24 de octubre: siguen al 57,2%
-
EspañaTrashumancia Madrid 2026: itinerario, horarios, cortes y dónde verla
-
MundoEl Salvador envía tropas de élite a Haití para rescatar a 4 militares
-
MundoAl menos siete muertos en una iglesia de Jordania durante un funeral
-
MundoMelania Trump logra una tregua en Oleshky para evacuar a los civiles
-
DeportesMáximo Quiles, a Marc Márquez: «Messi es un falso humilde, como tú»
-
EspañaSale del juzgado en Cáceres, roba otro coche y embiste tres vehículos
-
EconomíaLa moneda de 2 euros de Grace Kelly que puede valer hasta 3.100 euros
-
MundoFrancia movilizará 70.000 policías ante protestas y riesgo de saqueos
-
CulturaDani Martín aplaza sus conciertos en Barcelona por una crisis familiar