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Ciencia

Vietnam realiza su primer trasplante de pene con un donante fallecido

Vietnam completa su primer trasplante de pene con un donante fallecido. El receptor, de 43 años, evoluciona bien tras seis horas de compleja cirugía.

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primer trasplante de pene

Resumen

  • Vietnam ha realizado su primer trasplante de pene con un donante fallecido
  • El receptor tiene 43 años y la operación duró alrededor de seis horas
  • Los primeros controles muestran buena irrigación y una evolución favorable

Vietnam ha realizado con éxito inicial el primer trasplante de pene de su historia, una intervención de enorme complejidad practicada en el Hospital Universitario Viet Duc, en Hanói, a un hombre de 43 años. El órgano procedía de un donante en muerte cerebral y los cirujanos tuvieron que reconstruir la uretra, los tejidos eréctiles y conexiones microscópicas de arterias, venas y nervios.

La operación no es reciente pese a que el caso haya vuelto a circular meses después. El hospital vietnamita anunció oficialmente la intervención el 29 de julio de 2026, cuando ya había transcurrido aproximadamente una semana desde la cirugía. Los primeros controles mostraban un injerto bien irrigado, sin necrosis ni obstrucciones vasculares importantes y con una evolución posoperatoria favorable. El resultado funcional definitivo, eso sí, necesita bastante más tiempo.

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Un paciente de 43 años que había sufrido una amputación parcial

El receptor había sido sometido cuatro años antes a una amputación parcial del pene por una enfermedad que el hospital no ha detallado públicamente. Su estado general se había estabilizado y conservaba la capacidad de orinar, pero el tejido restante era demasiado corto y las secuelas afectaban de forma considerable a su vida sexual y calidad de vida.

El trasplante tenía una peculiaridad que separa este caso de buena parte de la cirugía de órganos: no se trataba de evitar una muerte inmediata, como sucede en muchos trasplantes de corazón, hígado o pulmón. El objetivo era recuperar anatomía, sensibilidad y función, un resultado mucho más difícil de medir con una fotografía del paciente saliendo del quirófano.

Antes de autorizar la intervención, un equipo multidisciplinar estudió la compatibilidad inmunológica entre donante y receptor, la viabilidad quirúrgica y la preparación psicológica del paciente. En una operación de estas características ese último aspecto no es un adorno. El órgano trasplantado mantiene una relación especialmente estrecha con la identidad corporal, la sexualidad y la intimidad del receptor.

Seis horas de cirugía para reconstruir vasos, nervios y uretra

La intervención duró alrededor de seis horas. El desafío era doble: mantener vivo el tejido recibido y reconstruir una estructura que concentra en muy poco espacio funciones urinarias, sensoriales, vasculares y sexuales. Una pequeña trombosis puede comprometer el injerto; una conexión nerviosa que no recupere correctamente su función puede dejar un resultado anatómicamente aceptable, pero funcionalmente limitado.

Los especialistas del Viet Duc llevaban cerca de dos décadas trabajando en microcirugía reconstructiva de lesiones genitales, incluidas reimplantaciones de penes seccionados por accidentes. Esa experiencia sirvió como base para afrontar un procedimiento bastante más exigente: aquí no se volvía a unir tejido del propio paciente, sino que debía integrarse en su organismo una estructura procedente de otra persona.

Qué tuvieron que reconstruir los cirujanos

El equipo conectó la uretra, el cuerpo esponjoso y los cuerpos cavernosos, fundamentales estos últimos para la erección. Bajo microscopio quirúrgico se suturaron después pequeñas arterias, venas y nervios con el objetivo de restablecer la circulación sanguínea y permitir, con el paso de los meses, la recuperación de la sensibilidad.

No es, pese a lo llamativo del titular, una operación de quitar y poner. Un trasplante de este tipo pertenece al campo de los llamados alotrasplantes compuestos vascularizados, la misma familia quirúrgica en la que se encuadran determinados trasplantes de cara o extremidades. Se transfieren conjuntamente piel, vasos, nervios y otros tejidos que después deben comportarse otra vez como una unidad.

El receptor necesita tratamiento inmunosupresor para impedir que su sistema inmunitario identifique el nuevo tejido como extraño y lo ataque. Ahí aparece uno de los grandes dilemas de estas intervenciones: los medicamentos antirrechazo pueden producir efectos adversos y sus riesgos deben compararse con el beneficio que supone recuperar una función vinculada principalmente a la calidad de vida.

Los primeros controles comunicados por el hospital fueron positivos. El injerto mostraba color y temperatura normales, la circulación permanecía estable en las ecografías Doppler y no se habían observado signos iniciales de necrosis ni trombosis. La herida también evolucionaba sin complicaciones tempranas relevantes y el paciente respondía al tratamiento contra el rechazo.

Una operación extraordinariamente rara incluso a escala mundial

Los trasplantes de pene siguen siendo una excepción incluso dentro de la medicina más especializada. La literatura científica recoge apenas un puñado de casos realizados en el mundo y los resultados han sido desiguales. No todos los receptores conservaron el injerto a largo plazo, una muestra de hasta qué punto esta cirugía continúa moviéndose en un terreno muy poco transitado.

El primer intento conocido se realizó en China en 2006, aunque el órgano terminó siendo retirado pocos días después. El primer trasplante considerado exitoso llegó en Sudáfrica en 2014. Estados Unidos realizó otro en 2016 y, dos años después, el Hospital Johns Hopkins completó un trasplante total de pene y escroto, sin los testículos, en un veterano gravemente herido en Afganistán.

La casuística es tan pequeña que cada nuevo paciente aporta una cantidad extraordinaria de información clínica. No existen cientos o miles de trasplantados con los que elaborar estadísticas robustas. En este campo la medicina avanza prácticamente caso por caso, siguiendo durante años la sensibilidad, la función urinaria, la capacidad eréctil y los episodios de rechazo inmunológico.

El éxito quirúrgico todavía no garantiza la recuperación funcional

Que el tejido haya sobrevivido a las primeras semanas constituye un dato fundamental, pero no permite afirmar todavía que todas las funciones se hayan recuperado. Los médicos necesitan comprobar la cicatrización de la uretra, la sensibilidad, el control urinario y, especialmente, la capacidad de conseguir una erección funcional.

Los nervios requieren tiempo para regenerarse y establecer conexiones útiles. La evolución puede medirse en meses, no en días. También continúa existiendo riesgo de rechazo inmunológico, tanto agudo como crónico, uno de los principales problemas que acompañan a cualquier trasplante de tejidos procedentes de otra persona.

El hospital vietnamita presentó por ello el caso con prudencia: los resultados iniciales eran muy alentadores, pero sería necesario un seguimiento prolongado para juzgar la eficacia real del procedimiento. Sobrevivir al trasplante es la primera meta; recuperar sensibilidad, función urinaria y actividad sexual supone una segunda carrera, bastante más larga.

Vietnam abre una nueva vía en su cirugía reconstructiva

Para Vietnam, el caso supera el resultado de una única operación. La experiencia puede abrir una alternativa para hombres que hayan perdido el pene por cáncer, traumatismos o accidentes graves, especialmente cuando las técnicas reconstructivas convencionales ofrecen resultados limitados o no permiten recuperar determinadas funciones.

La cirugía reconstructiva tradicional puede crear un nuevo pene utilizando tejidos del propio paciente, pero no reproduce exactamente la anatomía original y en algunos casos necesita prótesis para conseguir rigidez. El trasplante plantea otra posibilidad: incorporar tejidos eréctiles naturales, vasos, nervios y estructuras anatómicas muy difíciles de reproducir artificialmente. A cambio, introduce el coste médico de la inmunosupresión de larga duración y la incertidumbre del rechazo.

Un hito médico cuyo resultado completo necesitará tiempo

Ahí está la verdadera dimensión del primer trasplante de pene realizado en Vietnam. Más allá de lo inevitablemente llamativo de la intervención, los cirujanos han conseguido que vasos de apenas unos milímetros vuelvan a transportar sangre, que los nervios puedan iniciar su recuperación y que un órgano procedente de un donante fallecido se integre inicialmente en el cuerpo de otra persona.

La operación ha superado su primera gran prueba: el injerto permanecía viable y el paciente evolucionaba favorablemente en los controles iniciales. La prueba decisiva llegará con el seguimiento a medio y largo plazo, cuando pueda determinarse hasta qué punto recupera sensibilidad, función sexual y normalidad cotidiana.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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