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Salud

Noruega incorpora ketamina intravenosa contra la depresión resistente

Noruega incorpora la ketamina intravenosa a la sanidad pública para tratar la depresión resistente y determinados casos de riesgo suicida agudo.

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ketamina contra la depresión

Resumen

  • Noruega financia ketamina intravenosa para la depresión resistente
  • El tratamiento queda limitado a hospitales y centros especializados
  • También puede usarse ante riesgo suicida agudo bajo supervisión

Noruega ha incorporado la ketamina intravenosa a su sistema sanitario público como tratamiento para determinados pacientes con depresión resistente, un movimiento poco habitual en Europa que lleva un antiguo anestésico a un terreno donde durante años se movió entre ensayos clínicos, experiencias hospitalarias aisladas y consultas privadas. No es un tratamiento para cualquier depresión ni una alternativa automática a los antidepresivos: se reserva para casos graves que no han respondido adecuadamente a las terapias convencionales.

La decisión noruega permite emplear ketamina en dosis subanestésicas, mucho menores que las utilizadas durante una anestesia, y bajo vigilancia de profesionales sanitarios. El tratamiento debe realizarse por el momento en hospitales o centros especializados de salud mental y está sometido a seguimiento mediante registros o estudios clínicos. Hay un detalle esencial: su utilización contra la depresión continúa siendo fuera de la indicación oficialmente autorizada del medicamento, lo que en medicina se conoce como uso «off-label».

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La ketamina entra en el sistema público, pero con límites

El organismo noruego encargado de decidir qué nuevas terapias incorpora la sanidad especializada autorizó el 25 de agosto de 2025 el uso de ketamina para la depresión resistente al tratamiento. La medida convirtió una terapia que hasta entonces se utilizaba de forma limitada en algunos hospitales y centros privados en una opción financiada dentro de la asistencia pública.

La indicación es estrecha. Se habla de depresión resistente cuando una persona con trastorno depresivo mayor no obtiene una respuesta suficiente después de haber recibido adecuadamente al menos dos tratamientos antidepresivos. Las autoridades noruegas calculan que esta situación puede afectar aproximadamente al 30% de los pacientes con depresión mayor, un grupo especialmente difícil de tratar y con mayor riesgo de recaídas, deterioro funcional y mortalidad.

La gran diferencia respecto a buena parte de los antidepresivos habituales está en la velocidad. Mientras estos pueden necesitar varias semanas para desplegar plenamente sus efectos, la ketamina puede producir una mejoría de los síntomas en cuestión de horas en algunos pacientes. Eso no significa que funcione siempre, ni que una infusión borre una depresión de años. La respuesta puede ser intensa y rápida, pero también relativamente breve.

Noruega amplía su utilización ante el riesgo suicida

El sistema sanitario noruego dio otro paso el 24 de agosto de 2026: autorizó también la ketamina para pacientes con riesgo suicida agudo dentro de la atención especializada. La decisión parte precisamente de esa capacidad de actuar con rapidez, valiosa cuando el margen de tiempo es mínimo y esperar semanas a la respuesta de un antidepresivo puede resultar clínicamente insuficiente.

Los estudios evaluados por las autoridades noruegas apuntan a una reducción rápida de las ideas suicidas en algunos pacientes, a veces durante las primeras horas. La incertidumbre aparece después: el efecto parece más claro a corto plazo y todavía existen lagunas importantes sobre su duración. Por eso Noruega no presenta la ketamina como una solución independiente, sino como una intervención integrada en un plan psiquiátrico completo, con seguimiento y tratamiento de fondo.

Por qué un anestésico puede actuar contra la depresión

La historia resulta llamativa porque la ketamina no nació precisamente en una consulta de psiquiatría. Se utiliza desde hace décadas como anestésico y analgésico. A dosis subanestésicas, sin embargo, produce cambios cerebrales distintos de los buscados durante una operación.

Su acción se relaciona principalmente con el sistema del glutamato, uno de los grandes mecanismos de comunicación entre las neuronas. La ketamina bloquea determinados receptores llamados NMDA y provoca una cascada de cambios en la señalización neuronal. Dicho sin bata blanca: trabaja por una vía muy diferente a la utilizada por buena parte de los antidepresivos tradicionales, centrados sobre todo en neurotransmisores como la serotonina o la noradrenalina.

Ahí reside parte del interés científico. Una persona puede haber pasado por varios antidepresivos sin respuesta suficiente y, sin embargo, reaccionar ante un medicamento que actúa sobre otro mecanismo cerebral. No hay magia química, aunque la rapidez pueda dar esa impresión. El cerebro es bastante menos ordenado que un cuadro eléctrico.

La evaluación realizada por las autoridades noruegas examinó 19 ensayos clínicos aleatorizados y otros estudios no aleatorizados. Encontró evidencia de que una infusión de ketamina puede mejorar la respuesta frente a placebo y que varias administraciones muestran resultados favorables en determinados análisis. Al mismo tiempo, la propia revisión considera todavía incierta la evidencia a largo plazo.

El gran interrogante sigue siendo cuánto dura el efecto

Este es probablemente el punto menos vistoso y más importante. La ketamina ha cambiado la conversación sobre la depresión resistente porque puede actuar deprisa; lo que todavía no está tan claro es cómo mantener esa mejoría durante meses o años.

Los ensayos clínicos han encontrado reducciones significativas de los síntomas depresivos durante las primeras horas y días posteriores a la administración intravenosa. Los resultados sobre ideación suicida también son favorables durante la fase aguda. Pero los efectos mantenidos cuentan con una base científica bastante menos sólida. Ahí está, de momento, la principal zona gris.

Por eso el modelo noruego va acompañado de controles. La autorización para depresión resistente deberá revisarse antes de terminar 2028, mientras que la utilización ante riesgo suicida agudo está prevista para una nueva evaluación antes de finalizar 2029. No es una puerta abierta sin condiciones; más bien una puerta entreabierta, con médicos mirando desde ambos lados.

Los efectos adversos observados incluyen náuseas, cefalea, ansiedad y fenómenos disociativos, además de posibles alteraciones transitorias de la presión arterial y la percepción. El potencial de abuso tampoco desaparece porque el medicamento se utilice con fines terapéuticos. Esa es otra razón para que su administración permanezca vinculada a entornos sanitarios controlados y no se convierta en una especie de antidepresivo de uso doméstico.

Ketamina y esketamina no son exactamente lo mismo

Aquí suele empezar el pequeño laberinto de nombres. La decisión noruega se refiere principalmente a ketamina racémica intravenosa, una mezcla de dos formas moleculares del compuesto. La esketamina es una de esas dos formas y existe como medicamento específico administrado mediante pulverización nasal.

La esketamina nasal está autorizada en Europa para determinados adultos con depresión mayor resistente que no hayan respondido a tratamientos previos. Esa autorización comercial no convierte automáticamente a la ketamina intravenosa en un medicamento aprobado específicamente contra la depresión: Noruega utiliza esta última fuera de indicación, aunque después de haber realizado su propia evaluación de eficacia, seguridad y costes.

La distinción también importa en España. El Sistema Nacional de Salud financia desde noviembre de 2022 la esketamina nasal para determinados pacientes con depresión resistente, bajo condiciones específicas. La financiación española exige, entre otros criterios, el fracaso de varias estrategias antidepresivas previas. No es, por tanto, el mismo tratamiento intravenoso que Noruega ha incorporado a su sistema público.

Una apuesta sanitaria con una cuenta económica detrás

La decisión noruega tampoco se tomó únicamente mirando una gráfica de síntomas. La evaluación comparó costes con otras alternativas empleadas en depresiones especialmente difíciles, como la terapia electroconvulsiva, todavía uno de los tratamientos más eficaces para determinados cuadros graves pese al peso de su vieja —y muchas veces cinematográfica— mala fama.

El análisis estimó una serie de tratamiento con ketamina en unas 18.000 coronas noruegas, frente a aproximadamente 28.000 a 42.000 coronas para una serie de terapia electroconvulsiva, dependiendo de la pauta. Es una comparación económica, no una declaración de que ambas terapias sean intercambiables paciente por paciente, pero ayuda a entender por qué la discusión ha salido del laboratorio y ha llegado a los gestores sanitarios.

También cambia otra cosa: quién puede acceder. Mientras una terapia permanece confinada a clínicas privadas o programas experimentales, el bolsillo termina actuando como criterio médico por la puerta de atrás. Integrarla en la red sanitaria pública permite que la selección dependa, al menos en teoría, de la indicación clínica y no de la capacidad para pagar sesiones privadas.

Noruega convierte una promesa rápida en medicina vigilada

La entrada de la ketamina en la sanidad pública noruega no supone que la psiquiatría haya encontrado el esperado interruptor contra la depresión. Supone algo más concreto y, quizá por eso, más relevante: un tratamiento de acción rápida ha pasado del margen experimental a la práctica asistencial regulada para pacientes en los que las opciones habituales han fallado.

Quedan interrogantes importantes. Cuánto dura la respuesta, qué pacientes obtienen realmente el mayor beneficio, cuál es la mejor pauta de mantenimiento y qué riesgos aparecen después de tratamientos repetidos siguen siendo asuntos abiertos. Las autoridades noruegas lo reconocen al exigir registros, seguimiento y nuevas evaluaciones antes de consolidar definitivamente su utilización.

Pero el movimiento es significativo. Durante décadas, buena parte de la farmacología de la depresión avanzó modificando mecanismos conocidos y esperando semanas para comprobar el resultado. La ketamina ha colocado sobre la mesa otra posibilidad: actuar rápido y por una vía cerebral distinta, precisamente en algunos de los pacientes más difíciles de tratar. Noruega ha decidido que esa posibilidad merece un lugar dentro de su sistema público. No como milagro, sino como medicina sometida a vigilancia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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