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Rufián y Montero llaman a someter al PSOE desde la izquierda el 29-N

Rufián y Montero presentan su alianza electoral y desafían al PSOE con una estrategia para condicionarlo desde la izquierda tras el 29-N en España.

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Rufián y Montero

Resumen

  • Rufián y Montero quieren condicionar al PSOE desde su izquierda
  • ERC y Podemos convierten su alianza electoral en un pulso al bloque progresista
  • Vivienda, salarios y jornada laboral marcan su oferta para el 29-N

Gabriel Rufián e Irene Montero han convertido su primer gran acto conjunto de precampaña en una declaración de intenciones: ERC y Podemos quieren disputar al PSOE la dirección política de la izquierda y condicionar un eventual Gobierno socialista después de las elecciones generales del 29 de noviembre. Desde Nou Barris, en Barcelona, ambos candidatos han reivindicado su acuerdo electoral y han lanzado un mensaje especialmente áspero a los socialistas: su objetivo es «someter al PSOE desde su izquierda».

La frase, deliberadamente gruesa, resume bastante bien la estrategia. Rufián y Montero no plantean sustituir al PSOE como primera fuerza del bloque progresista —un escenario que las propias dimensiones electorales de sus partidos hacen difícil—, sino conseguir suficientes diputados para que Pedro Sánchez, si vuelve a tener opciones de gobernar, dependa de ERC, Podemos y otras fuerzas soberanistas para construir una mayoría parlamentaria. Es decir, menos obediencia al socio grande y más factura política por cada voto.

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ERC y Podemos estrenan su alianza en Barcelona

El acto se ha celebrado este sábado en la plaza Mayor de Nou Barris, un distrito barcelonés de fuerte tradición obrera y que en los últimos años ha sido terreno especialmente favorable para el PSC. No era un escenario escogido al azar. Allí ERC y Podemos han presentado públicamente una cooperación electoral tan peculiar como reveladora del estado actual de la izquierda: juntos en Cataluña, aliados en determinados actos fuera de ella y, al mismo tiempo, competidores de otras fuerzas progresistas.

Rufián ha sintetizado esa pretensión con otra de las frases del mitin: «El frente somos nosotros», una referencia nada disimulada a Frente Amplio, la candidatura que reúne a distintas fuerzas del espacio situado a la izquierda del PSOE.

Irene Montero también ha dirigido buena parte de su intervención hacia ese espacio. La candidata de Podemos sostiene que una izquierda demasiado próxima al PSOE corre el riesgo de convertirse en acompañante de los socialistas en lugar de condicionar sus políticas. La decisión de PSOE y Frente Amplio de concurrir conjuntamente al Senado ha servido a Podemos y ERC para apretar precisamente ahí, donde más duele: en la discusión sobre quién representa una alternativa verdaderamente autónoma dentro del bloque progresista.

La alianza entre republicanos y morados no es una coalición estatal clásica. Podemos ha renunciado a competir por separado en Cataluña y aporta candidatos independientes a las listas de ERC. A cambio, Rufián participará en actos de Podemos fuera de Cataluña junto a Montero. Es una fórmula hecha casi a medida, con las costuras visibles, pero permite a ambos evitar dividir todavía más determinados electorados.

«Someter al PSOE», la expresión que marca el discurso

La palabra elegida por Rufián no es nueva. El dirigente republicano ya había defendido la idea de obligar al PSOE a aceptar reformas desde una posición parlamentaria fuerte. Lo significativo es que esa tesis aparece convertida ahora en uno de los ejes de una campaña compartida con Podemos: presionar al PSOE desde su izquierda y convertir cada apoyo parlamentario en una negociación política.

Conviene separar la retórica del mecanismo real. Nadie puede «someter» institucionalmente a otro partido más allá de la aritmética parlamentaria. Lo que ERC y Podemos plantean es bastante menos épico y mucho más reconocible en el Congreso: disponer de suficientes escaños para que una investidura, unos Presupuestos o determinadas leyes necesiten sus votos.

Rufián reivindica, de hecho, el papel que durante la última legislatura han desempeñado diferentes fuerzas de izquierda y soberanistas para empujar al Ejecutivo hacia posiciones que, según su lectura, el PSOE no habría asumido por iniciativa propia. La intención para después del 29-N es repetir esa lógica con más capacidad de presión.

Montero ha sido todavía más directa con los socialistas. Ha acusado al PSOE de limitar parte de su respuesta frente a los poderes económicos a «tuitear muy fuerte contra los de arriba», mientras Podemos pretende llevar la confrontación a cuestiones materiales como los alquileres, los salarios o la jornada laboral.

Ahí aparece la verdadera batalla electoral. Mucho verbo de alto octanaje, sí, pero detrás existe una disputa bastante terrenal: quién se queda con el voto situado a la izquierda del PSOE y quién puede convertir esos votos en escaños decisivos después de las elecciones.

Vivienda, salarios y jornada laboral centran sus propuestas

El mitin se ha celebrado bajo el lema «Casa, vida, futuro» y la vivienda ha ocupado buena parte del discurso. Rufián y Montero han coincidido en presentar el acceso a una casa como una de las fracturas sociales centrales de la próxima legislatura y han defendido medidas contundentes contra los grandes propietarios y los fondos de inversión.

Montero ha situado entre sus objetivos una subida del salario mínimo hasta los 1.800 euros y una reducción de la jornada laboral a 30 horas semanales. También ha defendido intervenir sobre el mercado inmobiliario y expropiar viviendas en manos de los llamados fondos buitre.

No ha sido, pese a todo, un acto especialmente cargado de medidas concretas. La política de alianzas se ha comido buena parte del escenario. ERC y Podemos necesitaban explicar por qué caminan juntos cuando el espacio situado a la izquierda del PSOE ha dedicado buena parte de los últimos meses a negociar, romper y reconstruir distintas fórmulas de unidad.

Y ahí está la paradoja. La campaña que debía demostrar la capacidad de recomposición de la izquierda empieza mostrando, precisamente, varias izquierdas compitiendo entre sí por demostrar cuál es la más autónoma frente al PSOE.

Rufián carga contra Junts y rechaza el voto útil al PSC

El candidato de ERC ha reservado buena parte de sus ataques para la política catalana. Rufián ha rechazado que el PSC pueda presentarse como refugio del voto útil frente a una eventual mayoría de PP y Vox y ha defendido que los republicanos pueden condicionar con mayor eficacia a un futuro Gobierno socialista.

También ha golpeado a Junts. El republicano ha reprochado al partido de Carles Puigdemont sus coincidencias parlamentarias con PP y Vox en votaciones económicas y laborales, contraponiendo esas decisiones al discurso nacionalista de la formación.

El argumento conecta con el giro que Rufián lleva tiempo intentando imprimir a su perfil: menos discusión identitaria aislada y más combinación entre soberanismo, agenda social y cooperación con fuerzas de izquierda del resto de España. Una operación que dentro de ERC tampoco ha resultado precisamente pacífica. El pacto con Podemos busca reforzar ese perfil y ampliar la presencia de ERC más allá del debate estrictamente catalán.

Su acuerdo con los morados ha generado recelos entre sectores republicanos y ha tensado todavía más las relaciones con otras formaciones progresistas. Rufián intenta cuadrar un círculo complicado: mantener a ERC como fuerza soberanista de referencia en Cataluña y, al mismo tiempo, convertirse en una figura reconocible dentro de una izquierda estatal fragmentada.

Podemos y ERC no actuarán igual en toda España

La cooperación tiene, además, límites geográficos bastante claros. La sintonía con Podemos no significa que Rufián vaya a respaldar a los morados en todos los territorios. ERC mantiene vínculos políticos históricos con otras fuerzas soberanistas y el dirigente republicano conserva una relación política preferente con EH Bildu y BNG en sus respectivos territorios.

El mapa resultante parece más un mosaico que una coalición convencional. Podemos y ERC colaboran en Cataluña y pueden compartir actos en otros puntos del Estado, mientras los republicanos mantienen sus propias alianzas. No es exactamente un gran frente unitario. Es una red de acuerdos distintos según el territorio, construida para intentar reducir el daño electoral de la fragmentación.

Montero endurece el choque con Feijóo

Irene Montero también ha dedicado una parte importante de su intervención al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, después de sus posiciones sobre igualdad y aborto. La candidata morada ha acusado al dirigente popular de plantear un retroceso en los derechos de las mujeres y ha colocado la política feminista entre los ejes de confrontación de Podemos durante la campaña.

El PP ha situado el Ministerio de Igualdad entre los elementos de la política gubernamental que pretende modificar si alcanza el poder, mientras el aborto ha regresado al debate de precampaña. Montero trata de recuperar así uno de los terrenos que durante años sirvió a Podemos para diferenciarse tanto de la derecha como del PSOE.

El escenario electoral que dibujan ERC y Podemos tiene, por tanto, dos adversarios distintos. Frente a PP y Vox plantean una barrera política e ideológica. Frente al PSOE y sus competidores dentro del bloque progresista, una pelea por el liderazgo y por la autonomía. No es la misma batalla, aunque durante un mitin resulte tentador meterlas todas en el mismo saco.

La batalla por quién manda a la izquierda del PSOE

El acto de Nou Barris deja algo más que una colección de frases rotundas. ERC y Podemos han decidido convertir su autonomía respecto al PSOE en uno de los grandes argumentos de campaña y presentarse como las fuerzas capaces de condicionar a los socialistas desde fuera de su espacio electoral.

La estrategia tiene un riesgo evidente. Mientras cada partido intenta demostrar que es el verdadero contrapeso del PSOE, la fragmentación del voto puede acabar reduciendo la representación conjunta de la izquierda en determinadas circunscripciones. La ley electoral tiene poca sensibilidad para las épicas partidistas: reparte escaños, no certificados de autenticidad ideológica.

Pero Rufián y Montero han elegido ese terreno. Frente a los acuerdos electorales del PSOE con otras fuerzas progresistas y después del fracaso de una candidatura unitaria más amplia, ambos quieren convertir su alianza en un polo propio de presión parlamentaria. No aspiran a acompañar al PSOE, sostienen; aspiran a obligarlo a negociar.

La medida real de esa apuesta llegará con las urnas del 29 de noviembre. Porque una cosa es proclamar desde un escenario que «el frente somos nosotros» y otra, bastante menos teatral, reunir los diputados suficientes para que la consigna se convierta en poder efectivo dentro del Congreso.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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