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Australia gana 24-22 a los Kiwis con triplete de Bostock en el Mundial
Australia arrancó el Mundial con un 24-22 sobre Nueva Zelanda, triplete de Jack Bostock y una fractura de brazo que marcó el debut de Kalyn Ponga
Fuente de la imagen: Instagram
Resumen
- Australia venció 24-22 a los Kiwis en un estreno decidido al final
- Jack Bostock firmó tres ensayos en su debut con los Kangaroos
- Kalyn Ponga marcó dos veces y jugó con el brazo izquierdo fracturado
Australia abrió el Mundial de rugby league de 2026 con una victoria de esas que dejan poco espacio para mirar el marcador con tranquilidad. Los Kangaroos derrotaron 24-22 a Nueva Zelanda en el Allianz Stadium de Sídney después de un partido que cambió de dueño varias veces y que decidió Jack Bostock, debutante con la selección australiana, con un triplete coronado a cuatro minutos del final.
Los Kiwis, nombre con el que se conoce a la selección neozelandesa de rugby league, estuvieron muy cerca de derribar al vigente campeón. Kalyn Ponga marcó dos ensayos en su esperado estreno con Nueva Zelanda y jugó durante unos 20 minutos con el brazo izquierdo fracturado antes de abandonar el campo. Las pruebas posteriores confirmaron que deberá pasar por el quirófano, aunque continuará concentrado con el equipo mientras se evalúa su evolución.
Hubo de todo en Sídney. Intercepciones de casi 90 metros, ensayos anulados, una exclusión temporal, un Reece Walsh que llegó a vomitar junto al terreno de juego y un final decidido prácticamente sobre la bocina. El Mundial necesitaba una presentación; Australia y Nueva Zelanda optaron por montar directamente una película.
Jack Bostock convierte su debut en una noche de tres ensayos
El nombre propio fue Jack Bostock. El jugador de los Dolphins disputaba su primer encuentro con Australia y terminó con tres ensayos, 231 metros recorridos y el premio al mejor jugador del partido. No está mal para estrenarse: algunos necesitan varias convocatorias para dejar una fotografía; Bostock llenó el álbum en 80 minutos.
Nueva Zelanda empezó mejor. Casey McLean abrió el marcador en el minuto cuatro con una acción acrobática en la esquina después de una jugada iniciada por Jahrome Hughes y prolongada por Ronaldo Mulitalo e Isaiah Papali’i. Jamayne Isaako convirtió y colocó el 0-6.
Los Kiwis manejaban el balón, presionaban y obligaban a Australia a defender más de lo previsto. Pero los campeones encontraron una vía mucho más directa: robar y correr. En el minuto 20, Bostock interceptó un pase de Hughes y recorrió 88 metros para anotar el primer ensayo australiano.
La escena se repitió poco después. Tom Trbojevic leyó un pase de McLean, se anticipó y salió disparado durante unos 85 metros hasta colocar a Australia por delante. Los Kangaroos habían convertido dos errores neozelandeses en dos golpes secos, casi clínicos.
El descanso llegó con 10-10 después de que Kotoni Staggs fuera enviado diez minutos al sin bin por frenar a Kodi Nikorima cuando perseguía un balón peligroso cerca de la zona de marca.
Ponga deslumbró a los Kiwis antes de romperse el brazo
La segunda mitad tuvo a Kalyn Ponga como protagonista. Su incorporación a Nueva Zelanda era uno de los grandes focos previos al Mundial y la expectación tardó poco en encontrar una explicación sobre el césped.
Ponga anotó su primer ensayo internacional con los Kiwis apenas reanudado el juego y volvió a aparecer en el minuto 60 con una acción individual magnífica. Recibió lejos de la línea de ensayo, atravesó la defensa australiana, dejó atrás a Cameron Munster y superó a Walsh con un cambio de dirección antes de apoyar el balón junto a los palos.
Nueva Zelanda se colocaba 22-16 y durante unos minutos pareció tener Australia exactamente donde quería.
Lo extraordinario es que Ponga ya estaba lesionado. El lateral había sufrido la fractura del radio izquierdo alrededor del minuto 51 tras un contacto durante una acción defensiva y siguió jugando aproximadamente otros 20 minutos. Terminó abandonando el terreno en el 70, sustituido por Keano Kini. Las pruebas posteriores confirmaron la fractura y la necesidad de una operación.
El jugador permanecerá en la concentración neozelandesa. La puerta a un regreso durante el campeonato dependerá de su evolución médica y del avance de los Kiwis en el torneo, aunque una lesión de este calibre convierte cualquier calendario optimista en algo bastante más frágil que una previsión sobre el papel.
Nueva Zelanda prepara una alternativa para Ponga
La opción inmediata es Keano Kini, lateral de Gold Coast, que terminó el encuentro después de la salida de Ponga y aparece como principal candidato para ocupar el número 1 frente a las Islas Cook.
La ausencia modifica bastante más que un nombre en la alineación. Ponga acumuló 253 metros en carrera, tres rupturas de línea y cinco defensores superados ante Australia. Su capacidad para recibir detrás de la primera línea y convertir una pequeña ventaja en una carrera abierta fue uno de los principales problemas para la defensa australiana.
Los Kiwis conservan potencia, velocidad y un bloque de delanteros de enorme nivel, pero pierden, al menos provisionalmente, al jugador que mejor había conectado esas piezas en el estreno.
Reece Walsh vomitó, volvió al partido y marcó un ensayo decisivo
En el otro lado del duelo de laterales estaba Reece Walsh, protagonista de una noche bastante menos convencional. Regresaba después de varias semanas fuera por una lesión de sindesmosis y su elección por delante del veterano James Tedesco había generado debate en Australia.
Respondió a su manera. Primero evitó un ensayo de Ponga con un placaje desesperado cerca de la banda. Después protagonizó una carrera de unos 80 metros tras recibir una descarga de Bostock y terminó anotando para colocar el 22-20.
Entre una cosa y otra, Walsh sufrió vómitos y calambres. Llegó a encontrarse indispuesto junto al campo justo cuando debía encargarse de una transformación, por lo que Latrell Mitchell asumió el lanzamiento y lo falló. Walsh pudo continuar y acabó participando en los minutos que decidieron el choque.
No fue un episodio completamente desconocido para él. El propio jugador ha explicado que los vómitos asociados al esfuerzo le han acompañado desde pequeño. Una particularidad bastante poco glamurosa para uno de los jugadores más eléctricos del campeonato, pero el deporte de élite tiene estas cosas: cámaras, focos, himnos, estadios llenos y, de pronto, el cuerpo recordando que sigue teniendo sus propias normas.
El ensayo de Bostock que dejó a Nueva Zelanda sin premio
Cuando quedaban cuatro minutos, Nueva Zelanda todavía mandaba 22-20. Australia necesitaba un ensayo y volvió a mirar hacia Bostock.
El extremo ganó por arriba un balón ante Isaako y apoyó para completar su hat-trick. Walsh falló la posterior transformación, pero el 24-22 terminó siendo suficiente.
Australia resistió la última posesión neozelandesa y arrancó su defensa del título con una victoria que amplía a 19 su racha de triunfos consecutivos en Mundiales. Bostock se convirtió, además, en el primer jugador australiano que logra tres ensayos en su debut desde Campbell Graham frente a Escocia en el Mundial de 2022.
El resultado quizá no refleje del todo la sensación que dejó el encuentro. Nueva Zelanda dominó fases largas, especialmente con su juego de delanteros, y estuvo a cuatro minutos de ganar. Australia, en cambio, hizo lo que suelen hacer los grandes equipos cuando el partido se vuelve incómodo: sobrevivió a sus peores momentos y exprimió cada error contrario.
Un Australia-Nueva Zelanda con ambiente de gran final
El estreno reunió a 41.255 espectadores en el Allianz Stadium, una entrada extraordinaria para un partido de rugby league en Sídney y una señal de la dimensión que había adquirido el encuentro antes incluso del inicio.
No era una final, ni siquiera una eliminatoria. Era el primer encuentro de la fase de grupos. Pero Australia y Nueva Zelanda tienen una rivalidad capaz de saltarse esas formalidades.
El haka de los Kiwis, la respuesta de una grada abarrotada y la sucesión de carreras abiertas terminaron dando al comienzo del torneo una dimensión poco habitual. El seleccionador australiano Kevin Walters situó el partido entre los mejores que había presenciado en mucho tiempo, mientras el capitán neozelandés James Fisher-Harris destacó el ambiente vivido en Sídney.
Y resulta difícil discutirles demasiado después de 80 minutos de alternativas en los que el ganador no quedó claro hasta los últimos instantes.
Los Kiwis pierden el partido, pero no salen pequeños
La clasificación registra algo sencillo: Australia, 24; Nueva Zelanda, 22. Para los Kiwis es una derrota y no hay maquillaje estadístico capaz de convertirla en otra cosa.
Pero tampoco fue una derrota que empequeñezca sus aspiraciones. Nueva Zelanda atacó con profundidad, encontró espacios alrededor de la defensa australiana y obligó al campeón a vivir de acciones extraordinarias. James Fisher-Harris y Naufahu Whyte sumaron entre ambos más de 300 metros de carrera, mientras Jahrome Hughes manejó buena parte del juego neozelandés.
El gran problema pasa por Ponga. La fractura introduce una incertidumbre enorme en una selección que acababa de comprobar hasta qué punto podía cambiar los partidos con él en el campo.
Nueva Zelanda jugará su siguiente encuentro ante Islas Cook en Christchurch, mientras Australia viajará a Brisbane para enfrentarse a Fiji en el Suncorp Stadium. Los dos equipos mantienen intactas sus opciones de avanzar, aunque el estreno dejó flotando una posibilidad bastante atractiva para el campeonato: que vuelvan a encontrarse cuando perder ya no permita una segunda oportunidad.
Un Mundial que empezó sin pedir permiso
El primer gran mensaje del torneo no lo dejó una declaración, sino un marcador. Australia sigue ganando, pero Nueva Zelanda está lo bastante cerca como para hacerle daño de verdad.
Bostock salió del anonimato internacional con tres ensayos en su debut, Walsh convirtió una noche físicamente incómoda en una actuación decisiva y Ponga maravilló incluso después de haberse fracturado el brazo. Todo eso ocurrió en el mismo partido. Un comienzo discretito, vaya.
Para los Kiwis queda la frustración de haber tenido al campeón contra las cuerdas y dejar escapar la victoria en el minuto 76. Para Australia, algo más valioso que una exhibición temprana: la confirmación de que incluso cuando el partido se rompe, el rival domina y el reloj aprieta, todavía encuentra a alguien capaz de decidirlo.
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