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Ciencia

Hallan cómo buscar vida en Encélado sin perforar kilómetros de hielo

El natrón podría atrapar pequeñas muestras del océano subterráneo de Encélado y ofrecer una vía más sencilla para buscar posibles señales de vida.

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el océano de Encélado

Imagen: NASA/JPL, dominio público.

Resumen

  • El natrón puede atrapar diminutas muestras del océano de Encélado
  • Esas inclusiones podrían conservar compuestos útiles para buscar vida
  • Una futura misión podría estudiarlas sin perforar kilómetros de hielo

Buscar vida en el océano oculto de Encélado podría no exigir atravesar kilómetros de hielo. Un equipo de científicos ha descubierto que el natrón, un carbonato de sodio hidratado que podría formarse en esta luna de Saturno, es capaz de encerrar diminutas bolsas del líquido del que procede. Si el océano contiene señales químicas o biológicas de vida, algunas podrían quedar preservadas dentro de esos cristales.

La propuesta cambia bastante el problema. En vez de intentar alcanzar directamente el mar subterráneo, una misión podría buscar natrón entre los materiales que Encélado expulsa mediante sus géiseres, identificar depósitos recientes cerca del polo sur y analizarlos. Sería, en la práctica, estudiar pequeñas muestras del interior que la propia luna ha llevado hasta la superficie.

El hallazgo procede de un estudio dirigido por Liam J. Perera, del laboratorio británico Diamond Light Source, cuyos investigadores observaron por primera vez inclusiones fluidas dentro de natrón formado a temperaturas criogénicas. Esas diminutas cavidades pueden conservar información sobre el líquido original y, precisamente por eso, resultan interesantes para la búsqueda de posibles biosignaturas.

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El natrón puede guardar una muestra del océano

El natrón es carbonato de sodio decahidratado, con fórmula Na₂CO₃·10H₂O. No es precisamente el mineral más célebre del sistema solar, pero aquí tiene una propiedad valiosa: cuando cristaliza a partir de una solución que se congela puede encerrar pequeñas cantidades del líquido dentro de su estructura.

Esas cavidades reciben el nombre de inclusiones fluidas. En geología terrestre llevan mucho tiempo utilizándose como pequeñas cápsulas del tiempo, porque permiten reconstruir la composición de antiguos fluidos y las condiciones en las que se formaron determinados minerales.

La importancia para Encélado es evidente. Si parte del agua de su océano asciende por las fracturas, forma gotas, se enfría y termina cristalizando, el natrón podría conservar algo del líquido original. En principio, también podría proteger compuestos orgánicos o posibles biosignaturas, siempre que existan en ese océano. El estudio no demuestra que haya vida; demuestra un mecanismo mediante el cual algunas de sus señales podrían quedar atrapadas.

Cómo se comprobó en un sincrotrón

El equipo preparó en laboratorio una solución de cloruro de sodio y carbonato de sodio diseñada para reproducir algunos componentes fundamentales de la química esperada en Encélado. Después siguió su congelación mediante microtomografía de rayos X y difracción, utilizando las instalaciones del sincrotrón Diamond Light Source, en Reino Unido.

Los científicos pudieron observar en tiempo real cómo aparecían el hielo y diferentes minerales. Entre ellos surgieron cristales de natrón y, dentro de algunos, pequeñas cavidades que habían quedado encerradas durante el crecimiento cristalino.

El efecto fue especialmente claro en los cristales de mayor tamaño. En el experimento se analizaron 3.779 granos minerales: las inclusiones eran poco frecuentes en el conjunto de la muestra, pero su presencia aumentaba conforme lo hacía el tamaño de los cristales.

No es una curiosidad de laboratorio sin más. Los depósitos formados cerca de los chorros de Encélado podrían contener partículas mayores que las que la sonda Cassini consiguió interceptar durante sus sobrevuelos, algo que aumentaría el interés de estudiarlos directamente sobre la superficie.

Encélado ya expulsa su océano al espacio

Encélado tiene apenas unos 500 kilómetros de diámetro, pero se ha convertido en uno de los lugares más prometedores para estudiar ambientes potencialmente habitables fuera de la Tierra. Bajo su corteza helada existe un océano global de agua salada y parte de ese material sale despedido al espacio a través de grandes fracturas próximas al polo sur.

Son las célebres «rayas de tigre», largas fisuras desde las que brotan vapor de agua y partículas de hielo. Para los astrobiólogos suponen una ventaja extraordinaria: permiten estudiar indirectamente un océano subterráneo sin tener que atravesar físicamente toda la corteza que lo cubre.

Cassini cruzó esos penachos y analizó partículas expulsadas desde el interior. Años después del final de la misión, sus datos siguen produciendo resultados. Los análisis han revelado sales, fósforo y numerosos compuestos orgánicos, ingredientes que aumentan el interés científico de esta pequeña luna de Saturno.

Agua líquida, energía interna, sales, fósforo y química orgánica. El inventario convierte a Encélado en un candidato excepcionalmente interesante. Pero habitabilidad no significa vida. Tener condiciones adecuadas para determinados procesos biológicos no demuestra que estos hayan aparecido alguna vez.

No es una detección de vida, sino una nueva forma de buscarla

Ese matiz es fundamental. Los científicos no han encontrado microorganismos en Encélado ni una molécula que pueda considerarse una prueba inequívoca de actividad biológica. Tampoco se ha identificado directamente natrón sobre la superficie de la luna.

El avance consiste en demostrar experimentalmente que este mineral puede funcionar como una trampa para el fluido original. Si el natrón realmente se forma en Encélado y algunas de sus inclusiones proceden del océano, su análisis podría proporcionar información química del interior sin perforar la capa de hielo.

Hay otra ventaja. El hielo superficial está sometido al vacío y a partículas energéticas capaces de modificar materiales delicados. Los minerales salinos podrían ofrecer cierta protección adicional, de manera que el natrón quizá preserve mejor algunas señales geoquímicas o biológicas que una muestra directamente expuesta al entorno espacial.

La idea, en el fondo, es bastante sencilla: no ir hasta el océano, sino analizar lo que el océano lleva arriba.

La limitación que todavía debe resolverse

El experimento tampoco reproduce Encélado al milímetro. Los investigadores utilizaron una solución con una concentración superior a algunas estimaciones del océano de la luna para poder observar mejor la formación del natrón. Eso obliga a ser prudentes al trasladar los resultados del laboratorio al entorno real de Encélado.

Con concentraciones más bajas podrían formarse menos cristales y menos inclusiones. El proceso sigue siendo físicamente plausible, pero su abundancia real en Encélado todavía tiene que comprobarse mediante observaciones o una futura misión.

Y queda un detalle nada menor: el natrón no ha sido confirmado directamente en la superficie. Cassini detectó sodio, cloro y especies químicas relacionadas con carbonatos en el material expulsado, pero sus instrumentos no podían determinar con precisión todos los minerales concretos presentes en los depósitos.

Una futura misión podría ir directa a los depósitos frescos

Los investigadores plantean que las próximas sondas capaces de estudiar Encélado incluyan instrumentos adecuados para reconocer natrón y otros carbonatos hidratados. El primer paso sería localizar estos minerales y, después, priorizar las zonas donde se acumule material reciente procedente de los penachos.

La ubicación importa. Las partículas pequeñas pueden alcanzar grandes alturas, mientras que las mayores tienden a caer nuevamente cerca de las fracturas. Junto a esos respiraderos podrían depositarse cristales más grandes y, por tanto, potencialmente más interesantes para encontrar inclusiones con restos del líquido original.

Encélado se encuentra entre los objetivos prioritarios para la exploración científica de las próximas décadas. La Agencia Espacial Europea ha estudiado conceptos de misión que contemplan observar la luna desde la órbita y analizar directamente materiales de su superficie, con especial interés en la región del polo sur.

No sería una misión sencilla ni inmediata. Pero decidir qué minerales detectar, dónde aterrizar y qué partículas recoger puede marcar la diferencia entre analizar hielo superficial alterado o acceder a material mucho más representativo del océano escondido bajo la corteza.

Un mineral discreto cambia el mapa de la búsqueda

El interés del nuevo trabajo está menos en anunciar vida extraterrestre que en reducir la distancia científica hasta sus posibles señales. Encélado mantiene su océano fuera del alcance directo, protegido por una gruesa cubierta helada, pero al mismo tiempo arroja parte de su contenido al espacio.

Si los cristales de natrón realmente guardan pequeñas porciones del agua de origen, una futura misión podría analizar un archivo microscópico del océano sin acometer una perforación de enorme complejidad. Y si allí hubiera moléculas relacionadas con procesos biológicos, algunas quizá hayan quedado encerradas en esas diminutas cavidades.

De momento, no existe una prueba de vida en Encélado. Lo que sí aparece es una vía más concreta para buscarla: estudiar minerales capaces de conservar pequeñas muestras del océano que la propia luna expulsa hacia la superficie.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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