Tecnología
Una cantante de IA dice estar «embarazada» y se aparta de BABYQUEEN
Mity, cantante virtual de BABYQUEEN, anunció un embarazo ficticio y se apartó del grupo. Sus creadoras admitieron que querían reducir trabajo.
Resumen
- Mity, cantante virtual de BABYQUEEN, anunció que estaba «embarazada»
- Sus creadoras inventaron la historia para reducir la carga de trabajo
- El caso superó los 78 millones de visualizaciones y abrió una polémica
Una integrante de BABYQUEEN, un grupo femenino virtual chino inspirado en la estética del K-pop, ha suspendido temporalmente su actividad después de anunciar que estaba «embarazada». Hay un detalle que cambia por completo la historia: Mity no existe físicamente. Es un personaje digital generado mediante inteligencia artificial.
El supuesto embarazo tampoco es real. Las responsables del proyecto reconocieron después que recurrieron a esa historia para retirar temporalmente al personaje y aliviar el trabajo que suponía mantener activas varias identidades digitales a la vez. La explicación, lejos de apagar el asunto, convirtió a un grupo con una audiencia relativamente pequeña en protagonista de una enorme conversación en las redes sociales chinas.
Mity anunció que estaba «embarazada» y se apartaba del grupo
La historia comenzó en octubre, cuando los perfiles vinculados a BABYQUEEN comunicaron que Mity suspendería sus actividades. El anuncio imitaba con bastante fidelidad el lenguaje habitual de las agencias de entretenimiento cuando una artista real atraviesa una situación personal que obliga a modificar su agenda.
Después apareció un mensaje escrito desde la perspectiva de la propia Mity. El personaje aseguraba haber descubierto recientemente que estaba embarazada y explicaba que, tras hablar con la empresa y sus compañeras, había decidido tomarse un descanso para centrarse en descansar y recuperarse.
También se disculpaba por alterar los planes del grupo y por afectar al trabajo de las demás integrantes. Todo estaba escrito como si detrás de la cuenta hubiese una cantante de carne y hueso gestionando una situación personal delicada. Pero el embarazo formaba parte de la ficción.
Mity es una creación virtual y la maternidad fue una decisión narrativa de quienes gestionaban el proyecto. Precisamente esa mezcla de comunicado aparentemente serio y personaje inexistente fue lo que terminó disparando la atención alrededor de BABYQUEEN.
BABYQUEEN nació como un grupo virtual inspirado en el K-pop
BABYQUEEN apareció en septiembre de 2026 como un proyecto creado por jóvenes aficionadas al K-pop. El grupo nació con cinco personajes virtuales, cada uno con identidad, aspecto y personalidad propios, construidos digitalmente para reproducir muchos de los códigos de las bandas musicales reales.
Tras la salida temporal de Mity, cuatro integrantes continuaron activas. El proyecto utiliza además el nombre BABYPVSSY Entertainment como cuenta matriz, aunque sus responsables han explicado que no se trata de una gran compañía musical, sino de una iniciativa impulsada por estudiantes aficionadas a este tipo de contenido.
Las cuentas estaban vinculadas a Liaoning, en el noreste de China, y antes de la polémica BABYQUEEN apenas rondaba el millar de seguidores. Una comunidad reducida para las dimensiones de las grandes plataformas chinas.
El embarazo cambió la escala de todo.
El anuncio superó los 78 millones de visualizaciones en Weibo
La noticia empezó a circular mucho más allá de los seguidores habituales del grupo. El tema relacionado con el embarazo de Mity llegó a superar los 78 millones de visualizaciones en Weibo, convirtiendo un pequeño experimento de entretenimiento digital en un fenómeno viral.
Parte de la conversación se tomó la historia con humor. Algunos usuarios se preguntaban quién podía ser el padre de un bebé concebido por una cantante que no tiene cuerpo; otros bromeaban con que los responsables del grupo se habían quedado sin tokens o recursos para mantener tantos personajes simultáneamente.
La reacción, sin embargo, no fue únicamente cómica. También aparecieron críticas por emplear el embarazo y la maternidad como recurso narrativo. Varios usuarios consideraron frívolo convertir una experiencia física con consecuencias reales para millones de mujeres en una trama destinada a justificar la salida de un personaje digital.
La paradoja era difícil de ignorar: una figura completamente artificial estaba reproduciendo uno de los acontecimientos más específicamente biológicos de la vida humana. Y lo hacía con comunicado oficial, pausa profesional y petición de privacidad incluidos.
Las creadoras admitieron que gestionar el grupo era demasiado trabajo
La repercusión obligó a las responsables de BABYQUEEN a explicar qué había ocurrido. En una publicación que posteriormente fue retirada, se describieron como unas estudiantes aficionadas al K-pop y reconocieron las dificultades de gestionar simultáneamente varias identidades digitales.
Cada integrante necesitaba imágenes, publicaciones, personalidad propia y continuidad narrativa. Mantener cinco personajes aparentemente independientes suponía una carga de trabajo mayor de la prevista, por lo que decidieron reducir la formación.
En lugar de hacer desaparecer a Mity sin más, buscaron una explicación dentro del universo ficticio de BABYQUEEN. El resultado fue el embarazo. Las propias responsables terminaron admitiendo que la elección del argumento había sido poco acertada.
También aseguraron que el proyecto no les había generado dinero y denunciaron haber sufrido ataques personales después de que la historia se hiciera viral. Una ocurrencia concebida para resolver un problema de gestión terminó convertida en una polémica internacional sobre inteligencia artificial.
La nueva música alimentó las sospechas de una maniobra promocional
El episodio adquirió todavía más notoriedad porque, coincidiendo con el anuncio, las cuatro integrantes restantes aparecieron vinculadas a nuevo contenido musical. La proximidad entre ambas publicaciones hizo que algunos usuarios interpretaran el embarazo como una estrategia deliberada para conseguir publicidad.
Las responsables del grupo sostuvieron, sin embargo, que necesitaban reducir el número de personajes que gestionaban y que la historia nació como una forma de explicar la ausencia de Mity. No hay base suficiente para afirmar que todo fuese diseñado desde el principio como una campaña de promoción.
Lo indiscutible es el resultado: un grupo prácticamente desconocido logró una difusión desproporcionadamente mayor que la que tenía antes del anuncio. En internet, a veces basta una decisión extraña para alterar por completo el tamaño de una audiencia.
Los ídolos virtuales se parecen cada vez más a personas reales
El caso de BABYQUEEN pertenece a un fenómeno bastante más amplio. China y otros mercados asiáticos llevan años desarrollando ídolos, actores e influencers virtuales capaces de reunir seguidores, protagonizar campañas publicitarias, publicar contenido cotidiano o mantener perfiles sociales propios.
La inteligencia artificial generativa ha reducido todavía más las barreras de entrada. Ya no basta con diseñar un personaje estático: es posible producir fotografías, vídeos, música, textos y conversaciones con enorme rapidez, construyendo personalidades digitales aparentemente continuas.
Eso permite que un personaje tenga amistades, conflictos, aficiones, relaciones sentimentales o problemas profesionales. Y ahí aparece la cuestión que ha colocado Mity en el centro del debate: cuanto más humana pretende resultar una identidad artificial, más fácil es trasladarle experiencias humanas reales.
Enfermedades, rupturas, bodas o embarazos pueden convertirse en argumentos para mantener vivo un personaje. Técnicamente es sencillo. La discusión empieza cuando esas experiencias dejan de ser un mero elemento de ficción y se presentan en redes sociales utilizando los mismos códigos que emplearía una persona real.
Una identidad inventada puede provocar reacciones muy reales
Los personajes virtuales funcionan porque el público acepta voluntariamente cierta ficción. No es demasiado distinto de seguir una serie, una novela o un videojuego. La diferencia aparece cuando esa ficción utiliza el lenguaje de las redes sociales personales y adopta la apariencia de una confesión auténtica.
Mity comunicó su supuesto embarazo con el tono de una celebridad real. Se disculpó, habló de descansar y pidió comprensión. El formato estaba construido para resultar reconocible como una comunicación íntima y personal, aunque quien hablaba fuese una creación digital.
Ese salto explica buena parte de la polémica. La discusión no consiste realmente en si una inteligencia artificial puede quedarse embarazada —no puede—, sino en hasta dónde pueden llegar quienes crean estas identidades cuando utilizan la vida humana como material narrativo.
El extraño futuro de Mity después de su «embarazo»
La retirada de la cantante virtual no tiene por qué ser definitiva. Los responsables del proyecto llegaron a plantear posibles caminos para Mity después de su salida de BABYQUEEN, entre ellos una hipotética carrera como actriz virtual o incluso la creación de contenido relacionado con maternidad y bebés.
La idea añade otra capa de extrañeza al episodio: un embarazo inventado para reducir trabajo podría terminar convirtiéndose en parte permanente de la identidad comercial y narrativa del personaje.
El caso muestra hasta qué punto empiezan a mezclarse las fronteras entre personaje, influencer y artista virtual. La inteligencia artificial permite construir figuras cada vez más convincentes, pero también genera situaciones que hace pocos años habrían parecido una parodia demasiado evidente.
Mity no está embarazada. Tampoco ha dejado definitivamente una carrera musical en el sentido tradicional. Las responsables de un proyecto de entretenimiento digital necesitaban gestionar menos personajes y eligieron una explicación ficticia para apartarla temporalmente.
Una pequeña ficción que terminó convertida en fenómeno viral
BABYQUEEN probablemente habría seguido siendo un pequeño experimento de internet si sus creadoras hubieran retirado discretamente a una integrante. El supuesto embarazo convirtió una decisión interna en un fenómeno con decenas de millones de visualizaciones.
Y ahí está la parte más reveladora del episodio. No demuestra que una inteligencia artificial tenga una vida propia, sino algo bastante más conocido: los humanos reaccionamos ante las historias, incluso cuando sabemos perfectamente que quien las protagoniza no existe.
La tecnología cambia deprisa. La necesidad de inventar personajes, seguirlos y discutir sobre ellos, bastante menos.
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