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España y nueve países cruzan pruebas sobre torturas en la flotilla
Diez países de la UE, entre ellos España, intercambian pruebas sobre posibles torturas y malos tratos denunciados por miembros de la flotilla.
Imagen: Brahim Guedich, CC BY 4.0.
Resumen
- Diez países de la UE comparten pruebas sobre denuncias de torturas
- España investiga posibles delitos cometidos en barcos de bandera española
- Israel rechaza las acusaciones y niega torturas o malos tratos
España participa junto a otros nueve países de la Unión Europea en un intercambio de información judicial sobre las denuncias de torturas, malos tratos, detenciones ilegales y lesiones formuladas por integrantes de las flotillas que intentaron llevar ayuda humanitaria a Gaza y fueron interceptadas por fuerzas israelíes. Australia también se ha sumado a la cooperación entre investigadores.
Las fiscalías de España, Francia, Italia, Portugal, Bélgica, Países Bajos, Polonia, Eslovaquia, Suecia y Finlandia han compartido datos obtenidos en sus respectivas pesquisas. El movimiento supone un salto relevante: investigaciones que inicialmente avanzaban de manera separada empiezan a contrastar pruebas y testimonios entre distintos países. La existencia de esas causas, conviene subrayarlo, no equivale por sí misma a una declaración de culpabilidad.
Diez países europeos contrastan sus investigaciones
El intercambio de información tuvo uno de sus principales episodios el 16 de septiembre en La Haya, durante una reunión de varias horas en la que participaron representantes de los diez Estados de la UE y de Australia implicados en la cooperación judicial.
El objetivo era poner en común documentación, testimonios y datos obtenidos en las investigaciones nacionales sobre las actuaciones israelíes contra integrantes de la Global Sumud Flotilla. Los procedimientos analizan hechos vinculados a las misiones desarrolladas en octubre de 2025 y mayo de 2026.
Las acusaciones incluyen supuestas torturas, detenciones ilegales, lesiones, agresiones sexuales, robos y daños materiales. Algunas de las investigaciones tratan también de esclarecer si determinados responsables políticos, militares, policiales o penitenciarios pudieron tener alguna responsabilidad penal en lo sucedido.
La cooperación se desarrolla dentro de los mecanismos europeos destinados a facilitar la coordinación entre autoridades judiciales. Buena parte de las actuaciones permanece bajo reserva y los investigadores deberán determinar qué testimonios están respaldados por elementos objetivos de prueba y qué jurisdicción puede actuar en cada caso.
En Alemania, Noruega, Austria y otros países también se han presentado denuncias relacionadas con las flotillas, aunque no todos los procedimientos se encuentran en la misma fase ni tienen necesariamente el mismo alcance penal.
España investiga lo ocurrido en barcos de bandera española
El caso español ya estaba en marcha antes de conocerse esta coordinación internacional. El juez de la Audiencia Nacional Francisco de Jorge mantiene abierta una investigación sobre el abordaje de la flotilla del 1 de octubre de 2025.
La causa se dirigió inicialmente contra responsables militares israelíes por posibles detenciones ilegales y posteriormente se amplió para investigar eventuales delitos de torturas, daños y lesiones cometidos en embarcaciones con pabellón español.
La cuestión jurídica no es menor. El magistrado considera que los tribunales españoles pueden investigar lo sucedido a bordo de barcos de bandera española, con independencia de la nacionalidad de las personas que se encontraran en ellos.
Ese criterio encuentra límites cuando los detenidos abandonan las embarcaciones. Parte de los supuestos malos tratos denunciados se habría producido posteriormente, durante traslados o en centros de detención israelíes, lo que complica el alcance de la jurisdicción directa de la Audiencia Nacional.
El juez ha considerado, no obstante, que pueden practicarse determinadas diligencias destinadas a identificar a posibles responsables de hechos vinculados con la causa aunque algunas de las conductas denunciadas se produjeran fuera de los barcos españoles.
Dolores Delgado participó en la reunión de La Haya
Por parte española acudió al encuentro la fiscal de sala coordinadora de Derechos Humanos y Memoria Democrática, Dolores Delgado, junto al magistrado Francisco de Jorge, según la información conocida sobre la reunión.
La Fiscalía española había comenzado en 2025 a recopilar información relacionada con posibles crímenes cometidos durante la guerra de Gaza. Después del abordaje de la flotilla incorporó testimonios y documentación sobre ese episodio, hasta que la existencia de una causa judicial llevó parte del material a la Audiencia Nacional.
El resultado es un procedimiento especialmente complejo: no solo debe determinar qué ocurrió, sino también hasta dónde alcanza la competencia de los tribunales españoles y qué hechos corresponde investigar a las autoridades de otros Estados.
Las denuncias incluyen palizas, táseres y violencia sexual
El episodio que dio mayor dimensión internacional a las denuncias fue la interceptación de la flotilla de mayo de 2026. Centenares de participantes fueron detenidos y posteriormente deportados tras la operación israelí.
Después de su liberación, varios activistas afirmaron haber sufrido palizas, descargas con pistolas eléctricas, humillaciones y privación de agua, además de condiciones de detención que describieron como degradantes. También se presentaron denuncias de violencia sexual.
Los organizadores de la flotilla comunicaron al menos 15 acusaciones de agresiones sexuales. Algunos detenidos regresaron con lesiones que requirieron atención médica, aunque no todas las acusaciones formuladas han podido ser verificadas de manera independiente.
Israel rechaza esos relatos. Las autoridades penitenciarias israelíes han sostenido que las denuncias son falsas y que los detenidos fueron tratados de acuerdo con la legislación, con respeto a sus derechos básicos y acceso a asistencia médica cuando resultó necesario.
Ese enfrentamiento de versiones explica buena parte de la importancia de las investigaciones judiciales. Los fiscales tendrán que comprobar informes médicos, fotografías, vídeos, registros, declaraciones y posibles órdenes operativas capaces de confirmar o descartar los hechos denunciados.
Italia y Francia abren investigaciones de amplio alcance
Italia mantiene uno de los procedimientos más amplios. La Fiscalía de Roma ha situado bajo investigación al ministro israelí de Defensa, Israel Katz, al ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, al jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, y a otros responsables militares, policiales y penitenciarios.
El procedimiento italiano comenzó después de las denuncias de ciudadanos del país detenidos durante las expediciones de 2025 y 2026. Se investigan posibles delitos de tortura, secuestro, lesiones, robo y daños.
Las pesquisas intentan reconstruir una secuencia más amplia que el propio abordaje: lo sucedido en los barcos, el traslado de los detenidos, su llegada a Israel y su paso por centros penitenciarios. Los investigadores quieren establecer si los episodios denunciados fueron hechos aislados o pudieron responder a órdenes, protocolos o conductas repetidas.
Que altos cargos aparezcan dentro de una investigación no significa que vayan a ser procesados. La fase actual debe determinar si existen indicios suficientes para formular acusaciones y si los tribunales correspondientes disponen de competencia para hacerlo.
Francia abrió también una investigación preliminar por posibles torturas y crímenes de guerra contra ciudadanos franceses que viajaban en la flotilla. Entre los hechos denunciados figuran agresiones físicas, exposición al frío, humillaciones y episodios de violencia sexual.
Francia e Italia muestran por qué el intercambio entre países puede resultar decisivo. Una persona detenida puede tener una nacionalidad, viajar en un barco con otra bandera y aportar después pruebas ante una fiscalía diferente. Sin cooperación, cada procedimiento observa únicamente una parte de la secuencia.
De denuncias nacionales a una investigación europea fragmentada
No existe por el momento una única causa europea contra Israel por el trato dispensado a los integrantes de las flotillas. Lo que hay es una red de investigaciones nacionales que ha comenzado a intercambiar información y a comparar las pruebas reunidas en cada Estado.
La diferencia es importante. Cada país conserva sus propias normas sobre jurisdicción, admisión de pruebas, prescripción y responsabilidad penal. Un hecho que puede investigarse en Italia por afectar a ciudadanos italianos quizá necesite una conexión jurídica diferente para ser perseguido en España.
Aun así, compartir documentación permite reducir uno de los principales problemas de este tipo de investigaciones internacionales: la fragmentación de las pruebas. Testimonios, partes médicos o identificaciones obtenidos en un país pueden resultar relevantes para una causa abierta a cientos o miles de kilómetros.
También permite comparar relatos. Si participantes de distintas nacionalidades describen de forma independiente hechos semejantes, los fiscales pueden buscar coincidencias en nombres, unidades, lugares y métodos. Si los relatos divergen, deberán determinar el motivo.
Eso es lo que cambia con la cooperación conocida entre los diez países europeos. Las denuncias dejan de permanecer completamente aisladas y pasan a ser contrastadas por autoridades que investigan operaciones relacionadas y posibles patrones comunes.
Los tribunales deberán determinar qué ocurrió
Las acusaciones formuladas por integrantes de las flotillas son graves y varias fiscalías europeas consideran que existen motivos suficientes para investigarlas. Pero entre una denuncia, una investigación y una condena existe un recorrido judicial largo en el que deben acreditarse los hechos y las responsabilidades individuales.
Israel mantiene que actuó legalmente para impedir que las embarcaciones alcanzaran Gaza y niega haber sometido a los detenidos a torturas o malos tratos. Los denunciantes sostienen lo contrario y describen violencia física, humillaciones, lesiones y abusos sexuales.
El trabajo de España y del resto de países consiste precisamente en salir de ese choque de versiones. Informes médicos, imágenes, comunicaciones internas, órdenes operativas y testimonios deberán determinar si hubo delitos, quién pudo cometerlos y quién tenía responsabilidad sobre las actuaciones investigadas.
La principal novedad está ahí: diez países de la Unión Europea están compartiendo información sobre unos hechos que atravesaron fronteras, nacionalidades y jurisdicciones. El alcance judicial final todavía está por determinar, pero la cooperación permite por primera vez contrastar de forma coordinada una parte sustancial de las denuncias presentadas por los integrantes de las flotillas.
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