Ciencia
Gipuzkoa presenta el esqueleto de un león cavernario de 31.500 años
El león cavernario de Mendaro vivió hace 31.500 años. Su esqueleto, único entre los ejemplares jóvenes de la península, se conserva en Irun.
Foto: Ed Bierman, CC BY 2.0.
Resumen
- Presentan en Gipuzkoa el esqueleto de un león cavernario de 31.500 años
- El ejemplar, hallado en Mendaro, tenía entre dos y tres años
- Es el único esqueleto completo de un subadulto hallado en la península ibérica
Gipuzkoa ha presentado uno de los hallazgos paleontológicos más singulares realizados en la península ibérica: el esqueleto prácticamente completo de un león de las cavernas que murió hace aproximadamente 31.500 años. Los restos, descubiertos en una cueva de Mendaro, pertenecen a un ejemplar joven de entre dos y tres años y han sido recuperados tras un complejo trabajo de excavación, conservación y restauración.
La presentación tuvo lugar el 3 de noviembre de 2026 en Gordailua, el Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa, situado en Irun. El descubrimiento tiene una importancia científica especial: se trata del único esqueleto completo conocido de un león de las cavernas subadulto localizado hasta la fecha en la península ibérica. Su conservación permitirá estudiar cómo crecían estos grandes felinos, desaparecidos hace miles de años.
El animal, bautizado como Arno por el macizo montañoso donde apareció, pertenecía a la especie Panthera spelaea, uno de los grandes depredadores de la Europa prehistórica. Los primeros análisis apuntan a que era un macho y que pesaba alrededor de 180 kilos cuando murió. Su esqueleto conserva incluso estructuras óseas poco habituales en el registro fósil de esta especie, una circunstancia que abre nuevas posibilidades de investigación.
El descubrimiento también recuerda que el paisaje del actual País Vasco fue muy distinto durante el Pleistoceno Superior. Mucho antes de la configuración de los ecosistemas actuales, el territorio estaba habitado por grandes carnívoros y herbívoros adaptados a las condiciones climáticas de la última glaciación.
El hallazgo en una cueva de Mendaro comenzó en 2023
La historia de este león comenzó a reconstruirse en marzo de 2023, cuando miembros de Burumendi Espeleologia Taldea, un grupo de espeleólogos de Mutriku, exploraban una nueva galería de la cavidad conocida como Ormola Bide Ondoko Leizea, situada en el macizo de Arno.
Durante aquella exploración encontraron numerosos restos óseos, algunos todavía en conexión anatómica, es decir, conservando su posición relativa dentro del esqueleto. El grupo comunicó el hallazgo a la Diputación Foral de Gipuzkoa, la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la Universidad del País Vasco (EHU).
La recuperación exigió una intervención especialmente delicada. Los fósiles estaban dispersos por una superficie irregular de algo más de dos metros de largo por uno de ancho, dentro de una galería estrecha y abrupta que dificultaba tanto la excavación como el transporte.
Los trabajos se desarrollaron entre diciembre de 2023 y marzo de 2024, bajo la dirección del paleontólogo Asier Gómez Olivencia. Para sacar los huesos sin dañarlos, los espeleólogos instalaron un sistema de cuerdas que evitaba los golpes contra las paredes de la cueva.
En algunas operaciones participaron equipos de entre diez y quince personas. La dificultad no consistía únicamente en recuperar los fósiles, sino en garantizar que las piezas conservaran toda la información científica posible.
Un león de entre dos y tres años que murió hace 31.500 años
Los análisis realizados sobre los restos han permitido identificar al animal como Panthera spelaea spelaea, una subespecie característica del Pleistoceno Superior. La datación mediante radiocarbono sitúa su muerte hace aproximadamente 31.500 años, cuando los seres humanos modernos habitaban Europa y todavía existían grandes poblaciones de fauna glacial.
La dentadura, especialmente el desarrollo de los caninos, sugiere que se trataba de un macho. Por su parte, el crecimiento y el grado de fusión de los huesos indican que tenía entre dos y tres años, por lo que todavía no había alcanzado la madurez completa.
La edad del ejemplar constituye uno de los aspectos más valiosos del descubrimiento. Buena parte de los conocimientos sobre estos grandes félidos procede de restos aislados o de individuos adultos. Disponer de un esqueleto juvenil tan bien conservado permite analizar las proporciones corporales, la evolución de los huesos y las diferencias entre distintas etapas de crecimiento.
Hay otro detalle extraordinario. Entre los restos recuperados se encuentra el hueso hioides, una pequeña estructura relacionada con el aparato vocal que no se había documentado hasta ahora en los esqueletos ibéricos conocidos de esta especie. Según ha explicado el investigador Alvar Manjón, su anatomía aporta pruebas de que estos animales también podían rugir, como los grandes felinos actuales.
La causa de su muerte continúa siendo un misterio
Los investigadores todavía no han determinado cómo murió Arno. El examen de los huesos no ha revelado lesiones que permitan establecer la causa del fallecimiento o atribuirlo a un enfrentamiento con otro animal o a un accidente concreto.
Una de las hipótesis consideradas es que el joven león pudiera haber quedado atrapado en la cavidad, sin posibilidad de salir, y terminara muriendo por falta de alimento. Sin embargo, no existen pruebas suficientes para dar por confirmada esa explicación.
La disposición de los restos dentro de la galería y su estado de conservación pueden aportar nuevas pistas. Los especialistas deberán estudiar también los procesos naturales que afectaron a los huesos durante los miles de años que permanecieron enterrados.
Cómo eran los leones de las cavernas que habitaron Europa
El león de las cavernas, conocido científicamente como Panthera spelaea, fue uno de los principales depredadores de Eurasia durante el Pleistoceno. Su presencia se extendió por numerosos ecosistemas y se prolongó durante cientos de miles de años, hasta su desaparición hacia el final de la última glaciación.
Aunque estaba emparentado con los leones actuales, presentaba características propias. Los ejemplares adultos podían alcanzar dimensiones superiores a las de muchos leones africanos modernos y estaban adaptados a la captura de grandes herbívoros.
Entre sus presas habituales figuraban ciervos, bisontes y otros ungulados presentes en los ecosistemas prehistóricos. Su alimentación variaba según la disponibilidad de animales en cada territorio.
A pesar de su nombre, los leones de las cavernas no vivían necesariamente en el interior de las grutas. La denominación procede, en buena medida, de los lugares donde se han conservado y encontrado sus fósiles. Eran animales capaces de desplazarse por espacios abiertos y otros ambientes naturales.
Otra característica interesante aparece en el arte rupestre. Algunas representaciones prehistóricas muestran grandes felinos aparentemente desprovistos de la abundante melena característica de los machos de león africano. Los especialistas consideran que los leones cavernarios probablemente carecían de una melena semejante, aunque su aspecto exacto todavía presenta incógnitas.
La especie desapareció hace aproximadamente entre 14.000 y 12.000 años, coincidiendo con las importantes transformaciones ambientales que acompañaron el final del último periodo glacial.
Gipuzkoa ya había encontrado otro león excepcional en Arrikrutz
El descubrimiento de Mendaro no es el primer hallazgo importante de esta especie realizado en territorio guipuzcoano.
En 1966 se encontraron en la cueva de Arrikrutz, en Oñati, los restos de un león cavernario adulto que posteriormente se convirtió en uno de los grandes referentes para el estudio de estos animales en la península ibérica.
Aquel ejemplar permitió conocer con considerable detalle la anatomía de los individuos adultos. El nuevo esqueleto de Arno aporta una perspectiva diferente, precisamente porque corresponde a una fase anterior del desarrollo.
La comparación entre ambos animales puede resultar especialmente interesante para reconstruir cómo cambiaban las proporciones y la estructura ósea de los leones cavernarios a medida que crecían.
El descubrimiento también refuerza la importancia paleontológica de Gipuzkoa, cuyas cavidades naturales han conservado numerosos testimonios de la fauna que habitó la región durante las glaciaciones.
Gordailua conserva los fósiles mientras continúa su investigación
Tras su extracción, los huesos fueron trasladados a Gordailua, en Irun, donde se desarrollaron las labores de conservación y restauración en el taller especializado de Arqueología y Paleontología.
El estado de las piezas era desigual. Algunas estaban completas y presentaban buenas condiciones de conservación, mientras que otras mostraban fracturas, deformaciones o acumulaciones minerales adheridas durante miles de años.
Las intervenciones se han realizado siguiendo criterios de mínima manipulación y reversibilidad, procurando conservar los materiales originales y permitir futuras investigaciones.
La Diputación Foral de Gipuzkoa ha financiado principalmente los trabajos, desarrollados con la participación de la EHU, Aranzadi y Burumendi Espeleologia Taldea, además del apoyo de programas de investigación del Gobierno Vasco.
El estudio de los restos forma parte de la tesis doctoral de Alvar Manjón, centrada en los grandes félidos del Pleistoceno en los Pirineos Occidentales.
Los investigadores prevén comparar la anatomía de Arno con otros fósiles europeos para comprender mejor las diferencias entre poblaciones y las distintas fases de desarrollo de esta especie desaparecida.
El ADN de Arno puede aportar nuevas respuestas sobre su especie
Una de las principales líneas de investigación pendientes es el análisis genético. Los científicos han tomado muestras de los restos para estudiarlas en colaboración con un equipo de la Universidad de Viena.
Si se consigue recuperar ADN antiguo en condiciones adecuadas, los análisis podrían ofrecer información sobre las relaciones evolutivas del ejemplar y su conexión con otras poblaciones de leones cavernarios de Europa y Asia. La obtención de resultados dependerá de la conservación del material genético.
El descubrimiento de Mendaro proporciona, entretanto, algo que los paleontólogos encuentran muy pocas veces: un conjunto óseo excepcionalmente íntegro de un animal joven, con una antigüedad conocida y un contexto paleontológico documentado.
Arno murió hace 31.500 años, pero su estudio apenas ha comenzado. Los fósiles recuperados permitirán avanzar en el conocimiento de una especie que desapareció mucho antes de que existieran las sociedades actuales y que, sin embargo, compartió territorio con nuestros antepasados.
El valor de este hallazgo no reside únicamente en haber recuperado los huesos de un gran depredador prehistórico. También está en la posibilidad de reconstruir una parte de la historia natural de Europa que, hasta hace apenas tres años, permanecía oculta en una estrecha galería de las montañas de Gipuzkoa.
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