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Economía

Fátima Báñez pide frenar el absentismo y rebajar los costes laborales

Fátima Báñez reclama menos absentismo y costes laborales, y pone el foco en el relevo generacional, la formación y la competitividad industrial.

Publicado

el

Fátima Báñez

Imagen: Junta de Andalucía, CC BY 2.5.

Resumen

  • Báñez reclama reducir el absentismo y los costes laborales
  • El absentismo afecta al 7,2% de las horas pactadas en España
  • El sector industrial alerta de la falta de personal cualificado

La exministra de Empleo y Seguridad Social Fátima Báñez ha reclamado reducir el absentismo y los costes laborales para mejorar la productividad de las empresas españolas. Lo hizo este martes, 27 de octubre, durante una jornada empresarial celebrada en Gijón, donde también advirtió de las dificultades de la industria para encontrar trabajadores cualificados y garantizar el relevo generacional.

La actual presidenta de la Fundación CEOE situó la competitividad empresarial, la salud de los trabajadores y la formación profesional entre los grandes desafíos del mercado laboral. Su planteamiento pasa por abordar las ausencias laborales mediante la negociación colectiva y el diálogo social, al tiempo que las compañías se adaptan a las nuevas exigencias de los trabajadores más jóvenes.

Las declaraciones se produjeron durante el encuentro Industria y talento, organizado por la Federación de Empresarios del Metal y Afines del Principado de Asturias (Femetal) con motivo de su 50.º aniversario. La cita reunió a representantes empresariales para analizar la falta de profesionales especializados, los cambios tecnológicos y las dificultades para atraer talento al sector industrial.

La intervención de Báñez llega, además, en un momento especialmente delicado para el debate sobre las bajas médicas. Los últimos datos disponibles sitúan el absentismo laboral en España en el 7,2% de las horas pactadas, mientras que Asturias figura entre las comunidades con mayores tasas de ausencias. Un problema económico real que exige distinguir entre las bajas justificadas por motivos de salud y las posibles irregularidades.

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Fátima Báñez pone el foco en el absentismo y los costes laborales

La antigua responsable de Empleo del Gobierno de Mariano Rajoy considera que reducir el absentismo y contener los costes del trabajo son dos cuestiones relevantes para mejorar el rendimiento de las empresas.

Báñez destacó que las ausencias laborales representan un coste creciente tanto para las compañías como para el sistema de Seguridad Social. Sin embargo, también reconoció que se trata de un asunto estrechamente relacionado con la salud de los trabajadores, una dimensión que, según sus palabras, debe ser prioritaria.

Por ese motivo, defendió llevar esta cuestión a la negociación colectiva y al diálogo entre empresarios y sindicatos, en lugar de limitar la discusión a las consecuencias económicas de las ausencias.

Su propuesta sobre los costes laborales no estuvo acompañada, en la información difundida sobre el encuentro, de medidas concretas para reducirlos. Tampoco anunció una iniciativa legislativa ni planteó una modificación específica del sistema de bajas médicas.

Conviene precisar este extremo: reclamar menores costes laborales no equivale necesariamente a proponer una reducción de salarios. El concepto incluye distintas partidas vinculadas a la contratación y al mantenimiento del empleo, desde las remuneraciones hasta las cotizaciones empresariales.

El absentismo laboral alcanza el 7,2% en España

Las cifras permiten entender por qué el absentismo ha adquirido tanta importancia en el debate empresarial.

Los datos correspondientes al segundo trimestre de 2026, elaborados a partir de estadísticas oficiales del mercado laboral, indican que el 7,2% de las horas de trabajo pactadas se perdieron por ausencias laborales.

Durante ese periodo, una media de 1.637.174 trabajadores no acudieron diariamente a sus puestos. De ellos, aproximadamente 1,27 millones se encontraban en situación de incapacidad temporal, es decir, de baja médica.

La industria registró una tasa de absentismo del 7,7%, superior a la media nacional. En Asturias, el porcentaje general alcanzó el 9%, uno de los valores más elevados del país, mientras que las ausencias asociadas a incapacidad temporal representaron el 7,5% de las horas pactadas.

Estos datos explican la preocupación de las organizaciones empresariales, especialmente en sectores donde una ausencia imprevista puede alterar turnos de producción, retrasar entregas o incrementar las necesidades de sustitución.

Las bajas médicas no equivalen a ausencias injustificadas

Hay una distinción importante que a menudo desaparece del debate público: absentismo estadístico y absentismo injustificado no son lo mismo.

Los indicadores generales incluyen ausencias relacionadas con enfermedades y otras circunstancias. Una baja médica debidamente reconocida constituye una situación legalmente protegida, no una prueba de incumplimiento del trabajador.

De hecho, la incapacidad temporal representó aproximadamente el 77,8% de las personas ausentes contabilizadas en el segundo trimestre de 2026.

Reducir estas cifras exige, por tanto, examinar sus causas. La prevención de riesgos laborales, la atención sanitaria, las condiciones de trabajo y la organización de las plantillas forman parte del problema. Combatir posibles irregularidades es otra cuestión, que requiere pruebas y procedimientos específicos.

La productividad importa, desde luego. Pero también importa que un trabajador enfermo pueda recuperarse sin que su baja se interprete automáticamente como una conducta sospechosa.

La industria asturiana necesita trabajadores especializados

La intervención de Báñez no se limitó a las ausencias laborales. Uno de los principales asuntos de la jornada organizada por Femetal fue la dificultad para encontrar profesionales cualificados y mantener el conocimiento acumulado durante décadas en las empresas industriales.

El presidente de la federación, Antonio Fernández Escandón, advirtió de que el envejecimiento de la población activa, los problemas para cubrir determinados puestos y la insuficiente incorporación de jóvenes constituyen desafíos estructurales para la industria de Asturias.

La situación afecta a la capacidad de crecimiento de las empresas, pero también a su continuidad. Cuando se jubila un profesional experimentado sin que exista una persona preparada para sustituirlo, la compañía no pierde únicamente un puesto de trabajo: también puede perder conocimientos técnicos difíciles de recuperar.

Báñez defendió la necesidad de anticipar el relevo generacional y mejorar la transmisión de conocimientos entre trabajadores veteranos y nuevas incorporaciones.

El desafío requiere una relación más estrecha entre formación y empleo, especialmente en actividades industriales que necesitan competencias técnicas específicas. Tener vacantes disponibles no garantiza que puedan cubrirse cuando las cualificaciones exigidas no coinciden con las de quienes buscan trabajo.

Flexibilidad y empleo de calidad para atraer a los jóvenes

La expresidenta de la cartera de Empleo también llamó la atención sobre un cambio en las prioridades de las nuevas generaciones.

Según explicó, los trabajadores jóvenes conceden una importancia creciente a la flexibilidad laboral y a las posibilidades de compatibilizar la actividad profesional con la vida personal.

Esta evolución obliga a las empresas a revisar sus estrategias para atraer y conservar profesionales. Báñez defendió la necesidad de ofrecer empleo de calidad y generar condiciones que favorezcan la permanencia del talento.

La cuestión resulta especialmente relevante para una industria que compite con otros sectores por trabajadores cualificados. El salario sigue siendo importante, pero no es el único factor que influye en la elección de un empleo.

Los horarios, la estabilidad contractual, las oportunidades de promoción y la posibilidad de seguir formándose también pueden condicionar esa decisión.

Aquí aparece una tensión interesante en el discurso empresarial: reducir costes y mejorar las condiciones laborales pueden ser objetivos difíciles de conciliar cuando se pretende competir por perfiles profesionales escasos. La solución dependerá de cómo se organicen las empresas y de qué inversiones realicen para aumentar su productividad.

La inteligencia artificial y la formación permanente

Otro de los asuntos abordados por Báñez fue la transformación tecnológica de la economía.

La exministra rechazó presentar la inteligencia artificial como una amenaza inevitable para el empleo. Su posición es que los avances tecnológicos deben ir acompañados de formación permanente para permitir que los trabajadores se adapten a nuevas herramientas y funciones.

También señaló la transición energética y la digitalización como factores capaces de generar oportunidades económicas en un contexto internacional marcado por la incertidumbre.

Para la industria, estos cambios plantean necesidades muy concretas: actualizar competencias, incorporar nuevos perfiles técnicos y adaptar procesos productivos.

La formación continua adquiere así una doble función. Permite a las empresas incorporar tecnología y ayuda a los trabajadores a mantener sus posibilidades de empleo a medida que cambian las tareas y las cualificaciones demandadas.

Báñez defendió que las empresas españolas deben aprovechar estas transformaciones, en lugar de contemplarlas únicamente como riesgos para sus actividades tradicionales.

La productividad exige algo más que reducir costes

Las declaraciones de Fátima Báñez vuelven a situar sobre la mesa una discusión central para la economía española: cómo mejorar la productividad sin debilitar la calidad del empleo.

Reducir las ausencias evitables y controlar los gastos puede contribuir al funcionamiento de una empresa, pero la productividad no depende exclusivamente de los costes laborales. También intervienen la inversión tecnológica, la formación, la organización del trabajo y la capacidad para producir bienes y servicios de mayor valor.

La jornada de Gijón dejó precisamente esa doble preocupación. Por una parte, las empresas necesitan controlar sus gastos y responder a las dificultades de contratación. Por otra, deben ofrecer condiciones suficientemente atractivas para incorporar a nuevas generaciones y conservar trabajadores especializados.

En una comunidad industrial como Asturias, donde el envejecimiento de la población activa constituye un desafío importante, ambas cuestiones están relacionadas.

El debate no termina, por tanto, en contabilizar bajas médicas o reclamar menores costes. La competitividad industrial también depende de cuidar la salud laboral, formar profesionales y conseguir que las nuevas generaciones quieran trabajar y desarrollar su carrera en las empresas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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