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Muere Elsa Pavón, la primera abuela que recuperó a su nieta en 1984
Elsa Pavón, cofundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, fallece a los 90 años. Su nieta Paula fue la primera restituida por orden judicial en 1984.
Foto: Mónica Hasenberg, CC BY-SA 3.0.
Resumen
- Muere Elsa Pavón, cofundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, a los 90 años
- En 1984 logró recuperar judicialmente a su nieta Paula Eva Logares
- Su hija y su yerno siguen desaparecidos desde el secuestro de 1978
Elsa Pavón, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo y figura histórica de la defensa de los derechos humanos en Argentina, ha fallecido este jueves 5 de noviembre de 2026 a los 90 años en la ciudad de La Plata. Su nombre quedó ligado para siempre a la recuperación de su nieta Paula Eva Logares, víctima de la apropiación de menores durante la última dictadura militar argentina.
Su historia marcó un precedente decisivo: en diciembre de 1984 consiguió la primera restitución judicial de identidad de una niña apropiada durante la dictadura mediante pruebas genéticas que permitieron demostrar el parentesco con su familia biológica. Aquel procedimiento abrió un camino jurídico y científico para la identificación de otros hijos de desaparecidos.
El fallecimiento ha sido comunicado por la Asociación Anahí, organización dedicada a preservar la memoria de las víctimas del terrorismo de Estado y que Pavón ayudó a fundar. La entidad la ha recordado como una mujer de enorme determinación, cuya trayectoria contribuyó a transformar la búsqueda de los niños desaparecidos en una causa colectiva.
La noticia llega cuando Argentina se aproxima al 50.º aniversario de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo, constituida en 1977 para localizar a los menores secuestrados o nacidos durante el cautiverio de sus madres. Pavón perteneció a aquella generación de mujeres que desafió a la dictadura y que, décadas después, seguía exigiendo respuestas.
Su muerte deja también una historia familiar sin resolver. Aunque logró recuperar a Paula, su hija Mónica Grinspon y su yerno Claudio Logares continúan desaparecidos. Mónica estaba embarazada cuando fue secuestrada, por lo que la búsqueda del hijo o hija que esperaba sigue abierta.
El secuestro de su hija, su yerno y su nieta en 1978
La vida de Elsa Pavón cambió el 18 de mayo de 1978, cuando su hija Mónica Sofía Grinspon, su yerno Ernesto Claudio Logares y su nieta Paula Eva fueron secuestrados en Montevideo, Uruguay.
La familia se había instalado en el país vecino huyendo de la persecución política en Argentina. Paula tenía apenas 23 meses y su madre esperaba otro hijo. Los tres fueron capturados en el contexto del Plan Cóndor, el sistema de cooperación represiva establecido entre las dictaduras sudamericanas para perseguir, detener y eliminar a opositores políticos incluso fuera de sus fronteras.
Mónica y Claudio fueron trasladados a centros clandestinos de detención argentinos. Los testimonios de supervivientes permitieron reconstruir parte de su cautiverio en dependencias represivas como la Brigada de Investigaciones de San Justo y el denominado Pozo de Banfield, en la provincia de Buenos Aires.
Desde entonces no se ha esclarecido el destino definitivo de ambos desaparecidos.
Paula, por su parte, fue separada de sus padres y entregada a otra familia. El subcomisario de la Policía bonaerense Rubén Luis Lavallén y su esposa, Raquel Leiró, la inscribieron como hija propia, ocultando su verdadera identidad.
Elsa comenzó una búsqueda que la llevó por distintas instituciones y organismos. En una entrevista concedida en marzo de 2026 recordó sus primeras gestiones en Uruguay y su regreso a Argentina, donde continuó tratando de localizar a la niña. Durante ese recorrido entró en contacto con otras mujeres que también buscaban a sus familiares desaparecidos.
Entre ellas estaba María Isabel Chorobik de Mariani, conocida como Chicha Mariani, otra de las grandes referentes de Abuelas de Plaza de Mayo.
Paula Logares y la primera restitución judicial de una nieta
En 1983, coincidiendo con el final de la dictadura y la recuperación de la democracia argentina, Abuelas de Plaza de Mayo consiguió localizar a Paula Eva Logares.
La niña vivía con el matrimonio que se había apropiado de ella. Durante años había crecido con una identidad falsa, mientras su familia biológica desconocía dónde estaba.
La localización fue un avance fundamental, pero no significó su regreso inmediato. Elsa Pavón y las abogadas de Abuelas tuvieron que iniciar una batalla judicial para acreditar el parentesco y conseguir que Paula recuperase su identidad.
El proceso tropezó con las dificultades de una justicia que apenas comenzaba a enfrentarse a las consecuencias de la represión. Los apropiadores trataron de impedir las pruebas y la restitución se demoró incluso después de que los análisis confirmasen el vínculo familiar.
Finalmente, el 13 de diciembre de 1984, Paula recuperó oficialmente su verdadera identidad y pasó a vivir con su abuela materna, que se encargó de criarla.
Habían transcurrido más de seis años desde el secuestro en Montevideo. Para Elsa fue el reencuentro que había perseguido durante todo aquel tiempo. Para las Abuelas supuso también una victoria jurídica de consecuencias históricas.
El índice de abuelidad, la prueba científica que cambió las búsquedas
El caso de Paula Logares fue pionero porque permitió demostrar científicamente el parentesco entre una niña y sus abuelos cuando sus padres estaban desaparecidos.
El procedimiento se apoyó en el denominado índice de abuelidad, un método desarrollado para determinar la probabilidad de parentesco a partir de marcadores genéticos. En aquellos primeros años se utilizaron técnicas inmunogenéticas y análisis sanguíneos, anteriores a la generalización de las actuales pruebas de ADN.
La importancia del avance era enorme. Hasta entonces, la ausencia de los padres dificultaba extraordinariamente la identificación de los menores apropiados. La nueva metodología permitió establecer relaciones familiares mediante el estudio de otros parientes.
Los análisis realizados en junio de 1984 confirmaron la identidad de Paula. Era la primera vez que la justicia argentina utilizaba pruebas genéticas para acreditar la filiación de una menor apropiada durante la dictadura.
El precedente contribuyó a consolidar un modelo de investigación que posteriormente sería fundamental para nuevas restituciones de identidad y para el desarrollo del Banco Nacional de Datos Genéticos argentino.
La perseverancia de una abuela había encontrado en la ciencia una herramienta capaz de superar parte del silencio impuesto por los responsables de las desapariciones.
Elsa Pavón y su papel en Abuelas de Plaza de Mayo
Elsa Beatriz Pavón de Aguilar fue una de las integrantes históricas de Abuelas de Plaza de Mayo, la organización surgida en 1977 para buscar a los niños desaparecidos durante la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983.
Las abuelas reclamaban información sobre sus hijos y nietos en un contexto de persecución política, censura y desapariciones forzadas. Muchas de aquellas mujeres tuvieron que aprender a desenvolverse entre expedientes judiciales, instituciones internacionales y organismos de derechos humanos.
La recuperación de Paula no puso fin al compromiso de Pavón.
Continuó colaborando en la búsqueda de otros nietos y participó como querellante en procedimientos judiciales relacionados con la apropiación de menores y los crímenes cometidos durante la dictadura, incluidos los vinculados al Plan Cóndor.
En 1996 impulsó junto a Chicha Mariani la creación de la Asociación Anahí, dedicada a preservar la memoria de las víctimas y mantener viva la búsqueda de los desaparecidos.
La entidad está especialmente vinculada a la historia de Clara Anahí Mariani, nieta de Chicha, secuestrada cuando era un bebé durante un operativo represivo en La Plata, en noviembre de 1976. Su paradero continúa sin esclarecerse.
Uno de los espacios que protege la asociación es la Casa Mariani-Teruggi, escenario de aquel operativo y convertida posteriormente en lugar de memoria.
Desde 2025, Pavón también formaba parte de la Comisión Provincial por la Memoria de Buenos Aires. Su actividad no se había limitado a los tribunales o a las instituciones: continuó participando en encuentros con estudiantes y visitas a centros educativos y bibliotecas para explicar lo sucedido durante la dictadura.
El reconocimiento a una vida dedicada a los derechos humanos
La noticia de su fallecimiento ha provocado muestras de reconocimiento entre organismos de derechos humanos, asociaciones y representantes sociales argentinos.
Abuelas de Plaza de Mayo ha despedido a una de sus fundadoras destacando su valentía, perseverancia y compromiso con la verdad y la justicia.
La Asociación Anahí también ha recordado su papel en la defensa de las víctimas de la represión y su capacidad para mantener unidos a quienes siguieron buscando respuestas durante décadas.
Su trayectoria representa una parte esencial de la historia reciente argentina: la de quienes comenzaron reclamando información sobre sus propios familiares y terminaron impulsando avances judiciales, científicos e institucionales que trascendieron sus casos particulares.
La búsqueda que Elsa Pavón deja pendiente
La historia de Elsa Pavón tiene un desenlace excepcional y, al mismo tiempo, una ausencia que nunca pudo resolverse.
Recuperó a su nieta Paula, pero no volvió a encontrar a su hija Mónica Grinspon ni a su yerno Claudio Logares. Tampoco pudo conocer el destino del hijo o hija que Mónica esperaba cuando fue secuestrada.
La posibilidad de que ese bebé naciera durante el cautiverio mantiene abierto otro caso de búsqueda de identidad. Paula Logares continúa buscando a su hermano o hermana, cuyo paradero sigue siendo desconocido.
La muerte de Pavón, a los 90 años, recuerda que muchos de los crímenes de la dictadura argentina siguen teniendo consecuencias familiares casi medio siglo después. Las investigaciones judiciales, las identificaciones genéticas y el trabajo de los organismos de derechos humanos han permitido reconstruir numerosas historias, pero todavía existen personas que desconocen su verdadero origen.
Elsa Pavón consiguió en 1984 algo que durante años parecía prácticamente imposible: demostrar ante un tribunal quién era realmente su nieta y lograr que regresara a su familia.
Aquel caso no resolvió todas las desapariciones. Ni siquiera todas las de su propia familia. Pero cambió para siempre las posibilidades de encontrar a los nietos apropiados y de devolverles una identidad que nunca debió serles arrebatada.
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