Naturaleza
España afronta 141 riesgos climáticos entre calor, danas e incendios
España afronta 141 riesgos climáticos tras un verano récord, con más calor, incendios, sequía, lluvias torrenciales y un Mediterráneo más cálido.
Resumen
- España afronta 141 riesgos climáticos, 51 de ellos considerados clave
- El verano de 2026 fue el más cálido desde al menos 1869
- Calor, danas, incendios y sequía golpean salud, economía y territorio
España llega este 24 de octubre, Día del Cambio Climático, con una colección de récords bastante menos decorativa que las efemérides suelen sugerir: el verano más cálido desde al menos 1869, un septiembre sin precedentes en los registros modernos, miles de muertes asociadas al calor y, apenas unas semanas después, nuevas inundaciones en el Mediterráneo. El clima extremo ya no aparece por temporadas ordenadas. Se solapa.
La última evaluación nacional identifica 141 riesgos climáticos para España. De ellos, 51 se consideran clave por su gravedad o cercanía en el tiempo y 17 presentan una baja reversibilidad, es decir, pueden dejar daños muy difíciles de recuperar. No se habla únicamente de termómetros: entran en juego la salud, el agua, la agricultura, las ciudades, las costas, los bosques, el transporte, la energía y buena parte de la economía.
El problema tiene una particularidad española. Por su posición geográfica, su extensa costa, la concentración urbana en zonas vulnerables y un territorio donde la aridez gana terreno, España está especialmente expuesta. Un verano abrasador puede desembocar en incendios y sequía; semanas después, un Mediterráneo muy caliente alimenta una atmósfera cargada de humedad y aparecen lluvias capaces de descargar enormes cantidades de agua en pocas horas. No es una contradicción. Es una de las caras del calentamiento.
España se ha calentado 1,75 grados desde 1961
La temperatura media de España ha aumentado 1,75 grados desde 1961. Los 12 años más cálidos de la serie corresponden al siglo XXI, una concentración difícil de despachar como una simple racha. En 2026, además, las temperaturas estivales rompieron otra frontera: la reconstrucción climática permite considerar este verano el más cálido desde, al menos, 1869.
Entre junio y agosto, la España peninsular registró una temperatura media de 24,5 grados, 2,4 por encima del promedio de 1991-2020. Hubo 61 días sometidos a condiciones de ola de calor en Península y Baleares, más que en ningún otro año registrado. Dicho de otra manera, aproximadamente dos de cada tres días del verano transcurrieron bajo temperaturas extremadamente altas.
Y el verano se salió del calendario. El calor intenso había comenzado ya en la segunda mitad de mayo y volvió a prolongarse durante septiembre. Ese mes tuvo una temperatura media peninsular de 22,5 grados, 3,4 por encima de lo habitual, y fue el septiembre más cálido desde que comienza la serie en 1961. A la vez fue muy seco. Calor persistente arriba, suelo seco abajo: una combinación reconocible en buena parte del país.
El calor también se mide en vidas
La temperatura extrema deja una huella menos visible que una riada, pero no necesariamente menor. El sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria estima 5.807 muertes atribuibles al calor entre el 15 de mayo y el 30 de septiembre de 2026, la cifra más elevada de la última década. Se trata de una estimación estadística de mortalidad atribuible a las altas temperaturas, no de certificados individuales que indiquen el calor como causa directa de cada fallecimiento.
La edad dibuja con claridad dónde golpea más fuerte. El 97 % de las defunciones estimadas correspondió a personas de 65 años o más y el 62 % a mayores de 85. Agosto acumuló 2.162 fallecimientos atribuibles al calor y julio otros 2.026. Una ola de calor, por tanto, no es únicamente un asunto meteorológico ni una jornada desagradable para dormir sin aire acondicionado. Se convierte en un problema de salud pública.
De la sequedad extrema a las lluvias torrenciales
Pocos días antes del Día del Cambio Climático, la dana Adam volvió a inundar áreas del litoral mediterráneo, especialmente en Valencia y Alicante. Hubo acumulaciones extraordinarias, carreteras cortadas, viviendas afectadas, evacuaciones y daños en suministros. En Piles, por ejemplo, se alcanzaron alrededor de 650 litros por metro cuadrado durante el episodio.
El temporal llegó prácticamente en vísperas del segundo aniversario de la devastadora dana del 29 de octubre de 2024. Aquella catástrofe dejó finalmente 237 víctimas mortales, 229 de ellas en la Comunitat Valenciana. En Turís se llegaron a registrar 771,8 litros por metro cuadrado en 24 horas, una cantidad que ayuda a entender la dimensión de aquel episodio.
El cambio climático no inventa las danas ni convierte automáticamente cada tormenta intensa en consecuencia directa del calentamiento global. España siempre ha conocido lluvias torrenciales mediterráneas. Lo que cambia es el tablero sobre el que se producen: una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, el mar aporta energía y las condiciones capaces de favorecer precipitaciones extremas encuentran un entorno distinto.
Un Mediterráneo convertido en depósito de calor
El Mediterráneo merece capítulo propio. Desde comienzos de los años ochenta se calienta entre dos y tres veces más deprisa que el conjunto de los océanos del planeta. Las olas de calor marinas se han vuelto más frecuentes, más largas y más intensas.
En 2025, la temperatura superficial de las aguas mediterráneas españolas alcanzó sus valores más elevados desde 1940 y en agosto de 2026 llegó a un récord de 28,5 grados. Ese exceso de calor tiene efectos ecológicos evidentes, pero también meteorológicos: aumenta la evaporación y pone más humedad a disposición de las tormentas cuando la configuración atmosférica es favorable.
No significa que un mar caliente baste por sí solo para fabricar una inundación. La circulación atmosférica, la posición de las borrascas, el relieve y otras variables siguen mandando. Pero un Mediterráneo anormalmente cálido actúa como una reserva adicional de energía. Como añadir combustible a una cocina que ya estaba encendida.
Incendios más largos y un territorio cada vez más árido
La otra imagen del cambio climático español es marrón y negra. Vegetación reseca, suelos calientes y temporadas de incendios que se estiran fuera de los meses tradicionales. El verano de 2026 fue no solo extraordinariamente cálido, sino también muy seco: la precipitación media peninsular entre junio y agosto quedó en 39,6 milímetros, apenas un 56 % de lo normal. Fue el tercer verano más seco desde 1961.
El aumento de la temperatura y las sequías favorecen condiciones en las que los fuegos pueden avanzar con mayor violencia y resultar más difíciles de controlar. Las proyecciones calculan que el peligro asociado a los incendios podría incrementarse hasta un 30 % en la cuenca mediterránea en escenarios de emisiones elevadas hacia finales de siglo.
Y bajo el incendio aparece otro problema, menos espectacular pero más obstinado: el avance de la aridez. Los climas áridos ocupan ya más del 20 % del territorio español y se espera que sigan extendiéndose. No desaparece el territorio, claro. Cambia su funcionamiento: retiene peor el agua, pierde suelo fértil y obliga a replantear determinados cultivos y usos.
Agua, agricultura, turismo y energía entran en la ecuación
El cambio climático deja de parecer una discusión abstracta en cuanto se abre una factura. La agricultura depende de la disponibilidad de agua y de temperaturas compatibles con los ciclos de los cultivos; la producción hidroeléctrica, de las reservas; y carreteras, vías ferroviarias o redes eléctricas soportan peor fenómenos extremos para los que muchas veces no fueron diseñadas.
El turismo tampoco queda al margen. El calor extremo puede modificar la demanda en algunos destinos y estaciones, especialmente en las ciudades y áreas interiores durante los meses más cálidos. A ello se suman la erosión de playas, el deterioro de ecosistemas y la expansión potencial de mosquitos transmisores de enfermedades, cuyos ciclos de actividad pueden alargarse con temperaturas más elevadas.
En las costas aparece otra amenaza menos inmediata, pero constante. Los escenarios más desfavorables contemplan subidas del nivel del mar de entre 50 y 60 centímetros para 2100, con consecuencias para playas, paseos marítimos, infraestructuras, humedales y acuíferos costeros, donde la entrada de agua salada puede acabar degradando reservas de agua dulce.
Hay también una característica incómoda: los riesgos se conectan. Una sequía reduce agua disponible y debilita la vegetación; el calor eleva la demanda eléctrica y empeora el riesgo de incendio; un incendio elimina cubierta vegetal; después llega una lluvia torrencial sobre un terreno más erosionado. La evaluación nacional ha localizado más de 1.700 interrelaciones de este tipo. El clima funciona como una red, no como una hilera de desastres independientes.
El clima extremo deja de ser una excepción española
El Día del Cambio Climático de 2026 encuentra a España después de un verano que ha roto registros y de un otoño que ha vuelto a mostrar la vulnerabilidad del Mediterráneo frente a las lluvias torrenciales. Entre ambos extremos queda una misma realidad: adaptarse ya no consiste únicamente en reducir emisiones, sino en preparar ciudades, viviendas, hospitales, campos, costas y redes de transporte para unas condiciones que están cambiando.
Los récords, por sí solos, llaman la atención durante unas horas. Lo verdaderamente significativo es la acumulación. Doce de los años más cálidos concentrados en este siglo, 61 días de ola de calor en un solo verano, miles de fallecimientos asociados a las altas temperaturas, un Mediterráneo excepcionalmente cálido y 141 riesgos climáticos identificados para España.
El termómetro es solo la parte más visible. Debajo están el agua que falta, la que llega de golpe, el monte que arde, una vía ferroviaria cortada, el agricultor que cambia de cultivo y una ciudad que descubre que sus noches ya no refrescan como antes. El cambio climático en España ha dejado de ser un escenario de futuro. Buena parte de sus efectos ya está dentro del parte meteorológico.
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