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Trump se atribuye la remontada electoral de Netanyahu, sin mayoría
Trump se atribuye la remontada de Netanyahu en las elecciones israelíes. Su bloque suma 54 escaños, sin mayoría, y las negociaciones siguen abiertas.
Foto: The White House / Casa Blanca (Dominio público).
Resumen
- Trump se atribuye la remontada electoral de Netanyahu en Israel
- El bloque de Netanyahu suma 54 escaños, siete menos de la mayoría
- Los partidos árabes y los votos pendientes pueden decidir el Gobierno
Donald Trump se ha atribuido el mérito de que Benjamín Netanyahu haya evitado una derrota contundente en las elecciones de Israel celebradas el martes 27 de octubre. El presidente estadounidense sostiene que su respaldo al primer ministro israelí cambió la tendencia electoral y permitió transformar lo que, según su interpretación, parecía una derrota segura en un empate o incluso en una posible victoria.
Los resultados provisionales, sin embargo, ofrecen una imagen bastante menos triunfal. Con el 76,8 % de las urnas contabilizadas, el bloque de Netanyahu obtiene una proyección de 54 escaños, frente a los 47 de la oposición liderada por Gadi Eisenkot y los 19 de las formaciones árabes. El Likud se mantiene como primera fuerza política, pero sus aliados se quedan a siete diputados de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría en la Knéset, el Parlamento israelí.
La intervención de Trump llega cuando Israel afronta un escenario de incertidumbre política. Netanyahu conserva posibilidades de continuar al frente del Gobierno, pero la ventaja de su partido no garantiza su permanencia. Sus adversarios tampoco tienen asegurada una alternativa, pese a que la suma de sus diputados y los de las formaciones árabes superaría la mayoría absoluta.
El escrutinio sigue abierto y todavía faltan por contabilizar cientos de miles de votos especiales, entre ellos los de militares y reservistas. Mientras tanto, Washington ya ha encontrado un supuesto responsable del resultado: el propio Trump. Otra cuestión es que los datos permitan demostrarlo.
Trump asegura que su apoyo cambió el resultado electoral
El presidente estadounidense difundió este miércoles en Truth Social un mensaje que atribuye a su intervención pública el cambio de expectativas sobre Netanyahu. El texto sostiene que, cuando Trump respaldó al primer ministro, cambió la tendencia y una posible derrota decisiva pasó a convertirse en un empate disputado o incluso en una victoria.
La publicación está redactada en tercera persona y aparece firmada por Irving C. Schwartz, sin que Trump explique quién es ni precise el origen del comentario. El presidente hizo suyo el mensaje al compartirlo desde su cuenta.
Más tarde, ante los periodistas, insistió en que su apoyo había beneficiado considerablemente a Netanyahu. También reconoció que era demasiado pronto para determinar el desenlace definitivo de las elecciones.
Trump había anunciado su respaldo explícito a Netanyahu el 18 de octubre, nueve días antes de la votación. En aquella declaración presentó al dirigente israelí como un aliado fundamental frente a Irán y advirtió de las consecuencias que, a su juicio, tendría para Estados Unidos la elección de otro primer ministro.
El apoyo estadounidense se convirtió así en un argumento de campaña para el Likud, que ha destacado repetidamente la estrecha relación entre ambos dirigentes. No obstante, no existen datos que permitan atribuir directamente a ese respaldo la evolución del voto. La coincidencia temporal entre una declaración política y un resultado electoral no demuestra que la primera haya provocado el segundo.
Netanyahu aventaja a la oposición, pero no puede gobernar solo
El recuento de las elecciones israelíes ha ido modificando las primeras estimaciones de la noche electoral. Los sondeos a pie de urna apuntaban a un empate prácticamente total entre los bloques enfrentados, con alrededor de 51 diputados para cada uno y una representación especialmente elevada de los partidos árabes.
Conforme avanzó el escrutinio, el bloque conservador y religioso encabezado por Netanyahu consiguió situarse por delante de la oposición. Sin embargo, su ventaja electoral se ha reducido respecto a algunos resultados parciales anteriores.
Con el 76,8 % de las urnas contabilizadas, el reparto provisional proyecta 54 escaños para Netanyahu, 47 para Eisenkot y 19 para los partidos árabes. Son cifras todavía sujetas a cambios y no constituyen una distribución definitiva de los 120 asientos parlamentarios.
El Likud continúa siendo el partido individual más votado. Pero ganar las elecciones en número de sufragios no equivale automáticamente a formar Gobierno. Israel tiene un sistema parlamentario proporcional, marcado por la fragmentación política y por la necesidad habitual de negociar coaliciones.
Netanyahu conoce bien ese mecanismo. Regresó al poder tras las elecciones de 2022 gracias a una alianza de 64 diputados de partidos nacionalistas y religiosos. Si se confirma el reparto actual, su bloque quedaría por debajo de aquella mayoría.
Los votos de militares y reservistas pueden alterar el resultado
Una de las principales incógnitas está en las papeletas emitidas fuera de los colegios electorales ordinarios. Las autoridades israelíes prevén contabilizar más de 600.000 votos mediante el sistema de doble sobre, utilizado para garantizar que los electores puedan participar sin votar dos veces.
Entre esos sufragios figuran los de soldados, reservistas, diplomáticos, pacientes hospitalizados y otros ciudadanos que no pudieron acudir a su mesa habitual.
Su contabilización requiere comprobaciones adicionales y puede modificar la distribución final de escaños. Históricamente, estas papeletas han favorecido a determinadas formaciones sionistas frente a los partidos árabes y ultraortodoxos, aunque el elevado número de reservistas movilizados dificulta anticipar su comportamiento en estas elecciones.
El recuento podría prolongarse hasta el viernes 30 de octubre. Los resultados oficiales deberán publicarse, como máximo, el 4 de noviembre.
Los partidos árabes pueden decidir quién gobierna Israel
Uno de los cambios políticos más relevantes de estas elecciones es el incremento de la representación de los partidos árabes, que alcanzan 19 diputados en las proyecciones provisionales.
La Lista Conjunta y Ra’am, la formación encabezada por Mansour Abbas, podrían desempeñar un papel determinante en la formación del próximo Ejecutivo. Su crecimiento responde a una movilización especialmente intensa del electorado árabe israelí, que representa aproximadamente una quinta parte de la población del país.
La aritmética parlamentaria resulta significativa. Los 47 escaños atribuidos al bloque de Eisenkot y los 19 de los partidos árabes sumarían 66 diputados, cinco por encima de la mayoría absoluta.
Pero esa suma no constituye una coalición. Eisenkot ha rechazado gobernar con partidos árabes, aunque el apoyo parlamentario externo sigue siendo una posibilidad que podría explorarse durante las negociaciones. Algunas formaciones del bloque contrario a Netanyahu también mantienen importantes reservas.
El primer ministro, por su parte, ha descartado la posibilidad de formar un Gobierno dependiente de esas fuerzas y ha reclamado una nueva coalición nacionalista de derechas.
La cuestión no es enteramente nueva. En 2021, Ra’am participó en la alianza que permitió desalojar a Netanyahu del poder. Aquella experiencia demostró que una cooperación parlamentaria entre partidos judíos y árabes era posible, aunque también puso de manifiesto las dificultades de mantener un Ejecutivo formado por fuerzas con diferencias ideológicas profundas.
Unas elecciones marcadas por Gaza, Irán y el desgaste político
Los comicios del 27 de octubre han sido los primeros celebrados en Israel desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras posteriores en Gaza, Líbano e Irán.
La seguridad nacional ha ocupado buena parte de la campaña. Netanyahu ha defendido su gestión militar y su alianza estratégica con Estados Unidos, mientras sus adversarios le reprochan los fallos de seguridad que precedieron a los ataques de 2023, el deterioro institucional y la prolongación de los conflictos regionales.
La participación alcanzó el 77,7 % del censo, el nivel más elevado desde 1999. La elevada movilización refleja la importancia de unas elecciones en las que no solo se decide la continuidad del primer ministro más longevo de la historia israelí, sino también la orientación política del país después de tres años de conflictos.
Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, se ha convertido en el principal rival de Netanyahu. Su formación, Yashar, ha conseguido situarse entre las fuerzas más votadas con un discurso centrado en la renovación del liderazgo y la recuperación de la confianza en las instituciones.
La oposición, sin embargo, reúne sensibilidades políticas muy diferentes. Incluye desde sectores de centroderecha hasta partidos progresistas, unidos principalmente por su voluntad de sustituir a Netanyahu. Convertir ese objetivo compartido en un programa de Gobierno será bastante más complicado.
Una vez publicados los resultados oficiales, el presidente israelí, Isaac Herzog, consultará a los representantes parlamentarios y encargará la formación del Ejecutivo al diputado que considere con mayores posibilidades de reunir los apoyos necesarios.
El candidato designado dispondrá inicialmente de 28 días para negociar, con una posible prórroga de 14 días. Si fracasa, podrán abrirse nuevas rondas de consultas y encargos. En caso de bloqueo persistente, Israel podría verse abocado a otra convocatoria electoral.
La remontada de Netanyahu todavía no garantiza su continuidad
La interpretación de Trump presenta el resultado provisional como una victoria política de su aliado. Netanyahu, ciertamente, ha resistido mejor de lo que sugerían algunas expectativas iniciales y conserva el liderazgo del partido más votado.
Pero su continuidad en el poder sigue sin estar asegurada. La distancia hasta los 61 diputados obliga al primer ministro a buscar apoyos adicionales o a esperar que el escrutinio pendiente mejore considerablemente su posición.
La oposición afronta un problema distinto: dispone de una mayoría potencial junto a los partidos árabes, pero necesita superar diferencias políticas que durante la campaña parecían difíciles de conciliar.
El resultado definitivo determinará cuántos diputados consigue cada formación. La negociación posterior decidirá quién gobierna.
Trump puede atribuirse el mérito de la resistencia electoral de Netanyahu. Lo que todavía no puede atribuirle es una mayoría parlamentaria. Y en Israel, por mucho respaldo que llegue desde la Casa Blanca, los gobiernos se forman con diputados, no con felicitaciones presidenciales.
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