Mundo
El voto femenino vuelve al debate en EE.UU. antes de las legislativas
Una corriente cristiana ultraconservadora impulsa el voto por hogar en EE.UU., mientras la Enmienda 19 mantiene protegido el sufragio femenino.
Resumen
- Una corriente ultraconservadora propone sustituir el voto individual por hogar
- La Enmienda 19 protege desde 1920 el sufragio femenino en Estados Unidos
- No hay una reforma constitucional en marcha y su derogación sigue remota
Más de un siglo después de que Estados Unidos incorporara a su Constitución la prohibición de negar el derecho al voto por razón de sexo, una corriente minoritaria del nacionalismo cristiano ha vuelto a poner sobre la mesa una idea que parecía políticamente enterrada: sustituir el sufragio individual por un «voto por hogar», ejercido normalmente por el hombre considerado cabeza de familia.
La propuesta está muy lejos de convertirse en ley y no existe una iniciativa legislativa relevante para derogar la Enmienda 19. Tampoco los principales dirigentes republicanos han asumido formalmente ese objetivo. Pero el debate ha dejado de limitarse a rincones marginales de internet y ha ganado exposición entre pastores, activistas e influencers conservadores a pocos días de las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
La controversia tiene, además, una lectura electoral bastante concreta. Las encuestas muestran una ventaja demócrata entre las mujeres registradas para votar, mientras que entre los hombres la competición aparece mucho más equilibrada. La brecha de género sigue teniendo peso político en Estados Unidos, aunque no sea uniforme ni permita reducir el voto de millones de mujeres a un único bloque.
El «voto por hogar» sale de los márgenes
Una de las figuras que ha dado mayor visibilidad a esta corriente es Douglas Wilson, pastor que se define como nacionalista cristiano y que defiende un sistema en el que las familias voten como una unidad en lugar de que cada adulto ejerza individualmente su derecho.
Wilson ha reconocido públicamente su deseo de derogar la Enmienda 19. Su planteamiento no consiste, según su propia explicación, simplemente en impedir votar a las mujeres: propone eliminar el principio de sufragio individual dentro del hogar y sustituirlo por una representación familiar. En la práctica, el voto correspondería habitualmente al marido. La distinción semántica no cambia demasiado el resultado.
La polémica adquirió una dimensión nacional cuando el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, compartió en X un reportaje sobre Wilson y otros responsables religiosos que defendían ese modelo. El Pentágono aclaró posteriormente que Hegseth apoya el derecho de las mujeres a votar. Meses después, Wilson fue invitado a predicar en un servicio religioso celebrado en el Pentágono dentro de una iniciativa impulsada por el propio secretario de Defensa.
Otros pastores han ido todavía más lejos
Wilson no está solo. El pastor Dale Partridge ha defendido abiertamente la derogación de la Enmienda 19 e incluso ha pronosticado que podría producirse durante la próxima década. Otros activistas conservadores han promovido fórmulas de voto familiar o han cuestionado directamente que las mujeres deban votar de manera independiente.
Algunas influencers y activistas conservadoras también han defendido el modelo de «household voting» en encuentros políticos de la derecha estadounidense. El fenómeno sigue siendo minoritario, pero lo novedoso está precisamente ahí: planteamientos que hace pocos años resultaban extravagantes incluso dentro del conservadurismo han encontrado altavoces nacionales capaces de introducirlos en la conversación pública.
La Enmienda 19 protege el voto femenino desde 1920
La dimensión jurídica del asunto deja bastante menos espacio para la especulación. El Congreso estadounidense aprobó la Enmienda 19 en 1919 y los estados completaron su ratificación el 18 de agosto de 1920. Su texto establece que el derecho al voto de los ciudadanos de Estados Unidos no puede ser negado ni limitado por el Gobierno federal ni por los estados por razón de sexo.
Eliminar esa garantía constitucional no puede hacerse mediante una orden presidencial ni mediante una ley ordinaria. Sería necesario aprobar otra enmienda constitucional, un procedimiento deliberadamente complejo dentro del sistema político estadounidense.
Una propuesta de reforma tendría que recibir el respaldo de dos tercios de la Cámara de Representantes y del Senado, o surgir de una convención solicitada por dos tercios de los estados. Después debería ser ratificada por tres cuartas partes de los estados, actualmente 38 de 50. Es uno de los umbrales políticos más exigentes del país.
Por eso, hablar de una derogación inmediata de la Enmienda 19 sería exagerado. No existen actualmente mayorías cercanas a esos números ni un movimiento institucional comparable al que sería necesario para modificar la Constitución. Una cosa es la visibilidad del discurso y otra su capacidad legislativa.
Tia Levings y el voto decidido dentro de casa
La discusión no es únicamente teórica para Tia Levings. La escritora, autora de A Well-Trained Wife, ha relatado que dejó de votar durante su matrimonio en una comunidad cristiana fundamentalista porque su esposo entendía que debía ejercer el voto por ambos.
Según su testimonio, aquella decisión llegó después de que su marido leyera argumentos favorables a ese modelo de autoridad familiar difundidos dentro del denominado patriarcado cristiano. Levings acabó abandonando posteriormente ese entorno y ha dedicado parte de su trabajo a explicar las estructuras de poder existentes en algunas comunidades fundamentalistas.
Su experiencia muestra una diferencia importante. El derecho legal al sufragio puede existir y, al mismo tiempo, sufrir restricciones dentro del ámbito familiar cuando una persona ejerce presión religiosa, económica o psicológica sobre otra. Eso no equivale a que el Estado retire formalmente el derecho al voto, pero ayuda a entender por qué la polémica provoca una reacción que va bastante más allá de una disputa en redes sociales.
El voto de las mujeres pesa en la batalla electoral
Las legislativas del 3 de noviembre renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y aproximadamente un tercio del Senado. Con el control del Congreso en juego, cualquier desplazamiento entre grandes grupos de electores puede terminar siendo decisivo.
Las mujeres constituyen precisamente uno de los segmentos donde los demócratas conservan una ventaja electoral apreciable. Distintos sondeos publicados durante la campaña han mostrado una inclinación femenina mayor hacia los candidatos demócratas que hacia los republicanos, mientras que el voto masculino aparece más repartido.
Ese contexto explica que la discusión sobre la Enmienda 19 no sea políticamente neutra. Sustituir el voto individual de las mujeres por un sistema familiar modificaría de manera radical el electorado estadounidense y, con los patrones actuales de voto, tendría consecuencias partidistas previsibles.
Reducir toda la controversia a una maniobra electoral tampoco sería exacto. Quienes promueven estas ideas suelen justificarlas mediante una concepción religiosa y patriarcal de la familia, no únicamente mediante cálculos sobre qué partido obtendría más escaños.
Un debate minoritario que ha dejado de ser invisible
Hay dos extremos que conviene evitar. El primero sería presentar Estados Unidos como un país a punto de retirar el voto a las mujeres. Los hechos no sostienen semejante escenario: no hay una reforma constitucional en marcha, no existe una mayoría política suficiente y el procedimiento necesario sería extraordinariamente difícil.
El segundo sería despachar todo como una extravagancia irrelevante. Algunos defensores del voto por hogar han obtenido una exposición pública que hasta hace poco resultaba difícil de imaginar, y sus planteamientos han circulado por espacios próximos a figuras relevantes de la derecha estadounidense. Lo que ha cambiado no es la Constitución, sino el espacio público que determinadas ideas han conseguido ocupar.
La Constitución sigue firme, pero la discusión ha cambiado
A pocos días de unas elecciones que decidirán el equilibrio de poder en Washington, esa es quizá la parte más significativa del episodio. El voto femenino estadounidense está protegido desde 1920 y su derogación continúa siendo remota. Pero que en 2026 haya vuelto a discutirse públicamente si cada mujer debe disponer de su propia papeleta muestra hasta dónde se han desplazado algunos límites del debate político estadounidense.
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