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Herzog pide pactos para evitar nuevas elecciones en Israel sin mayoría
Herzog reclama acuerdos para evitar nuevas elecciones en Israel. Netanyahu aventaja a Eisenkot sin mayoría y los partidos árabes pueden decidir.
Imagen: Avi Ohayon / Oficina de Prensa del Gobierno de Israel, CC BY-SA 3.0.
Resumen
- Herzog pide pactos para evitar otra votación tras las elecciones en Israel
- El bloque de Netanyahu tendría 53 escaños, ocho menos que la mayoría
- Los partidos árabes lograrían 19 diputados y pueden resultar decisivos
El presidente de Israel, Isaac Herzog, ha pedido este miércoles 28 de octubre a los partidos políticos que afronten con «la mente abierta» las negociaciones para formar Gobierno y hagan todo lo posible por evitar una repetición electoral. Su llamamiento llega después de unas elecciones legislativas que han dejado a los dos grandes bloques políticos sin la mayoría necesaria para gobernar y al país ante un nuevo periodo de incertidumbre.
El escrutinio provisional refleja una ventaja del bloque del primer ministro, Benjamín Netanyahu, sobre la oposición encabezada por Gadi Eisenkot, pero ninguno alcanza los 61 escaños necesarios para controlar la Knéset, el Parlamento israelí de 120 diputados. Las formaciones árabes, ajenas a ambas alianzas, podrían resultar decisivas para desbloquear la situación.
Con el 85,6 % de los votos escrutados, las proyecciones atribuyen 53 diputados al bloque favorable a Netanyahu y 48 al de Eisenkot. Los partidos árabes sumarían otros 19 representantes. El Likud, la formación del actual primer ministro, sería la fuerza más votada, con 26 escaños. Son cifras provisionales que todavía pueden cambiar hasta la publicación oficial de los resultados.
Herzog ha trasladado su mensaje durante un encuentro celebrado en la residencia presidencial de Jerusalén. El jefe del Estado considera prioritario impedir que las diferencias entre los partidos desemboquen en otra convocatoria electoral. También ha confirmado que la próxima semana comenzará las consultas con todas las fuerzas parlamentarias para determinar quién reúne las mejores condiciones para formar un Ejecutivo.
La petición tiene una lectura política evidente: ganar las elecciones no garantiza poder gobernar. Y en Israel, donde las coaliciones son imprescindibles, esa diferencia puede decidir la continuidad de Netanyahu o abrir la puerta a un cambio de Gobierno.
Netanyahu aventaja a la oposición, pero sigue sin mayoría
Los resultados conocidos hasta el momento sitúan al Likud como primera fuerza parlamentaria. Netanyahu conserva una ventaja sobre sus principales adversarios y cuenta con el respaldo de sus socios habituales, entre ellos partidos religiosos y de extrema derecha.
Sin embargo, los 53 escaños atribuidos provisionalmente a su bloque quedan ocho por debajo de la mayoría absoluta. La distancia supone un problema para un dirigente que aspira a continuar al frente del Gobierno y que, durante la campaña, defendió la necesidad de mantener un Ejecutivo de derechas.
En el otro lado aparece Gadi Eisenkot, antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército israelí y líder de Yashar, que ha articulado una alternativa a Netanyahu junto con otras fuerzas opositoras.
El bloque de Eisenkot tampoco dispone de suficientes diputados para gobernar por sí solo. Su principal dificultad consiste en conseguir que partidos con diferencias ideológicas importantes acepten una fórmula común que permita sustituir al actual primer ministro.
Netanyahu y Eisenkot llegan así a las negociaciones desde posiciones distintas, pero con un problema compartido: ninguno tiene garantizados los apoyos parlamentarios.
Los partidos árabes pueden decidir el próximo Gobierno de Israel
Uno de los datos más relevantes de estas elecciones es el avance de las formaciones árabes que representan principalmente a los ciudadanos palestinos de Israel.
Según las estimaciones correspondientes al 85,6 % del escrutinio, la Lista Conjunta conseguiría alrededor de 12 diputados y Raam, encabezada por Mansur Abbas, otros siete. Juntas alcanzarían 19 escaños, una representación considerablemente superior a la obtenida en las anteriores elecciones.
Esa cifra podría modificar el equilibrio de poder. Si los 48 diputados del bloque de Eisenkot consiguieran el respaldo de los 19 representantes árabes, reunirían teóricamente 67 escaños, suficientes para superar la mayoría absoluta.
Pero sumar diputados sobre el papel no equivale a tener una coalición.
La oposición israelí agrupa sensibilidades muy diferentes, desde la izquierda hasta sectores nacionalistas de derechas. Algunos de sus dirigentes mantienen importantes reservas frente a una alianza con partidos árabes, especialmente con la Lista Conjunta.
Eisenkot ha establecido límites a esa colaboración, mientras que Yair Golán, dirigente de Los Demócratas, ha defendido públicamente la posibilidad de formar un Gobierno con participación o respaldo de representantes árabes.
Netanyahu, por su parte, rechaza la formación de un Ejecutivo que dependa de esos partidos.
El resultado deja una paradoja política: las formaciones árabes pueden contar con diputados suficientes para facilitar una alternativa, pero necesitan encontrar interlocutores dispuestos a negociar con ellas.
Existe, además, una posibilidad intermedia. Un Gobierno podría obtener la confianza parlamentaria mediante apoyos externos o abstenciones, sin incorporar necesariamente a todos los partidos que faciliten su investidura. La legislación israelí exige superar una votación de confianza, no mantener permanentemente una coalición de 61 ministros y diputados afines.
Herzog comenzará las consultas para formar Gobierno en noviembre
El presidente israelí recibirá los resultados oficiales de las elecciones la próxima semana de manos de Noam Sohlberg, juez del Tribunal Supremo y presidente de la Comisión Electoral Central.
La publicación oficial está prevista para el 4 de noviembre. A partir de ese momento, Herzog dispondrá de siete días para consultar a los representantes de los grupos parlamentarios y encargar la formación de Gobierno a un diputado.
Su decisión no tiene por qué favorecer automáticamente al dirigente del partido más votado. La legislación permite al presidente elegir a quien considere que tiene mayores posibilidades de conseguir una mayoría parlamentaria.
Este detalle adquiere especial importancia cuando ninguna candidatura alcanza los apoyos suficientes y existen distintas combinaciones de Gobierno.
Herzog tendrá que valorar las recomendaciones de los grupos, sus compromisos políticos y la viabilidad de los posibles acuerdos. Su función no consiste en imponer una coalición, pero sí en determinar quién tendrá la primera oportunidad de intentar formarla.
Los plazos para negociar y evitar nuevas elecciones
El candidato designado dispondrá inicialmente de 28 días para formar Gobierno. Si necesita más tiempo, el presidente podrá concederle una prórroga de hasta 14 días adicionales.
Por tanto, el primer intento puede prolongarse durante un máximo de 42 días.
Si fracasa, Herzog podrá encomendar la tarea a otro diputado, que contará con un nuevo plazo de 28 días sin posibilidad de ampliación.
La legislación contempla todavía otra oportunidad. Una mayoría de parlamentarios puede proponer un candidato alternativo durante un periodo de 21 días. Si prospera esa iniciativa, el aspirante elegido dispondrá de 14 días para intentar constituir un Ejecutivo.
Si se agotan todas las posibilidades sin acuerdo, Israel deberá convocar nuevas elecciones en un plazo de 90 días.
Mientras tanto, Netanyahu continuará ejerciendo como primer ministro en funciones hasta que se constituya otro Gobierno.
Una participación del 77,7 % en unas elecciones decisivas
Herzog también ha destacado la elevada movilización ciudadana registrada en las elecciones del martes.
La participación ha alcanzado el 77,7 % del electorado, el porcentaje más alto desde 1999. El presidente ha celebrado este dato como una demostración del compromiso de la sociedad israelí con la democracia.
La cifra adquiere especial relevancia por el contexto político y militar en el que se han celebrado los comicios.
Son las primeras elecciones legislativas desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva israelí sobre Gaza, que ha causado decenas de miles de víctimas palestinas. Las guerras y operaciones militares posteriores en Oriente Próximo también han condicionado profundamente el debate nacional.
La seguridad, la relación con Irán, las responsabilidades por los fallos que permitieron los ataques de 2023 y el futuro de los territorios palestinos han ocupado un lugar destacado en la campaña.
A estas cuestiones se suman las tensiones internas sobre el papel del poder judicial, las relaciones entre religión y Estado y el servicio militar de los judíos ultraortodoxos.
La elevada participación demuestra el interés de los ciudadanos por decidir el rumbo político del país. Pero no ha producido una mayoría parlamentaria clara.
Ese contraste explica buena parte de la preocupación expresada por Herzog: una movilización electoral histórica puede terminar desembocando en otra votación si los representantes elegidos no consiguen alcanzar un acuerdo.
Israel vuelve a enfrentarse al riesgo de un bloqueo político
La posibilidad de repetir las elecciones no es nueva en Israel.
Entre abril de 2019 y noviembre de 2022, el país celebró cinco elecciones legislativas, en una etapa marcada por la fragmentación parlamentaria, las dificultades para formar coaliciones estables y los enfrentamientos políticos alrededor de Netanyahu.
Durante aquel periodo se sucedieron negociaciones fallidas, gobiernos de corta duración y acuerdos entre fuerzas que, en circunstancias normales, difícilmente habrían compartido el poder.
La experiencia explica por qué Herzog insiste tanto en evitar otro proceso electoral. Una nueva convocatoria prolongaría la incertidumbre institucional y mantendría al Ejecutivo saliente en funciones durante meses.
Sin embargo, el presidente no puede resolver por sí solo las incompatibilidades entre los partidos.
Netanyahu necesita ampliar sus apoyos más allá de sus aliados tradicionales. Eisenkot debe demostrar que puede construir una alternativa parlamentaria viable. Y las formaciones árabes tendrán que decidir hasta qué punto están dispuestas a facilitar un cambio de Gobierno y bajo qué condiciones.
El resultado definitivo del escrutinio será importante, pero no resolverá automáticamente el futuro político de Israel. Lo determinarán las negociaciones posteriores y la capacidad de los dirigentes para transformar sus escaños en una mayoría efectiva.
El llamamiento de Herzog llega precisamente en ese momento. Los ciudadanos han votado y el reparto de fuerzas empieza a conocerse. Ahora corresponde a los partidos demostrar si son capaces de ponerse de acuerdo antes de devolver a los israelíes a las urnas.
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