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Putin ofrece centrales nucleares flotantes a cuatro países de África
Rosatom negocia con Egipto, Togo, Namibia y Tanzania el despliegue de centrales nucleares flotantes de 100 MW. Los contratos podrían durar 60 años.
Resumen
- Rusia ofrece centrales nucleares flotantes a cuatro países africanos
- Cada unidad tendría 100 MW y se contrataría el suministro eléctrico
- Togo ha firmado un memorando, pero aún no hay centrales adjudicadas
Vladímir Putin ha ofrecido a los países africanos la tecnología rusa de centrales nucleares flotantes, una propuesta con la que Moscú pretende ampliar su presencia energética en el continente. La corporación estatal Rosatom ha confirmado que mantiene negociaciones avanzadas con Egipto, Togo, Namibia y Tanzania para instalar reactores nucleares sobre plataformas marítimas capaces de suministrar electricidad a ciudades, industrias e infraestructuras estratégicas.
La iniciativa se presentó el 28 de octubre de 2026 durante la tercera cumbre Rusia-África, celebrada en Moscú. Rusia propone unidades de 100 megavatios de potencia, diseñadas para funcionar en climas cálidos y suministrar electricidad mediante contratos de larga duración. La oferta tiene un precedente real: la central flotante Akadémik Lomonósov, que opera comercialmente desde 2020 en el Ártico ruso. Sin embargo, las conversaciones con los cuatro países africanos todavía no equivalen a contratos definitivos de construcción o suministro.
La propuesta llega en un momento en el que África necesita ampliar su capacidad eléctrica para sostener el crecimiento industrial y mejorar el abastecimiento de millones de hogares. Según los últimos datos internacionales disponibles, más de 560 millones de personas en el África subsahariana carecen de acceso a la electricidad. Para Rusia, esa necesidad representa también una oportunidad comercial y diplomática: exportar tecnología nuclear significa establecer relaciones que pueden prolongarse durante varias décadas.
Rusia negocia con Egipto, Togo, Namibia y Tanzania
El director general de Rosatom, Alexéi Lijachov, confirmó las conversaciones durante la cumbre y señaló que los cuatro países estudian posibles proyectos de generación nuclear flotante. La compañía considera que buena parte del litoral africano reúne condiciones para instalar este tipo de unidades, aunque la viabilidad dependerá de las características de cada puerto, las redes eléctricas disponibles y los requisitos de seguridad.
Togo es el país que ha dado un paso formal más concreto. El 28 de octubre, su Ministerio de Energía y Rosatom firmaron un memorando de entendimiento para estudiar proyectos relacionados con el uso pacífico de la energía nuclear. El acuerdo contempla grupos de trabajo especializados, formación de personal y evaluación de posibles aplicaciones energéticas.
La firma no autoriza todavía la construcción de una central ni compromete su financiación. Es un instrumento de cooperación inicial. Esa distinción importa, porque en el sector nuclear los anuncios políticos suelen preceder durante años a las inversiones y las autorizaciones necesarias.
Egipto presenta una situación diferente. Rosatom ya construye allí la central nuclear de El Dabaa, un complejo de cuatro reactores VVER-1200 que tendrá una potencia conjunta de 4.800 megavatios. La posibilidad de incorporar centrales flotantes ampliaría una relación energética que Rusia y Egipto mantienen desde hace años.
Namibia y Tanzania también figuran entre los interlocutores identificados por la empresa rusa, aunque no se han comunicado emplazamientos concretos, presupuestos aprobados ni fechas de puesta en funcionamiento para sus posibles instalaciones.
Cómo funciona una central nuclear flotante
Una central nuclear flotante es una instalación de generación eléctrica equipada con uno o varios reactores nucleares sobre una estructura marítima. En lugar de construir todo el complejo sobre tierra firme, los principales equipos se integran en una plataforma que puede fabricarse en un astillero y trasladarse posteriormente hasta su destino.
Una vez situada y amarrada en un emplazamiento adecuado, la unidad se conecta a las instalaciones terrestres para suministrar electricidad. No se trata de un buque de guerra ni de un reactor destinado a propulsar barcos, sino de una instalación de producción energética que puede permanecer durante largos periodos en el mismo lugar.
La tecnología aprovecha la experiencia acumulada por Rusia en los reactores utilizados en sus rompehielos nucleares. Las nuevas unidades de exportación incorporarán reactores RITM-200M, adaptados para trabajar en condiciones ambientales distintas de las del Ártico.
Su principal atractivo es que permiten trasladar buena parte de la construcción a instalaciones industriales especializadas. Esto puede reducir las obras necesarias en el país receptor y facilitar el suministro eléctrico a zonas costeras o grandes consumidores industriales.
Pero una central flotante no funciona simplemente con llegar al puerto y conectarla a un cable. Necesita infraestructuras de evacuación eléctrica, sistemas de protección y autorizaciones, además de instalaciones auxiliares y una organización capaz de responder ante cualquier incidencia.
El Akadémik Lomonósov, la central que Putin utiliza como ejemplo
El proyecto que sirve de referencia a Moscú es el Akadémik Lomonósov, instalado en Pevek, en la región rusa de Chukotka, próxima al estrecho de Bering.
La central comenzó su operación comercial en mayo de 2020. Dispone de dos reactores KLT-40S de 35 megavatios eléctricos cada uno, con una capacidad conjunta de 70 megavatios. También puede producir calor para abastecer instalaciones y edificios de la zona.
Durante la cumbre, Putin destacó que Rusia dispone de una central de estas características que lleva años generando energía. Su argumento pretende diferenciar una tecnología operativa de otros proyectos internacionales de reactores flotantes que todavía están en desarrollo.
La experiencia de Pevek demuestra que el sistema puede funcionar. Lo que aún debe acreditarse a escala comercial es su competitividad en mercados exteriores con condiciones económicas, climáticas, portuarias y regulatorias diferentes.
El modelo ruso: vender electricidad durante 60 años
Uno de los aspectos más relevantes de la propuesta es su modelo de negocio. Rosatom no plantea necesariamente vender las instalaciones a los gobiernos africanos, sino mantener la propiedad y explotación de las centrales y cobrar por la electricidad suministrada.
El mecanismo se basa en contratos de compraventa de energía, conocidos internacionalmente como PPA. La compañía rusa asumiría determinadas responsabilidades técnicas, incluida la operación nuclear, mientras que el cliente contrataría el suministro eléctrico durante un periodo prolongado.
Rosatom plantea unidades con una vida útil prevista de hasta 60 años. También contempla realizar en Rusia las operaciones de mantenimiento más complejas y las recargas de combustible nuclear, que podrían espaciarse varios años.
Este sistema puede resultar atractivo para países que no disponen de la capacidad financiera o industrial necesaria para levantar una central nuclear convencional. También evita que tengan que desarrollar por sí solos toda la cadena de mantenimiento y gestión del combustible.
La contrapartida es evidente: contratar electricidad durante décadas con un proveedor extranjero puede generar una dependencia tecnológica y comercial considerable. El precio pactado, las condiciones de renovación, las garantías de suministro y las responsabilidades ante posibles incidentes serían aspectos decisivos de cualquier acuerdo.
Rusia ya ha conseguido un precedente internacional importante. En octubre de 2026, Rosatom anunció un acuerdo con una empresa indonesia para suministrar electricidad mediante dos unidades nucleares flotantes de 100 megavatios cada una, destinadas a la isla de Halmahera.
El proyecto indonesio constituye un avance comercial para la exportación de esta tecnología, aunque las instalaciones todavía deben construirse y comenzar a suministrar energía.
Los riesgos de instalar reactores nucleares en el mar
La energía nuclear permite producir grandes cantidades de electricidad de manera continua y con bajas emisiones directas de dióxido de carbono durante su funcionamiento. Esa característica puede resultar especialmente interesante para industrias que necesitan suministro estable durante las 24 horas.
Sin embargo, instalar un reactor en una plataforma flotante introduce dificultades específicas que no desaparecen por reducir el tamaño de la instalación.
La seguridad debe contemplar tanto los riesgos propios de cualquier central nuclear como los asociados al entorno marítimo: condiciones meteorológicas extremas, posibles colisiones y protección de las instalaciones portuarias, además de las operaciones de traslado.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha identificado desafíos técnicos y regulatorios relacionados con el despliegue de centrales flotantes. Entre ellos destacan la coordinación entre las autoridades nucleares y marítimas, la protección física de las instalaciones y las responsabilidades durante el transporte, mantenimiento y retirada de los reactores.
También habrá que definir cómo se gestionan los residuos radiactivos y el combustible gastado. Que Rusia asuma las recargas y el mantenimiento no elimina la necesidad de establecer procedimientos verificables, controles independientes y obligaciones claras para cada país.
Existe, además, una cuestión económica que todavía no está resuelta de forma general. Rosatom sostiene que sus unidades pueden ofrecer electricidad competitiva y acortar los plazos de implantación, pero el coste final dependerá de la financiación, las obras portuarias, la conexión a la red y las condiciones contractuales.
Sin conocer esos elementos, no es posible afirmar que una central flotante resulte más barata que una alternativa terrestre o que una combinación de distintas tecnologías energéticas.
África necesita electricidad, pero también redes e inversiones
La propuesta rusa responde a un problema estructural del continente. Según los datos difundidos en junio de 2026 por la Agencia Internacional de la Energía y otros organismos internacionales, más de 560 millones de personas del África subsahariana siguen sin electricidad.
La falta de suministro eléctrico fiable perjudica a hospitales, centros educativos, pequeñas empresas e industrias. Incluso en lugares donde existe conexión a la red, los cortes frecuentes y los costes elevados dificultan la actividad económica.
Las centrales nucleares flotantes podrían ser especialmente interesantes para puertos, complejos mineros, polos industriales y ciudades costeras con una demanda eléctrica suficiente y relativamente estable.
No obstante, su aportación a la electrificación rural sería más limitada si no se acompaña de inversiones en distribución y transporte de electricidad. Una central de 100 megavatios puede aumentar la oferta de generación, pero no garantiza por sí sola que la energía llegue a las comunidades que actualmente carecen de conexión.
La Agencia Internacional de la Energía considera que la ampliación de las redes convencionales debe combinarse con soluciones descentralizadas, como minirredes y sistemas solares autónomos. La combinación más adecuada depende de la ubicación de los consumidores, la demanda y los costes.
La energía nuclear puede formar parte de ese conjunto de opciones. Su conveniencia, sin embargo, debe determinarse mediante estudios económicos y técnicos, no únicamente por el atractivo de una tecnología novedosa.
La energía nuclear refuerza la influencia rusa en África
La oferta de centrales flotantes encaja en una estrategia más amplia del Kremlin para ampliar sus relaciones económicas con los gobiernos africanos. Rusia busca consolidar su presencia mediante inversiones, cooperación industrial, suministro de tecnología y acuerdos energéticos de larga duración.
Rosatom ocupa una posición destacada en esa política exterior. A diferencia de operaciones comerciales que terminan con la entrega de un producto, un proyecto nuclear establece vínculos técnicos, financieros y regulatorios durante décadas.
La relación puede extenderse al suministro de combustible, la formación de especialistas, el mantenimiento de instalaciones y futuras ampliaciones de capacidad. Para Moscú representa una fuente potencial de ingresos y una herramienta de influencia internacional. Para los países receptores, una oportunidad que exige negociar cuidadosamente las condiciones.
La instalación de reactores flotantes también permitiría a Rusia competir en un mercado donde otras potencias promueven centrales convencionales, pequeños reactores modulares y soluciones renovables.
Por el momento, no hay centrales nucleares flotantes rusas contratadas y en construcción en los cuatro países africanos mencionados. Lo que existe es una oferta tecnológica, conversaciones avanzadas y, en el caso de Togo, un memorando para estudiar futuras posibilidades de cooperación.
El siguiente paso dependerá de decisiones bastante menos vistosas que una presentación presidencial: financiación, permisos, emplazamientos, contratos y garantías de seguridad.
Putin ha puesto sobre la mesa una tecnología que Rusia ya utiliza en su propio territorio. Convertirla en una solución energética competitiva para África será otra cuestión. Y tendrá que demostrarse con proyectos viables, electricidad a precios asumibles y compromisos que no comprometan la autonomía de los países que decidan contratarla.
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