Ciencia
La sonda Lucy llega a los troyanos de Júpiter tras cinco años de viaje
La sonda Lucy llega a los troyanos de Júpiter tras cinco años de viaje y más de 3.500 millones de kilómetros, antes de visitar Eurybates en 2027.
Imagen: NASA’s Goddard Space Flight Center/Conceptual Image Lab/Adriana Gutierrez, dominio público.
Resumen
- Lucy ya está en la región de los asteroides troyanos de Júpiter
- Eurybates será su primer gran sobrevuelo, previsto para agosto de 2027
- La misión estudiará cuerpos que conservan pistas del origen del Sistema Solar
La sonda Lucy de la NASA ha alcanzado la región de los asteroides troyanos de Júpiter después de cinco años de viaje y más de 3.500 millones de kilómetros recorridos desde su lanzamiento. La misión entra así en el territorio para el que fue concebida: una enorme población de cuerpos primitivos que comparte la órbita de Júpiter alrededor del Sol y que nunca había sido explorada de cerca por una nave espacial.
El hito no significa que Lucy haya pasado ya junto a uno de estos asteroides. Ese momento llegará el 11 de agosto de 2027, cuando sobrevuele Eurybates. Lo que acaba de conseguir la nave es alcanzar la zona asociada al punto de Lagrange L4, donde se concentra el grupo de troyanos que precede a Júpiter en su recorrido orbital. A partir de aquí empieza, de verdad, la fase central de una misión que pretende mirar hacia los primeros tiempos del Sistema Solar.
Lucy llega a una región del Sistema Solar nunca explorada
Los asteroides troyanos se reparten principalmente en dos grandes grupos. Uno viaja por delante de Júpiter alrededor del Sol y se concentra en torno al punto de Lagrange L4. El segundo sigue al planeta gigante y ocupa la región correspondiente a L5. No son satélites de Júpiter ni forman un cinturón compacto alrededor del planeta.
En esas posiciones, la combinación de la gravedad del Sol y de Júpiter permite que los objetos mantengan órbitas estables durante periodos extraordinariamente largos. Ambos grupos se encuentran aproximadamente a la misma distancia del planeta gigante que la que separa a Júpiter del Sol, aunque cada asteroide sigue su propia trayectoria.
Lucy se encuentra en el grupo que precede a Júpiter. No existe una frontera material que marque la entrada en la región troyana: los científicos determinan la posición de la nave mediante sus señales de radio y la navegación óptica, utilizando las estrellas como referencia para precisar dónde se encuentra.
La escala también engaña. Aunque se hable de una población de asteroides, estos cuerpos están separados por enormes distancias. La separación media supera los 9,6 millones de kilómetros, por lo que incluso desde Lucy los futuros objetivos seguirán apareciendo durante bastante tiempo como pequeños puntos luminosos sobre un fondo de estrellas.
Por qué los troyanos de Júpiter interesan tanto a la ciencia
La importancia científica de Lucy no está únicamente en llegar a un lugar nuevo. Los troyanos son considerados una especie de archivo del Sistema Solar primitivo, objetos capaces de conservar información sobre una época situada hace unos 4.500 millones de años, cuando los planetas todavía estaban terminando de formarse.
Los modelos sobre el origen del Sistema Solar apuntan a que parte de estos cuerpos pudo formarse en regiones distintas de las actuales. Los gigantes Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno tampoco habrían ocupado necesariamente desde el principio las mismas órbitas que observamos en el presente. Sus desplazamientos alteraron la distribución de numerosos objetos pequeños.
En ese proceso, algunos asteroides pudieron quedar atrapados en las posiciones gravitatoriamente estables que ocupan los troyanos. Su estudio puede ayudar a reconstruir cómo se produjo aquella reorganización de los planetas gigantes y qué materiales circulaban por las distintas regiones del joven Sistema Solar.
Hay otro detalle especialmente interesante: los troyanos muestran superficies y composiciones diferentes entre sí. Esa diversidad podría indicar que no nacieron todos en el mismo lugar. Comparar su composición, sus cráteres, su estructura y otras propiedades físicas permitirá comprobar hasta qué punto proceden de ambientes distintos.
Eurybates será el primer gran encuentro de Lucy en 2027
El siguiente momento decisivo de la misión está previsto para el 11 de agosto de 2027. Lucy pasará junto a Eurybates, un asteroide de alrededor de 70 kilómetros de diámetro que cuenta además con un pequeño satélite denominado Queta.
Eurybates resulta especialmente valioso para los investigadores porque pertenece a una familia de más de 200 fragmentos relacionados con una gran colisión ocurrida hace miles de millones de años. Estudiarlo permitirá observar uno de los restos de aquel impacto y compararlo después con otros troyanos de características muy diferentes.
El encuentro será corto. Lucy no entrará en órbita alrededor del asteroide ni aterrizará sobre él. La nave realizará un sobrevuelo a gran velocidad y concentrará buena parte de sus observaciones en unas pocas horas, de modo que la posición de los instrumentos y la orientación de la nave deberán estar calculadas con enorme precisión.
Qué medirá Lucy durante sus sobrevuelos
La nave dispone de cámaras, espectrómetros y otros equipos para estudiar la geología y composición de las superficies. Los científicos buscarán información sobre minerales, posibles hielos, compuestos orgánicos, temperaturas y características físicas de los objetos que visite.
Las comunicaciones por radio también tendrán utilidad científica. Las pequeñas variaciones provocadas durante los encuentros ayudarán a estimar la masa de los asteroides. Combinada con el volumen calculado a partir de las imágenes, esa información permitirá aproximarse a su densidad y conocer mejor su estructura interna.
Trabajar tan lejos del Sol supone otro reto. La región de Júpiter se encuentra a unas cinco veces la distancia que separa a la Tierra del Sol, por lo que Lucy recibe una cantidad de luz solar mucho menor. Sus grandes paneles solares fueron diseñados precisamente para mantener operativos los sistemas de la nave en esas condiciones.
Una gira por varios asteroides antes de cambiar de enjambre
Eurybates será únicamente el comienzo. El 14 de septiembre de 2027, poco más de un mes después, Lucy tiene previsto sobrevolar Polymele, otro de sus objetivos dentro del grupo troyano que viaja por delante de Júpiter. Polymele también posee un pequeño satélite.
La siguiente parada será Leucus el 18 de abril de 2028. Después llegará Orus, cuyo encuentro está previsto para el 11 de noviembre de 2028. La selección permite estudiar objetos con tamaños, colores y propiedades diferentes en lugar de concentrarse en una única clase de asteroide.
Lucy, además, no llega sin experiencia. En 2023 pasó junto al asteroide Dinkinesh, donde las observaciones revelaron un sistema más complejo de lo esperado. En abril de 2025 realizó otro sobrevuelo, esta vez de Donaldjohanson, dentro del cinturón principal de asteroides.
Esos encuentros sirvieron para probar procedimientos e instrumentos antes de llegar al objetivo principal. Durante 2026, el equipo también comenzó a utilizar las cámaras para observar a gran distancia los futuros troyanos, que todavía aparecían como minúsculos puntos de luz. Son ensayos discretos, pero necesarios cuando la próxima oportunidad puede durar apenas unas horas.
La Tierra dará a Lucy el impulso para llegar al segundo grupo
Después de visitar Orus, Lucy emprenderá una ruta que, vista sobre un mapa, parece casi un paso atrás: regresará hacia el interior del Sistema Solar. En 2030 volverá a las proximidades de la Tierra para aprovechar una nueva asistencia gravitatoria.
La maniobra permitirá modificar la velocidad y la dirección de la nave utilizando la gravedad terrestre, ahorrando una cantidad de combustible que haría mucho más complicada una trayectoria convencional. Es uno de los recursos fundamentales de una misión que enlaza objetivos separados por distancias gigantescas.
Con ese impulso, Lucy pondrá rumbo hacia el otro gran grupo de asteroides troyanos, el que sigue a Júpiter en torno al punto de Lagrange L5. Será la segunda gran región troyana visitada durante la misión primaria.
Allí espera uno de los encuentros más singulares del viaje. En marzo de 2033, la sonda estudiará Patroclus y Menoetius, dos asteroides de tamaño similar que orbitan alrededor de un centro de masas común y forman un sistema binario.
Una trayectoria de 12 años construida alrededor de la gravedad
Lucy fue lanzada el 16 de octubre de 2021 y su misión primaria está diseñada para extenderse durante unos 12 años. Su recorrido aprovecha varias asistencias gravitatorias de la Tierra para cambiar de trayectoria sin cargar con el combustible que exigiría realizar todas esas maniobras únicamente mediante sus motores.
El resultado es una ruta extraordinariamente ambiciosa: la nave habrá recorrido el cinturón principal de asteroides, el enjambre troyano que precede a Júpiter y, finalmente, el grupo que lo sigue. Ninguna misión anterior había sido diseñada para estudiar una colección tan diversa de asteroides desde distancias cercanas.
Sus enormes paneles solares son también parte esencial del diseño. A medida que Lucy se ha alejado del Sol, la energía disponible ha disminuido y las temperaturas han caído. La nave y sus instrumentos han tenido que adaptarse progresivamente a un entorno mucho más frío y oscuro que el de las proximidades terrestres.
Hasta esta fase del viaje, los sistemas de Lucy continúan funcionando conforme a lo previsto. Eso es especialmente importante porque los encuentros de 2027 y 2028 dejarán poco margen para corregir problemas: las observaciones deberán ejecutarse automáticamente mientras la nave atraviesa cada objetivo a gran velocidad.
Los fósiles que pueden reconstruir el origen del Sistema Solar
El nombre de Lucy fue elegido en referencia al célebre fósil de un antiguo homínido descubierto en Etiopía en 1974. La comparación es deliberada: del mismo modo que aquel hallazgo ayudó a estudiar la evolución humana, los asteroides troyanos podrían aportar información decisiva sobre la evolución del Sistema Solar.
Después de cinco años y miles de millones de kilómetros, Lucy se encuentra finalmente en el escenario principal de su misión. Conviene mantener la precisión: todavía no ha observado de cerca un asteroide troyano. Ha alcanzado la región en la que se encuentran y se prepara para comenzar los sobrevuelos que justifican todo el viaje.
El verdadero examen arrancará con Eurybates en agosto de 2027 y continuará durante años. Cada encuentro permitirá comparar cuerpos diferentes y buscar señales sobre dónde se formaron los primeros materiales planetarios, cómo se desplazaron los grandes planetas y qué restos sobrevivieron desde los primeros millones de años del Sistema Solar.
Ahí reside la importancia de Lucy. Los troyanos pueden parecer rocas remotas atrapadas junto a Júpiter, pero contienen una historia mucho más grande: la de cómo terminó configurándose nuestro vecindario planetario. Para leerla, la NASA ha tenido que enviar una nave a miles de millones de kilómetros. Y la parte más interesante del viaje todavía está por comenzar.
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