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Historia

Hallan en Tomis un sarcófago intacto de un niño romano con juguetes

El hallazgo en la antigua Tomis conserva un enterramiento infantil romano con ataúd de madera, juguetes de arcilla, amuletos y restos de flores.

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sarcófago de un niño romano

Hallan en Tomis un sarcófago intacto de un niño romano con juguetes

Resumen

  • El sarcófago romano permaneció intacto durante unos 1.800 años
  • En su interior había juguetes, amuletos, flores y un ataúd de madera
  • El hallazgo puede aclarar cómo se enterraba a los niños en la antigua Tomis

Un sarcófago romano que permaneció intacto durante unos 1.800 años ha aparecido en la antigua necrópolis de Tomis, bajo la actual ciudad rumana de Constanța, a orillas del mar Negro. En su interior, los arqueólogos encontraron los restos de un niño dentro de un ataúd de madera extraordinariamente bien conservado y acompañado por juguetes de arcilla, adornos de bronce y restos de guirnaldas florales.

El enterramiento está fechado de forma preliminar entre finales del siglo II y comienzos del III d. C. y, según los especialistas del Museo Nacional de Historia y Arqueología de Constanța, es el primer sarcófago infantil de estas características localizado en Tomis. El hallazgo resulta especialmente valioso porque la tumba no había sido saqueada ni alterada: el ajuar funerario sigue asociado al lugar donde fue depositado durante el entierro.

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Un sarcófago cerrado durante unos 1.800 años

El enterramiento apareció durante unas excavaciones arqueológicas preventivas en la zona de Flămânda, en Constanța. Los arqueólogos Constantin Băjenaru y Cătălin Nopcea detectaron el 22 de octubre la posible existencia de un sarcófago sin abrir. Tras liberarlo del terreno, la pieza fue trasladada a dependencias del museo y se abrió el 27 de octubre de 2026 ante un equipo de arqueólogos, restauradores y conservadores.

Dentro apareció algo poco habitual incluso en una necrópolis romana bien conocida: un ataúd de madera todavía reconocible, con elementos de su construcción conservados. Los laterales permiten observar incluso algunas de las uniones empleadas por los carpinteros de la época. También han sobrevivido otros materiales orgánicos, mucho más vulnerables al paso del tiempo que la piedra o el metal.

La conservación alcanza a elementos especialmente frágiles. Los investigadores han informado de restos del cabello del menor y de las guirnaldas de flores colocadas durante el funeral. Parte de ese material vegetal presenta una disposición elaborada de hojas que deberá analizarse para determinar qué especies se utilizaron y cómo se confeccionaron aquellos adornos funerarios.

Juguetes, amuletos y flores junto al niño

El ajuar funerario es una de las razones por las que la tumba tiene tanto interés. Alrededor del cuerpo aparecieron juguetes de arcilla, pequeñas pulseras de bronce, amuletos y restos vegetales. Entre los juguetes destacan un pequeño caballo con ruedas y una figura con forma de gallo. Algunas piezas conservan incluso rastros de su decoración pintada, incluidos detalles de los ojos y otras partes de las figuras.

Los arqueólogos localizaron también dos bullae, un tipo de amuleto relacionado especialmente con la infancia en la sociedad romana. Estos colgantes podían contener diferentes materiales vinculados a creencias protectoras y su forma y composición variaban según la posición económica de la familia.

La presencia de estos objetos es uno de los indicios que llevan a los investigadores a pensar que el fallecido era un niño varón, aunque la identificación continúa siendo preliminar. Los especialistas esperan que el estudio antropológico de los restos permita precisar el sexo y la edad sin depender únicamente de las características del ajuar.

El gallo que todavía funcionaba como sonajero

Uno de los detalles más llamativos apareció al retirar la pequeña figura de gallo. En su interior todavía se conservaban unas bolitas, de modo que el objeto funcionaba como sonajero. No era únicamente una figura decorativa colocada como ofrenda: había sido un juguete capaz de producir sonido.

La edad exacta del menor tampoco está cerrada. Una primera estimación realizada a partir del tamaño del sarcófago apuntaba a unos cuatro o cinco años. Después, al comprobar que entre los juguetes había sonajeros, los arqueólogos plantearon la posibilidad de que fuese incluso más pequeño. Los análisis de los restos óseos deberán resolver esa cuestión con mayor precisión.

El caballo con ruedas añade otra pieza poco frecuente al conjunto. Los juguetes infantiles aparecen en distintos enterramientos romanos, pero encontrar varios objetos en su posición original, acompañados por el ataúd, los adornos personales y los materiales orgánicos, permite estudiar el funeral como un conjunto y no como una colección de piezas aisladas. Ahí está buena parte de su valor.

Una tumba excepcional en la necrópolis de Tomis

El sarcófago apareció en el extremo norte de la necrópolis romana, aproximadamente a un kilómetro y medio del núcleo de la antigua ciudad. Se trata, según los investigadores, de uno de los enterramientos localizados a mayor distancia de las murallas conocidas de Tomis.

Muy cerca discurría una importante vía de época romana. La ubicación ayuda a los especialistas a entender hasta dónde se extendieron las áreas funerarias de la ciudad y cómo se distribuían las tumbas alrededor de sus principales vías de comunicación.

El propio sarcófago y la calidad de los objetos depositados en su interior apuntan, según la valoración preliminar de los arqueólogos, a una familia con una posición económica relativamente acomodada. No basta para reconstruir su identidad, y el nombre del menor sigue siendo desconocido, pero sí ofrece pistas sobre su contexto social.

El ataúd de madera también es una fuente arqueológica

La piedra ha protegido lo que normalmente desaparece. El excelente estado del ataúd de madera permitirá estudiar técnicas de carpintería que rara vez pueden observarse directamente en enterramientos de este periodo. Los investigadores han identificado sistemas de ensamblaje cuidadosamente trabajados, incluidos encajes que muestran cómo actuaban los artesanos de la época.

Algo parecido ocurre con las flores y el resto de los materiales orgánicos. Su análisis puede aportar información sobre las especies vegetales elegidas para el funeral, los objetos que acompañaban al cuerpo y determinados gestos del ritual funerario romano. El sarcófago interesa precisamente por eso: no conserva solo objetos, sino una secuencia de acciones realizada durante un entierro hace casi dos milenios.

Tomis, una ciudad entre el mundo griego y Roma

La actual Constanța se levanta sobre Tomis, una ciudad fundada como colonia griega de tradición milesia probablemente durante el siglo VI a. C. y posteriormente integrada en el mundo romano. Su posición junto al mar Negro la convirtió durante siglos en un punto comercial y estratégico entre el Mediterráneo, los Balcanes y las regiones próximas al Danubio.

Tomis es también conocida por haber sido el lugar del destierro del poeta Ovidio, enviado allí por orden del emperador Augusto en el año 8 d. C. Desde la ciudad escribió buena parte de sus Tristes y las Cartas desde el Ponto, obras marcadas por la experiencia del exilio.

Unos dos siglos después, cuando fue enterrado el niño encontrado en Flămânda, Tomis formaba ya parte plenamente del paisaje urbano y cultural del Imperio romano. El ajuar de la tumba muestra esa realidad cotidiana de una manera especialmente directa: amuletos, juguetes, joyas y flores. Grandes estructuras imperiales, sí, pero también familias enterrando a sus hijos con objetos que habían formado parte de su vida.

Una tumba intacta para entender la infancia romana

El sarcófago apenas ha comenzado a estudiarse. Los especialistas deberán analizar los restos humanos, la madera, los metales y el material vegetal antes de poder establecer con mayor seguridad la edad y el sexo del menor, precisar la cronología del enterramiento y conocer mejor las circunstancias de aquel funeral.

También se estudiarán las bullae sin abrir, cuya conservación resulta especialmente interesante. Los arqueólogos prevén utilizar métodos de análisis que permitan observar su interior sin desmontarlas, lo que podría revelar materiales orgánicos o pequeños elementos asociados a la función protectora atribuida a estos amuletos.

La excepcionalidad del descubrimiento está, sobre todo, en que todo permaneció unido durante unos 1.800 años. El niño, su ataúd, sus pequeños juguetes, los amuletos y las flores no llegaron a los arqueólogos separados por saqueos o excavaciones antiguas. Permanecieron dentro del mismo espacio funerario.

Eso convierte al llamado provisionalmente Niño de Tomis en algo más que otro enterramiento romano. Es una oportunidad poco frecuente para estudiar cómo se enterraba a un menor, qué objetos se consideraban propios de la infancia y qué gestos acompañaban a una familia cuando moría un niño. En arqueología, a veces el hallazgo más revelador no es el objeto más espectacular, sino el que nadie tocó durante casi dos milenios.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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