Salud
Un estudio asocia las bebidas energéticas a paros cardíacos en jóvenes
Una investigación de más de 28.000 notificaciones detecta una asociación entre bebidas energéticas y problemas cardiovasculares en adultos jóvenes.
Resumen
- Un estudio revisa más de 28.000 avisos de posibles efectos adversos
- Los paros cardíacos figuran más en informes sobre productos estimulantes
- La asociación no demuestra que las bebidas energéticas sean la causa
Las bebidas energéticas y los suplementos que contienen cafeína y otros estimulantes aparecen asociados a una mayor proporción de informes sobre paros cardíacos, infartos y arritmias, especialmente entre adultos de 18 a 34 años. Es la principal conclusión de una investigación estadounidense que ha examinado más de 28.000 notificaciones de posibles efectos adversos registradas durante ocho años.
El dato más llamativo es que los paros cardíacos se notificaron unas 11 veces más frecuentemente en los informes relacionados con productos estimulantes que en los correspondientes a productos sin esos ingredientes. Los infartos aparecieron unas 4,5 veces más y las arritmias ventriculares, unas cuatro veces más. Son diferencias importantes, aunque no significan que el consumo multiplique por esas cantidades el riesgo real de sufrir un episodio cardíaco.
La investigación, cuyos resultados se dieron a conocer el 2 de noviembre de 2026, se presentará durante las sesiones científicas de la Asociación Americana del Corazón, previstas del 6 al 9 de noviembre en Chicago. Sus conclusiones son todavía preliminares y no han superado la revisión científica independiente exigida para publicar un artículo completo en una revista especializada.
El trabajo plantea una preocupación sobre productos que forman parte de la rutina de muchos consumidores jóvenes. Se utilizan para combatir el cansancio, estudiar durante más horas, mantenerse despiertos o mejorar el rendimiento durante el entrenamiento. Su disponibilidad en supermercados y establecimientos de alimentación puede contribuir a que se perciban como refrescos corrientes, pese a que algunos contienen concentraciones elevadas de sustancias estimulantes.
Eso no convierte cada lata en una amenaza inmediata ni permite afirmar que las bebidas energéticas provoquen por sí solas un infarto. La investigación identifica una asociación que merece atención, pero no demuestra una relación de causa y efecto. Esa diferencia es fundamental para interpretar correctamente los resultados.
Qué revela el estudio sobre las bebidas energéticas y el corazón
El equipo encabezado por Sai Samayamanthula, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, examinó 28.345 informes de posibles efectos adversos comunicados a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) entre 2017 y 2025.
De ese total, 854 mencionaban bebidas energéticas o complementos alimenticios con cafeína y otras sustancias estimulantes. Los investigadores compararon esos registros con otros 27.491 informes relacionados con productos que no contenían esos ingredientes.
Las diferencias no se limitaron a los episodios cardiovasculares más graves. También aparecieron otras alteraciones del funcionamiento cardíaco.
Las notificaciones de aumento de la frecuencia cardíaca fueron casi tres veces más frecuentes entre los productos estimulantes. El dolor torácico apareció con una frecuencia relativa 2,71 veces mayor y los desmayos, aproximadamente el doble.
Los resultados también mostraron patrones semejantes entre hombres y mujeres, sin que se identificara una diferencia que permitiera atribuir el fenómeno exclusivamente a uno de los dos sexos.
Otro aspecto importante es que los investigadores no examinaron una marca concreta. Agruparon los productos según sus ingredientes, incluyendo cafeína, guaraná, extractos de té o café y otros estimulantes como sinefrina, yohimbina o higenamina.
Por tanto, los resultados no permiten determinar qué bebida energética concreta presenta mayor riesgo, ni establecer que todos los productos comercializados bajo esa denominación tengan los mismos efectos.
Por qué preocupa especialmente a los jóvenes de 18 a 34 años
Uno de los hallazgos más relevantes es la distribución por edades. Aproximadamente el 45 % de los informes cardiovasculares vinculados a productos estimulantes correspondía a personas de entre 18 y 34 años.
Se trata de una población que, por regla general, presenta una incidencia de enfermedades cardiovasculares graves inferior a la de los adultos de mayor edad.
Sin embargo, esa proporción no significa que el 45 % de quienes consumen bebidas energéticas sufra problemas cardíacos. Tampoco demuestra que los jóvenes sean necesariamente más vulnerables que otros grupos. Refleja la distribución de las notificaciones analizadas.
Los investigadores consideran varias explicaciones posibles. Entre ellas figuran la frecuencia con la que se consumen estos productos durante la juventud, su utilización antes del ejercicio intenso y su combinación con alcohol u otras sustancias.
También existe la posibilidad de que algunas personas presenten alteraciones cardíacas no diagnosticadas, capaces de favorecer complicaciones en determinadas circunstancias.
La investigación no permite establecer cuál de estos factores explica la mayor presencia de adultos jóvenes entre los casos comunicados.
Una asociación estadística que todavía no demuestra causalidad
El estudio se basa en registros de farmacovigilancia y seguridad de productos comunicados a la FDA. No es un ensayo clínico en el que se haya seguido a consumidores y no consumidores durante un periodo determinado.
Esta diferencia importa.
Las notificaciones pueden proceder de profesionales sanitarios, consumidores o fabricantes. Recogen sospechas de posibles efectos adversos, pero no siempre establecen que el producto mencionado sea responsable del problema.
Tampoco se conoce cuántas personas consumieron bebidas energéticas durante esos años sin experimentar complicaciones. Sin ese dato, no puede calcularse la probabilidad real de sufrir un infarto o un paro cardíaco por consumir estas bebidas.
Hay otras limitaciones. Los informes pueden estar incompletos, algunos episodios nunca llegan a notificarse y pueden intervenir enfermedades previas, medicamentos o sustancias consumidas simultáneamente.
Gregory Marcus, especialista de la Universidad de California en San Francisco que no participó en la investigación, considera que existen razones biológicas para estudiar esa relación, pero advierte de que otros factores podrían explicar parte de los resultados.
La Asociación Americana del Corazón también recuerda que los trabajos presentados en sus congresos constituyen resultados preliminares hasta que se publican íntegramente y superan una evaluación científica independiente.
Cuánta cafeína tiene una bebida energética y qué cantidad es segura
La cafeína estimula el sistema nervioso central y puede provocar un aumento transitorio de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial. Sus efectos dependen de la dosis, las características de cada persona y la presencia de otras sustancias estimulantes.
En España, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) señala que muchas bebidas energéticas contienen aproximadamente 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros.
A esa concentración, una lata de 250 mililitros aporta unos 80 miligramos de cafeína, mientras que un envase de 500 mililitros contiene aproximadamente 160 miligramos.
Dos latas de medio litro equivaldrían a 320 miligramos. Si durante el mismo día se consume también café, té o un suplemento deportivo con cafeína, la cantidad total puede aumentar considerablemente.
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que, para la mayoría de los adultos sanos, una ingesta de hasta 400 miligramos diarios de cafeína, repartida durante el día, no plantea problemas generales de seguridad.
Para una sola toma, la referencia se sitúa en 200 miligramos. No obstante, estos valores no son objetivos de consumo ni garantías individuales: la tolerancia varía y determinadas enfermedades pueden aconsejar cantidades inferiores.
Incluso dosis de 100 miligramos pueden alterar el sueño en algunas personas, especialmente cuando se consumen cerca de la hora de acostarse.
Las concentraciones tampoco son idénticas en todos los productos. Algunas bebidas y preparados destinados al entrenamiento contienen cantidades de estimulantes considerablemente superiores a las de un refresco convencional.
El etiquetado resulta esencial para conocer la dosis total ingerida. Y conviene recordar algo: 400 miligramos es una referencia para adultos sanos, no una cantidad recomendable para cualquier persona.
Qué precauciones conviene adoptar con las bebidas energéticas
La AESAN desaconseja el consumo de bebidas energéticas entre niños y adolescentes, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y personas con hipertensión, problemas cardiovasculares o alteraciones del sueño.
También recomienda evitar su combinación con bebidas alcohólicas. La cafeína puede reducir la percepción subjetiva de intoxicación sin eliminar los efectos del alcohol, una circunstancia que favorece conductas de mayor riesgo.
Otro error habitual es utilizar estas bebidas como sustituto del agua después de practicar deporte. No están formuladas específicamente para la rehidratación y no deben reemplazarla.
En las personas que toman medicación habitual, especialmente si presentan problemas cardíacos, resulta aconsejable consultar con un profesional sanitario antes de consumir productos con grandes cantidades de cafeína.
La recomendación general para quienes decidan tomarlos consiste en hacerlo de manera ocasional, controlar la cantidad de cafeína y evitar acumular varias fuentes de estimulantes durante la jornada.
Los síntomas cardíacos que no deben ignorarse
Los especialistas también piden prestar atención a los síntomas que pueden aparecer después del consumo de productos estimulantes.
Las palpitaciones persistentes, los episodios de desmayo y el dolor torácico merecen una valoración médica, especialmente cuando aparecen durante el ejercicio o se repiten.
Un dolor u opresión intensa en el pecho, sobre todo si se acompaña de dificultad respiratoria, sudoración fría, náuseas o molestias que se extienden hacia los brazos o la mandíbula, puede indicar una urgencia cardiovascular. En España debe llamarse al 112.
No todos estos síntomas están relacionados con la cafeína. Atribuirlos automáticamente a una bebida energética puede retrasar el diagnóstico de una enfermedad que necesita atención inmediata.
El consumo habitual y la vigilancia sanitaria, en el centro del debate
La nueva investigación coincide con una revisión científica publicada por la Asociación Americana del Corazón en julio de 2026 sobre los efectos cardiovasculares de la cafeína.
Ese trabajo distingue entre el consumo moderado de café, generalmente compatible con una buena salud cardiovascular en la mayoría de los adultos, y las dosis elevadas de estimulantes presentes en determinadas bebidas energéticas y suplementos concentrados.
La diferencia no es menor. Los posibles beneficios observados con el café no pueden trasladarse automáticamente a las bebidas energéticas, cuyos ingredientes, concentraciones y pautas de consumo pueden ser distintos.
Los responsables del nuevo estudio reclaman una vigilancia sanitaria más sistemática de estos productos y consideran conveniente que los profesionales sanitarios pregunten por su consumo cuando atienden a pacientes jóvenes con palpitaciones, dolor torácico o desmayos.
La investigación tampoco permite afirmar que exista una epidemia de infartos provocada por bebidas energéticas. Lo que ha identificado es una señal de seguridad que debe examinarse mediante estudios capaces de medir el consumo real, evaluar otros factores de riesgo y comprobar si existe una relación causal.
Mientras llegan esas respuestas, el mensaje sanitario es bastante concreto: el consumo ocasional puede representar un riesgo pequeño para muchas personas sanas, pero las dosis elevadas, la acumulación de estimulantes y determinadas enfermedades cardiovasculares justifican una precaución mayor.
La juventud, por sí sola, no garantiza que el corazón sea inmune a los efectos de estas sustancias.
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