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Muere Jay Rockefeller, exsenador de EE. UU. y heredero, a los 89 años

El exgobernador de Virginia Occidental y senador demócrata Jay Rockefeller ha muerto a los 89 años. Impulsó la sanidad infantil y criticó Irak.

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Jay Rockefeller

Foto: Frank Fey, dominio público.

Resumen

  • Jay Rockefeller muere a los 89 años en su casa de Washington
  • Gobernó Virginia Occidental y fue senador demócrata durante 30 años
  • Impulsó la sanidad infantil y lamentó su apoyo a la guerra de Irak

El exsenador estadounidense Jay Rockefeller, miembro de una de las familias más poderosas y adineradas de Estados Unidos, ha fallecido a los 89 años en su residencia de Washington. Su muerte, confirmada el viernes 6 de noviembre de 2026, pone fin a una trayectoria política de casi medio siglo marcada por la lucha contra la pobreza, la ampliación de la cobertura sanitaria y la defensa de los trabajadores de Virginia Occidental.

John Davison Rockefeller IV, conocido públicamente como Jay Rockefeller, fue gobernador de Virginia Occidental durante ocho años y senador demócrata entre 1985 y 2015. Bisnieto del fundador de Standard Oil, construyó una carrera política alejada de la tradición republicana de su familia y convirtió la protección social en una de sus principales prioridades.

El antiguo legislador falleció en su domicilio de Washington durante la noche del jueves 5 de noviembre, según la información difundida por Associated Press. No se ha comunicado oficialmente la causa de su muerte. Le sobreviven su esposa, Sharon Percy Rockefeller, sus cuatro hijos y nueve nietos.

Rockefeller pertenecía a una dinastía asociada durante generaciones con el petróleo, la banca y la política estadounidense. Sin embargo, decidió desarrollar buena parte de su carrera en uno de los estados con mayores dificultades económicas del país, donde llegó como voluntario en un programa contra la pobreza.

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De heredero de una fortuna petrolera a político demócrata

Nacido en Nueva York el 18 de junio de 1937, Jay Rockefeller era bisnieto de John D. Rockefeller, fundador de Standard Oil y uno de los empresarios más ricos de la historia estadounidense.

Su padre, John D. Rockefeller III, destacó por su actividad filantrópica. Su tío Nelson Rockefeller fue gobernador de Nueva York y vicepresidente de Estados Unidos durante la presidencia de Gerald Ford. Otro de sus tíos, David Rockefeller, presidió el Chase Manhattan Bank.

La familia tenía una profunda vinculación con el Partido Republicano, pero Jay eligió el Partido Demócrata y desarrolló posiciones más progresistas, especialmente en cuestiones sanitarias y sociales.

Su acercamiento a la política comenzó lejos de los grandes despachos de Manhattan. Tras estudiar en Harvard y pasar una temporada de formación en Japón, participó en iniciativas de servicio público que terminaron llevándolo a Virginia Occidental.

En 1964 se instaló en Emmons, una comunidad minera de los Apalaches, para trabajar en un programa federal de lucha contra la pobreza. Aquella experiencia resultó decisiva para su trayectoria: conoció las dificultades económicas de las familias vinculadas a la minería y acabó estableciendo su residencia y sus aspiraciones políticas en el estado.

El contraste era evidente. Un heredero de una de las mayores fortunas estadounidenses intentaba construir su futuro político entre comunidades castigadas por el desempleo y la precariedad.

Ocho años como gobernador y tres décadas en el Senado

Rockefeller comenzó su trayectoria institucional en la Cámara de Delegados de Virginia Occidental, a la que llegó en 1966. Posteriormente fue secretario de Estado y presidente del West Virginia Wesleyan College.

Su primera candidatura a gobernador, en 1972, terminó en derrota frente al republicano Arch Moore. Lejos de abandonar el estado, continuó desarrollando su carrera política.

En 1976 ganó las elecciones a gobernador y tomó posesión del cargo en enero de 1977. Fue reelegido en 1980 y gobernó hasta 1985, con una agenda centrada en las infraestructuras, el desarrollo económico y los servicios públicos.

En 1984 consiguió un escaño en el Senado estadounidense, que ocupó durante cinco mandatos consecutivos, hasta su retirada en enero de 2015.

Su permanencia en Washington coincidió con las presidencias de Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama.

Durante esas tres décadas participó en importantes debates sobre sanidad, inteligencia, economía y seguridad nacional. También presidió comisiones del Senado relacionadas con Comercio, Ciencia y Transporte, Asuntos de Veteranos e Inteligencia.

La cobertura sanitaria infantil, uno de sus mayores logros

Una de las principales aportaciones legislativas de Rockefeller fue su participación en la creación, en 1997, del Children’s Health Insurance Program (CHIP), un programa federal y estatal destinado a facilitar cobertura sanitaria a menores de familias con ingresos modestos.

El sistema nació para atender una situación concreta: familias que ganaban demasiado para acceder a Medicaid, el programa público dirigido a personas con pocos recursos, pero que no podían afrontar fácilmente el coste de un seguro médico privado.

Rockefeller defendió durante años que el acceso a la atención sanitaria no debía depender exclusivamente de la capacidad económica de cada familia.

También respaldó las reformas sanitarias impulsadas durante las administraciones de Bill Clinton y Barack Obama. Su apoyo fue importante para la aprobación de la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio de 2010, conocida como Obamacare.

No obstante, consideraba insuficientes algunos aspectos de aquella reforma y defendió sin éxito una opción pública de seguro médico que compitiera con las aseguradoras privadas.

Su actividad legislativa se extendió a la protección de los consumidores, los derechos de los veteranos, la seguridad minera y la ampliación del acceso a internet en zonas rurales.

La guerra de Irak y una decisión de la que se arrepintió

La trayectoria de Rockefeller también estuvo marcada por decisiones controvertidas.

En 2002 votó a favor de autorizar el uso de la fuerza militar contra Irak, una decisión que permitió posteriormente la invasión estadounidense de marzo de 2003.

Con el paso del tiempo reconoció que aquel respaldo había sido un error.

Como responsable de la Comisión de Inteligencia del Senado, participó en la investigación parlamentaria sobre las informaciones utilizadas por la Administración de George W. Bush para justificar la guerra.

En 2008, una investigación de la comisión concluyó que determinadas declaraciones de altos responsables estadounidenses sobre las armas iraquíes y sus presuntas relaciones con Al Qaeda no estaban respaldadas por la información de inteligencia disponible.

Rockefeller se convirtió así en uno de los críticos de la gestión de la guerra, pese a haber apoyado inicialmente su autorización.

Su relación con las políticas ambientales tampoco estuvo exenta de contradicciones. Aunque defendió reformas progresistas en materia social, discrepó de algunas regulaciones impulsadas durante la presidencia de Obama que afectaban a la industria del carbón.

Virginia Occidental dependía económicamente de la minería, y Rockefeller intentó conciliar la protección del empleo con las exigencias ambientales, una posición que le enfrentó en ocasiones con sectores de su propio partido.

Su papel en la economía de Virginia Occidental

Rockefeller mantuvo una relación estrecha con el tejido económico de Virginia Occidental y defendió la llegada de inversiones industriales que permitieran diversificar una economía históricamente dependiente del carbón.

Uno de los proyectos más destacados fue la implantación de una fábrica de motores y componentes de Toyota en Buffalo, en el estado de Virginia Occidental, durante la década de 1990.

Sus contactos con Japón y su conocimiento del país asiático contribuyeron a facilitar aquella inversión, que acabó generando miles de empleos y consolidando una importante actividad industrial.

En el Senado también impulsó mejoras en las infraestructuras de telecomunicaciones, especialmente para reducir la brecha digital entre las ciudades y las comunidades rurales.

La defensa de los mineros y sus familias siguió siendo una constante de su carrera, tanto en materia de seguridad laboral como de asistencia sanitaria.

Las reacciones a la muerte de Jay Rockefeller

El fallecimiento del antiguo senador ha provocado mensajes de reconocimiento entre representantes de distintos partidos estadounidenses.

El gobernador republicano de Virginia Occidental, Patrick Morrisey, destacó el compromiso de Rockefeller con los habitantes del estado y recordó su labor en favor de las comunidades desfavorecidas, los trabajadores del carbón y los veteranos de guerra.

También expresó sus condolencias a Sharon Rockefeller y al resto de su familia.

El gobernador de Ohio, Mike DeWine, igualmente republicano y antiguo compañero suyo en el Senado, recordó su colaboración en iniciativas destinadas a mejorar la protección de los menores en acogida y la seguridad vial.

Las reacciones reflejan el respeto institucional que Rockefeller conservó más allá de sus diferencias políticas.

Su sucesora en el Senado por Virginia Occidental, la republicana Shelley Moore Capito, también destacó la relación de respeto personal que mantuvieron pese a pertenecer a partidos diferentes.

El último representante político de una dinastía estadounidense

La muerte de Jay Rockefeller supone la desaparición de una de las figuras más destacadas de la última generación de políticos de la familia Rockefeller.

Su trayectoria presenta una particularidad dentro de aquella dinastía: fue el único de sus miembros que llegó a ocupar cargos electos como demócrata, en contraste con la tradición republicana de sus parientes.

Durante décadas utilizó su influencia, sus recursos económicos y su posición institucional para impulsar políticas dirigidas a familias con dificultades económicas. Su inmensa fortuna personal también fue objeto de debate, especialmente por las importantes cantidades que destinó a financiar sus campañas electorales.

No todas sus decisiones estuvieron libres de polémica, como demuestra su voto sobre Irak o su posición ante determinadas restricciones a la minería.

Sin embargo, su participación en la ampliación del seguro médico infantil, su defensa de las comunidades mineras y sus 30 años de servicio en el Senado constituyen algunos de los principales elementos de su legado.

Con su fallecimiento a los 89 años desaparece un político que nació entre los privilegios de una de las familias más ricas del mundo y que decidió dedicar buena parte de su vida pública a representar a uno de los estados más pobres de Estados Unidos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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