Síguenos

Mundo

Irán planea atacar cables submarinos del Golfo si vuelve la guerra

Teherán ha detallado planes para golpear cables submarinos del Golfo y obstaculizar su reparación si Estados Unidos e Israel vuelven a atacar.

Publicado

el

buque de guerra de Irán con helicoptero

Imagen: Mohammad Sadegh Heydari / CC BY 4.0.

Resumen

  • Irán prepara ataques contra cables submarinos si vuelve la guerra
  • Teherán también planea dificultar las reparaciones tras los cortes
  • El mayor impacto recaería sobre internet y servicios digitales del Golfo

Irán ha elaborado planes detallados para atacar cables submarinos de comunicaciones en el Golfo si Estados Unidos e Israel vuelven a lanzar una ofensiva contra territorio iraní. La represalia no se limitaría a cortar conexiones: Teherán contempla también dificultar o impedir las reparaciones para prolongar durante el mayor tiempo posible los problemas de internet y comunicaciones en los países de la región.

Dos altos funcionarios iraníes de seguridad han confirmado la existencia de esos planes bajo condición de anonimato. No explicaron cómo se ejecutarían los ataques ni qué infraestructuras concretas serían golpeadas. Sí hay, sin embargo, una advertencia pública bastante más precisa. Yadollah Javani, responsable político de la Guardia Revolucionaria iraní, aseguró que siete grandes cables de internet situados bajo el estrecho de Ormuz podrían convertirse en objetivos si las infraestructuras de Irán vuelven a ser atacadas.

La amenaza añade una dimensión nueva a un conflicto que ya ha convertido el Golfo en uno de los puntos más delicados del planeta. No hablamos de simples tubos tendidos bajo el mar: por esas fibras viajan conexiones bancarias, servicios en la nube, comercio electrónico y comunicaciones empresariales que mantienen conectados a los países de la zona.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Irán amenaza con dejar de respetar «líneas rojas»

El mensaje transmitido desde Teherán es que una nueva campaña militar estadounidense o israelí provocaría una respuesta más amplia que las anteriores. Uno de los funcionarios de seguridad consultados afirmó que, si Irán vuelve a ser atacado, dejarían de existir determinadas «líneas rojas», una categoría en la que incluyó desde las bases militares hasta los cables submarinos.

La amenaza llega en un momento especialmente tenso. Estados Unidos e Israel iniciaron sus ataques contra Irán el pasado 28 de febrero de 2026, desencadenando una guerra que se extendió por distintos puntos de Oriente Próximo. Las hostilidades quedaron parcialmente contenidas en abril mediante una tregua, aunque los enfrentamientos y la presión militar han continuado durante los meses posteriores.

Donald Trump ha vuelto a plantear esta semana la posibilidad de nuevas operaciones contra Irán. Al mismo tiempo, Turquía y otros gobiernos de la región están reclamando que Washington y Teherán retomen la vía diplomática para evitar otra escalada. El contexto explica bastante bien por qué Irán ha decidido sacar los cables de fibra óptica a la conversación: es una forma de elevar el precio potencial de cualquier nueva ofensiva.

Siete cables bajo el estrecho de Ormuz

El estrecho de Ormuz separa Irán de Omán y conecta el Golfo con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Es conocido sobre todo por su importancia petrolera, pero bajo esas aguas también existe una red estratégica de telecomunicaciones que enlaza a algunas de las economías más digitalizadas de Oriente Próximo.

Los mapas actuales de infraestructura submarina muestran sistemas que conectan Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait, Arabia Saudí, Omán e Irán. Entre ellos aparecen redes como FALCON, Fiber Optic Gulf, Tata TGN-Gulf, Gulf Bridge International y conexiones directas entre varios Estados de la zona.

Eso no significa que un ataque iraní pueda «apagar internet» en medio mundo, pese a lo espectacular que pueda sonar la amenaza. Los cables submarinos transportan alrededor del 99% del tráfico intercontinental de datos, pero menos del 1% del ancho de banda internacional pasa actualmente por el estrecho de Ormuz. El impacto global de unos cortes allí sería, por tanto, bastante menor que el de una interrupción en otros corredores estratégicos.

El problema sería mucho mayor dentro del Golfo

Para Emiratos, Qatar, Bahréin o Kuwait la situación es diferente. Cortar simultáneamente varias rutas podría ralentizar conexiones, obligar a redirigir enormes cantidades de tráfico y afectar temporalmente a pagos electrónicos, servicios bancarios, plataformas en la nube y comercio digital.

Las redes están diseñadas con redundancias: si una ruta falla, los operadores intentan trasladar el tráfico hacia otra. Eso funciona relativamente bien cuando se rompe un cable por un ancla, un terremoto o una avería convencional. En plena guerra, con varias conexiones dañadas a la vez, permisos restringidos y barcos de reparación sometidos a riesgos militares, la historia cambia bastante.

El efecto dependería de cuántos cables fueran alcanzados, de la capacidad libre existente en las rutas alternativas y de las conexiones terrestres disponibles. Algunos países del Golfo llevan tiempo reforzando precisamente esas vías para reducir su dependencia de unos pocos corredores submarinos.

Impedir las reparaciones forma parte del plan iraní

Este es probablemente el elemento más relevante de la amenaza. Irán no se limitaría a intentar dañar los cables. Uno de los responsables de seguridad consultados aseguró que Teherán trataría de impedir que fueran reparados rápidamente para prolongar las interrupciones.

Reparar un cable submarino es una operación especializada. Hay que localizar con precisión el punto dañado, desplazar un buque preparado para recuperar la fibra desde el fondo marino, retirar el tramo afectado, unir uno nuevo y volver a depositarlo. En condiciones normales ya puede llevar tiempo. Con una guerra alrededor, conseguir seguros, permisos de navegación y autorización para operar añade bastantes problemas.

Por eso la capacidad de mantener interrumpida una ruta puede ser estratégicamente más importante que el golpe inicial. Un corte aislado suele poder absorberse. Varios cortes acompañados de obstáculos a las reparaciones son otra cosa.

Centros de datos e inteligencia artificial, también en el punto de mira

La presión iraní no se dirige únicamente contra las comunicaciones submarinas. Mohsen Rezaei, uno de los principales responsables de seguridad de Irán, ha advertido también de que la infraestructura digital vinculada a Estados Unidos, incluidos centros de datos y complejos relacionados con inteligencia artificial, podría convertirse en objetivo de nuevas represalias.

Es una amenaza especialmente sensible para los países del Golfo. Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí están gastando grandes cantidades de dinero para convertirse en centros internacionales de inteligencia artificial, computación en la nube y almacenamiento de datos, con participación de grandes compañías estadounidenses.

Durante los combates de marzo, ataques iraníes alcanzaron directamente dos instalaciones de Amazon Web Services en Emiratos y dañaron infraestructura cercana a otra instalación en Bahréin. La Guardia Revolucionaria llegó entonces a señalar empresas estadounidenses como Microsoft, Google, Apple y Nvidia entre los posibles objetivos relacionados con el esfuerzo de guerra.

Ahí aparece la lógica política de la nueva amenaza. Golpear cables o centros de datos no solo perjudicaría a Washington. También trasladaría parte del coste de la guerra a los aliados árabes de Estados Unidos y a multinacionales que han invertido miles de millones en la región.

El mar Rojo sigue siendo un punto todavía más vulnerable

Desde una perspectiva global, el estrecho de Ormuz no es el mayor talón de Aquiles de internet. Los especialistas consideran más delicado el mar Rojo, por donde pasan conexiones esenciales entre Europa, África oriental y Asia.

Alrededor del 3% de la demanda internacional mundial y aproximadamente el 10% del tráfico que circula entre grandes regiones utiliza rutas relacionadas con el mar Rojo. Un ataque coordinado allí tendría, sobre el papel, consecuencias internacionales bastante mayores. Irán no ha anunciado públicamente planes para atacar esos cables.

La posibilidad resulta especialmente sensible por la presencia de los hutíes de Yemen, aliados de Teherán, aunque cualquier vínculo entre ellos y eventuales operaciones contra cables sería por ahora especulativo. Conviene distinguir una vulnerabilidad técnica de un plan militar confirmado.

Mientras tanto, gobiernos y empresas están tratando de construir alternativas. Microsoft ha anunciado inversiones superiores a 400 millones de dólares en nuevas conexiones submarinas y terrestres de Oriente Próximo hasta 2030, mientras otros operadores amplían rutas capaces de evitar los principales cuellos de botella.

La guerra también se juega bajo el agua

Durante décadas, los cables submarinos han sido una de esas infraestructuras indispensables que casi nadie recuerda hasta que dejan de funcionar. El conflicto con Irán está cambiando esa percepción.

Teherán está intentando dejar claro que una nueva ofensiva no tendría únicamente consecuencias militares o petroleras. Podría trasladarse también a internet, la banca, la nube y los grandes centros tecnológicos del Golfo. La capacidad real iraní para ejecutar simultáneamente esos ataques no está demostrada públicamente y los funcionarios que han revelado los planes no ofrecieron detalles operativos.

Pero la amenaza ya cumple una función sin necesidad de cortar un solo cable: obliga a Estados Unidos, a sus aliados árabes y a las grandes tecnológicas que han apostado por la región a calcular un riesgo estratégico oculto bajo el fondo del mar.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído