Ciencia
Hallan bacterias que podrían degradar crudo en pecios de la II Guerra
Los científicos detectan 1.505 grupos bacterianos en el combustible de dos barcos japoneses hundidos en 1944, aunque aún no se ha probado su eficacia.
Resumen
- Dos pecios japoneses albergan bacterias con potencial para degradar petróleo
- Detectan 1.505 grupos bacterianos en restos de combustible de la II Guerra
- Su capacidad para descontaminar el mar todavía no se ha demostrado
Los restos de dos barcos japoneses hundidos durante la Segunda Guerra Mundial en el océano Pacífico albergan bacterias con potencial para degradar hidrocarburos del petróleo. Un equipo internacional de científicos ha identificado una sorprendente diversidad de microorganismos en el combustible que todavía permanece en estos pecios, situados en la laguna de Chuuk, en Micronesia. El descubrimiento abre nuevas posibilidades para desarrollar métodos biológicos de descontaminación marina.
La investigación, publicada el 21 de octubre de 2026 en la revista científica Marine Pollution Bulletin, ha identificado 1.505 grupos bacterianos clasificados a nivel de especie en muestras procedentes de dos embarcaciones japonesas hundidas hace más de ocho décadas. Entre ellos figuran microorganismos pertenecientes a géneros conocidos por su capacidad para utilizar determinados componentes del petróleo como fuente de carbono y energía. Los investigadores, sin embargo, todavía no han demostrado que las bacterias encontradas estén degradando activamente el combustible.
El trabajo, dirigido por la microbióloga Awei T. Bainivalu, de la Universidad del Pacífico Sur, con sede en Fiyi, plantea una posibilidad interesante: que algunos de los lugares más contaminados por los conflictos del siglo XX también conserven microorganismos adaptados a sobrevivir en ellos.
La investigación se ha desarrollado en un entorno especialmente delicado. Bajo las aguas de Chuuk permanecen numerosos buques militares y mercantes japoneses, muchos de ellos con combustible en sus depósitos. El paso del tiempo ha deteriorado sus estructuras y mantiene abierta la amenaza de nuevos vertidos.
Dos barcos hundidos en 1944 revelan una diversidad bacteriana inesperada
Los científicos centraron su investigación en el Shinkoku Maru, un petrolero japonés, y el Kiyosumi Maru, un antiguo buque de pasajeros reconvertido para prestar servicio militar. Ambos acabaron en el fondo del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial y conservan restos de combustible en sus estructuras.
La laguna de Chuuk, conocida históricamente como Truk, fue una importante base de operaciones de la Marina Imperial japonesa. En febrero de 1944, Estados Unidos lanzó la operación Hailstone, una ofensiva aérea y naval que destruyó numerosos barcos e instalaciones japonesas.
Más de 80 años después, aquella batalla sigue teniendo consecuencias ambientales. El metal se corroe, las estructuras se debilitan y el combustible almacenado puede alcanzar el agua. Los restos se han convertido en un problema de contaminación persistente, aunque también ofrecen una oportunidad poco habitual para estudiar cómo responden los microorganismos a una exposición prolongada a hidrocarburos.
Para investigar este fenómeno, los científicos recogieron muestras de combustible de ambos pecios y analizaron su composición química y bacteriana. Utilizaron técnicas de cromatografía para identificar contaminantes y secuenciación genética del ARN ribosómico 16S para caracterizar las comunidades microbianas.
El resultado fue una diversidad considerable: 42 filos bacterianos, 107 clases, 249 órdenes, 432 familias, 1.047 géneros y 1.505 clasificaciones a nivel de especie. Las proteobacterias destacaron entre los grupos detectados.
Estas cifras describen la diversidad genética observada en las muestras, no el número de bacterias cultivadas y estudiadas individualmente en el laboratorio.
Las bacterias que podrían alimentarse de los hidrocarburos
Entre los microorganismos identificados aparecen representantes de los géneros Ralstonia, Sphingomonas y Corynebacterium. Se trata de grupos que incluyen especies capaces de descomponer determinados hidrocarburos, compuestos químicos presentes en los combustibles derivados del petróleo.
Algunas bacterias poseen mecanismos metabólicos que les permiten transformar estas sustancias y aprovechar parte de sus componentes para obtener energía y carbono.
Esta propiedad tiene interés ambiental porque constituye la base de la biorremediación, un conjunto de técnicas que utilizan organismos vivos, especialmente microorganismos, para reducir la presencia de contaminantes.
El procedimiento no consiste simplemente en introducir bacterias en una zona afectada y esperar a que desaparezca el petróleo. Su eficacia depende de numerosos factores, como la naturaleza del combustible, la disponibilidad de oxígeno, los nutrientes, la temperatura y las características de cada comunidad microbiana.
El tipo de combustible influye en los microorganismos
Uno de los aspectos relevantes del estudio es que los dos barcos no conservan exactamente el mismo tipo de combustible.
Los investigadores encontraron diferencias entre los hidrocarburos presentes en el Shinkoku Maru y los del Kiyosumi Maru, donde predominaban residuos más pesados. También detectaron variaciones en las comunidades bacterianas asociadas a las muestras.
Los análisis identificaron hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y compuestos del grupo BTEX, que incluye benceno, tolueno, etilbenceno y xilenos. Algunos de estos contaminantes presentan riesgos para los organismos marinos y pueden permanecer durante periodos prolongados en el medio ambiente.
La composición del combustible parece influir en qué microorganismos prosperan en cada entorno. También resulta importante el lugar exacto de recogida: las muestras tomadas en contacto con el agua marina presentaban diferencias respecto a las obtenidas directamente del combustible.
Estas observaciones apuntan a una posible adaptación de las comunidades bacterianas a las condiciones de contaminación, aunque todavía es necesario determinar qué papel desempeña realmente el metabolismo de los hidrocarburos.
El descubrimiento todavía no demuestra que las bacterias limpien el petróleo
La investigación ofrece una pista prometedora, pero tiene una limitación fundamental: no se ha comprobado experimentalmente la degradación activa del petróleo por parte de las bacterias identificadas en los pecios.
Los científicos han encontrado microorganismos relacionados con otros capaces de descomponer hidrocarburos. Eso no significa que todas las especies detectadas posean esa capacidad ni que estén eliminando cantidades relevantes de combustible en las condiciones actuales.
Para confirmar su utilidad ambiental será necesario realizar nuevos experimentos, aislar y estudiar microorganismos concretos y medir su capacidad para transformar los contaminantes.
También habrá que determinar la velocidad de degradación y comprobar qué sustancias se generan durante el proceso. Descomponer un compuesto químico no garantiza necesariamente que todos los productos resultantes sean inocuos.
El interés del trabajo reside precisamente en haber identificado comunidades bacterianas asociadas a combustibles que llevan décadas sumergidos. Estas poblaciones podrían ayudar a seleccionar microorganismos adecuados para futuras investigaciones sobre descontaminación.
Si los ensayos posteriores confirman su eficacia, podrían aportar nuevas herramientas para tratar residuos petrolíferos en determinados ambientes marinos.
Chuuk afronta un problema de contaminación que sigue activo
El descubrimiento llega en un momento en el que los restos de la Segunda Guerra Mundial continúan preocupando a las autoridades ambientales del Pacífico.
Según los trabajos regionales de evaluación de riesgos, 25 pecios de la laguna de Chuuk han sido identificados como posibles fuentes de contaminación o como focos ya activos. De ellos, al menos 15 habían presentado indicios de fugas en los años anteriores a la evaluación.
El peligro no es únicamente hipotético. En septiembre de 2025 se detectó un vertido procedente del Rio de Janeiro Maru, otro barco japonés hundido en la laguna. La contaminación afectó a la zona de la isla de Uman y motivó una respuesta de emergencia de las autoridades micronesias.
La situación también ha impulsado iniciativas internacionales. En marzo de 2026, Japón formalizó una ayuda de 666.659 dólares destinada a mejorar la capacidad local de respuesta ante fugas de petróleo, mediante instalaciones de almacenamiento y equipos de recogida y contención.
La retirada del combustible sigue siendo una actuación importante para reducir el riesgo de nuevos vertidos. Las bacterias estudiadas podrían convertirse en una herramienta complementaria, pero su presencia no elimina la necesidad de intervenir sobre los barcos deteriorados.
Tampoco todos los hidrocarburos se degradan con la misma facilidad. Los combustibles pesados pueden contener mezclas complejas de sustancias persistentes, lo que dificulta su eliminación y obliga a evaluar cada situación por separado.
Los pecios podrían ayudar a desarrollar nuevas técnicas de descontaminación
La principal aportación del estudio es haber demostrado que los viejos depósitos de combustible de los barcos hundidos albergan una comunidad microbiana mucho más diversa de lo que podría suponerse.
Los investigadores consideran que estos ambientes pueden servir como punto de partida para conocer mejor los microorganismos asociados a la contaminación por petróleo y estudiar posibles aplicaciones de biorremediación en el Pacífico.
No se trata todavía de una tecnología lista para limpiar vertidos ni de una solución capaz de sustituir los trabajos de recuperación del combustible. El descubrimiento proporciona información genética y química que permitirá orientar investigaciones posteriores.
La paradoja resulta difícil de ignorar: barcos hundidos durante una guerra que terminó hace más de ocho décadas siguen amenazando los ecosistemas marinos, mientras en sus depósitos sobreviven bacterias que podrían contribuir, algún día, a reducir parte de esa contaminación.
El siguiente paso será comprobar si esos microorganismos pueden degradar los hidrocarburos de forma eficaz y segura. Hasta entonces, los restos de la flota japonesa continuarán siendo tanto un laboratorio natural para la ciencia como una deuda ambiental pendiente en el Pacífico.
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