Síguenos

Mundo

Hallan en un glaciar cerveza de hace casi 50 años y aún sabe bien

Un barril perdido durante una entrega en helicóptero reaparece casi medio siglo después bajo un glaciar y la cerveza todavía conserva buen sabor

Publicado

el

un barril de cerveza

Resumen

  • Un barril reaparece tras casi 50 años atrapado bajo un glaciar
  • La cerveza conservaba sabor, color y parte de su carbonatación
  • El frío, la oscuridad y el aislamiento pudieron frenar su deterioro

Un barril de cerveza perdido durante una entrega en helicóptero en los Alpes ha reaparecido casi medio siglo después entre el hielo. Y la historia tiene una segunda parte todavía más insólita: cuando lo llevaron al valle y abrieron el recipiente, quienes probaron su contenido aseguraron que la cerveza seguía en buenas condiciones.

El hallazgo se produjo en Valle Aurina, en el Tirol del Sur italiano, cerca del refugio Sasso Nero y a unos 3.000 metros de altitud. El barril, de unos 40 kilos, había permanecido atrapado en una grieta del glaciar desde finales de los años setenta o comienzos de los ochenta. Una inscripción en el recipiente indica que fue fabricado en 1978.

La cerveza, según el maestro cervecero que participó en la degustación, no solo era bebible. Conservaba el color ámbar, el sabor y parte de su carbonatación. Una especie de cámara frigorífica alpina, solo que algo más difícil de abrir que la nevera de casa.

Canal oficial
El Folio en WhatsApp
Recibe las noticias más importantes, alertas y última hora.

Un barril desaparecido durante una entrega en helicóptero

La historia comenzó con una operación bastante rutinaria en alta montaña. Un helicóptero transportaba suministros hacia el refugio Sasso Nero cuando uno de los barriles cayó de la red de carga y terminó dentro de una grieta. Recuperarlo entonces no era precisamente sencillo, así que quedó allí.

Con los años, la historia del barril perdido sobrevivió entre quienes conocían la zona. Daniel Oberlechner, de 42 años, conductor de la empresa de bebidas Harpf y aficionado a las carreras de montaña, había oído hablar de aquel incidente por un antiguo responsable del refugio.

Oberlechner recorre habitualmente la ruta desde San Giovanni hasta el refugio, un trayecto con cerca de 2.000 metros de desnivel, y durante sus salidas prestaba atención al terreno por si alguna vez aparecía el viejo recipiente. Este verano ocurrió. Tras una fuerte tormenta, el barril quedó expuesto entre el hielo y las rocas.

El complicado viaje de regreso al valle

Encontrarlo era una cosa. Sacarlo de allí, otra bastante distinta.

El recipiente pesaba aproximadamente 40 kilos y se encontraba en una zona glaciar cercana a los 3.000 metros. Oberlechner consiguió colocarlo sobre un pequeño carro de transporte y comenzó el descenso atravesando hielo y pedreras hasta llevarlo al valle.

No fue exactamente la entrega urgente que esperaba el proveedor original: llegó unas cuantas décadas tarde.

El barril acabó en las instalaciones de Harpf, una empresa de distribución de bebidas del Tirol del Sur. Allí se decidió abrirlo y comprobar qué había ocurrido con la cerveza después de tantos años almacenada en unas condiciones que ningún fabricante incluiría voluntariamente en su cadena logística.

La sorpresa llegó al abrir el barril

En la degustación participaron trabajadores, amigos y aficionados a la cerveza. Entre ellos estaba Lukas Harpf, propietario de la empresa y profesional especializado en cerveza.

Su valoración resultó sorprendente. El líquido mantenía un sabor considerado correcto, seguía mostrando un tono ámbar y conservaba dióxido de carbono suficiente para mantener parte de las características originales de la bebida.

Harpf sostuvo que la cerveza estaba en un estado «impecable». La conservación pudo beneficiarse precisamente de las condiciones del glaciar. El barril habría permanecido extremadamente frío durante décadas, aunque probablemente sin llegar a congelarse por completo: si lo hubiera hecho, la expansión del líquido podría haber deformado seriamente el recipiente.

Conviene introducir aquí un matiz. Lo conocido públicamente procede de la degustación realizada por la empresa y sus invitados. La historia difundida hasta el momento no equivale a una certificación científica de que cualquier cerveza almacenada durante medio siglo pueda beberse alegremente. Ni mucho menos.

Por qué el frío pudo conservar la cerveza durante décadas

La conservación tiene una explicación razonable desde el punto de vista químico, aunque el caso siga siendo excepcional.

Uno de los principales enemigos de la cerveza almacenada es la oxidación. Con el paso del tiempo aparecen cambios de aroma y sabor, desaparece parte del carácter del lúpulo y pueden desarrollarse los típicos sabores asociados a una bebida envejecida. La temperatura desempeña un papel importante en esas reacciones.

Mantener una cerveza fría ralentiza considerablemente los procesos químicos responsables de su deterioro. También ayuda la oscuridad: un barril metálico enterrado entre hielo está protegido de la radiación que puede alterar determinados compuestos de la bebida. La estabilidad del recipiente y la escasa exposición al oxígeno son igualmente importantes.

Eso no significa que una cerveza pueda conservarse indefinidamente. Sus características cambian incluso con poco oxígeno y a baja temperatura. Lo peculiar de este barril es que, pese a haber permanecido allí durante varias décadas, esos cambios no impidieron que los participantes en la cata considerasen su contenido agradable y todavía reconocible.

El 1978 del barril necesita una pequeña precisión

Algunas versiones de la historia hablan de una cerveza con «más de 50 años», pero hay un detalle cronológico que merece atención.

La inscripción 1978 corresponde al año grabado en el barril. Lukas Harpf sitúa la caída en la grieta entre finales de los setenta y principios de los ochenta. En 2026, un recipiente fabricado en 1978 tiene 48 años, de modo que la fórmula más rigurosa es hablar de casi medio siglo bajo el hielo, no atribuir automáticamente más de 50 años exactos a la cerveza.

Tampoco puede afirmarse únicamente a partir de la inscripción que el líquido fuese elaborado exactamente en 1978. Sí sabemos que el barril pertenece a aquel periodo y que su desaparición se produjo durante aquellos años.

Es una diferencia pequeña para una anécdota; para contar correctamente lo ocurrido, no tanto.

Un frigorífico accidental a 3.000 metros

El barril recuperado en los Alpes reúne casi todos los ingredientes de esas historias que parecen demasiado redondas para ser ciertas: un cargamento desaparecido, décadas bajo el hielo, un corredor que conocía la leyenda, un recipiente que reaparece y una cerveza que todavía conserva sabor.

Pero detrás de la curiosidad hay un fenómeno perfectamente reconocible. Frío, oscuridad y aislamiento son precisamente algunas de las condiciones que retrasan el envejecimiento de la cerveza. Lo extraordinario es la duración.

Después de casi medio siglo, el barril finalmente completó el viaje que había interrumpido en las montañas. La entrega llegó tarde, sí. La mercancía, contra todo pronóstico, todavía tuvo catadores dispuestos a brindar por ella.

Newsletter

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

Lo más leído