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Las ‘Cucarachas’ desafían el cerco policial con otra protesta en Delhi
Las ‘Cucarachas’ desafían las restricciones en Nueva Delhi con otra protesta contra el jefe electoral y un despliegue de más de 25.000 agentes.
Por Sumita Roy Dutta - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons
Resumen
- Las ‘Cucarachas’ mantienen su protesta pese al cierre de Central Park
- Más de 25.000 agentes refuerzan la seguridad en el centro de Delhi
- El movimiento exige la dimisión del jefe de la Comisión Electoral
El movimiento juvenil indio conocido como las «Cucarachas» ha vuelto a desafiar las restricciones policiales en Nueva Delhi con una protesta convocada en pleno corazón de la capital. El Cockroach Janta Party mantiene su llamamiento a concentrarse en Central Park, en Connaught Place, pese al cierre del recinto, las órdenes que limitan las reuniones y un despliegue de seguridad que supera los 25.000 policías y paramilitares.
La movilización tiene un objetivo político concreto: reclamar la dimisión del jefe de la Comisión Electoral de India, Gyanesh Kumar, cuestionado por una revisión extraordinaria del censo que ha retirado más de 130 millones de nombres de las listas electorales. Sus críticos denuncian posibles exclusiones injustificadas y un perjuicio especialmente acusado entre determinadas minorías; la Comisión Electoral rechaza cualquier sesgo partidista y sostiene que está eliminando registros duplicados, fallecidos o correspondientes a personas que han cambiado de residencia.
Nueva Delhi se blinda ante la protesta de las «Cucarachas»
La concentración fue convocada para las 17.00 horas locales en Central Park bajo el lema «Que ondee la bandera tricolor». El problema es bastante evidente: el lugar elegido permanece cerrado al público durante el viernes y el sábado por decisión del Consejo Municipal de Nueva Delhi, oficialmente por «razones administrativas». Alrededor de Connaught Place se han instalado nuevas cámaras de vigilancia, barreras y vehículos destinados al traslado de detenidos.
La Policía de Delhi ha pedido a los ciudadanos que no participen en concentraciones no autorizadas y mantiene restricciones destinadas a impedir determinadas reuniones cuando las autoridades alegan riesgos para el orden público. Los agentes llegaron a ofrecer como alternativa que un grupo reducido pudiera portar la bandera nacional y cantar el himno en un lugar autorizado. Una solución bastante peculiar para una protesta cuya escenografía consiste, precisamente, en ondear la bandera india.
El fundador del movimiento, Abhijeet Dipke, recibió además una advertencia policial. Los agentes le comunicaron que podrían adoptar medidas legales contra él si acudía a Connaught Place después de haber promovido una convocatoria sin permiso. Dipke sostiene que su movimiento pretende manifestarse pacíficamente y ha animado a quienes no puedan viajar hasta Delhi a levantar la bandera en sus propias ciudades.
El pulso con el jefe de la Comisión Electoral
El conflicto ha dejado de ser una simple pelea sobre dónde puede colocarse una pancarta. En el fondo está la revisión de las listas de votantes, uno de los asuntos políticamente más sensibles en una democracia de más de 1.400 millones de habitantes. Quién puede votar, quién desaparece del censo y con qué garantías se corrigen los errores no son detalles burocráticos: tocan el nervio mismo de unas elecciones.
El procedimiento de revisión ha supuesto la retirada de más de 130 millones de registros desde el año pasado. La oposición y varios grupos sociales sostienen que parte de esas exclusiones afecta a ciudadanos que sí conservan el derecho a votar y denuncian que comunidades minoritarias, entre ellas musulmanes, pueden estar soportando un impacto desproporcionado. La Comisión Electoral asegura que el proceso es neutral y recuerda que las personas eliminadas incorrectamente pueden solicitar su reincorporación.
La revisión del censo dispara la tensión política
Ahí está el combustible del conflicto. El movimiento acusa a Gyanesh Kumar de permitir un sistema susceptible de alterar la representación electoral en beneficio del gobernante Bharatiya Janata Party del primer ministro Narendra Modi. No existe una conclusión judicial que pruebe esa acusación y tanto la Comisión Electoral como el Gobierno niegan cualquier manipulación. El BJP, por su parte, acusa a sus adversarios de erosionar la confianza en las instituciones.
Las dudas han ganado peso político después de las objeciones planteadas sobre determinados cambios en las listas, los procedimientos de inscripción y los sistemas digitales empleados. Eso no demuestra por sí solo un fraude, pero alimenta una disputa que ya ha salido de los despachos para instalarse, literalmente, en las calles.
De una burla en internet a un movimiento nacional
Las «Cucarachas» nacieron hace apenas unos meses y lo hicieron con una mezcla muy de estos tiempos: sarcasmo, redes sociales y frustración juvenil. El movimiento surgió después de que unas declaraciones judiciales que comparaban a jóvenes desempleados con cucarachas provocaran una reacción en internet. Dipke convirtió el insulto en emblema y planteó qué ocurriría si todas aquellas «cucarachas» se unieran.
La ironía era deliberada. También resultó eficaz. Lo que empezó como una campaña satírica comenzó a atraer a jóvenes preocupados por el desempleo, el coste de la vida y la educación, además de por una sensación cada vez más extendida de quedar fuera de las grandes decisiones políticas. La organización acumuló rápidamente millones de seguidores en redes y cientos de miles de adhesiones.
Y dejó de ser una broma. Durante el verano, el movimiento estuvo detrás de movilizaciones contra irregularidades y filtraciones en exámenes públicos que contribuyeron a elevar la presión política sobre el Ejecutivo. Desde entonces ha ampliado su agenda y ha convertido la integridad electoral en una de sus grandes banderas.
Detenciones, cárcel y una protesta que no se apaga
La tensión aumentó esta semana con el encarcelamiento de Saurav Das y Ashutosh Ranka, dos dirigentes del movimiento enviados a prisión preventiva durante cinco días después de participar en una movilización en Jantar Mantar. La Policía sostiene que accedieron al recinto sin autorización, incumplieron las restricciones vigentes y obstaculizaron la actuación de los agentes.
Jantar Mantar ha sido durante décadas uno de los lugares emblemáticos de la protesta política en Nueva Delhi, pero las autoridades retiraron recientemente su condición de zona habilitada para manifestaciones. El resultado se parece cada vez más a un juego del gato y el ratón urbano: los grupos buscan espacios visibles, la Policía los restringe y las convocatorias reaparecen unas calles más allá.
No es el primer choque de octubre. Una movilización anterior terminó con miles de detenciones temporales y fuertes restricciones en el centro de Delhi. Las cifras difundidas por autoridades, organizadores y medios no siempre coinciden, aunque sí quedó patente el amplio bloqueo desplegado para impedir que los manifestantes alcanzaran los puntos previstos.
El derecho a protestar entra también en los tribunales
La pugna ha terminado entrando en los juzgados. El Tribunal Superior de Delhi rechazó impedir expresamente la protesta, pero recogió el compromiso de la Policía de adoptar medidas para preservar el orden y responder ante eventuales infracciones. Comerciantes y vendedores de Connaught Place habían pedido protección ante las pérdidas sufridas durante anteriores bloqueos y ante el temor de nuevas restricciones en plena temporada festiva.
Ese conflicto revela otra capa del problema: manifestarse sin paralizar una ciudad. Los comerciantes sostienen que los cierres, controles y cortes de tráfico golpean directamente sus ingresos. Los activistas replican que una protesta relegada a un recinto periférico, lejos de cualquier centro de poder, corre el riesgo de convertirse en poco más que una ceremonia administrativa perfectamente inofensiva.
Connaught Place resume bien esa contradicción. Es uno de los mayores centros comerciales de la capital y, al mismo tiempo, un escenario con enorme visibilidad política. La Policía argumenta motivos de seguridad; el movimiento busca precisamente esa exposición pública. Entre unos y otros quedan comerciantes, viajeros y vecinos, atrapados en un pulso que ya ha desbordado la disputa estrictamente electoral.
Una protesta juvenil que incomoda al poder de Modi
El Gobierno de Narendra Modi afronta en las «Cucarachas» un fenómeno difícil de encajar en las categorías tradicionales. No es únicamente un partido opositor ni una organización estudiantil clásica. Es una plataforma juvenil nacida en internet que mezcla humor, indignación social y campañas capaces de trasladarse con rapidez de las pantallas a la calle.
Desde el Gobierno se ha acusado a la oposición de utilizar a los jóvenes como instrumentos de una política de desestabilización. El movimiento y sus simpatizantes rechazan esa interpretación y presentan las movilizaciones como una defensa de la transparencia electoral y del derecho de reunión. Modi, mientras tanto, se enfrenta a una contestación cuya fuerza real en las urnas todavía resulta difícil de medir.
La cuestión decisiva va más allá del nombre pintoresco del grupo. India se aproxima a nuevas citas electorales con una controversia abierta sobre quién aparece en los censos, cómo se corrigen los errores y qué margen tiene la ciudadanía para protestar contra las instituciones encargadas de garantizar unas elecciones limpias.
El insecto satírico se convierte en un problema político
Un movimiento nacido de un insulto ha conseguido algo que parecía bastante improbable hace unos meses: colocar a decenas de miles de agentes alrededor de un parque cerrado y obligar a tribunales, comerciantes, partidos y autoridades electorales a reaccionar a sus convocatorias.
Las «Cucarachas» todavía están lejos de constituir una alternativa política comparable a las grandes fuerzas de India y su verdadero peso electoral sigue siendo incierto. Pero han encontrado una grieta evidente: el malestar de una generación joven que exige empleo, oportunidades y confianza en las instituciones. Mientras la Comisión Electoral defiende la legitimidad de su revisión y la Policía levanta otro cordón en Nueva Delhi, el símbolo escogido por el movimiento conserva una considerable carga sarcástica: las cucarachas, al parecer, son bastante difíciles de echar.
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