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Economía

Una jueza permite que siga la demanda contra McDonald’s por el McRib

El McRib seguirá en los tribunales: una jueza permite avanzar una demanda contra McDonald’s por su nombre, su forma de costillar y su composición.

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McD-McRib

Imagen: Evan-Amos, dominio público.

Resumen

  • Una jueza permite que siga la demanda contra McDonald’s por el McRib
  • Los consumidores cuestionan el nombre, la forma y la composición del producto
  • McDonald’s niega el engaño y sostiene que el McRib se hace con paleta de cerdo

McDonald’s tendrá que seguir defendiéndose en los tribunales por una de las características más reconocibles del McRib: esa pieza de cerdo moldeada con hendiduras que recuerda a un costillar. Una jueza federal de Chicago ha rechazado la petición de la compañía para tumbar por completo una demanda colectiva propuesta que sostiene que el nombre, la forma y la publicidad del sándwich pueden llevar a los consumidores a pensar que contiene carne de costilla de cerdo.

La decisión no significa que McDonald’s haya sido declarada responsable de engañar a sus clientes. Ni siquiera se ha certificado todavía la demanda como acción colectiva. Lo que ha determinado la jueza April M. Perry es que algunas de las acusaciones son suficientemente plausibles para continuar en los tribunales y que resulta prematuro afirmar que ningún consumidor razonable podría interpretar el McRib como un producto elaborado con carne de costilla.

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La forma de costillar del McRib llega a los tribunales

El caso enfrenta a McDonald’s con cuatro consumidores que presentaron la demanda en diciembre de 2025 ante un tribunal federal de Illinois. El procedimiento, conocido como Le et al. v. McDonald’s Corporation, está presidido por la jueza Perry y pone el foco sobre la presentación comercial de uno de los productos más reconocibles de la cadena.

Los demandantes sostienen que varios elementos funcionan juntos: el nombre McRib, el aspecto de la pieza de cerdo, moldeada como si fuera un pequeño costillar, y la forma en que el producto ha sido promocionado. Según su argumento, esa combinación induciría a parte de los clientes a creer que están comprando un sándwich elaborado, al menos parcialmente, con carne procedente de las costillas.

McDonald’s intentó que la demanda fuese desestimada, pero la jueza no aceptó que en esta fase del procedimiento pudiera darse por sentado que esa interpretación del producto era absurda o irrazonable. Perry considera que la lectura que realizan los demandantes del término McRib puede ser jurídicamente plausible, suficiente al menos para que el pleito siga adelante.

Una cosa es tener forma de costilla y otra contener costilla

Ahí está el pequeño gran detalle del caso. El McRib no oculta precisamente su estética: la pieza tiene una serie de relieves que reproducen aproximadamente la apariencia de un costillar deshuesado. McDonald’s explica que parte de cerdo molido moldeado mediante un proceso que le da esa característica silueta.

La cadena describe el McRib como un producto elaborado con cerdo deshuesado y sazonado, acompañado de salsa barbacoa, cebolla y pepinillos. McDonald’s también ha señalado que para fabricar la pieza utiliza paleta de cerdo molida, que después adopta mediante moldeado su conocida forma.

Para los demandantes, sin embargo, el problema no es simplemente que un alimento procesado adopte una forma que no conserva de manera natural. Lo que discuten es si la combinación de nombre, aspecto y publicidad crea una expectativa suficientemente concreta sobre el corte de carne que el consumidor está comprando.

Los consumidores sostienen que pagaron de más por el McRib

La demanda afirma que los compradores atribuyeron al McRib un valor superior porque entendieron que contenía carne procedente de las costillas, un corte normalmente más apreciado que otras partes del cerdo. Según su tesis, de haber conocido la composición que atribuyen realmente al producto, no lo habrían comprado o habrían estado dispuestos a pagar menos.

Los demandantes llegaron más lejos y aseguraron que la pieza empleaba otros productos porcinos de menor valor, entre ellos paleta, corazón, callos o estómago. Esta parte exige una precisión esencial: se trata de alegaciones formuladas en la demanda, no de hechos que la jueza haya dado por probados ni de conclusiones alcanzadas tras un juicio.

McDonald’s rechaza expresamente esa descripción. La compañía asegura que el McRib no contiene corazón, callos ni estómago y sostiene que siempre ha sido transparente respecto a la composición del producto. La empresa considera que la demanda carece de fundamento y defiende que sus comunicaciones sobre el sándwich son veraces.

Qué ha decidido realmente la jueza sobre McDonald’s

La resolución mantiene vivas las principales acusaciones relacionadas con engaño al consumidor, fraude y enriquecimiento injusto, aunque otras reclamaciones fueron desestimadas sin perjuicio, una fórmula procesal que puede permitir a los demandantes intentar reformularlas.

La jueza señaló además que el hecho de que McDonald’s describa el producto como cerdo no obliga necesariamente al comprador a investigar previamente qué parte concreta del animal está consumiendo. El razonamiento afecta a una cuestión central del caso: qué puede esperar de forma razonable un consumidor medio cuando ve el nombre McRib y una pieza con apariencia de costillar.

La presentación del producto también puede resultar relevante a la hora de determinar si existió una representación susceptible de inducir a error. Pero queda bastante camino antes de convertir esa posibilidad en responsabilidad jurídica. Los demandantes tendrán que probar sus acusaciones y McDonald’s podrá rebatirlas durante el procedimiento.

Todavía no existe una acción colectiva certificada

Que el caso continúe tampoco convierte automáticamente a todos los compradores del McRib en miembros de una demanda colectiva. El procedimiento se encuentra en una fase anterior: ninguna clase ha sido certificada, no existe un acuerdo económico y tampoco se ha establecido indemnización alguna para los consumidores.

Ese matiz importa. La resolución analiza si las acusaciones pueden superar la fase inicial de desestimación, no si son ciertas. McDonald’s podrá discutir los hechos, la composición del producto, el significado de su publicidad y, llegado el momento, qué interpretación podía realizar razonablemente un cliente.

El McRib lleva décadas jugando con su peculiar apariencia

El McRib no es precisamente una novedad experimental. McDonald’s lo comercializa de forma intermitente desde 1981, y su estrategia de aparecer y desaparecer del menú se ha convertido en parte de la identidad del producto. La cadena suele recuperarlo durante periodos limitados, una fórmula que ha contribuido a mantener su notoriedad durante décadas.

Su aspecto tampoco apareció ayer. La pieza de cerdo prensado con apariencia de costillar forma parte desde hace años de la imagen del sándwich. Y precisamente por eso el procedimiento resulta llamativo: una de las características visuales más conocidas del McRib se ha convertido en uno de los elementos centrales utilizados por los demandantes.

No se discute que el McRib sea carne de cerdo. La disputa gira alrededor de algo mucho más específico: si un consumidor razonable puede interpretar que la palabra «Rib» y la forma de costillar significan que el producto contiene carne de costilla y, en ese caso, si McDonald’s hizo lo suficiente para evitar esa impresión.

McDonald’s tendrá que defender qué promete realmente el McRib

El caso entra así en un terreno incómodo para cualquier gran marca: la distancia entre lo que una empresa afirma literalmente y lo que un cliente puede entender al observar un producto. McDonald’s sostiene que vende cerdo deshuesado y que no ha prometido un corte concreto de costilla. Los demandantes responden que el nombre y la apariencia también comunican información.

La jueza no ha decidido quién tiene razón. Ha determinado algo anterior, pero importante: esa discusión merece continuar ante los tribunales. El pleito deberá aclarar si la presentación comercial del McRib puede considerarse engañosa o si se trata simplemente de una forma reconocible para un producto cuya composición McDonald’s considera suficientemente clara.

De momento, el célebre molde con forma de costillar sigue siendo exactamente eso, un molde. Lo que queda por determinar judicialmente es si durante todos estos años también funcionó como una promesa implícita sobre el tipo de carne que McDonald’s nunca llegó a escribir de forma expresa.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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